Lunes 23 Abril 2018

El testamento político de Blas Infante

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Himno Andalucía.El 10 de julio de 1936, tan solo un mes antes de ser asesinado por los fascistas, Blas Infante llevó a cabo el que constituiría a la postre su último acto político público. En la sevillana Alameda de Hércules presentó oficialmente el Himno de Andalucía, interpretado por la Banda Municipal de la ciudad, bajo la dirección de José del Castillo, a quién encomendó la adaptación de su música, basada en un antiguo canto jornalero, y cuya letra fue compuesta por el propio Infante.
 
El himno nacional andaluz, tanto en su letra como en su música, constituye mucho más que un himno. Que un tema con el que se identifique un país y un pueblo. Contiene una síntesis del pensamiento infantista. Sus breves estrofas incluyen una auténtica declaración de principios e intencionalidades políticas por parte del Blas Infante y el andalucismo histórico. Un conjunto de ideas fuerza primordiales que Blas Infante quería transmitir a nuestro pueblo, consciente de que, como todo himno, su contenido sería repetido con asiduidad, convirtiéndose así en instrumento de concienciación y guía permanente de actuación. De hecho su letra es en la actualidad, y con diferencia, sin lugar a dudas su texto más extendido y conocido.
 
Más aún, dado que esa primera interpretación del mismo fue el último acto público de Blas Infante antes de su muerte, el Himno de Andalucía por él ideado constituye, de facto, el testamento político que legó a las generaciones venideras de la Andalucía resistente.
 
En nuestro himno nacional no hay nada casual o superfluo. No conforma, como otros, un canto a las bellezas de la tierra o a las glorias de su pueblo. El Himno de Andalucía contiene un condensado resumen tanto de nuestro pasado como de los porqués y de las metas de la lucha por una Andalucía libre. Es un himno para el combate libertador. Un himno profundamente revolucionario. Basta con una lectura de sus estrofas para comprobarlo. Veámoslo.
 
La bandera blanca y verde vuelve…
 
Comienza nuestro himno con esta afirmación tajante. La bandera andaluza no es un invento caprichoso o una decisión al azar, salida de la imaginación de Blas Infante y aprobada arbitrariamente por sus seguidores en la Asamblea de Ronda de 1918. Tampoco es una plasmación de los “colores” de nuestra tierra. Del blanco de sus pueblos encalados y el verde de su frondosa naturaleza, como interpreta el regionalismo para restarle su contenido transformador, al igual que lo hace con el resto de la obra del Padre de la Patria Andaluza.
 
Blas Infante y los andalucistas de la Asamblea de Ronda, escogiendo los colores blanco y verde, no hacen más que utilizar los de una bandera cuyos antecedentes son casi milenarios en nuestro país. Fuera aparte otros antecedentes precedentes existentes, lo cierto es que ya en 1195 está datado el despliegue de un estandarte blanco y verde en el Alminar de la mezquita principal de Sevilla, hoy conocido como “la Giralda”, con motivo de la victoria conjunta de los ejércitos almohade y andalusí sobre las tropas cruzadas en la batalla de Alarcos.
 
Esa es la razón de que en nuestro himno se afirme que la bandera “vuelve”, puesto que sus colores corresponden a una tradición que se remonta, al menos, a más de ochocientos años. Cuando Blas Infante y los andalucistas históricos idearon y aprobaron nuestra bandera en 1918 no la crearon, la restauraron. Y con ello volvieron a unirnos a nuestro pasado, ese pasado andalusí negado por la historiografía españolista. Volvieron, mediante la misma, a religarnos con nuestra historia. La real. Con un pasado, el de Al Ándalus, que, además, constituye el último periodo de independencia y prosperidad vivido por nuestro pueblo. De ahí su importancia.
 
