Lunes 23 Abril 2018

LCR: LIMITES Y CONSECUENCIAS DE UNA ESTRATEGIA ESTATAL. Apuntes para un Balance andaluz

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Andalucia cortejo LCR mani Granada 1985

Nota: Recupero un texto de 2006 que creo aún de actualidad especialmente en su balance y en su critica a las estrategias estatalistas de matriz comunista. 

Advirtamos desde un principio que estas notas no pretenden ser un balance general de lo que fue la LCR ni de su estrategia ni aún un análisis detallado de sus sucesivos posicionamientos sobre la cuestión nacional en general y andaluza en particular. (...)

El objeto específico de este escrito es servir de acicate a la discusión hoy entre la izquierda andaluza de aquello que de aquel debate conserva particular actualidad política. Así pues restringe voluntariamente su tratamiento a dos problemas interrelacionados:

a.Las consecuencias de una hipótesis estratégica estatalista y

b.Las implicaciones de la inclusión y dependencia de organizaciones andaluzas en organizaciones españolas.

Presentación

Advirtamos desde un principio que estas notas no pretenden ser un balance general de lo que fue la LCR ni de su estrategia[1] ni aún un análisis detallado de sus sucesivos posicionamientos sobre la cuestión nacional en general y andaluza en particular. Acercarse a esos objetivos requeriría un nivel de detalle que excede el objeto de este comentario.

También hay que subrayar que en este acercamiento a la cuestión sólo se apuntan tangencialmente referencias a la historia, realidad y evolución política y militante de la LCR andaluza y nada se dice respecto a la de otras organizaciones de extrema izquierda o independentistas andaluzas de la época; sacrificando a la concisión elementos esenciales de contexto.

Finalmente, estos Apuntes tampoco son ni aspiran a ser un análisis exhaustivo de los contenidos sobre la Cuestión Nacional recogidos en los documentos congresuales de 1989, dada su diversidad y extensión, que incluyen multitud de asuntos susceptibles de tratamiento. Baste decir al respecto que en esos textos hay muchos aspectos positivos y también abundancia de cuestiones que entonces y ahora podrían provocar críticas fundadas y nuevos desarrollos.

El objeto específico de este escrito es servir de acicate a la discusión hoy entre la izquierda andaluza de aquello que de aquel debate conserva particular actualidad política. Así pues restringe voluntariamente su tratamiento a dos problemas interrelacionados:

a.Las consecuencias de una hipótesis estratégica estatalista y

b.Las implicaciones de la inclusión y dependencia de organizaciones andaluzas en organizaciones españolas.

   Para ello, junto a los documentos aprobados en el Congreso, he tomado también como referencia complementaria un texto mío de 1989, Notas sobre la Cuestión Nacional[2], elaborado como aportación personal desde Andalucía al debate congresual. Lo recupero como hilo conductor porque pienso que sirve al objetivo de retratar una traducción andaluza de la época de esa nueva orientación general, mostrando sus límites a la hora de plasmarla y desarrollarla.

Aquel Notas sobre la Cuestión Nacional se redactó para el debate congresual con tres objetivos

  1. Destacar los cambios políticos que entonces entendía que conllevaban las nuevas propuestas sometidas a discusión.
  2. Enfatizar la lectura andaluza de esas modificaciones que sintetizaban en parte el curso político de la LCR andaluza[3] desde 1980 y sus aportaciones a la evolución general de la LCR estatal sobre la Cuestión Nacional, donde confluían con las provenientes esencialmente de Euskadi y Cataluña.
  3. Alertar sobre las implicaciones del cambio de modelo partidario que formaba parte de los proyectos congresuales.

 La posición política que sustentaba aquella reflexión se sustentaba en dos pivotes:

 Primero, asumir como conciliables un compromiso decidido por la Soberanía y Liberación Nacional de Andalucía -que conllevaba la elaboración de una estrategia nacional- con la confianza en la viabilidad de compatibilizar la construcción de una organización nacional a la vez que estatal (o incluso y también, en otra lectura conexa, usar la organización estatal como soporte desde el que levantar una organización nacional).

Segundo, mantener la adhesión a la necesidad nacional de participar de una estrategia estatal; entendida además como justificación básica para la persistencia de un marco orgánico simultáneamente nacional y estatal.

