Sábado 18 Agosto 2018

ANDALUCÍA: REFLEXIONES SOBRE LA CONSTRUCCIÓN Y LA CONQUISTA DE LA SOBERANIA

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jornada antequera-3 
 
Análisis de la Constitución Repúblicana Federal de Andalucía de 1883 desde un punto de vista político nacional  y a partir de ella, una reflexión para el siglo XXI: Construir la Soberanía nacional de Andalucía para conseguir su Independencia nacional
 
 
Elementos constructivos/positivos derivados del Proyecto constitucional de Antequera de 1883:
 
1. Andalucía es asumida como realidad singular; como espacio político y social específico y el pueblo andaluz reconocido como colectividad delimitada. [Reafirmación consciente de la unidad andaluza y superación de la fragmentación consecuencia de la Conquista feudal castellana y de la posterior dominación española]
 
2. Andalucía es reconocida como sujeto de soberanía, es decir, con poder para decidir. El reconocimiento implicaba disponer de un Estado propio, es decir, de una estructura pública andaluza de gobierno y administración de la población y el espacio andaluz.
 
3. Vincula Liberación política de Andalucía y Liberación social del pueblo andaluz, intentando responder a las formas socioeconómicas de dominación española del momento, planteando alternativas institucionales de administración y movilización.
 
4. Influencia del proyecto de Antequera (a investigar y medir) en el movimiento obrero andaluz de adscripción republicana y subsidiariamente con posterioridad en los de referencia libertaria y socialista, introduciendo sentimientos o intuiciones de referencia andaluza.
 
5. Trasfondo político (1883) –muy al fondo- del contemporáneo y posterior intento de recuperación de la identidad cultural andaluza durante el último tercio del siglo XIX.
 
6. Inspiración programática para Blas Infante y estímulo para el movimiento andalucista histórico durante el primer tercio del siglo XX.
 
Elementos limitantes/negativos derivados del Proyecto constitucional de Antequera de 1883:
 
1. Andalucía aparece recluida dentro de un proyecto español. La liberación andaluza se inserta contextual y explícitamente en un programa de reorganización/reconstrucción democrática española y no en un proceso andaluz propio y separado. La emancipación andaluza se supedita de hecho a un cambio español (objetivo primario) para el que la reorganización andaluza -aun resultando importante- no supera una consideración instrumental (objetivo secundario).
 
2. La organización política (el federalismo andaluz) que promueve el Proyecto de Antequera no es políticamente soberana y autónoma ya que  contradictoriamente; en lo formal y en lo practico- es parte de un federalismo de ámbito español, que lo vincula en lo ideológico y encorseta en lo organizativo, hasta incluso terminar hundiéndolo. La identificación e integración con un proyecto español hace que las tareas se articulen y desarrollen constreñidos por el ritmo y las prioridades españolas y que los objetivos enunciados (la “Andalucía soberana…”, propuesta en su Artº 1) sólo se vislumbren como parte de una hipotética federación española, aunque sea con su consentimiento.
 
3. El reconocimiento de la soberanía de Andalucía del proyecto de 1883 se ve limitada en su repercusión política e ideológica y en sus efectos pedagógicos al hacerla extensiva a municipios y cantones. No existe conciencia de la singularidad cualitativa de la soberanía nacional- popular como sustentación política e ideológica para la configuración de un Poder andaluz propio, meta previa a la posible reestructuración político-administrativa de una Andalucía emancipada.
 
4. No hay una afirmación clara y rotunda de la nación andaluza (en su doble e indisoluble dimensión de realidad y de proyecto) y de su consecuente incompatibilidad radical con la “nación española” (en cualquiera de sus versiones o presentaciones posibles).
 
5. Los puntos anteriores (1, 2, 3, 4) quizá expliquen los límites de su impacto posterior, tanto en el movimiento obrero andaluz como en el seno de la intelectualidad andaluza e incluso podrían ayudar a entender algunas de las limitaciones del andalucismo histórico (no construir ni mantener una organización política andaluza de estricta obediencia andaluza y optar por la impregnación a través de plataformas compartidas o coadyuvantes con elementos organizados en entidades políticas españolas). Y ambos –a su vez- ayuden a entender el sendero de derrotas sufridas por el pueblo andaluz desde entonces hasta la fecha y su situación de subordinación y alienación actual.
 