De esta forma, lo que hace Infante en esta primera estrofa de nuestro Himno es reafirmar ese pasado y ponerlo, como veremos más adelante, no sólo como algo a asumir y de lo que enorgullecerse, sino como paradigma de futuro, al servicio del futuro, en tanto que último periodo histórico en que fuimos una nación independiente y, por tanto, un pueblo libre. Además del último en que fuimos un pueblo próspero. Haciéndonos ver así la interrelación existente entre libertad nacional y popular, y progreso económico y social.
 
Al escoger la restauración de los colores andalusíes como bandera nacional, no sólo está volviendo a engarzar a nuestro país con su pasado y a reencontrar a nuestro pueblo consigo mismo, sino que, a un tiempo, lo utiliza como muestra del camino a seguir. De la alternativa a las distintas situaciones y problemáticas contemporáneas: la lucha por la independencia como única forma de volver a detentar su libertad y prosperidad por parte del pueblo andaluz.
 
… tras siglos de guerra
 
Si aún existiese alguna duda al respecto, estas últimas palabras subrayan dicha intencionalidad. ¿Cuándo ha estado Andalucía en guerra durante siglos?, puesto que al hablar de “siglos de guerra” en referencia a la bandera andaluza es a la propia Andalucía que simboliza a la que adjudica ese prolongado pasado bélico. Andalucía, según Blas Infante, ha estado en guerra, ha mantenido una contienda armada que ha perdurando durante siglos. Y lo ha estado bajo el signo de esa bandera blanca y verde.
 
Si nos atenemos a la historiografía oficial Andalucía nunca ha estado inmersa en un periodo de guerra que haya perdurado a lo largo de siglos. Entre otras  cosas porque por no reconocer no reconoce ni tan siquiera la existencia de la propia Andalucía como entidad histórica y política específica. Pero a pesar de esa historiografía desinformativa y alienadora al servicio del imperialismo español, es evidente que Andalucía si existió y existe, y claro que estuvo en guerra durante siglos en el pasado.
 
¿Cuáles fueron entonces esos “siglos de guerra”? Puesto que dicho periodo es situado en relación directa con la propia bandera y sus colores, con ese estandarte blanco y verde exhibido por primera vez 1195, ese periodo histórico está situado durante el de autodefensa armada a la conquista castellana de nuestro país. Un largo periodo de guerra abierta que transcurre, en distintas fases, entre 1212 y 1492, y que en forma de insurrecciones y guerrillas, terrestres y marítimas, continuara hasta finales del XVII.  Cerca de cinco siglos de guerra. Una guerra que aún no habría acabado, pues se mantendrá hasta la actualidad bajo el aspecto de levantamientos y enfrentamientos sociales. Los “siglos de guerra” son todos aquellos en que nos resistimos y aún nos resistimos, de una u otra forma, a dejar de ser hombres libres.
 
… a decir paz y esperanza,
 
Aunque según la versión interesadamente superficial que nos transmite el regionalismo se afirme que con esa “paz y esperanza” se hace referencia a los propios colores de la bandera y su significado simbólico, lo cierto es que, situando la frase en su contexto, en su relación con las anteriores, con la afirmación de que “vuelve” y que lo hace “tras siglos de guerra”, la respuesta que se obtiene es otra, y engarzada con la intencionalidad libertadora de Infante a la hora de escoger nuestra bandera y sus colores, que el regionalismo pretende ocultarnos.
 
Se nos dice en él himno que “vuelve”, y “tras siglos de guerra”, a “decir”, o sea a transmitir, “paz y esperanza”. Lógicamente, en este contexto bélico, el término “paz” se escoge como contrapunto al de “guerra”. Su vuelta trae la paz. Su restauración como nuestro estandarte supone el final de esa guerra de siglos, de esa resistencia contra la ocupación, puesto que esa vuelta anticipa el triunfo de Andalucía en su lucha. Vuelve a nuestra tierra como bandera de liberación y signo del triunfo de nuestro pueblo en la recuperación de su independencia.
 