 Así, por ejemplo, decía en mi texto de 1989, parafraseando y resumiendo lo que entonces eran propuestas sujetas a discusión y luego serían resoluciones congresuales:

 “El proyecto de tesis propone una modificación importante. Dejar de considerar que la existencia del Estado determina la existencia de un plan estratégico central a desarrollar tácticamente a nivel nacional para reconocer que existen tareas y dinámicas estratégicas nacionales y estatales, interrelacionadas pero autónomas, que conllevan sus propias mediaciones tácticas y organizativas. Eso sí, ambas tienen un determinante terminal común: la destrucción del Estado burgués español; meta que, por su envergadura, se considera planteable necesariamente sólo a escala estatal[4]. Es decir, no creemos que la Liberación Nacional se pueda obtener con el objetivo de la ruptura territorial con el Estado sino con la destrucción del Estado[5]. Consecuentemente, el partido comunista revolucionario ha de construirse con sus dos dimensiones -nacional y estatal- de manera que se encuentre preparado para afrontar tanto sus tareas nacionales como estatales o internacionales”

Se sucedían aquí encabalgadas varias premisas erróneas.

 De entrada, se afirmaba temerariamente que la “Liberación Nacional no se puede obtener mediante la ruptura territorial con el Estado sino con la destrucción del Estado”, lo que era y es una previsión estratégica arbitraria; convirtiendo lo que entonces era o podía ser una apuesta o deseo solidario en pronóstico cerrado.

Más aún, se conservaba implícitamente una jerarquía de objetivos que desmentía y desvalorizaba la pretendida nueva equiparación entre tareas estratégicas nacionales y estatales. Si todo –incluida la autodeterminación o la independencia- dependía en ultima instancia de la “destrucción del Estado español”, entendido como totalidad institucional y territorial, era lógico que terminara predominando la dimensión estatal y que ello implicara la supeditación de lo nacional a lo estatal, único marco en donde se afirmaba que podría resolverse de forma concluyente las tareas pendientes en ambos ámbitos.

Varios factores singulares de diversa naturaleza, inscritos en la tradición política de la LCR y especialmente su particular alejamiento de la liturgia españolista tan habitual en buena parte de la extrema izquierda, pueden explicar que no se apreciaran cabalmente en aquel momento la percepción de estos límites y de sus consecuencias inherentes.

Alcances y limitaciones del Congreso

De entrada, la LCR partía de una concepción en la que no había la menor ambigüedad en que la definición del derecho a la autodeterminación sólo era coherente si incluía expresamente el derecho a la independencia[6].

Luego, este Congreso explicitaba un claro rechazo hacia lo español –en cualquiera de sus expresiones- y de ahí que aprobara considerar que “la afirmación de una nación de naciones española o de un obligatorio Estado plurinacional español, son nuevas formas de justificar la opresión nacional que se ejerce bajo el Estado de las Autonomías”[7].

 De ahí su nítido pronunciamiento contra el españolismo, en sus diversas variantes:

 “La presentación de España como nación o nación de naciones, como Estado nacional o Estado plurinacional voluntario, son manifestaciones del españolismo, una ideología reaccionaria cuyo objeto es ocultar y justificar la opresión nacional que existe en el seno del Estado español. Combatirla es una tarea inexcusable de los revolucionarios. Frente a este Estado, la tarea de los revolucionarios es impulsar alternativas nacionales o regionales de liberación, que contribuyan al desgaste del nacionalismo españolista y al pleno ejercicio del poder nacional o regional”[8].

El Congreso asumía explicita y directamente para Euskadi y Cataluña –justificándose en sus realidades específicas- la reivindicación de la independencia[9]. La independencia ya no era sólo un derecho implícito en el de autodeterminación o una opción legítima a contemplar en caso de crisis revolucionaria: se convertía en la propuesta política concreta a defender desde ese mismo instante para alcanzar la Liberación Nacional de ambas naciones.

 Ese mismo Congreso estatal, además, dejaba a la decisión soberana de los Congresos de las organizaciones nacionales de Andalucía, Canarias y Galicia la definición en cada caso de “la alternativa que se defiende para la emancipación nacional[10]; lo que significaba que eran solamente estas organizaciones nacionales las competentes para, en su caso, asumir una propuesta similar.

