Lunes 10 Diciembre 2018

Uno de los errores más comunes en los que se incurre, desde sectores de la izquierda revolucionaria, es considerar a la derecha como el único enemigo de los trabajadores y a la socialdemocracia como su aliado natural. Unos hermanos descarriados a los que hay que reconducir, mediante la “unidad”. Y que ésta “unidad” con el reformismo, resulta aún más imprescindible en época de crisis. Pero analizando el pasado siglo, veremos obreros fabricaque la ideología del Sistema, aquella que a salvaguardado los intereses del Capital, conteniendo y desviado a la clase obrera de los suyos, ha sido la socialdemócrata. La derecha solo ha sido el señuelo necesario para asustar a las masas, empujándolas en brazos del reformismo populista. Ese: “¡que viene la derecha!”, ha sido la trampa argumentativa esgrimida por sus voceros, para reforzar el poder reformista sobre los trabajadores y hacer realidad sus proyectos de “capitalismo con rostro humano”, la: “sociedad del bienestar”. Socialdemócrata ha sido el colchón social amortiguador, utilizado por el Capital para obtener tiempo y protección para su recuperación, en momentos de crisis cíclica. Solo en periodos de bonanza, cuando el reformismo es innecesario o si ha fracasado respecto a dichos propósitos, aparece como relevo y, en situaciones pre-revolucionarias, su versión más brutal: el fascismo.

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El artículo que sigue fue originariamente publicado en el número 51 la revista INDEPENDENCIA -editada por Nación Andaluza- en abril de 2010. La coyuntura política presente lo mantiene -por desgracia- plenamente vigente y por eso tras su aparición en aquella revista en formato papel volvemos a publicarlo en formato digital en la Revista de Pensamiento Andaluz para nuestras lectoras.51 portada chica

Recuerdo aquel 4 de Diciembre de 1977 en Andalucía. En realidad recuerdo los dos. Porque hubo dos 4 de Diciembre, el “oficial” y el popular. Desde la muerte del Dictador, algo se removía en el inconsciente colectivo de los andaluces. Tras siglos de condicionamiento y persecución, y tras la interminable pesadilla fascista, nuestra identidad silenciada y adormecida, nunca desaparecida, parecía pugnar por volver a ser. Y aquel 4 de Diciembre despertó del letargo y eclosionó. Desde semanas antes era imposible mirar a una sola fachada sin ver una albonaida, la inmensa mayoría de confección casera. Con independencia de las pretensiones de los convocantes, al margen del control de los mismos y el seguimiento de sus consignas e intereses, apropiándose del día, haciéndolo suyo y transformándolo en expresión popular, dos millones de andaluces se echaron a las calles, de nuestras poblaciones y de aquellas otras naciones del exilio económico a las que les obligaron a emigrar, en una explosión de reconocimiento y un grito de libertad. Solo había banderas verdiblancas o rojas. Ante la exhibición de una española, tronaba la exclamación de: ¡solo queremos, banderas andaluzas! Cuando el españolismo pretendió reventar la sevillana, tuvo que intervenir la policía para protegerlos, dado el ímpetu decidido y combativo del pueblo andaluz. Ese: ¡a por ellos!, de la multitud en pleno. Esa combatividad que se derramó en Málaga a través de la sangre de un joven andaluz, Manuel José García Caparrós.

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¿Gobernar Andalucía o liberar Andalucía?

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Decía Marx en una de sus conocidas “Tesis sobre Feuerbach” que “es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad”. 

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Traduciéndolo a lenguaje evangélico, dado que hay tanto izquierdista andaluz que se reivindica como cristiano, o al menos como influenciado por su filosofía o su figura, lo que Marx afirma podría ser hasta cierto punto equiparable a aquella supuesta afirmación atribuida a Jesús, transcrita en el Evangelio de Mateo, de “por sus frutos (por sus hechos, sus obras) los conoceréis”. Pero Marx va mucho más allá de lo personal, accidental, temporal o moral, añadiendo más adelante que también “la vida social es, en esencia, práctica”.

Es por tanto en la praxis, en la realidad material y la cotidianidad actuante; en lo que se hace, en el ejercicio del día a día, en las estrategias, acciones y actividades propuestas, en desarrollo o realizadas; y no en lo que se dice, en las ideas que se manifiesta defender, en los principios que se afirma mantener, en la ética que se adjudique, o en las declaraciones realizadas en escritos, alocuciones, etc., en donde podemos hallar la medida real para determinar tanto en torno a la “verdad” personal, la “del hombre” individualmente considerado, como sobre la “esencia” de la “vida social”, la “verdad” de las sociedades y agrupaciones humanas. Las características que ciertamente los describen, conforman y encuadran. Lo que son, hacia donde se dirigen y hacia donde nos conducen. Es la praxis la que construye y determina presentes y futuros, no las autoadscripciones, las palabras o las intencionalidades.

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Orígenes históricos y porqués sociopolíticos del españolismo en Andalucía

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1930Si alguien sostiene la existencia de un país andaluz o de una nación andaluza, inmediatamente será calificado como andalucista, como un nacionalista andaluz. Si además propugna la conformación de un Estado Andaluz soberano será ipso facto catalogado de “nacionalista radical”. Esas mismas etiquetas serán colocadas a cualquiera que  defienda idénticas consideraciones con respecto a cualquier país peninsular. Y tendrán razón. Es un nacionalista todo aquel que defiende la existencia de una nación, sea cual sea el país de referencia. Y todo aquel que abogue por su conformación o permanencia como Estado soberano, sean cuales sean sus características o forma de Estado, es un “nacionalista radical”, aunque su “radicalidad” en realidad es mera coherencia nacionalista con respecto a su país. Pero aquellos que adjudican estas adjetivaciones dentro de la progresía del régimen, de su izquierda domesticada y colaboracionista, aun refiriéndose a España como su nación o su país, incluso calificándose ellos mismos como “patriotas” españoles, o defendiendo la existencia y permanencia de estados españoles soberanos, no se reconocen como lo que son, nacionalistas españoles, menos aún como nacionalistas radicales, hasta se ofenden si les señalan como españolistas. ¿Qué causa esta negación de la obviedad? ¿Por qué ésta práctica de españolismo encubierto o vergonzante?

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4 de Diciembre, una fecha para la lucha

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Nota: Artículo publicado originalmente en la web www.erllano.org en diciembre de 2009.

4d 2013

Como evidencia el título, este breve texto es una respuesta al realizado por Santiago Casal y publicado por “er llano”, bajo el título de: “4 de Diciembre del 2009, una fecha para unir y sumar”. Es muy complicado responder desde las limitaciones de un mero comentario anexo a su artículo, por eso he optado por hacer otro, conciso como el precedente. Y lo hago desde el respeto crítico, sin más ánimo u otra intencionalidad que el debate con pretensiones exclusivamente clarificadoras, entre andalucistas.

Comienza el Sr. Casal, afirmando que: “unir y sumar. Ése debe ser el reto de quienes verdaderamente amamos Andalucía por encima de todo”. Sin entrar a fondo en lo de “amar Andalucía por encima de todo”, pues me obligaría a extenderme más allá de mi propósito, quisiera indicarle que la acción política no puede sustentarse sobre sentimientos sino sobre hechos. La unidad y la suma, por tanto, no puede ser subjetiva o incondicional, sino sustentarse sobre la coincidencia en visiones y alternativas.

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