Una paz que sólo será posible y alcanzable retornando a ser independientes, nuestros dueños y los de nuestro país. Sólo así acabarán los siglos de guerra. Los siglos de lucha, primero por no perder nuestra libertad y nuestra tierra y posteriormente por recuperarlas. Una independencia que será instrumento de futuro. De prosperidad. De transformación. Un pueblo negado y que habita un país ocupado nunca es ni puede aspirar a ser un pueblo en paz, que ya no necesita luchar por su libertad, y menos aún poseer esperanza de futuro, de prosperidad, de cambio sustancial en su situación económica y social.
 
De ahí que junto a “paz” la bandera traiga “esperanza”. Volver a ser nuestros propios dueños y los de nuestra tierra para volver a ser una nación y un pueblo próspero, como lo fuimos en la etapa andalusí. Un Al Ándalus que no fue “moro” sino andaluz. Que no fue una Andalucía en la que  convivieron “tres culturas”, sino de convivencia entre andaluces bajo una única y misma cultura y sociedad andaluzas. Una sociedad que produjo y contuvo tal grado de prosperidad, de progreso en todos los ámbitos, que aún constituye un hito histórico no igualado.
 
Más allá de que indudablemente no era una sociedad idílica, de que Al Ándalus contuviese contradicciones internas, diferencias sociales, lucha de clases, etc., de que con el paso del tiempo fuese evolucionando de un régimen popular bastante igualitario hacia otros de caracter cada vez más desiguales y oligárquicos, por encima de todo ello, las condicioes genéricas socioeconómicas de vida eran cuantitativamente consideradas mucho mejores que las posteriotes, e incluso que las actuales.
 
En cualquier país negado, ocupado, colonizado, toda esperanza de futuro pasa por la previa recuperación de su libertad. De su independencia. Un pueblo es colonizado para ser explotado y, por tanto, sus aspiraciones de mejora pasan por poner fin a esa ocupación. Pretender prosperar siendo colonia o esperar ayuda para prosperar por parte del colonizador es irracional, pues la prosperidad del colonizador se asienta sobre la permanencia de su inexistencia en la colonia. Por eso “paz”, libertad, y “esperanza”, prosperidad, van unidas en nuestro himno. Y por eso “paz” antecede a “esperanza”. Sin Andalucía libre no hay futuro. No hay progreso.
 
… bajo el sol de nuestra tierra.
 
Es por todo lo expuesto por lo que, a continuación remarca que ese volver a detentar esa paz y esa esperanza se realiza “bajo el sol de nuestra tierra”. De nuevo una interpretación intencionadamente simplista del himno por parte del regionalismo nos dice que con dicha frase no se haría más que una referencia al sol como elemento característico de nuestro país. Pero Blas Infante pretendía legarnos, a través de él, una base de principios y un esquema de actuación, no una guía turística.
 
Nuestro himno no hace referencia al sol de una forma genérica, menos aún física. No lo hace al sol como estrella que nos calienta y alumbra en este rincón del Planeta. Lo hace a un sol específico, el “de nuestra tierra”. Un sol propio, andaluz, que ilumina al pueblo andaluz. Ese sol es nuestra propia nación y la causa de su independencia como meta que ilumina, que esclarece, que calienta, que anima,  el proyecto y la lucha libertadora. De ahí que diga que volveremos a ser bajo nuestro sol, pues simboliza la luz que nos conduce hacia nuestra libertad.
 
Un sol “de nuestra tierra”, que además ya fue símbolo de libertad con anterioridad. Que nos iluminó, nos guió, en otras épocas. Ese “sol de nuestra tierra” es el simbolizado por la estrella de ocho puntas. Un sol que ya nos guió en “siglos de guerra” anteriores, y que bajo su guia nos condujo a la recuperación y mantenimiento de nuestra independencia, tras la victoria contra los invasores mercenarios godos en el 711, trayendo consigo la larga etapa de paz y prosperidad andalusí.
 
Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos…
 
Una vez más, hay que engarzar esta estrofa con las anteriores, en el contexto de los párrafos precedentes, para comprender plenamente su significado.  Esta frase realiza dos afirmaciones igualmente tajantes. Por un lado que los andaluces queremos volver a ser y, por otro, que queremos volver a ser lo que ya fuimos anteriormente.
 