La nueva orientación conllevaba introducir una concepción novedosa dentro del panorama de la izquierda revolucionaria de ámbito estatal. La LCR descartaba que “la defensa de la cooperación y solidaridad entre pueblos libres y socialistas” surgidos de la destrucción de España, implicara prejuzgar de antemano su futuro, apellidando –e implícitamente limitando- su derecho a la autodeterminación con cualquier consigna apriorística unionista. Así, reconocía que “no existen elementos suficientes para determinar las formas que serán más adecuadas para esta cooperación”.

 Esta constatación respondía no sólo a su admisión de la imposibilidad de pronosticar qué relaciones podrían ser posibles o convenientes entre las naciones emancipadas de la bota española. Igualmente, significaba admitir que no se podía afrontar como partido revolucionario el proceso de construcción nacional ni desarrollar coherentemente la lucha de liberación nacional consecuente, manteniendo durante su transcurso –ni siquiera en un plano limitado como fin instrumental- cualquier horizonte que limitara o condicionara la afirmación propia y el combate de las naciones oprimidas por su emancipación.

Este cambio significaba para la LCR abandonar su hasta entonces tradicional consigna de “Libre Federación de Repúblicas[11]. Esta supresión era una forma de reconocer también con toda rotundidad que la demanda de la independencia nacional no implicaba contradicción alguna con la ‘solidaridad’ o la adscripción internacionalista.

Es lógico pues que la lectura política de esta línea, se tradujera así en Notas sobre la Cuestión Nacional:

 “Hoy lo que tenemos que subrayar en la autodeterminación es lo que ésta implica de ruptura con ese Estado que hoy existe, de soberanía nacional plena de la nación oprimida. Tenemos que dotarnos de las reivindicaciones que, atendiendo a la realidad de cada país y de la lucha nacional que en él se desarrolla, sirven mejor a estos objetivos”

Sin embargo, en Andalucía –por razones sea políticas u organizativas- no se asumía entonces que la conclusión consecuente con esta reflexión –y con otras que aparecen en esa aportación- era alterar radicalmente la primacía de marcos y objetivos y convertir la emancipación nacional de Andalucía y su liberación social en central, extrayendo de esta conclusión todas sus implicaciones políticas, ideológicas y orgánicas.

 No se caía en la cuenta de que conllevaba la necesidad de avanzar en la definición del modelo a reivindicar para la Nación que -a partir de la valoración positiva de la ruptura, que ya se incluía- no podía ser otro en pura lógica que la demanda expresa y abierta de independencia nacional; aunque luego se concretará tácticamente a las diversas coyunturas.

 No se valoraba en todo su alcance todo lo que suponía la específica historia andaluza, con su carga de dependencia y supeditación y su singularidad en cuanto a la configuración de su mapa político y social. Al no hacerlo, la Soberanía Nacional y el derecho a la autodeterminación como potestades andaluzas se quedaban vacíos de desarrollo y articulación políticas -colgados en el aire- sin capacidad para significar realmente la base política y simbólica de un programa y un proyecto nacional alternativo.

Además, aun habiendo desaparecido la referencia unionista de la ‘Libre Federación de Repúblicas’, al no sustituirla en Andalucía desde un principio con la reclamación de Independencia Nacional y quedar en la indefinición, no se tomaban debidamente en cuenta ni mucho menos se respondían cuestiones que la propia elaboración congresual y la experiencia histórica nacional e internacional no dejaban de suscitar.

 ¿Quién aseguraba que el hipotético sustituto -o sustitutos- allende Despeñaperros del ‘Estado burgués español’ destruido fuera justo con Andalucía? ¿Bastaba el efecto balsámico de la etiqueta ‘socialista’ para confiar derechos y destinos a benevolencias ajenas? ¿En qué quedaría esa Soberanía Nacional andaluza previamente prometida o incluso proclamada sin un Estado nacional andaluz que la encarnara? ¿Resistiría y persistiría desde el momento en que quedara claro que significaba que en Andalucía mandaban sólo los andaluces o una vez que así se percibiera, sería paulatinamente socavada, cuestionada o negada? ¿No habría un riesgo cierto de que sobrevivieran o se reprodujeran las discriminaciones antiandaluzas? ¿Las consabidas ‘prioridades políticas o económicas’ presuntamente generales, no terminarían por impedir la compensación española a Andalucía por su sufrimiento secular?

