Sábado 18 Agosto 2018

Las aceitunas de Trump

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A dónde va la luna por los trigales,

aceitunas negras

a pedir que no arranquen más olivares,

que me dan alegría y me quitan hambre

y en diciembre me alivian las penas madre.

Carlos Cano, El día de san Román

  Justamente en estos meses en que la Junta mal llamada “de Andalucía” (cuando, dado el papel que ha jugado en los últimos 40 años, pareciera más exacto denominarla contra Andalucía) está realizando una nueva campaña de propaganda a propósito del aumento de las exportaciones andaluzas, se ha confirmado el aumento de los aranceles estadounidense para la aceituna negra andaluza hasta el 34,75%. ¿Por qué digo aceituna negra andaluza? Porque, del conjunto de la producción de la aceituna negra que se exporta, el 84% de la superficie cultivada es andaluza. Además, Andalucía lidera las ventas a EEUU, con casi un tercio del valor exportado y el 77 por ciento de la producción estatal1. La denominación está más que justificada.

 

  La importancia del sector no es pequeña y tampoco lo es el establecimiento de unos aranceles al 34,75%. La aceituna negra genera en el país andaluz más de dos millones de jornales y reúne más de 16.000 explotaciones, con alrededor de 95.000 hectáreas en total. Además, concentra 300 empresas entre las que se encuentran 206 empresas entamadoras (54% del total del Estado) y 106 envasadoras. Por lo tanto, el impacto de dicha medida va a afectar gravemente a los medianos productores andaluces y a la clase trabajadora que, en comarcas muy concretas, se dedica a la recogida y al procesado de la aceituna negra.

 

  La medida -motivada por el giro de la política comercial que ha dado el gobierno estadounidense tras la llegada de Donald Trump- viene a cuestionar el modelo de rebajas arancelarias y unidad de mercado transoceánico Europa-EEUU-Canadá (que querían profundizar tratados como el TTIP, CETA, TISA...), enmarcado en una lógica neoliberal -establecida en el Consenso de Washington a principios de los años 70- según la cual los productores tienen que competir entre sí, a nivel mundial, para implantar sus productos en el mercado. El gobierno Trump está reorientando su política comercial -no se nos olvide que en junio Trump abandonó airado la última cumbre del G7 en Quebec- y esta medida supone ahora propinar una patada en el trasero a la UE. Y ese trasero de la Unión Europea no es otro que Andalucía, periferia de un Estado ya de por sí de segunda fila en el marco europeo como es el español. Así es como el primer arancel se estableció en noviembre y hace unos días se ha concretado definitivamente una subida arancelaria de hasta el 34,75%.

 

  No voy aquí a cuestionar las decisiones que distintos Estados burgueses, con intereses estrechamente ligados a las oligarquías en su reparto imperialista del mundo, están tomando en un marco desregularizado e inspirado por la lógica neoliberal -como ha sido el de las relaciones EEUU/UE- porque en él sólo pueden tomarse decisiones desiguales y perjudiciales para los pueblos trabajadores, como corresponde a la lógica capitalista. Nada puede hacer Andalucía en este contexto, puesto que somos un país sin voz propia, marcado por la dependencia política del Estado español y por la dependencia económica de la Unión Europea. En la situación actual, el Pueblo Trabajador Andaluz se encuentra sin instrumentos para establecer un modelo político, productivo y ambiental propio. Necesitaríamos una República Andaluza soberana y gobernada por la clase trabajadora para tal cosa y, mientras esta no exista, seguiremos asistiendo a la ruleta en la que se juega con nuestro porvenir mientras se nos invita a ser meras convidadas de piedra.

 

  En un sentido absolutamente opuesto a esta deseable República Andaluza, tenemos el gobiernillo de la “Junta contra Andalucía”, cuyo modelo económico está fundamentado justamente en la aplicación del neoliberalismo más feroz. Su receta económica se ha basado exclusivamente -desde el Plan Andaluz de Desarrollo Económico (1991-1994)- en las privatizaciones de servicios, la desregulación de la actividad productiva (bajo la denominación de “liberalización económica”) y el incremento de las exportaciones -de las que últimamente hace especial propaganda-, como si hubiera una relación directa entre aumento de las exportaciones y aumento de la calidad de vida, de la renta salarial o de la estabilidad laboral. Efectivamente, desde 1995 a 2017, las exportaciones andaluzas han aumentado un 403,9%, significativamente por encima del promedio de la Unión Europea (176,3%). Como resultado, las ventas de Andalucía al exterior representan actualmente el 21,1% del PIB, frente al 7,6% de principios de los años 90.2