Ser es existir. Un pueblo es cuando existe. Y existe plenamente cuando se sabe pueblo, se reconoce como pueblo y ejerce como tal pueblo. Cuando es consciente de su condición de pueblo y actúa por sí mismo. Ser es existir, pero existir como pueblo libre. Saberse y reconocerse, ser visto y reconocido, y serlo como pueblo específico y soberano. Un pueblo que no posee o ejerce su libertad es un pueblo esclavo y, como todo esclavo, no es por sí ni para sí, no existe plenamente. Solo lo es y pervive en forma vegetativa.
 
Por eso recalca la estrofa que queremos volver a ser lo que fuimos. Lo que ya fuimos con anterioridad. Lo que fuimos en esas otras etapas, como la andalusí, desde la que “la bandera blanca y verde vuelve”. “Volver a ser lo que fuimos” es aspirar a volver a ser pueblo plenamente libre. Que ejerce por sí y para sí. Un pueblo Independiente. Independencia que es soberanía política, jurídica, económica, social, cultural, etc., sobre sí, su tierra y su futuro.
 
… hombres de luz,
 
Pero, además, durante esa etapa andalusí en la que fuimos un pueblo libre, fuimos también “hombres de luz”. Luz, obviamente, es en este caso sinónimo de sapiencia, de conocimiento en el amplio sentido de sus distintos significados. Durante la época de Al  Ándalus fuimos un pueblo que, gracias a detentar y ejercer su libertad, pudo dar rienda suelta a todas sus capacidades, lo que conllevó el que poseyésemos amplios grados de conocimientos, que trajeron consigo el aprovechamiento de las potencialidades de nuestro país, lo que, a su vez, supuso una extensa etapa de prosperidad social. La más prolongada y amplia conocida.
 
Como pueblo soberano, dueño de sí mismo, de la tierra que habita y de todo lo que esta contiene, durante la etapa andalusí pudimos desarrollarnos y desarrollar nuestro país. Libertad, conocimiento y prosperidad se retroalimentaban. Nuestra libertad impulsó la adquisición de conocimientos que, como consecuencia de su aplicación, nos condujo a la prosperidad. Un pueblo que no es libre. Que permanece atado y sometido no está compuesto por “hombres de luz”. La “oscuridad” de la ignorancia es la herramienta esencial de la que siempre se han servido los colonizadores para mantener la explotación colectiva.
 
La alienación de nuestro pueblo, su aculturización y desconocimiento de sí mismo, incluso su embrutecimiento, es la inevitable consecuencia de la dependencia. De la ocupación, la colonización y la explotación colectiva. De ahí que Blas Infante aúne la paz y la esperanza con la “luz”. Sin conocimiento, que también es consciencia nacional y social, andaluza y de clase, no hay ni puede haber libertad pues, parafraseando el Manifiesto Comunista, la liberación del pueblo andaluz sólo puede ser obra del pueblo andaluz mismo. Nada ni nadie, mucho menos el imperialismo español, nos la va a proporcionar o tan siquiera a facilitar el camino para lograrla.
 
… que a los hombres, alma de hombres les dimos
 
Esa posesión de conocimiento, de luz, es lo que define Blas Infante como “alma de Hombres”. Como nos afirma la ciencia, son los conocimientos lo que hizo al hombre como tal. Al “homo sapiens”. La sapiencia es el “alma” del hombre. Aquello que le convierte en hombre. Lo que lo distingue como tal del resto de los seres vivos que habitan el Planeta. Y a los pueblos, como conjunto de hombres, también. Es el conocimiento, que no es soló adquisición datos y comprensión del entorno, sino desarrollos de sí mismo y de interrelación, así como actuación con dicho entorno, solidificados en forma de cultura, lo que les otorga y determina su “alma” de pueblos.
 