 En la practica, y aún con todos los avances apuntados, esta línea congresual –en general y en particular en su percepción y aplicación andaluzas- seguía condicionada por una hipótesis estratégica estatalista que conllevaba subordinar la emancipación nacional de Andalucía a la desaparición de España o del Estado español y en consonancia a esa tesis, colocar en servidumbre la dinámica, ritmos y objetivos nacionales en alianzas y prioridades a los estatales.

 No se apreciaba que si bien situar como centro lo nacional, aparte de ubicarse correctamente en la propia Nación, podía conducir también –o no- a esa disgregación estatal; sostener por el contrario la centralidad estratégica estatal -al menos en su fase resolutiva- implicaba, especialmente en el caso andaluz, castrar toda posibilidad de desarrollo emancipador nacional y por ende fortalecer al Estado español que se pretendía combatir.

Los costes políticos del ‘determinante estratégico terminal’

Los textos congresuales comentados incluían, ciertamente, la posibilidad de que el Estado español “quedara paralizado” en su capacidad represiva una vez conquistada la soberanía nacional –lo que en coherencia significaba que esta era alcanzable, al menos en principio, en un proceso nacional- pero este reconocimiento volvía a ningunearse al adjuntarle que “las movilizaciones necesarias” para sostenerla serían efectivas sólo “si tienen una dimensión estatal”.

 Sin desmerecer el efecto benéfico y positivo de una crisis estatal o de una solidaridad española efectiva, el enfoque presente -tanto en mi escrito como en las tesis- venía a negar la posibilidad de alcanzar la Soberanía Nacional o la independencia sólo o esencialmente a partir de las propias fuerzas nacionales; sin contemplar siquiera la hipótesis de un proceso nacional de alcance lo suficientemente profundo como para que el Estado español –incluso conservando su capacidad operativa fuera de Andalucía- reconociera que los costes de impedirlo eran tan altos como para hacer inviable una intervención contra Andalucía.

 Por otra parte, se obviaba la evidencia de que la consecución de esta “paralización” ayudada por movilizaciones de fuera de la nación, no implicaba necesariamente la existencia de un “partido con dimensión estatal” -como sí ocurría en el esquema estratégico anterior, formalmente superado en el Congreso- siendo hipotéticamente posible sin su existencia.

 De hecho, toda la argumentación estaba construida para afirmar la utilidad –y por tanto necesidad- del mantenimiento de un partido estatal (aunque fuera una suma confederal de partidos nacionales), también para la emancipación nacional. Procesos políticos y sociales nacionales de amplitud masiva eran leídos y retocados para avalar lo que en comparación resultaban minúsculas continuidades o necesidades organizativas.

 Incluso el reconocimiento expreso recogido tanto en el texto como en los documentos congresuales de que la clase obrera debía elevarse a la condición de "clase nacional" en las naciones oprimidas, quedaba desmentido al volver a verla estratégicamente como un único sujeto social anacional -lo que se traducía luego en la practica como “estatal-español”- simplificando todas las implicaciones de su proceso de conformación como clase y minusvalorando sus contradicciones nacionales. Así, el atavismo estatalista tradicional en buena parte de la izquierda que se echaba por la puerta, se colaba de nuevo por la ventana.

 No ser consciente de esas implicaciones hacia posible creer entonces que era conciliable lo incompatible.

Aún defendiendo sinceramente la Soberanía Nacional, sin descartar la independencia, la circunstancia de participar aún de una lectura simplificada y esquemática del modelo insurreccional leninista y de no extraer las conclusiones debidas de toda la historia de Andalucía y las otras naciones del Estado español durante el siglo XX hasta esa fecha, conducía a intentar ingenuamente resolver por elevación las incoherencias políticas de los textos congresuales y así se escribía:

“La estructura del partido no tiene porqué prefigurar el modelo de relaciones entre las naciones. Se puede construir la nación, hacer política nacional, luchar por la independencia... en un partido que sea nacional y estatal con la capacidad de decisión última conferida al CC. El partido es un instrumento de combate; tiene que ser ágil, golpear fuerte y rápido cuando sea necesario. Cuando decimos que la Liberación Nacional está unida a la Revolución Socialista estamos diciendo que se necesita una dirección política estatal que en coyunturas de crisis pueda decidir y una organización que se vaya construyendo ya desde hoy educándose en ello.”[12]

 Equivocado el pronóstico sobre el final, ello conducía a justificar un desvío del camino que conducía a un callejón sin salida.

