Viernes 9 Diciembre 2022

Terminar con los dolores del Pueblo Andaluz requiere de la República Andaluza

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Indicadores Urbanos INE 2022Estado andaluz o República de Andalucía o andaluza, o Federación andaluza, como ustedes quieran llamarle;pero todo antes que seguir siendo un pueblo que necesita preceptores extraños, y preceptores extraños son todos los hombres que gobiernan o mal gobiernan nuestra tierra…

...Andalucía tiene derecho, como todos los pueblos, a prepararse para la defensa...

¿Estado de Andalucía?” en El Liberal, 25 de junio de 1931.

  Esta semana nos asaltaba la noticia. De nuevo el informe de Indicadores Urbanos del INE (una institución nada sospechosa de subversiva) para 2022 apunta -con la frialdad de las cifras- hacia la condición de Andalucía como colonia interior del Estado español. Pero basta con revisar algunos de los datos más llamativos del informe para comprender que las situaciones de pobreza que vivimos en este país no son casualidad ni casos aislados. Por ejemplo:

- De los 10 municipios del Estado español con menor renta, 8 son andaluces (en la tabla que acompaña este texto aparecen los 20 primeros, 16 de los cuales son andaluces).

- De los 10 municipios con más paro del Estado español, también 8 son andaluces.

- De entre las llamadas Áreas Funcionales Urbanas, la de Marbella es la tercera con menos renta de todo el Estado español.

- Los barrios más pobres se concentran igualmente en Andalucía. En Sevilla el Polígono Sur, Los Pajaritos y Amate. En Córdoba Azahara-Palmeras y Polígono de Guadalquivir. En Málaga el barrio Palma-Palmilla.

- De los 15 municipios con menor esperanza de vida del Estado español, 9 son andaluces.

  La prensa se ha lanzado rauda a entrevistar a lo que ellos llaman agentes políticos y sociales: el presidente de la patronal andaluza, los partidos del Régimen... Les han preguntado de manera rutinaria la causa de estas cifras. Las fuerzas del Régimen han aprovechado la ocasión para mostrar hasta que punto la prensa esta comprada y trabaja para la oligarquía. Cada uno ha aprovechado la ocasión para recordar ante los micros del periodismo a sueldo de la burguesía que sus recetas (todas ellas igualmente enmarcadas dentro del modo de producción capitalista y de la institucionalidad existente: la Unión Europea, el Estado español y el Estatuto) son la solución. A pesar de que llevamos treinta años de Unión Europea, cuatro décadas de Estatuto, dos siglos de Estado español y algunos más de capitalismo mundial y, a lo mejor, algo tienen que ver en el subdesarrollo relativo en el que está encerrada Andalucía.

  Y es que estos datos manifiestan de forma tozuda la imposibilidad de cambiar la realidad del país andaluz desde nuestra actual situación estatutaria, de nación trabajadora dependiente y sometida al imperialismo del presente. Vuelven a manifestarnos que el problema no son las políticas de izquierda o derecha, sino que es necesario un cambio radical para frenar la hemorragia que sufre Andalucía de sus fluidos vitales.

  El tejido productivo andaluz, que adolece de una descapitalización secular de la que le es imperativo recuperarse, se encuentra obligado a competir frente a sociedades más industrializadas (como la catalana, la holandesa o la alemana) sin tener los mínimos instrumentos que ha tenido cualquier país para hacer políticas económicas positivas: un Estado propio y los instrumentos financieros y comerciales que este conlleva.

  La riqueza que crea el Pueblo Trabajador Andaluz -que tan bien se podría utilizar en manos de quienes saben cuanto sudor ha costado producirla- es usurpada por la burguesía en forma ordinaria de plusvalías y de sobreexplotación, pero Andalucía no puede establecer su propia ordenación del mercado laboral para frenar este saqueo e incluso la capacidad para establecer sus propias figuras impositivas es testimonial dado su papel de delegación de la Agencia Tributaria española que tiene la Consejería de Hacienda.

  La Reforma Agraria ha pasado a dormir el sueño de los justos mientras la nobleza y los terratenientes son tratados con todos los honores. A pesar que una ley autonómica llevó su nombre -la Ley de Reforma Agraria 3/1984- la tierra está ahora concentrada en menos manos que hace un siglo. Hasta el patrimonio agrario que compró la Junta en los años 80 -como una maniobra de distracción y contención del movimiento obrero- desde los últimos gobiernos del PSOE ha ido vendiéndose a empresas privadas.

  No existe tampoco un Banco Nacional Andaluz que proporcione los necesarios instrumentos financieros para hacer arrancar proyectos empresariales cooperativistas. Y en cuanto a la banca privada Unicaja, la única entidad que quedaba con sede social en Andalucía tras el proceso de concentración bancaria auspiciado desde Madrid, ha sufrido un desembarco en su dirección (absolutamente comprometida con las necesidades de la oligarquía española, por otra parte) de elementos externos que auguran mayor desapego, si cabe, del Pueblo Andaluz.

  Todo ello, y muchísimas cuestiones que sería largo señalar, apuntan a que lo planteado por el informe de Indicadores Urbanos no se arregla bajo los parámetros de la derecha o la izquierda estatalista (por mucho que se pinten de verdiblanco cada vez que llegan elecciones o para justificarse en una pelean con sus centros de dirección en Madrid). Tampoco se arreglará con el manido recurso de “la lucha” sin saber por qué se lucha, donde y quiénes ejercen la dirección de esa lucha y, sobre todo, hacia qué objetivos se orienta la misma.

  Requiere de un cambio de paradigma que implique la lucha por la soberanía política plena en todos los ámbitos de nuestra vida: un Marco Andaluz de Relaciones Laborales, la Reforma Agraria, una Banca Pública Andaluza, una Hacienda Andaluza, capacidad para participar en las negociaciones internacionales que afecten al tejido productivo andaluz… Y todo ello se sintetiza en una República Andaluza. Una república de Trabajadoras, para que sea la mayoría de las andaluzas, el Pueblo Trabajador Andaluz, el que tome las riendas políticas para construir un país en clave socialista y feminista.

 

Por Carlos Ríos.

Granada, 24 de mayo de 2022.