Y en una época de oscuridad intelectual y material en otros territorios, fueron aquellos andaluces libres, los andalusíes, los que transmitieron conocimientos y habilidades perdidas o desconocidas. Conocimientos cuya obtención contribuyeron en gran medida a su prosperidad económica y a la construcción de su “alma” social, cultural. Al Ándalus iluminaba y expandía su “luz”, sus conocimientos técnicos, artísticos, filosóficos, etc., hacia el sur norteafricano, el norte peninsular y lo que actualmente se denomina “Europa occidental”. De ahí que no sólo tengamos que asumir y reivindicar Al Ándalus como parte de nuestro pasado, sino que tengamos que enorgullecernos de él. Por eso Blas Infante lo cita de forma explícita.
 
¡Andaluces, levantaos!
 
Si a esta altura aún nos quedase la más mínima duda acerca del carácter profundamente revolucionario de nuestro himno nacional, estas quedaran definitivamente despejadas con las frases escogidas por  Blas Infante como contenido de su estribillo.
 
Comienza éste con esta exclamación rotunda y sin ambages: ¡Andaluces levantaos! Nos grita a los andaluces, puesto que lo hace entre signos de exclamación, que nos levantemos. Ese “levantaos” no hace referencia a un mero ponerse en pie. A un simple caminar o actuar. No posee relación alguna con una simple petición de esforzarnos por “salir de la secular postergación” o para ese reivindicar el “no ser más pero tampoco menos que nadie”, como el regionalismo y el reformismo interpretan para mantener la confusión y la ignorancia popular.
 
Cuando un pueblo se levanta, y más aún cuando ese “levantarse” se expresa como un grito, como es el caso de nuestro himno, lo que hace y lo que se le está pidiendo hacer es mucho más que un ponerse en pie. Que un exigir determinadas mejoras legislativas, administrativas o económicas, como pretende hacernos creer el colaboracionismo regionalista y reformista. Un levantamiento andaluz es y conlleva una insurrección popular. Lo que Blas Infante reclama de los andluces es que iniciemos una insurrección colectiva. Una revolución social.
 
Pedid tierra y libertad!
 
¿Y cuáles son los porqués, el alcance y las metas, de esa revolución a la que nos llama y emplaza Blas Infante mediante dicho grito? Pues lo responde el propio texto a través de la siguiente exclamación:¡Pedid tierra y libertad! Pedir, o sea, exigir, luchar, por la tierra y por la libertad constituyen las razones y los fines.
 
Obviamente se pide, se exige y se lucha, por aquello de lo que se carece. Ningún pueblo exige y  lucha por lograr una tierra y una libertad que ya poseen y les pertenece. Si se pide tierra y libertad es porque se carece de ambas. Blas Infante nos señala cual es el origen de nuestros males, la carencia de tierra y libertad, y nos ofrece la alternativa, combatir por recuperarlas.
 
¿Y a que hace referencia con el término “tierra”? Al contario de los que afirma el reformismo y el regionalismo, con él no hace referencia a que pidamos tierras de cultivo. Va mucho más allá de un momento histórico concreto y de la aspiración a un reparto de tierras. A una “reforma agraria”. Tierra, efectivamente, es sinónimo de tierras de labor, de su posesión y su cultivo, pero también de todo lo que en ella hay. De las riquezas de sus sierras, sus ríos, sus mares, su subsuelo, etc. De la totalidad de las materias primas que contiene y de sus diversas potencialidades de extracción, transformación, manufactura y comercialización.
 
Blas Infante nos llama en el himno andaluz a que reclamemos nuestras riquezas y luchemos por volver a poseerlas, a ser los dueños de nuestra tierra, pero no de forma individualizada. No dice en él a cada andaluz que pida tierra, nos dice que la pidamos en común, de forma colectiva, como pueblo: “pedid tierra”. Blas Infante nos está invocando a adueñarnos de nuestra propia economía. Está abogando por una revolución de tipología socialista.
 
