Negación de la dialéctica del andalucismo

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28F21 II

La dialética no es, empero, más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento.

Engels, F. Anti-Dühring, 1878.

   A las andaluzas se nos ha negado una parte de nuestra historia. En esa parte, entre otras cosas, estaba la historia del movimiento andaluz de liberación de principios de siglo XX, del andalucismo revolucionario que, con el concurso del regionalismo que emerge tras la muerte de Franco, quedó oculto para hacernos creer que la actual estatus de nuestro país, el de una Andalucía estatutaria y dependiente, era la Andalucía por la que dio su vida Blas Infante. Al contrario, el “andalucismo” que se convirtió en hegemónico en los estertores del franquismo muy poco se parecía al que preconizaban Blas Infante y los suyos en el primer tercio del siglo XX.

   Tras el asesinato a manos del fascismo español del revolucionario de Blas Infante -y de otros correligionarios suyos como Antonio Ariza Camacho o Antonio Chacón Ferral- vino la persecución de los demás. Pero mientras que hasta 1936 había sido hegemónica la teoría emancipadora del país andaluz que liderara Blas Infante frente a la conservadora y españolista que abanderara José Gastalver, tras la dictadura franquista se volvieron las tornas y el “andalucismo” que reapareció había mutado políticamente. La dictadura franquista supuso una ruptura también en lo que llamamos “andalucismo” convirtiendo en hegemónica en el postfranquismo la versión regionalista y conservadora que hasta 1936 había tenido escasa importancia.

   La primera ruptura se había producido en 1916 en el Centro Andaluz de Sevilla. Entonces José Gastalver sale del Centro Andaluz, ante las diferencias con Blas Infante en un tema esencial para nuestro país: la propiedad de la tierra. Uso el término entrecomillado para referirme a Gastalver y los suyos porque fue el propio Blas Infante en una carta escrita al director del diario El Liberal en 1919 el que opuso estas dos formas que se reclamaban del andalucismo. De manera muy clara se refirió a la corriente reaccionaria con el que tuvo que contrastar su proyecto político así: “…si lo somos nosotros él no lo es…”. Una clara oposición dialéctica entre el andalucismo conservador que abanderaba José Gastalver y el andalucismo revolucionario de Blas Infante que el regionalismo nos ha intentado ocultar una vez muerto Franco. No sería la última vez que haría esta oposición dialéctica como una unidad de contrarios porque en 1921 en su obra La dictadura pedagógica. Estado actual del alma de la sociedad comunista nos dice en la primera página de la misma: “Hay dos especies de comunistas. Comunistas del resultado del trabajo propio: y comunistas del resultado del esfuerzo ajeno. Comunistas que aspiran a dar: y comunistas que aspiran a recibir”. A partir de ahí Blas Infante desarrolla una teoría sobre las acciones a implementar antes y sobre todo una vez constituído el poder revolucionario a fin de alcanzar una sociedad comunista. Unas metas y objetivos que el regionalismo conservador de cualquier tiempo han luchado por ocultar negando estas disputas en el seno de los movimientos que se reclamaban del mismo sujeto nacional (Andalucía) pero con propuestas políticas muy diferentes. Por eso Blas Infante termina su libro con un último párrafo en el que podemos leer “Revolución a todo trance contra el régimen capitalista; pero revolución no formal, o legislativa, o burocrática, sino revolución honda, esencial o fundamental del espíritu”.

   Muy lejos de todo ello el regionalismo conservador que lideraba José Gastalver se oponía a la Reforma Agraria, afirmaba que en Andalucía “…el problema es de producción de riqueza y no de distribución de la misma…” y quiso constituirse, sin éxito, en una fuerza de oposición a las tesis de Infante desde el primer momento. Si Blas Infante escribe ya en 1915 su primera obra Ideal andaluz, en la que ya aparece una crítica feroz a la gran propiedad agraria, Gastalver publica al año siguiente Crédito territorial, una propuesta tecnocrática y absolutamente complaciente con la distribución de la propiedad de la tierra en el país andaluz cuyo objetivo es aumentar la producción como para evitar alterar la propiedad. Un correligionario de Blas Infante, el periodista José Andrés Vazquez define a principios de 1918 a Gastalver además como un oportunista “...antiautonómico y anticatalanista furibundo en agosto (de 1917), se manifiesta ahora simpatizante acérrimo de Cambo…” con motivo de la visita del regionalista catalán a la ciudad de Sevilla. Hay que entender la referencia al antiautonomismo de Gastalver como su oposición a lo que planteaba el andalucismo revolucionario en la época y que podemos leer en el manifiesto de Córdoba del 1 de enero de 1919: “...queremos hacer efectiva la prescripción del artículo primero de la Constitución Andaluza, votada por la Asamblea Federalista de Antequera de 1883, que aspiró a constituir en Andalucía “una Democracia Soberana y Autónoma”...”.

   Tras intentar nutrirse sin éxito de manera oportunista al calor de los grupos militantes que iba aglutinando el andalucismo revolucionario, Gastalver protagonizó un rosario de rupturas políticas. La definitiva se produjo en la Asamblea de Córdoba de 1919 que abandonó ante de su finalización.

   Las conclusiones políticas de esta Asamblea se resumían en el Manifiesto Andalucista firmado el 25 de marzo de ese año y se resumían en cuatro ideas esenciales: Andalucía es una nación, rechazo del centralismo, reforma agraria y libre federación. Cuatro ideas que cuestionaban radicalmente cualquier programa político reaccionario. El periódico granadino afín a José Gastalver RENOVACIÓN lo narraba así en su número 13 (5 de abril 1919): “...esta diversidad de orientaciones bien pronto se marcó en la asamblea y aun más, al afrontar el problema agrario, con un sentido revolucionario los unos y los otros gubernamental, determinando la intransigencia de aquellos, la retirada de estos...”.

   De esta forma el franquismo conllevó no sólo el exterminio físico sino también la desaparición política del andalucismo revolucionario para dar lugar a un andalucismo regionalista, neoliberal y burgués. Esta discontinuidad -ocultada por el regionalismo y el reformismo “andalucista” contemporáneo para desinformación del Pueblo Andaluz y legitimación de su planteamientos regionalistas y social-liberales- comienza a salvarse en el tránsito entre el siglo XX y los inicios del XXI. La cristalización de distintas corrientes de la izquierda independentista y revolucionaria que dan lugar a la fundación de Nación Andaluza y nuestra consolidación como partido político superando la mera estructura de un bloque político unitario, así como la aparición de organizaciones de mujeres (Andaluzas en Pie), colectivos culturales como los Centros Andaluces del Pueblo u Hojas Monfíes, y el trabajo y la discusión política con colectivos juveniles, sindicales... Evidencian un aumento de la organización y presencia social y política de las distintas expresiones organizativas del andalucismo abiertamente independentista y anticapitalista y con él sus reflexiones ideológicas y políticas. Y con ellas renacen las tesis que ya sostuviera el andalucismo revolucionario de Blas Infante: la importancia de la Constitución Andaluza de 1883 y de hacer realidad su artículo 1º, la necesidad de superar el modo de producción capitalista si queremos una Andalucía verdaderamente libre y la imposibilidad de liberar Andalucía mediante el entrismo en las instituciones burguesas.

Carlos Ríos.

Enero de 2022.

 

Artículo publicado originalmente en el n.º 67 de la revista Independencia.