La Dama de Baza sigue en la Corte (o sobre “tener voz en Madrid”)

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Dama de Baza

 

Los poderes de Madrid no harán nada por nosotros. Andalucía habrá de resolver, por sí, sus tremendos problemas. Por esto, si en nuestra mano estuviera la fuerza, estaría también la libertad, a la orden de Andalucía.

Blas Infante (atribuido)

Hoy hace 50 años, un 15 de septiembre de 1971, la Dama de Baza -encontrada el 21 de julio del mismo año en el cerro del Santuario (necrópolis de la antigua Basti, Baza) por F. J. Presedo Velo- fue expoliada por las autoridades franquistas españolas, que la trasladaron al Museo Arqueológico de Madrid (mal llamado “Nacional”), del que no ha vuelto hasta ahora. La reivindicación de su vuelta a Baza por los bastetanos y bastetanas, así como por distintas fuerzas políticas, es una constante hasta el día de hoy.

A este propósito, la senadora de Adelante Andalucía, Pilar González, anunciaba el 15 de octubre de 2020 -hace once meses-, a través de sus redes sociales: La Dama de Baza volverá a Baza”. Lo hacía con motivo de la aprobación en la Comisión de Cultura del Senado estatal de una moción en este sentido del grupo (ver aquí).

Se cumple medio siglo de la usurpación de un elemento patrimonial esencial de las comarcas de noreste andaluz y casi un año desde que se aprobara dicha moción. Por supuesto, la Dama de Baza sigue en Madrid en función de la política de Estado, que concentra todo el patrimonio arqueológico de interés de las distintas naciones que gobierna en la villa y Corte. Una política muy propia de los imperialismos. Y ante eso, cualquier moción institucional es papel mojado.

Pero hoy hace 50 años de su expolio y casi uno desde que Pilar González nos asegurara que la Dama volvería a Baza. Es un buen momento para hacer una valoración de ese planteamiento regionalista del que González hace gala, que se resume en “tener voz andaluza en Madrid”, y del que el caso de la Dama de Baza es un buen ejemplo.

 

Lo primero que conviene hacer son unas consideraciones iniciales sobre la significación política de este planteamiento:

1º Renuncia a la soberanía nacional. La consigna de “tener voz en Madrid” supone una renuncia a la soberanía nacional andaluza. Es una renuncia porque no se puede aspirar a ser dueñas de nuestros destinos, a que lo que pase en Andalucía lo decida el Pueblo Trabajador Andaluz, si para ello hay que hacer justamente lo contrario: ir a Madrid.

2º Es un objetivo político en sí. Como firme defensor de la independencia nacional de Andalucía, rechazo cualquier participación en las instituciones estatales burguesas d las fuerzas independentistas. Pero podría llegar a entender que en virtud de una coyuntura política excepcional, de manera táctica y limitada en el tiempo a la consecución de unos objetivos concretos, la izquierda independentista andaluza tomara esta posición. Tal y como plantea el regionalismo, la cuestión, participar en las instituciones estatales no es una opción táctica, ni sometida a unos objetivos ni con una delimitación previa. Al contrario, es un fin en sí mismo. Un objetivo que manifiesta los límites y aspiraciones políticas de aquellas que hacen tal propuesta. No hay aquí ni táctica ni estrategia, solo una aspiración a ocupar espacios institucionales estatales burgueses sin mayor aspiración que la permanencia en ellos y sin crítica alguna a la propia existenciade los mismos. Nhay ningún plan detrás, más allá dela pretensión de constituir un “lobby” en las instituciones estatales.

3º Déjà vu regionalista. Lo que venimos viviendo en los últimos años es un déjà vu regionalista varias veces ya acontecido. La consigna de “tener voz en Madrid” fue ya utilizada por Diego Cañamero y los suyos en 2015 y 2016 para justificar su ingreso en Podemos, obteniendo nulos resultados en su paso por el Congreso, como todas conocemos. Y también fue antes la utilizada por el desaparecido Partido Andalucista en los años 80 y 90. De hecho, cinco diputados del Partido Andalucista estuvieron presentes en la I legislatura de las Cortes españolas posfranquistas (1979-82). Unos diputados que aprovecharon su presencia para brindar un vergonzoso apoyo a la investidura de Adolfo Suárez como presidente. No, el paso reciente de andaluces por Madrid en calidad de diputados de las Cortes borbónicas no lo podemos calificar de brillante, precisamente.

 

Estas son solo unas apreciaciones iniciales. Pero para abordar si el planteamiento de “tener voz en Madrid” es correcto, deberíamos comenzar preguntándonos: ¿cuál es la situación política actual en el Estado español?

El Estado español se encuentra en un proceso de recentralización. Esta recentralización tiene como objetivo concentrar los mecanismos de control de la economía y de explotación de los pueblos trabajadores y está en total sintonía con el imaginario colectivo autoritario y chovinista del españolismo. Desde 2018 son muchas las voces que apuntaban a la caída de la competitividad y el crecimiento de la deuda estatal como problema que "solo puede ser solucionado" con nuevo ajustes y recortes contra los pueblos trabajadores. En el contexto actual, la recentralización -con el necesario lubricante de un españolismo creciente- constituye una buena herramienta para imponer las medidas necesarias que amplíen el margen de ganancias de la oligarquía.