Resulta evidente que este previo y apretado resumen y lectura política de la Constitución andaluza de 1883 peca de consciente ucronía. Valoramos aquí a los del 83, jugando con ventaja. Contamos a nuestro favor con la experiencia de 132 años más de dominación española a las espaldas y al escribir esta aportación primamos con toda intención -desde nuestro presente de 2015- lo político sobre lo historiográfico. De ahí que parezca que los deméritos de una visión desde el presente tapan los méritos históricos de los reunidos en Antequera (que también los tienen); más aun teniendo en cuenta que ellos no se empecinaban como algunos de hoy en claves y parámetros que se han demostrado que llevan bien a la impotencia o al fracaso o a la cooptación por España.
 
No olvidamos –en fin- que –por situarnos en su contexto histórico- precisamente es sólo en ese año - 1883- cuando Valentí Almirall opta atinada y valientemente por liberarse de ataduras españolas (incluidas las federales) e iniciar un curso específicamente catalán que conducirá posteriormente - tras multitud de avatares- a la construcción del catalanismo político y el nacionalismo catalán. O que en esa época los independentismos catalán o vasco contemporáneos ni siquiera se atisban como hipótesis.
 
2015: Construir Soberanía para Conquistar la Independencia.
 
Este año hemos visto sucesivamente tres episodios políticamente significativos.
 
En Grecia un Gobierno políticamente homólogo de Podemos/IU ha terminado capitulando ante el euro y la UE, aceptando la austeridad impuesta y administrar la dependencia y el sometimiento a los dictados de Berlín y el gran capital transnacional.
 
En Cataluña la mayoría aplastante de los catalanes acaba de pronunciarse por su independencia nacional y salir de la cárcel de pueblos que es España -en la manera que la autoritaria democracia española les ha permitido expresarlo- generando la mayor crisis al Estado español en decenios. Una salida que en buena parte se entiende también como una ventana de oportunidad para la liberación de las desigualdades y recortes sociales.
 
 
Sin embargo -y a la vez- el resultado en términos de población residente en Cataluña ha sido otro, reduciendo muy significativamente esa mayoría. En un contexto de polarización se ha dado el alineamiento mayoritariamente pro-español –en forma de voto masoquista al neoliberal y españolista Ciudadanos- de buena parte de los barrios y ciudades obreras donde tradicionalmente se concentran los emigrantes andaluces y sus descendientes. Una problemática paradoja catalana que se explica por la humillante situación de Andalucía y por las carencias del movimiento catalán al abordar la especificidad andaluza. La incapacidad para acabar con la alienación española entre estos ciudadanos catalanes de origen andaluz ha terminado haciéndoles apoyar en parte sustancial no sólo al encadenamiento a España de la Cataluña donde han vivido y trabajado (y aún nacido) sino también el de la Andalucía de la que tuvieron que huir por la miseria auspiciada por España.
 
La españolidad se ha vuelto a demostrar sustancial e irreversiblemente reaccionaria en lo democrático y en lo social y la ruptura con la españolidad, precondición para cualquier posibilidad de proyecto y cambio social progresivo.
 
En Andalucía, el Partido Andalucista ha concluido su trayectoria hundido por los límites y cobardías del regionalismo político, torpedeado por su propia dirigencia histórica que –atada por sus compromisos con España- ha preferido sepultarlo antes que darle una oportunidad de refundación nacionalista.
 
Estos casos nos aportan sugerencias y consideraciones, que deseamos, estimulantes.
 
1ª. Relativizar las retóricas y las iconografías rituales ante los hechos. Quien elude los enfrentamientos ante el núcleo duro de la opresión y la articulación concreta de la dominación -aún mucho antes de estar en condiciones de cuestionarlas- es muy probable que llegado el momento de afrontarlas capitule, justificándose por lo difícil del momento o lo desfavorable de la correlación de fuerzas. La subversión (o la izquierda, el andalucismo, la justicia o la revolución… o lo que se quiera) no se proclama con palabras; se demuestra con hechos.
 