 Se asumía aparentemente la necesidad de una estrategia nacional, pero sin extraer de ahí que esto implicaba potenciar ritmos, procesos, discursos, identidades y alianzas propias que de ser consecuentemente desarrolladas entrarían muy posiblemente en colisión con los intereses estatales. Y luego lo aparentemente avanzado se desactivaba inadvertidamente al resucitar una visión de la hipótesis estratégica que requería para su culminación un ilusorio e imposible traslado del Petrogrado de 1917 a la muy diferente realidad de la Andalucía y el Estado español del ultimo cuarto del siglo XX.

 La propia tesis 13 respondía a esta cuestión -aunque no extraía la conclusión lógica de su propio razonamiento- cuando para defender el modelo partidario nacional y estatal, argüía:

 “El partido a construir no debe ser la consecuencia mecánica de un proyecto estratégico necesariamente general, ni tampoco el simple reflejo de las tareas asumibles en cada momento, con sucesivas adaptaciones a la realidad cambiante. Debe ser una opción, a medio y largo plazo, de construir una vanguardia revolucionaria a través de las luchas, capaz de relacionar las tareas actuales con el proyecto estratégico, y que tenga en cuenta la realidad concreta (...) en cada momento (importancia numérica, implantación, influencia social, formación, experiencia. etc).”

 De estas afirmaciones hubiera debido derivarse que no era posible “mantenerse sentado a la vez sobre dos sillas” y que por tanto la construcción de una estrategia nacional de liberación socialista y de una organización que la propugnara y sostuviera requería arrostrar los costes de romper con el presunto paraguas protector del amparo de la organización estatal y apostar por una construcción exclusivamente nacional que generara cuadros y militantes instruidos a partir de la generación de reflexiones y experiencias propias y que tomaran como real centro de actuación a la Nación.

El problema que iba implícito en ello es que esto conducía, entre otras consecuencias, a proponer la desaparición de la LCR como organización estatal y la desvinculación de sus organizaciones nacionales convirtiéndolas en partidos nacionales política, organizativa e ideológicamente independientes (aunque mantuvieran luego entre si lazos preferentes, como también hacia la LCR en relación a otras secciones de la IV Internacional de la que formaba parte).

 Bien se podía destacar, a modo de advertencia y reafirmación, que:

 “Los proyectos reafirman que favorecemos el desarrollo de la conciencia nacional de las naciones oprimidas, que laboramos por su construcción nacional desde nuestro propio proyecto nacional como comunistas. No se la ve pues como una tarea ajena a la que, una vez que ya ha obtenido un apoyo social sustancial, damos una salida democrática; queremos participar en ese combate en todas sus fases. No tomamos como referencia para actuar como patriotas de esas naciones o proyectos nacionales la presencia o fortaleza de corrientes nacionalistas radicales. Optamos por ello al constatar que se han producido demandas políticas de autogobierno y que éstas se encuentran vinculadas a una situación de opresión específica valorando que el progreso de esta conciencia y de las reivindicaciones a ella conectadas juegan un papel positivo”

Seguían sin extraerse todas las implicaciones de este posicionamiento. Se confundía el tener presente el contexto estatal, continental y mundial con mantener una estrategia que seguía siendo en última instancia estatalista.

 Sin tomar conciencia de todas las consecuencias de la necesidad ya asumida de generar una lucha socialista contra España y el Estado español desde y por Andalucía, no se aquilataban todas las diferencias existentes entre, por ejemplo, formar parte de una Internacional y ser parte de una organización cuyo ámbito es justo el del Estado opresor con el que se quiere romper. Se eludía la incomoda constatación de que no es materialmente posible luchar por la soberanía e independencia nacional en y desde una fuerza dependiente ni construir una organización nacional como sección de una estatal.

Implicaciones actuales

 Han transcurrido 17 años desde la redacción de estos textos y más de 30 desde el inicio de la Transición.