Evol import export AND

  La experiencia nos muestra cómo este aumento de las exportaciones no hace a la economía andaluza más fuerte, sino más dependiente del contexto político y económico internacional, en un círculo vicioso donde el único desarrollo socio-económico posible es el “desarrollo del subdesarrollo” (que acuñara la Teoría de la Dependencia marxista). Al episodio actual de la aceituna negra se suman otros pasados, como la crisis del pepino andaluz de 2011(cuando las autoridades de Alemania afirmaron equivocadamente que una intoxicación por la bacteria E-coli provenía de pepinos cultivados en las comarcas de Almería, Málaga y Granada). Ese fue otro ejemplo de la vulnerabilidad de nuestro tejido productivo ante las exportaciones en el que se perdieron más de 210 millones de euros.

 

  Mientras el Pueblo Trabajador Andaluz continúa sufriendo de una manera estructural guarismos que sitúan a Andalucía como la tercera renta per cápita más baja del Estado español, las tasas de paro, desempleo femenino y juvenil más altas, la tercera tasa más alta de abandono escolar temprano del Estado..., las exportaciones han crecido de forma desaforada desde 2005 sin que haya existido ningún cambio significativo para la clase trabajadora. Por lo tanto, no es que la economía andaluza vaya a mejorar con el aumento de las exportaciones, sino que el modelo productivo andaluz (basado en las circunstancias que acabo de referir) se fundamenta en ellas para su existencia y para la generación de plusvalía.

 

  La política comercial neoliberal que el Estado español practica y de la que hace gala la Junta está produciendo un descenso en la capacidad para satisfacer la demanda interna con productos de la industria agroalimentaria andaluza. A finales de siglo pasado, esta industria pasaba de satisfacer el 70,3% de la demanda interna, en 1980, al 46,6% en 19903. Combinada con los efectos perniciosos de la PAC, está alimentando la extensión del monocultivo del olivar -y, por ende, agudizando la dependencia y vulnerabilidad de buena parte del Pueblo Trabajador Andaluz que depende de su cultivo-, mientras se estima que, en el período 2000-2008, el margen bruto para el conjunto de las explotaciones de olivar ha caído en un 30,4%4.



  La salida a esta situación de manifiesta vulnerabilidad de un sector productivo andaluz no será decretada por las instituciones ni concedida por el Estado español. Habrá de ser el propio Pueblo Trabajador Andaluz el que cambie su realidad mediante la organización colectiva y la lucha continuada. Serán cambios que después unas instituciones andaluzas soberanas y populares, constituidas en República Andaluza de Trabajadores, habrán de dar rango de ley: la propiedad social de los grandes medios de producción, la Reforma Agraria, la nacionalización de la banca, de las empresas de comercialización de productos agrarios y envasados, de las empresas de suministro de luz y agua, la salida inmediata de Andalucía del euro o la implementación de nuevas relaciones comerciales con naciones solidarias, basadas en el intercambio equitativo y la no supeditación de la soberanía nacional andaluza a los intereses del imperialismo y las transnacionales.

 

  Por supuesto, la solución es difícil, pero sólo la clase trabajadora andaluza organizada puede dar un golpe de timón en esta deriva neoliberal en la que estamos sumidas. El caso de la aceituna negra no ha sido ni el primero ni tampoco el último de estas características. Nuestra obligación es prepararnos para que no se repita.

 

Carlos Ríos.

En Granada, a 15 de julio de 2018.

 

1Garrido, H. ¿Ensaladas que se aliñan sin aceitunas 'made in Spain'? EE UU lucha por frenar su importación, 20 minutos, 24 de noviembre de 2017 https://www.20minutos.es/noticia/3195801/0/claves-conflicto-arancel-aceituna-mesa/

2VV.AA. Anuario Andalucía, Grupo Joly, 2016.

3Delgado Cabeza, M. Andalucía en la otra cara de la globalización, Mergablum, Sevilla, 2002.

4VV.AA. Informe Anual del Sector Agrario en Andalucía, Fundación Unicaja, Málaga, 2009.