Lunes 25 Junio 2018

Federico García Lorca y Blas Infante, dos víctimas del españolismo

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Federico garcia lorcaLos personajes más destacados de Andalucía en el siglo XX, Federico García Lorca y BIas Infante, corrieron la misma suerte, asesinados por aquellos descendientes políticos de los Conquistadores Castellanos: un ejército que garantizaba a las oligarquías castellanas la unidad del territorio conquistado, y la Iglesia Católica, heredera de aquella Inquisición cuya misión fue borrar cualquier vestigio de la historia y cultura andaluza. Sesgaron sus vidas, pero nos dejaron su visión sobre Andalucía y sus conquistadores:
 
 
«Yo creo que ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos, del gitano, del negro, del judío, del morisco, que todos llevamos dentro».
 
En una entrevista, Federico dirá refiriéndose a la expulsión de los andalusíes reducidos en las Alpujarras, pero extendiendo su visión a todo al-Ándalus:
 
«Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en la escuela. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una tierra «de chavico» donde se agita actualmente la peor burguesía de España».
 
Tiempo después el gran poeta andaluz volverá a contamos:
 
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo
iAy amor que se fue y no vino!
El río Guadalquivir tiene las barbas granate.
Los dos ríos de Granada, uno llanto y otro sangre.
 
En Bodas de Sangre. El cuadro de la tragedia se desarrolla en un pueblecito andaluz que vibra como una espada del Magreb. Todo es andaluz en la escena. Todo es universal y siempre andaluz, nuestro sentido de la vida, el marco, la desgracia telúrica, el ludismo, el placer, la pasión; todo, absolutamente todo nuestro ensamblado joyel.
 
Ni a la Iglesia, ni a Castilla se les puede olvidar que llegaron a nuestra Andalucía con las crines del crimen.
Que la historia del Estado español no tiene grandezas y sí maldiciones bíblicas. Bernarda Alba proclama la falsedad y miseria de esta herencia y grita contra la opresión cristiana-fascista que pesa sobre la mujer andaluza: «Tantas son las lágrimas que el llanto nos ciega … »
 
Si Federico García Lorca reflejaba en su obra el sentimiento del pueblo andaluz hacia los conquistadores castellanos, sin titubeos y con firmeza, Blas Infante no deja duda de esa identidad tan diferente del pueblo andaluz, basada en su pasado andalusí en contraposición a la conquista Castellana:
 
La idea del sufrimiento y la expulsión de los moriscos está también presente en sus primeros años, a propósito de la guerra de Cuba «Cuando yo era niño, los chiquillos … , precedidos por el lienzo amarillo y rojo íbamos a despedir a los que partían a Cuba, al son de una melodía de aire guerrero, que el maestro, en virtud de órdenes superiores, nos había hecho aprender. Cantábamos que ‘aquel hermoso pabellón era el de la nación sin par que en valentía y en hidalguía la primera fue, que aquella bandera, victoriosa en Santa Fe, conquistó Granada’. Mientras tanto, se ponía a los cubanos de ingratos … Pero ni la bandera, que apenas contaba un siglo, había ondeado en Santa Fe, ni nosotros, los hijos de aquel pueblo morisco, habíamos conquistado Granada, sino al contrario, habíamos sido conquistados con ella … » (Manusc. AAX).
 
«Tuvimos que fundamentar doblemente a Andalucía: como Nación o Región, conforme el Principio de las Nacionalidades; como sera genio (subr. Infante), término que llegamos a emplear entonces demostrando, mediante revelaciones culturales de idéntica inspiración la existencia continuada a través de milenios de un mismo Estilo (subr. Infante) en Andalucía. Estilo tan diferente del resto peninsular, que bien podrá aparecer cierto el dicho de Ganivet: Más bien hay en la península dos naciones: una, al Norte, España; otra al Sur, Andalucía».
 
La etapa de al-Ándalus fue de libertad y brillo cultural. «Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava» (Tablada, p. 60).
 
La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. «¡Las cruzadas! El robo, el asesinato … presididos por la Cruz ( …) Empiezan a quitarnos la tierra…distribuida en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras … y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a esclavitud de los señores … Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros, de campesinos sin campos, campesinos expulsados» (Tablada, pp. 7576, passim). «Pueblo conquistado, el pueblo andaluz ( … ) bastante tenía con plañir ( … ) aquellos lamentos que expresó con palabras de Abu-Beka, de Ronda, «llorando al ver sus vergeles,/y al ver sus vegas lozanas/ ya marchitas, / y que afean los infieles / con cruces y con campanas / sus mezquitas … » (Orígenes, p. 47), « … el pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que culmina después del triunfo de Don Juan de Austria y de las terribles depredaciones que hicieron decir a Mármol que los soldados del Rey eran tropas de delincuentes» (Orígenes, p. 163).
 
«Se encienden las hogueras de la Inquisición; millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras ( … ) Los Austrias continúan la obra de Isabel» (Tablada, p. 76). Así, «la tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía», declaraba Infante a Francisco Lucientes en El Sol (M-11-VI-31, p. 80). El tenía razón: la identidad de Andalucía nace aquí: «El fundamento de nuestra característica voluntad de ser el fundamento más próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval ( … ) que la conquista vino a interrumpir» (Manuscrito AAN-7).
 
Hoy más que nunca necesitamos recuperar a estos andaluces que expresaron mejor que nadie el origen de los problemas de Andalucía: la conquista castellana y la asimilación identitaria y cultural. La Andalucía empobrecida, la Andalucía de la emigración, del paro y del subsidio agrario, la del latifundio, la de tierras sin cultivar...comienza con la brutalidad castellano-católica que denunciaron Federico García Lorca y Blas Infante.
 
Alí Manzano