 Los procesos de radicalización vividos –con todos los limites y contradicciones habidos y por haber- manifiestan con nitidez que las alternativas son o bien una ‘Andalucía Libre’ –o una Euskadi, Canarias o Cataluña... Libres- y por tanto independientes o bien una “Andalucía española” y por tanto sometida (y lo mismo puede decirse en relación a las otras naciones).

 La experiencia transcurrida -con todos sus avatares- hace hoy aun si cabe más quiméricas que entonces las bases políticas y teóricas que sostenían cualquier estrategia estatalista y más insustanciales las argumentaciones al uso que pretenden sostenerlas.

 La practica de organizaciones políticas y sociales como PSOE, PCE-IU, CCOO o UGT han demostrado que a efectos andaluces su recurso demagógico a la ‘solidaridad’, no es más que una envoltura para perpetuar la opresión de Andalucía y especialmente de su clase obrera y su supeditación a sus intereses burocráticos y a su sometimiento a España. Las organizaciones estatales a su izquierda en Andalucía –de cualesquiera definición- han evidenciado su inoperancia; incluso cuando han recurrido a camuflarse como ‘nacionales’. La dependencia se ha demostrado que conduce a la impotencia.

 El estatalismo de izquierdas –cuya versión extrema es la secta maoespañolista UCE- se ha manifestado como un secuaz objetivo del Estado español (sea cual sea su voluntad subjetiva). La miscelánea de ‘federalismos’ y ‘confederalismos’ varios –eufemismos de España- han ratificado que sólo actúan eficazmente a efectos narcóticos en contra de la extensión de la conciencia nacional andaluza; propalando confusión o pasividad, cuando no directamente colaboración o colusión con el españolismo.

 Recientemente, los posicionamientos por acción y omisión de las secciones catalanas de las organizaciones de izquierda o extrema izquierda estatal en los últimos debates estatutarios –dejando ahora al margen el juicio que puedan merecer respecto a las necesidades catalanas- han reiterado la inviabilidad de un discurso y estrategia coherentes de ámbito estatal. Su aceptación explicita -generalizada y sin excepciones- de las consecuencias del desarrollo desigual y combinado del capitalismo español ha vuelto a ratificar que cualquier estrategia estatal deriva ineluctablenmente en pronunciamientos directamente ofensivos ante los intereses nacionales andaluces y en colusión objetiva con el españolismo en su pertinaz empresa de mantener sometida a Andalucía[13].

 Se ha vuelto a evidenciar que Andalucía como Nación y los trabajadores andaluces como clase sólo pueden confiar para su emancipación en si mismos y que cualquier relación nacional futura digna sólo es viable desde la independencia. Sus silencios o posturas ante el debate estatutario andaluz también lo reiteran.

 Así pues, la única solidaridad efectiva para con Andalucía que cabe reclamarles a estas alturas es que, reconociéndonos real y sinceramente como Nación, cesen en sus interferencias en Andalucía e impulsen o reconozcan la emancipación de su tutela de sus secciones andaluzas.

En Andalucía la resistencia frente a la asimilación española, la normalización nacional y la ruptura con el subdesarrollo y la dependencia neoliberal requieren avanzar en la definición de un modelo alternativo que sólo puede partir de asentarse en la reivindicación de la independencia nacional y en la construcción de una izquierda andaluza que desplace a la fracasada izquierda sudespañola.

No asumir en su día esta reflexión condujo al fracaso y a la desaparición de la LCR andaluza[14].

JAVIER PULIDO, "Kemal"

Andalucía, 20 de Septiembre de 2006

NOTAS

[1] Una interesente y esclarecedora exposición de las posiciones políticas generales de la LCR -que resume su trayectoria hasta ese momento- puede verse en el Documento Informe sobre el debate con el MC, Boletín 27, 18 de diciembre de 1988. Este texto fue elaborado tras la conclusión del segundo proceso de debate exploratorio mantenido con MC que evidenció a la LCR que no había entonces condiciones para la fusión.

[2] Notas sobre la Cuestión Nacional se encuentra incluido en el Material LCR – La Cuestión Nacional en el Estado español, en Archivo de Documentos de Andalucía, Carpeta El Proceso LCR-MC. Ese Material incluye el Informe sobre la Cuestión Nacional, las Tesis sobre la Cuestión Nacional y la Resolución sobre Modelo de partido aprobadas por el Congreso.

