Viernes 22 Noviembre 2019

A VUELTAS CON LA UNIDAD DEL ANDALUCISMO.

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Unidad andalucismo

La “Unidad del andalucismo” es un tema recurrente que surge cada cierto tiempo y después de cada fracaso del “andalucismo” para estructurar una opción política con posibilidades electorales.

El término “andalucismo” es un vocablo que hace referencia al sentimentalismo de pertenencia a un pueblo, concretamente al andaluz y que tradicionalmente ha sido utilizado en la política española para controlar la disidencia nacional en aquellos momentos en los que el pueblo andaluz se salía del guión establecido por el Estado español en lo referente a las políticas territoriales del Estado. Concretamente, después del 4 de Diciembre del 1977 el pueblo andaluz hizo saltar por los aires la estructura territorial del Estado que se había pactado en los denominados “Pactos de la Moncloa”, entre los herederos del franquismo y la socialdemocracia de González y Carrillo.

La creación del PA sirvió de encauzamiento hacia la política institucional de ese sentimiento que reclamaba dignidad para Andalucía y el acceso al autogobierno que nos sacara del paro, de la pobreza y posibilitara el regreso de la emigración. La falta de concreción política de ese “sentimiento” posibilitó que una élite de políticos profesionales se apropiara de la lucha popular y disfrutara de privilegios políticos, sociales y económicos a cambio de controlar la calle y aceptar una “autonomía” sin capacidad legislativa y sin posibilidad de cambiar las derivas económicas del Estado en el camino hacia una economía ultraliberal basada en el desmantelamiento y privatización de toda la industria y servicios públicos. La imposibilidad de decisión del pueblo andaluz en temas que han condicionado nuestras vidas, como puede ser el modelo económico impuesto desde Madrid y Bruselas y las legislaciones en materia laboral y fiscal forzadas por los intereses de la oligarquía española, y la falta de lucha y confrontación de los políticos profesionalizados andaluces, pasando de llenarse la boca con la defensa de Andalucía a convertirse en los manijeros del Régimen, ha puesto de manifiesto el gran fraude que supuso una autonomía ganada en las calles el 4 de diciembre de 1977 y que fue mancillada por la clase política andaluza en los “Pactos de Antequera”, firmados un años más tarde y que supuso acabar con las movilizaciones populares por el autogobierno para encauzarlas a través de las instituciones del Estado hacia una autonomía que 40 años más tarde se ha mostrado como una herramienta ineficaz para solucionar los problemas del pueblo andaluz y como una herramienta de control político al servicio de los intereses de Estado.

El Andalucismo se constituyó en el dique de contención de las protestas sociales, ahogando los gritos de rebeldía tras las promesas de soluciones a través de las instituciones que el Estado español impuso en Andalucía, no para el autogobierno del pueblo andaluz, sino para el control del pueblo a través de unas instituciones que simulaban un autogobierno que nunca fue más allá de una simple descentralización administrativa. Los gobiernos del PA con el PSOE en la Junta de Andalucía fueron la prueba palpable de que el “Andalucismo” no ha sido más que una muleta al servicio de las políticas Estatales, posibilitando del mismo modo, que el PSOE se pudiera maquillar de verde y blanco y convirtiendo a sus políticos en los “Virreyes de España en Andalucía”.

Una vez controlado el territorio por un partido del Régimen como es el PSOE cuyo compromiso con las clases detentadoras del poder económico no ofrece ninguna duda, se deja morir al PA por inanición, hasta producirse una “voladura” controlada.

La lucha por la “herencia” lleva al surgimiento de varias siglas. Unas han fracasado electoralmente al no conseguir recuperar a una mínima parte del electorado que tras la voladura del PA se ha refugiado en ambientes más cálidos como el PSOE, el PP y Podemos, donde parte de esas siglas herederas del PA y alguna más han estado buscando cobijo, vendiendo los restos del PA a cambio de puestos de salida en las listas electorales. En unos casos no llegaron a un acuerdo y en otros la posición en las listas no les dio para acceder a las actas de diputados.

