Lunes 22 Octubre 2018

“Cuerpo de élite”: ni puta ni picoleta, andaluza a secas

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Cuerpo de eliteConfieso que no veo películas en las que se pretende hacer chanzas de los estereotipos mal llamados “regionales” de un Estado plurinacional como el español, donde los territorios que lo conforman han sido en su totalidad integrados por la fuerza de las armas en uno u otro momento desde finales de la Edad Media.
 
Me resulta imposible y contranatura visualizar una cinta en la que, de nuevo, aparecen los chistes y clichés que, construidos sobre la Andalucía dependiente y española que han creado, pretenden convertir en motivo de chanza desde hace siglos la dependencia y colonización del Pueblo Trabajador Andaluz. Lo intenté con aquella película llamada Ocho apellidos vascos de la que no pude aguantar más de 5 minutos de topicazos vomitivos y reaccionarios sobre el ser del Pueblo Trabajador Andaluz. Esa dependencia (que ha otorgado a Andalucía unos roles específicos en la división internacional del trabajo) que España y el Capital proyectan, como si de un negativo fotográfico se tratara, transformando el blanco en negro y el negro en blanco.
 
Un discurso colonial que transforma nuestra realidad en proyectándola justo al contrario: somos reserva de mano de obra y eso se convierte en el tópico de que l@s andaluces/zas somos vag@s; somos tierra de descanso y recreo de españoles y europeos y eso convierte a la clase obrera andaluza en gente que está permanentemente de fiesta y vive de feria en feria; la juventud andaluza es carne de cañón para sus ejércitos y, por eso, la proyectan como parte complaciente de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) y defensora de España y el Capital, la cultura popular andaluza es usurpada y deformada para conformar una entelequia llamada “identidad española” y por eso nos proyectan como un pueblo mayoritariamente españolista. Para el caso poco importa que actores, guionistas o directores sean o no andaluces (en la película de la que vamos a hablar, Cuerpo de elite, un guionista así como la actriz María León lo son). El origen andaluz en este caso viene a confirmar el mecanismo de reproducción la realidad nacional andaluza a la inversa que proyecta el Régimen para que el propio Pueblo Trabajador Andaluz la asuma como propia y a su vez la reproduzca en un ejercicio de alienación tan propio del sistema capitalista.
 
Una proyección falseada del Pueblo Trabajador Andaluz que se ha trasladado en muchas ocasiones al cine y la televisión y este año una vez más con la película Cuerpo de élite.
 
La puta
 
El personaje andaluz de la película es Lola Rivera de Coria del Río (bello pueblo del Aljarafe donde se encuentra la Casa-museo de Blas Infante), Guardia Civil y según el guión de la película confiesa: “Qué quieres que te diga, en mi pueblo te metes a puta o a Guardia Civil”. La localidad elegida en este caso es casual. Había de ser un origen evidentemente andaluz que manifestara la ausencia de expectativas vitales para l@s andaluces/zas y para ello ambientaron a Lola Rivera en un entorno anteriormente rural y hoy cinturón metropolitano de una gran ciudad andaluza como Sevilla; Coria del Río. Una localidad de un país como el andaluz donde más de un millón de sus habitantes (según estadísticas oficiales, en la realidad muchos más) continúan en la emigración o la siguen alimentando. Una sociedad patriarcal como la andaluza que elige (como demuestran todos los estudios) preferentemente para su explotación al hombre mientras que a la mujer reserva las tareas más penosas, peor pagadas y más precarias. Eligieron Coria como podían haber elegido Lebrija, Baza o San Juan del Puerto. Lola es simplemente una representación de las hijas de la clase obrera andaluza.
 
Y ¿para que sirven las andaluzas de clase trabajadora? Según la imagen que España y el Capital proyectan de Andalucía y el papel que nos otorga la división internacional del trabajo una de las funciones de Andalucía es ser le lugar de la fiesta y el cachondeo. No existen las andaluzas luchadoras, revolucionarias, trabajadoras, intelectuales que han dignificado Andalucía con su ejemplo y abnegación pese a la triple opresión colonial, de género y de clase.
 
Pero toda fiesta y todo descanso (coherentemente con una sociedad heteropatriarcal como la española) ha de tener un momento de calma que repare los ánimos del macho español cuando viene a relajarse a este país que sus antepasados conquistaron a los andalusíes, arrebatándonos la tierra y la libertad. Ese culmen está representado en la puta que ha de ser forzosamente hija de la clase obrera andaluza porque las mujeres de la burguesía latifundista andaluza son descendientes (sea verdaderamente o sea de manera simbólica) de los conquistadores y han de servir para perpetuar la estirpe de ladrones que expolian el país andaluz desde hace siglos. El personaje de Lola Rivera sólo podía ser puta o Guardia Civil; en un caso u otro servidora de España y el Capital.
 