Pero tierra es igualmente sinónimo de patria, de “nuestra tierra”, de la propia Andalucía. Recordemos que el propio Blas Infante ha utilizado esta equivalencia en una estrofa del himno cuando hace referencia al “sol de nuestra tierra”. Y esa petición de lucha por la tierra va unida a otra, la de que lo hagamos por la libertad. ¿Y a que hace referencia con el término libertad en este contexto? Pues, como en el caso de la tierra, no nos está pidiendo que luchemos por nuestra libertad personal, por las libertades individuales, sino por la libertad común, la colectiva. Esta abogando por la libertad de la patria andaluza. Infante nos llama a luchar por liberarla. Esta abogando por una revolución que, además de social, es nacional.
 
¡Sea por Andalucía libre…
 
Esta última frase subraya lo expresado con anterioridad. Blas Infante nos pide que nos levantemos, que pidamos “tierra y libertad”, con el objetivo de lograr una “Andalucía libre”. ¿Y que es una Andalucía libre? Blas Infante gritó ¡viva Andalucía libre! con la monarquía constitucional de Alfonso XIII, con la Dictadura de Primo de Rivera y con II República, incluso después del triunfo del Frente Popular. O sea, tanto con regímenes donde no existían “libertades democráticas” como en los que estaban establecidas. Tanto durante regímenes monárquicos como republicanos. Tanto durante gobiernos reaccionarios como “progresistas”.
 
Pero todo ellos poseían, por encima de sus diferencias, una característica común. Eran regímenes y gobiernos españoles. Además, aquellos de entre ellos catalogados como “democráticos”, poseían otra característica igualmente compartida, las “libertades” establecidas lo eran desde un punto de vista burgués. Eran democracias formales. Democracias de tipo “representativo”, donde unos pocos mandan, la burguesía a través de esos “representantes” que actúan como sus capataces, y el pueblo se limita a obedecer.
 
En el Manifiesto de la Nacionalidad, Blas Infante y el andalucismo histórico proclaman la adopción como modelo de democracia para nuestro país el contenido en la Constitución de Antequera de 1883. De ahí que la denominasen como la Constitución Andaluza. Una democracia que no es burguesa, “representativa”, ni tan siquiera pequeñoburguesa, “participativa”, sino una democracia popular, directa y asamblearia. Una democracia donde el pueblo debate, decide y actúa por sí mismo. Donde al pueblo manda y se autogobierna.
 
Por otro lado, Blas Infante escribió en múltiples ocasiones que la Andalucía por la que luchaban, él y la Junta Liberalista, era un país en el que se hiciese realidad el primer artículo de dicha Constitución Andaluza. Aquel que proclama una Andalucía soberana constituida en democracia republicana. Una Andalucía independiente conformada como República Andaluza.
 
La Andalucía libre de Blas Infante no era una “comunidad autónoma”, ni una Andalucía española, ni una Andalucía democrático-burguesa. Su Andalucía libre era una República Andaluza, un Estado andaluz soberano, donde se estableciese una democracia popular en la que las clases populares detentasen y configurasen un autogobierno real, efectivo y absoluto sobre sí mismas y su nación. Un pueblo trabajador andaluz dueño de sí, su tierra y su futuro.
 
… España…
 
Esa Andalucía no española e independiente, pareciera que se contradice con esta mención a España. De hecho, tanto esta como otras menciones a España realizadas por Blas Infante son tergiversadas y utilizadas hasta la saciedad por el regionalismo y el reformismo colaboracionistas como supuestas “pruebas” de una declaración de españolidad y de unas pretendidas metas políticas españolas. Pero estas afirmaciones sólo pueden surgir de la más absoluta ignorancia o de la más despreciable de las traiciones a nuestra tierra y nuestro pueblo.
 
Fuera aparte las pretendidas “verdades” de una historiografía oficial patrocinada por el imperialismo español al servicio de sus intereses, lo cierto es que España ha sido un término utilizado tradicionalmente en la antigüedad como mera nomenclatura geográfica para denominar, primero a los territorios mediterráneos de la Península, y posteriormente, por extensión, a la totalidad de la misma, al igual que el de Ibérica. Mucho después, tanto el Imperialismo castellano-europeo del antiguo régimen como el capitalista estatalista español, se apropiaran de dicha denominación para apellidar con ella a sus respectivos regímenes.
 
