Sábado 18 Agosto 2018

4 de Diciembre, una fecha para la lucha

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Nota: Artículo publicado originalmente en la web www.erllano.org en diciembre de 2009.

4d 2013

Como evidencia el título, este breve texto es una respuesta al realizado por Santiago Casal y publicado por “er llano”, bajo el título de: “4 de Diciembre del 2009, una fecha para unir y sumar”. Es muy complicado responder desde las limitaciones de un mero comentario anexo a su artículo, por eso he optado por hacer otro, conciso como el precedente. Y lo hago desde el respeto crítico, sin más ánimo u otra intencionalidad que el debate con pretensiones exclusivamente clarificadoras, entre andalucistas.

Comienza el Sr. Casal, afirmando que: “unir y sumar. Ése debe ser el reto de quienes verdaderamente amamos Andalucía por encima de todo”. Sin entrar a fondo en lo de “amar Andalucía por encima de todo”, pues me obligaría a extenderme más allá de mi propósito, quisiera indicarle que la acción política no puede sustentarse sobre sentimientos sino sobre hechos. La unidad y la suma, por tanto, no puede ser subjetiva o incondicional, sino sustentarse sobre la coincidencia en visiones y alternativas.

A continuación, hace referencia a que “la situación económica y de desempleo… requiere de una fuerza política que le sea útil” a Andalucía, y esa “utilidad” la fundamenta en que “mientras otras Comunidades autónomas hacen presión por defender sus intereses, Andalucía no tiene voz, está fuera del debate territorial”. Y añade que “Es necesario que los andalucistas trabajemos juntos para consolidar una alternativa política que aporte soluciones específicas para nuestra tierra, como lo hacen otros partidos políticos en otras comunidades autónomas”. Y termina preconizando que “Llegó la hora de pasar página y de construir el presente de otra manera porque los andaluces claramente, en las urnas, así nos lo han pedido. Hemos tenido la inteligencia política de darnos cuenta y unir, como no podía ser de otro modo, las siglas PA y PSA, que simboliza una nueva etapa”.

La unidad PA – PSA, no simboliza ninguna “nueva etapa”, como mucho otra etapa del PA. Recordemos que es una nueva reunificación de un mismo colectivo que, además, se ha unido y desunido en varias ocasiones. PA + PSA solo “suma” más PA. Y en cuanto a los andaluces en las urnas, a algunos no han podido “pedirles” nada. Era imposible a quines no se presentaban o lo hacían en el seno de coaliciones no nacionalistas. Por tanto, solo ha podido “pedirle”, por ese medio, a quienes si lo hacían y se identificaban como andalucistas. En este caso a Coalición Andalucista. Ellos si se presentaron, y lo hicieron como tales. Ellos si podrían interpretar como “mensajes” los resultados. Pero, en este caso, tampoco les ha podido “pedir”, y menos “claramente”, esa unidad a la que se refiere, sencillamente porque la CA representaba, en sí misma, dicha unidad. A excepción de CUT y NA, todas las “sensibilidades” andalucistas, como a ustedes les gustaba calificarlas, formaban parte de CA; desde el regionalismo al soberanismo, desde el liberalismo al marxismo. Llevando su teoría a sus últimas y absurdas consecuencias, los andaluces dijeron no al “totum revolutum”, a esa unidad. Pero lo cierto es que no les pidieron nada, solo les dieron la espalda, les ignoraron.

Más adelante, usted se pregunta: “¿Qué sentido tiene luchar entre nosotros, cuando defendemos lo mismo? Y es ahí donde radica su error. Si existen diferentes siglas, si hay diversos colectivos, y en más de una ocasión ha habido enfrentamientos o divisiones de criterio entre ellos, es precisamente por todo lo contario, porque no defendemos lo mismo. Ni poseemos la misma idea de Andalucía, ni aspiramos a los mismos objetivos, ni tenemos las mismas metas. Todos hablamos de Andalucía y del Pueblo Andaluz, pero ahí acaba la coincidencia. No hay otro “común denominador”.