En este nuevo marco político en el que estamos inmersos, y en el cual ninguno de los partidos y asociaciones “andalucistas” tiene la menor posibilidad de conseguir entrar en las instituciones, vuelve a deambular por las redes sociales el mantra de la “Unidad”.

Unidad... ¿para qué?. Ante esa idea de una unidad “transversal” donde cabe todo el mundo y por tal motivo, los planteamientos políticos e ideológicos se han reducido a un mínimo tan mínimo, que tanto sirven para personas conservadoras como progresistas, de derechas como de izquierdas, revolucionarias como reaccionarias...una búsqueda del calor de la masa en una “unidad” más sentimental que política. Esta unidad en base a sentimientos, aunque estén insertos en la psiquis de muchas andaluzas, no puede tener un recorrido de largo alcance por la carencia de unos presupuestos políticos y estratégicos, y ante la carencia de un modelo político para Andalucía. Si a esto sumamos las luchas de egos tanto de los “políticos” impulsores como de los “figurantes”, el resultado es muy previsible.

La unidad de acción de diferentes organizaciones políticas, sindicales y sociales, debe estar basada en un objetivo claro, en un programa político concreto y en una estrategia de confrontación con el Estado para la consecución de los fines, puesto que el Estado español no nos va a regalar nada, como podemos comprobar en Catalunya y Euskalerria.

El objetivo de una posible unidad de acción en torno a los derechos de Andalucía, debe estar enfocado hacia la consecución de una República Andaluza que implemente los fundamentos ideológicos de las organizaciones involucradas y que solamente pueden ser la soberanía nacional de Andalucía y la independencia económica del pueblo trabajador andaluz.

Y las estrategias y tácticas no pueden priorizar la vía electoral y búsqueda de los sillones en las instituciones del Estado español, por la imposibilidad de introducir cambios que afecten a la vida de las andaluzas desde las instituciones españolas, tal y como estamos viendo en el caso catalán cuando desde el año 2006 están intentando conseguir cambios en su Estatuto y en las competencias económicas que les posibiliten gestionar los problemas sociales que padecen, sin haber conseguido ningún avance, a pesar de millones de catalanes exigiendo sus derechos en las calles. La imposibilidad de cambiar la Constitución española para afrontar cambios de calado, por la exigencia de contar con 2/3 de los votos de los diputados del Congreso, más 2/3 de lo miembros del Senado, muestran la imposibilidad de avanzar “desde la Ley a la Ley”.

El futuro de Andalucía solo lo podremos cambiar desde la confrontación con el Estado, desde la toma y conquista de las calles, desde la liberación de espacios y la autoorganización popular. Para muestra nos puede servir el 4 de diciembre de 1977 cuando el pueblo andaluz tomó las calles y obligó al Estado español a cambiar las reglas del juego pactadas entre los partidos del Régimen.

Unidad Sí, pero desde principios ideológicos claros, desde objetivos concretos. Ya no cabe la excusa de utilizar un lenguaje “transversal” y amble para no asustar a la gente. El lenguaje induce al pensamiento, y un lenguaje “amable” y conciliador induce al conformismo y al reformismo, alejando al pueblo andaluz de los objetivos de Independencia y Socialismo. Solo desde un lenguaje de clase y revolucionario se puede cambiar el pensamiento y por lo tanto la acción.

Nuestro camino hacia la liberación de Andalucía, con la República Andaluza en el horizonte, es largo y lleno de dificultades y hay que empezar a construirlo con un lenguaje claro, con una ideología liberadora y desde la lucha de clases. Otra cosa que no sea esto, en el mejor de los casos, es perder el tiempo y en el peor de los casos, es utilizar a las andaluzas para objetivos inconfesables.

Que no se repita la historia del PA, Que no volvamos a los Pactos de Antequera para regresar a la vía de la sumisión, a intentar gobernar las instituciones coloniales y a arrastrarnos para conseguir del Estado las migajas con las que nuestros polítcos intenten conformarnos y adormecernos.

Hoy más que nunca, la lucha es el único camino.