Luego hay que distinguir entre España como adjetivación geográfica y España como apellido de entidad política. Y dentro de la primera acepción, el de la España geográfica, a su vez habrá que hacerlo entre España como denominación de toda la Península o sólo de los territorios mediterráneos de la misma. Esto es lo que explicaría la aparente contradicción, que no es tal, de un Blas Infante que según qué frase o texto se escoja pareciera que, a un tiempo, abomina de España o apuesta por España, defiende una Andalucía soberana o una Andalucía española.
 
Una lectura contextualizada e interrelacionada de sus escritos nos devuelve una interpretación en concordancia con esas diferenciaciones anteriormente especificadas. La España de la que abomina es la España política. Los imperialismos castellano-europeos y los capitalistas de los estados españoles. La España por la que apuesta y en la que incluso sitúa a Andalucía es la España primigenia. La España referida a los territorios mediterráneos de la Península. Y la España con la que se solidariza es la España como conjunto geográfico peninsular e insular, y los distintos pueblos que la habitan, con los que compartimos el mismo enemigo español.
 
Blas Infante defendía el Mediterráneo, y no la Península y Europa, como ámbito étnico-cultural e incluso político de relación y actuación de Andalucía y el resto de pueblos bañados por sus aguas. Para él, la España y la Europa políticas o “culturales” no eran más que sinónimos de imperialismo y explotación. De negación y destrucción de lo andaluz y lo mediterráneo. Infante no creía ni defendía una Andalucía española ni europea, sino propia y mediterránea.
 
Ejemplo de esa mediterraneidad defendida por Blas Infante lo podemos encontrar en el escudo que insertó en la bandera andaluza, que  el regionalismo pretende reducir a una mera reproducción del de Cádiz. Algo carente de sentido si efectivamente fuese así. Evidentemente se inspiraría en él, pero otorgándole una nueva simbología. Cabe por otro lado destacar que el de Cádiz es uno de los pocos s escudos no castellanizados, careciendo de leones, castillos o cruces, tan abundantes en los de otras ciudades andaluzas. Además de ser el perteneciente a la ciudad del país con mayor antigüedad reconocida. Otros dos elementos a tener en cuenta.
 
Ese Hércules mítico representa el sincretismo de la cultura común mediterránea que abarca a sus distintos pueblos, incluido el nuestro. De ahí el lema superior del “dominator Hercules fundator”. Fue la mediterraneidad, representada por Hércules-Heracles-Melkart, la que nos “fundó”, en la que surgimos, y la que nos “dominó”, en la que nos desarrollamos. A la que pertenecemos. Otros símbolos como las dos columnas, la puerta del Mediterráneo,  o los dos leones, las fuerzas generadoras de sus dos orillas, la africana y la euroasiática, y con Hércules, síntesis mditerránea, en el centro, rubrican en el escudo dicha reclamación de mediterraneidad y de unicidad con y en ella.
 
… y la humanidad!
 
En cuanto a la referencia a “la humanidad”, como ya se ha expuesto, es obvio que se trata de una declaración de internacionalismo, al igual que esa otra afirmación, tan del gusto del regionalismo y el reformismo para desvirtuar su pensamiento, acerca de que su nacionalismo antes que andaluz era humano, en el que lo que realmente hace no es repudiar el nacionalismo andaluz, como aviesamente interpretan los colaboracionistas, sino reivindicar un nacionalismo popular, solidario y abierto, en contraposición al nacionalismo estatista burgués.
 