La Guardia Civil
 
Que una andaluza sea representada como Guardia Civil me conduce a tres breves reflexiones.
 
La primera es la representación a través del cliché de ese papel que se nos ha otorgado al Pueblo Trabajador Andaluz en la división internacional del trabajo como almacén de mano de obra y candidatos esenciales a integrar las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE). Como decía más arriba esta realidad objetiva España la transforma en otra realidad inventada bien distinta: una juventud andaluza complaciente de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE) y defensora de España y el Capital cuya perspectiva para la mujer andaluza se resume en la afirmación de Lola Rivera: ser puta o ser Guardia Civil. La realidad es que esta atribución de funciones como candidatos preferentes a las FSE tiene un coste que se traduce en las altas tasas de desempleo de carácter estructural, en la alienación de nuestra juventud, en la precariedad laboral y el trabajo en negro normalizados y socializados.
 
La segunda es la paradoja de asociar una nación oprimida como Andalucía a un cuerpo como la Guardia Civil creado en 1844 con una clara vocación de establecer la legalidad española en el medio rural y que tan nefastas consecuencias ha tenido en el país andaluz. Los negros episodios de la historia nacional andaluza en los que la Guardia Civil ha sido protagonista justificarían la percepción contraria pero como ese relato no forma parte de la historiografía oficial y la dependencia de Andalucía impedimenta la construcción de un relato propio de nuestra historia la única versión audible es la del enemigo (España y el Capital) que asocian Guardia Civil y Andalucía como elementos no antagónicos (como realmente han sido históricamente) sino asociados.
 
La tercera es la voracidad del Régimen capitalista español que aspira a captar (a principios del siglo XXI) no sólo a los jóvenes sino también a las jóvenes como sostenedoras activas y defensoras con su propia vida de los privilegios de las clases dominantes estatales y mundiales, del euro, la OTAN y la opresión y la explotación de l@s trabajadores/as. España ya no se conforma con la mitad de la juventud andaluza sino que también desea la otra mitad, las jóvenes andaluzas.
 
El alcalde
 
Ante tal situación el alcalde de Coria, Modesto González (del desaparecido Partido Andalucista), se apresuró a protestar por lo que él ha interpretado como un ataque a la mujer coriana y que resulta evidente es una ataque a las mujeres andaluzas en su globalidad (llama la atención que para estas cosas las instituciones diversas que se reclaman de la defensa de la mujer no se hayan pronunciado) con declaraciones a la prensa. Pero lo que nos llama la atención del comunicado del consistorio coriano es cuando dice:
 
“…en circunstancias normales, el éxito de una película española con una actriz andaluza como protagonista en el papel de una Guardia Civil, constituiría un orgullo y una excelente promoción para la localidad …”
 
El alcalde del extinto PA constituye un ejemplo de libro de lo que es y supone el regionalismo ¿Un orgullo? ¿Una excelente promoción? El alcalde hace un ejercicio de olvido de lo que ha supuesto un cuerpo como la Guardia Civil en Andalucía. Cualquier demócrata (ni siquiera revolucionario) reclamaría la expulsión del territorio andaluz y/o disolución inmediatas de un cuerpo represivo que no ha servido sino para imponer la legislación española y los intereses del Capital en general (latifundistas y grandes propietarios en concreto) en Andalucía ¿Se puede llamar “andalucista” alguien que manifiesta así obviar olímpicamente más de 150 años de presencia de las FSE en el país andaluz?
 
Y las corianas/andaluzas: ni putas ni picoletas
 
Pero por encima del alcalde, del director, de los guionistas y del Régimen que coloniza Andalucía se han puesto las mujeres corianas, representado a lo mejor de sus compatriotas.
 
El ayuntamiento convocó una concentración de repulsa por la calificación de “puta” a las corianas puesto que ya ha manifestado el señor alcalde que si fueran Guardia Civil le parecería “un orgullo”. Tal y como recoge El Correo de Andalucía (29/8/2016) las corianas presentes en dicha concentración corearon una consigna que negaba la proyección colonial que sobre las andaluzas manifiesta esta película: “Ni puta ni picoleta, coriana a secas” manifestando un mayor grado de comprensión de la opresión nacional de Andalucía que el alcalde regionalista Modesto González y rechazando el sainete de esa película que jamás veré: Cuerpo de élite. Una consigna que concretaba en la realidad local una respuesta nacional a esta nueva vuelta de tuerca en esta recreación fílmica de la Andalucía colonial: “Ni puta ni picoleta, andaluza a secas”.
 
Carlos Ríos.
 
Granada, 30 de agosto de 2016.