En sus propios planteamientos y, en contraposición, aquellos otros que yo comparto, se pueden ejemplificar esas diferencias insalvables. Usted habla de “comunidades autónomas”, de tener voz en el “debate territorial”, de “aportar soluciones específicas”, de “hacer que Andalucía ocupe un lugar destacado en la agenda del Estado”, de “estar donde la historia nos puso”, de “estar presentes en el sistema institucional”, de “luchar por una Andalucía mejor”. Otros, en cambio, hablamos de luchar contra ese autonomismo dependiente, de acabar con la pertenencia a la territorialidad estatal, de aportar soluciones revolucionarias, de hacer que Andalucía no forme parte de la “agenda” del Estado, de no formar parte del sistema institucional, de luchar por una Andalucía radicalmente diferente, de salir de donde la historia nos ha puesto. De otra Andalucía; ni “de primera” ni a la altura de otros “territorios del Estado”, sino libre, independiente y soberana. Con estado propio y basamentado en principios socialistas.

Como decía al principio, La “unidad” y la “suma”, no son ni puede ser subjetiva o incondicional, sino sustentarse sobre la coincidencia en visiones y alternativas. Sobre hechos. Y los hechos, para un soberanista son: que Andalucía es un país ocupado, negado y colonizado desde hace centurias. Una tierra habitada por un pueblo expoliado, explotado y alienado hasta el extremo de ignorar que lo es. Y en todos aquellos lugares y épocas donde una nación se ha encontrado en esta situación y un pueblo ha vivido bajo estas condiciones, la unidad y la suma requerida y realizada, es la de todos aquellos que son concientes de dicha situación y condiciones, con vistas a combatirlas y erradicarlas. Esos hechos requieren de unidad, claro, pero no para ser o hacer dentro de la Administración del ocupante, colonizador y explotador, sino para acabar con su Administración. No se participa en ella, se acaba con ella. No se buscan soluciones en ella, se busca la forma de liberarse de ella como única solución real y radical.

Consecuentemente, es del todo imposible, incluso “contra natura”, la unidad entre regionalistas y soberanistas, entre españolistas y nacionalistas, o entre reformistas e izquierdistas, en una misma organización o partido. Y no por “cuestiones personales”, sino por divergencias insolubles. Por el contrario, solo espurios intereses personales, o un alto grado de incoherencia, podrían justificar ese tipo de unidades.

En cambio, lo que solo puede deberse a personalismos es la desunión entre los que si comparten una misma visión y alternativa. De igual manera que es razonable la unidad PA + PSA, nada justifica o puede justificar la desunión entre soberanistas de izquierda, entre todos aquellos que si aspiran a la constitución de ese Estado Libre Andaluz preconizado por Blas Infante. Junto al Bloque autonomista y reformista que propugna y alienta, el que se está fraguando, se debe contraponer y construir otro liberador y transformador. Rupturista en lo nacional y en lo social. Lo contario supone una traición a nuestros principios y a nuestro pueblo. Esa desunión solo beneficia al Sistema.

Ni un bloque ni el otro lo “pide” nuestro pueblo, porque, por no saber no sabe ni que lo es, y, por tanto, difícilmente podrá pedir como pueblo consciente. Por ello, nuestro pueblo no necesita ser “ilusionado” sino despertado. Y ese día, cuando sepa y esté en pié, si que nos exigirá rendirle cuentas por el tiempo malgastado y perdido. Por querer “mejorar” sus cadenas en lugar de romperlas. Por pretender gobernar su esclavitud en lugar de luchar por su liberación. Por sacrificar el mañana al hoy. Por preferir “ser cabeza de ratón a cola de león”. Etc. Nunca habrá futuro en España ni en el capitalismo, porque España y el capitalismo son el problema. Si queremos ser “útiles”, luchemos por la utopía. En esta Andalucía, no hay nada más “práctico” que dejar de ser prácticos. No demos más vueltas a la noria electoralista a la que nos han atado. Quitémonos las anteojeras. Eso simboliza el 4-D: la lucha. Un pueblo levantado. Y eso significa “volver a ser lo que fuimos”: volver a ser libres, luchar por nuestra soberanía.

Francisco Campos López