La descentralización administrativa que supone el Estado de las autonomías ya fue acotada a través de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) en 1982. De ahí que la poda constante del Estatuto y de las escasas atribuciones que otorga a la Junta sea la norma desde entonces. Un hito por todas conocido es el que se produjo en 2011 con la declaración de inscontitucionalidad del artículo 51 del Estatuto de Andalucía de 2007 por el Tribunal Constitucional, referido a las competencias de la cuenca hidrográfica del Guadalquivir. La sentencia vino precedida por el recurso presentado por el gobierno extremeño (PSOE) y que limitó aún más el poco e inofensivo margen estatutario. Estos dos son ejemplos muy visibles, pero hay decenas de leyes aprobadas en el Parlamento andaluz recurridas y saboteadas por los tribunales estatales. Porque la administración autonómica es subsidiaria de la estatal. Se ubica por debajo de esta y como mera ejecutora del Estado. Un hecho que interesa no olvidar si queremos valorar en su justa medida el papel y las posibilidades de las instituciones andaluzas actuales.

En este contexto de recentralización y autoritarismo creciente es en el que se inserta la consigna de “tener voz en Madrid”. Si a ello le añadimos que la máxima adalid del planteamiento, Teresa Rodríguez, afirmaba hace unas semanas en una entrevista1:Mi idea de Andalucía no es confrontar con España”, la resultante es descorazonadora. La propuesta adquiere entonces el mismo cariz de aquella del regionalismo en 1966, cuando presentó a las elecciones municipales franquistas por los “tercios de familia” en Sevilla a Alejandro Rojas Marcos, resultando este elegido. Una mera adaptación y contemporización con el Estado neofranquista español en plena deriva autoritaria. Un planteamiento que, además, al insistir en la centralidad política de la villa y Corte, es funcional para la recentralización estatal (y el vaciado de las escasas competencias que poseen las instituciones autonómicas -nominalmente- andaluzas).

 

Dicho esto, puede que, hasta aquí, haya quienes compartan mi análisis, pero no compartan mis conclusiones. Porque hay siempre un “pero” que sirve para frenar los planteamientos radicales (aquellos que van a la raíz de los problemas) y posponer las luchas globales y esenciales por las parciales y aisladas. Siempre hay alguien que se preguntará: ¿El estado de opinión actual del Pueblo Andaluz es receptivo a estas tesis? ¿No habría que quemar antes etapas para evidenciar nuestra opresión nacional y empezar con esto a “tener voz”?

La primera cuestión se responde rápidamente. En la actualidad no hay un sector amplio del Pueblo Trabajador Andaluz que comparta lo que exponía más arriba. Es un hecho.

En cuanto a la segunda, la consigna de "tener voz en Madrid" no ayuda a evidenciar dichos límites ni a que el Pueblo Trabajador Andaluz sea consciente de ellos, sino a aplazar hasta el infinito la percepción de los mismos. Esta consigna sitúa la centralidad de las decisiones y transformaciones radicales que necesita Andalucía en Madrid, donde la presencia política andaluza se dice que “es imprescindible” y esta se configura como un objetivo político principal.

Si a ello le añadimos que este planteamiento está obviando -y, por tanto, evitando que el Pueblo Andaluz sepa- que los cargos que se eligen2 en Andalucía para ocupar espacios en las instituciones estatales (61 diputados andaluces contra 289 no andaluces en el Congreso, por ejemplo) son una exigua minoría, este planteamiento tiene efectos abiertamente contraproducentes. Contraproducentes si nuestra causa es la liberación de Andalucía, y no otra.

Los planteamientos políticos expuestos al Pueblo Trabajador Andaluz han de ser lo más honestos y globales posibles. Las condiciones subjetivas solo pueden madurar en las diversas y múltiples luchas que vamos acometiendo, no en base a renunciar a la recuperación de nuestra soberanía nacional, a la construcción del socialismo o a la lucha contra el patriarcado y el imperialismo, esperando “un momento mejor” que nunca llega. Pero será imposible evidenciar nuestra opresión nacional, social y patriarcal si no se explican las conexiones, en la lucha contra un desahucio, entre la concentración de la propiedad y el carácter de colonia interior de nuestro país (con las conclusiones políticas que ello conlleva), por poner un ejemplo.

Hoy hace 50 años que la Dama de Baza fue robada por el Estado español. Sólo la movilización sostenida, la reivindicación constante y sobre todo un Estado propio, una República Andaluza, podrían hacer la suficiente fuerza política para la devolución de la Dama de Baza. Habrá que obligar (con todo el peso que el verbo tiene) al Estado español a devolverla, porque las políticas de Estado sólo se doblegan si los pueblos colonizados aplican la suficiente presión.

La consigna no puede ser "tener voz" aquí o allá, como pájaro enjaulado que sigue cantando dentro de la jaula. Ha de ser "por la República Andaluza". Por una República Andaluza independiente, socialista y feminista. Porque, como afirmaba Gramsci: “En la política de masas decir la verdad es una necesidad política, precisamente”3.

1https://www.elespanol.com/espana/andalucia/20210621/teresa-rodriguez-no-delegacion-andaluza-inigo-errejon/590441656_0.html

2 Unos cargos que, además, se eligen y se elegirán bajo la ley electoral estatal. Elección que se produce en unas condiciones que siempre serán absolutamente desfavorables para aquellas opciones políticas que propongan la liberación de Andalucía (división del país en ocho circunscripciones electorales distintas y desiguales, desigualdad de los presupuestos electorales, cobertura mediática reducida cuando no inexistente, y, en el caso de que hubiera unos planteamientos políticos coherentemente andaluces y socialistas, otros añadidos como campañas del miedo a la emancipación, deslocalizaciones patronales, agresiones de grupos parapoliciales…). De ello en los distintos comicios en los que Nación Andaluza ha participado han aparecido algunas muestras, ampliadas y desarrolladas en otros casos recientes más allá de nuestras fronteras nacionales, como lo ocurrido en el referéndum del 1 de Octubre de 2017 en Catalunya.

3Gramsci, A. La política y el estado moderno, Público, Barcelona, 2009.