2ª. Lo económico y lo social, en última instancia es político.
 
Volviendo a la valoración de la Constitución de 1883 como plataforma y en la perspectiva de una situación post-Podemos, terminó enumerando encabalgadas algunas ideas-fuerza.
 
A. La Soberanía Política Nacional andaluza es precondición de ruptura con la dependencia y de la consecución de la emancipación social y nacional.
 
B. El enemigo de Andalucía es España, que es a la vez un Estado –el Estado español, encarnación y guardián del orden mundial en Andalucía- y una estructura ideológica, económica y social de intereses, cristalizada tras siglos de opresión y alienación, que actúa como cobertura y apoyo del Estado, como proyecto reaccionario dentro y fuera de Andalucía.
 
C. La conquista de la Soberanía Política Nacional se construye consiguiendo previamente la soberanía en la política y la sociedad andaluzas, es decir, desconectando las organizaciones andaluzas de las organizaciones españolas. Utilizar el recurso a la “solidaridad” como camuflaje de la alienación y el sometimiento en la Andalucía del siglo XXI es tan insultante y reaccionario como lo fueron en la Irlanda del XIX o en la Argelia del XX similares argucias.
 
D. Toda organización de ámbito español en Andalucía es un instrumento consciente o inconsciente de dominación española. La hipotética inclusión instrumental en alguna de esas organizaciones ha de ser forzosamente un expediente temporal destinado a recuperar para Andalucía a elementos que pueden ser resultar valiosos para su emancipación nacional y social y ha de hacerse -aún desde una pedagogía fraternal- sin compartir ni extender ilusiones ni espejismos, denunciando en cada oportunidad el sometimiento a España y preparando la salida; sin dejarse cooptar ni corromper.
 
E. La liberación y emancipación de Andalucía es y será obra de los andaluces mismos. Si los andaluces no nos liberamos, nadie lo hará por nosotros. El mayor servicio de los andaluces a la Humanidad en el contexto del mundo del siglo XXI es ser radicalmente andaluces.
 
F. La demanda de Soberanía es consecuencia de una conciencia de singularidad y de especificidad. La afirmación nacional implica la disociación radical con la españolidad y su crítica radical, sin ambigüedades. Somos andaluces, no sur-españoles. Conlleva afirmar:
 
1º. Que el camino andaluz para su liberación es único, propio, independiente.
 
2º. Que el objetivo no es cambiar España, sino liberar a Andalucía de España.
 
3º. Que quien de cualquier manera (federal, confederal o como sea); o con cualquier careta (socialista, liberal o libertaria) introduce a España como marco o condicionante intermedio obligado o presuntamente voluntario para Andalucía lo que realmente busca es someterla.
 
G. La Soberanía Nacional como demanda –socialmente- es una estación de paso hacia la Independencia Nacional (un Estado nacional andaluz; una República Andaluza, para que quede claro). Sin trabajar la viabilidad y la necesidad de la Independencia Nacional como meta y horizonte no cabe la Soberanía ni como planteamiento táctico, cobertura pedagógica o escalón de acceso, ya que si se acepta persistir en la dependencia –en la españolidad- por convicción, oportunismo o fatalismo, no cabe siquiera que se quiera aspirar a decidir nada realmente sustantivo (sólo aspirar, en todo caso, a escoger a qué tipo de España se somete Andalucía).
 
H. Queremos una Andalucía justa y digna, en la que manden los andaluces. Y queremos unos andaluces que no se dejen mandar. Queremos una Andalucía que sea política, económica y socialmente lo que quieran los andaluces.
 
I. Una Andalucía por sí, por su pueblo y la Humanidad, se construye desde hoy levantando y afianzando un movimiento de liberación nacional y social independiente que sepa navegar con rumbo propio en un mundo convulsionado y profundamente injusto, sin alinearse con ningún imperialismo (sea este yanqui, ruso, chino, alemán, inglés, francés, japonés o cualesquiera otro) ni someterse a ninguna otra prioridad que no sea la conquista de su dignidad e independencia y la contribución a una Humanidad realmente humana.
 
Javier Pulido
Editor del Boletín “ANDALUCÍA LIBRE”