Pero esta última estrofa, además incluye una estrategia de extensión de la revolución preconizada en el “¡Andaluces levantaos!”. Blas Infante no sólo nos llamaría a una insurrección popular por la liberación de nuestra tierra, y con ella la de sus clases trabajadoras, “sea por Andalucía libre”, sino que igualmente a que la hagamos extensiva al resto de pueblos, “España y la humanidad”. Infante está realizando un llamamiento a la solidaridad entre los pueblos y al internacionalismo, a la vez que nos está indicando cuales son las etapas revolucionarias. Las que nos corresponde como pueblo y como clase. Primero la andaluza, después la mediterráneo-peninsular y posteriormente la extensión del proceso al resto de territorios.
 
Esas etapas consecutivas y ese contenido internacionalista quedan igualmente reflejadas en el lema inferior del escudo. “Andalucía por sí”, es una Andalucía que se reafirma en sí misma y para sí misma, como entidad específica y diferenciada. Como nación soberana. Y que como tal lleva a cabo su revolución. Revolución que el pueblo trabajador andaluz hace desde sí, por sí y para sí. “Por España y la humanidad” es la contribución de la Andalucía libre a la reafirmación y liberación del resto de pueblos. La extensión del proceso revolucionario más allá de sus fronteras, pero cuya mayor contribución a la misma es precisamente la realización de la suya.
 
La Música del Himno de Andalucía
 
Otro de los medios utilizados habitualmente por el regionalismo y el españolismo para desvirtuar el pensamiento de Blas Infante y minusvalorar el propio Himno de Andalucía y su contenido, es remarcar el que su música no es “original”, sino que Blas Infante se limitó a utilizar un tema religioso rural, modificado, y del que excluiría su letra para añadirle la actual.
 
Efectivamente, Infante utilizó un canto jornalero ancestral, llamado “Santo Dios”, y lo hizo intencionadamente. Con ello lo que pretendió era tanto acentuar el carácter andaluz, obrero y popular del himno y su contenido, como el hacerlo, al igual que la bandera, herramienta para volver a ligarnos con nuestro pasado. Ese canto religioso poseía dos características esenciales y determinantes a los ojos de Blas Infante. Por un lado era un canto jornalero, de trabajadores del campo, que componían entonces la inmensa mayoría de nuestra clase obrera y, por otro, ese canto era el de unos jornaleros descendientes de aquellos campesinos andalusíes despojados de sus tierras y de su patria por los conquistadores castellanos.
 
Además, el Santo Dios era un canto que conllevaba y significaba, en sí mismo, la pervivencia de la resistencia de nuestros antepasados “moriscos” frente al asimilasionismo forzoso que se les impuso. Bajo la apariencia de un canto católico-romano, se esconde en realidad la permanencia de nuestra diferenciación étnico-cultural. Y no sólo en su melodía, e incluso en su ritmo y cadencia, de claras reminiscencias andalusíes, sino hasta en su propia letra original.
 
En ella no hay la más mínima traza o mención a cualquiera de los dogmas de la iglesia católica. Tampoco aparece ninguna virgen, cristo o santo. En la letra del Santo Dios solo se menciona a un Dios único, santo, fuerte e inmortal, al que se venera y se le ruega. Su contenido podría haber sido recitado indistintamente en cualquier mezquita, sinagoga o iglesia andalusí sin que ello hubiese provocado el más mínimo rechazo por parte de los feligreses asistentes a las mismas.
 
El Santo Dios simboliza ese Al Ándalus en el que todos convivían bajo una misma cultura y una única sociedad andaluzas, así como a la Andalucía resistente. La de ayer y la de hoy. La continuidad de la resistencia a la ocupación, la asimilación y la explotación, y por tanto la pervivencia de la lucha por una Andalucía libre “tras siglos de guerra”.
 
Como en el caso del escudo o los colores de la bandera, lo que hace Blas Infante con el himno es reutilizar lo preexistente, como signo de continuidad, dándole nuevo sentido como instrumento de incitación de lo venidero. Por todo ello fue por lo que escogió como su melodía el Santo Dios el Padre de la Patria Andaluza para el himno de la Andalucía actual.
 
 
 
Francisco Campos López