Miércoles 14 Noviembre 2018

10 DE AGOSTO: el mercaillo de la Carretera de Carmona

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

fundacion blas infante

La sociedad capitalista tiene la habilidad de convertir cualquier cosa, símbolo o idea en mercancía que se puede comprar, vender, transformar o destruir. Así, vemos que conocidas marcas comerciales venden productos con la imagen del Ché Guevara, camisetas con el símbolo de la Unión Soviética (CCCP), la hoz y el martillo, la A anarquista; pegatinas con las imágenes de líderes revolucionarios; hacen películas de Marx, el Ché Guevara, Blas Infante...pero siempre con el mismo proceso que consiste en vaciar previamente de contenido a las personas, ideologías o símbolos objeto de la apropiación mercantilista.

En Andalucía el proceso de conquista y colonización sufrido tras la invasión castellano-católica nos trajo una brutal represión física y cultural para cumplir el objetivo de la potencia conquistadora de hacerse con los recursos materiales y humanos de los que disponía el pueblo andalusí. Pero no quedó la cosa solo ahí. La idea de una ocupación permanente para explotar eternamente los recursos andaluces, les lleva a otro tipo de colonización, la psicológica, consistente en asimilar al pueblo andaluz a la cultura e identidad del colono, mediante un proceso de ruptura con su pasado, lengua, historia, religión, cultura, etc. para sustituirlo por la historia, lengua y cultura del colono, consiguiendo con el triunfo de las políticas asimilistas la sumisión del pueblo andaluz y la continuidad de la explotación de sus recursos. Si pensamos que somos “españoles” y que la gente que habitaba esta tierra eran moros a los que expulsamos, ya no necesitan ejércitos para someternos, la aceptación del relato histórico españolista nos hace sumisos, llegando a la autorepresión si las andaluzas planteamos un relato distinto del establecido por el Estado español.

Entre estas formas de colonialismo psicológico está la de apropiarse de los símbolos de liberación nacional, vaciarlos de contenido y presentarlos al pueblo andaluz como todo lo contrario a lo que representan. Y no es por casualidad. La clase política española sabe de la importancia de los símbolos y que estos actúan como banderín de enganche para causas que les pueden perjudicar en su objetivo de mantener la dependencia de Andalucía. Ejemplos de esta aseveración podemos señalar algunos tan claros como la bandera andaluza, el Himno o la figura de Blas Infante.

La bandera andaluza, ideada por Blas Infante y aprobada en la Asamblea de Ronda como insignia nacional andaluza, tiene los colores de las que ondeaban en Andalucía cuando era libre, cuando aún era soberana y autónoma. Es la misma bandera que usaban los ejércitos andalusies cuando se enfrentaban a los ejércitos castellanos, europeos y papales. Ese es el motivo por el cual Blas Infante eligió esos colores: por representar la independencia, la soberanía y la libertad del pueblo andaluz frente a los conquistadores. En cuanto al himno, solo hay que escuchar o leer la letra: Habla de siglos de guerra (contra quién?), de tierra (usurpada por los conquistadores), de libertad, llama a la sublevación (Andaluces levantaos) por Andalucía Libre.

Y estos símbolos, que representan rebeldía, la ilusión de conseguir una Andalucía Libre, soberana, autónoma, independiente, fueron secuestrados por el Estado español y asumidos por la institución que representa al Estado en Andalucía, la Junta. Para la gran mayoría del pueblo andaluz estos símbolos ya no representan aquello que los soberanistas expresaban en los mismos, ya solo representan a una institución que les gobierna en nombre de España y de su Rey. Ya se pueden utilizar porque ya se ha desactivado el poder de convocatoria que un día tuvieron.

Carlos Cano, el cantautor que cantó a la Andalucía Libre, a las andaluzas, a sus penas y sus ilusiones, a propósito de su canción dedicada a la bandera andaluza: “Verde, blanca y verde”, comentó que ya no volvería a cantarla mientras la blanca y verde ondeara en los coches oficiales de la Junta y otras instituciones. Cómo sabía Carlos Cano lo que estaba pasando. Sabía que al apropiarse las instituciones del Estado, de los símbolos del pueblo, la confusión y la identificación de estos con el poder dejaría al pueblo huérfano de simbología con la que identificarse y por lo tanto sin referentes políticos y sociales a los que seguir en el camino que los promotores de estos símbolos quisieron señalar cuando los crearon.

Pero más indignante aún es la apropiación, manipulación, falsificación y utilización de la figura de Blas Infante por parte de numerosos grupos políticos que buscan beneficiarse de su figura para conseguir ventajas electorales.

Un solo apunte biográfico de Blas Infante sirve como botón de muestra para verificar esta afirmación: cuatro años después de su asesinato a manos del fascismo español, se le juzga y condena a muerte por “revolucionario y separatista”.

El próximo 10 de agosto veremos en la carretera de Carmona a un sinfín de políticos pertenecientes a partidos que ni son revolucionarios ni separatistas. Partidos, instituciones y asociaciones que solo tienen en común dos cosas: que ninguno es revolucionario ni separatista y que todos quieren sacar tajá electoral y salir en la foto.

Desde PP y Ciudadanos, herederos políticos de los asesinos de Infante y defensores de todo aquello a lo que Blas Infante combatió, hasta el PSOE de Susana Diaz y Pedro Sánchez, un partido centralista desde su origen cuyo proyecto territorial no se distancia mucho del PP y de C's, como hemos visto en la represión política, policial y judicial en Catalunya. Y entre medias un Podemos de Teresa Rodríguez, que aunque se envuelven en la bandera blanca y verde gracias a los restos del naufragio del PA, tiene el mismo proyecto territorial que su jefe de Madrid, Pablo Iglesias, a pesar de las divergencias estratégicas suscitadas entre ambos.

El esperpéntico espectáculo que se vivirá un año más en la Carretera de Carmona nos recordará los “mercaillos” de muchos pueblos y ciudades andaluzas, donde todo se vende y se compra. Unos compran “andalucismo” de cara a las próximas contiendas electorales, otros lo venden a cambio de salir en alguna foto, tener algún protagonismo y auparse a alguna lista electoral con “posibilidades”. Algunos se conforman simplemente con tener el protagonismo que su actividad política no le brinda, erigiéndose en “aglutinadores” del “andalucismo”.

Y para todo esto se utiliza la “Fundación” que lleva el nombre de Blas Infante para más infamia. Qué pena que la familia de Blas Infante se deje utilizar por aquellos que llevan toda una vida enterrando año tras año al Blas Infante “revolucionario y separatista”.

Alí Manzano.