[3] Entre los documentos que forman parte de esta evolución y convergen para dar lugar a estas elaboraciones se encuentra mi texto Los Comunistas Revolucionarios y la lucha por la Liberación Nacional de Andalucía, Declaración del CN de la LCR de Andalucía, Septiembre de 1988.

[4] La Tesis 13 de las Tesis sobre la Cuestión Nacional, Ver Material citado, LCR- La Cuestión Nacional...., aprobadas en el Congreso lo manifiesta con énfasis cuando decía: “Sin embargo, la destrucción del Estado burgués español no puede conseguirse a nivel de una nacionalidad, sino que exige una ofensiva conjunta (y, por tanto, más compleja que la solidaridad o la simple coordinación) de todos los pueblos del Estado, la vertebración de una amplia mayoría social con la clase obrera como centro de gravedad.”

[5] En la Tesis 7, así lo reitera como resumen de la hipótesis estratégica que asumía la LCR: “Por estas razones, la autodeterminación sólo puede conquistarse por medio de grandes luchas de masas que se enfrenten al Estado y sean capaces de destruirlo o, por lo menos, de paralizar su capacidad de intervención represiva una vez conquistada la soberanía (lo cual sólo es posible si tienen una dimensión estatal).”

[6] La Tesis 2 lo reafirmaba con claridad refiriéndose al derecho a la autodeterminación, cuando decía que “Se trata de un derecho fundamental de las naciones, del mismo nivel que los derechos humanos para las personas. E incluye necesariamente el derecho a la independencia; cualquier interpretación de la autodeterminación que excluya la posibilidad de la independencia es, en realidad, una tergiversación de este derecho y una forma de justificar la opresión nacional”.

[7] Tesis 1.

[8] Tesis 1.

[9] Tesis 3

[10]Tesis 4

[11]Una consigna y un objetivo estratégico que cumplía hasta entonces funciones ideológicas y políticas en la LCR similares a las que van inscritas en las actuales “III República (española)” o “República Confederal”; que hoy asumen y defienden algunas organizaciones de la extrema izquierda española en Andalucía y aún alguna organización política de ámbito nacional como CUT-BAI. Aunque este fuera su cometido esencial -bien sea a nivel de matiz- cabe reseñar que la formulación de “Libre Federación de Repúblicas” –quizá por necesidades vasco/catalanas- hacía hincapié en la previa autodeterminación y sobre todo en la multiplicidad estatal consecuente; preexistente a la pretendida federación propugnada, intentando disociarla de una mera ‘reconstitución de España’.

Además, la conexión política y simbólica de la LCR con la izquierda revolucionaria de 1936 (POUM...), la vacunaba entonces de cualquier embellecimiento retrospectivo de la II Republica Española, propio de corrientes como el PCE u otras organizaciones de origen estalinista.

La formula “Libre Federación de Republicas” hasta entonces vigente era, en buena parte, consecuencia indirecta de una visión políticamente idealizada e históricamente incorrecta de la formación de la URSS, como presunta ejemplificación exitosa de la solución leninista al problema nacional. Implicaba desconocer la trayectoria concreta del proceso ruso entre 1917-1922, las opciones alternativas que se plantearon a su constitución en 1922 o los balances críticos que este modelo provocó no sólo entre los que fueron sus opositores desde un principio sino también entre algunos de sus impulsores iniciales. El mejor conocimiento de estos hechos y la reflexión que ello provocó, facilitó también el cambio. Para esta cuestión, ver E.H. Carr, Historia de la Rusia Soviética – La Revolución Bolchevique 1917-1923. Tomo 1. La Conquista y Organización del Poder, especialmente Tercera Parte Dispersión y Reunión, Alianza Editorial, 4ª Edición, Madrid, 1979, pp. 269 y ss. También, León Trotsky, Textos sobre la Independencia de Ucrania, Archivo de Documentos Andalucía Libre – Carpeta Documentos varios.

[12] Esta apreciación errónea está presente aún en el texto de la Plataforma de Tendencia por una Confederación Democrática que se presentó a la Conferencia Extraordinaria de Izquierda Alternativa (LCR+MC) enero 1993 y que se encuentra incluido en El fracaso de la unificación LCR-MC

[13] Ver Selección de Citas Catalanas, Andalucía Libre nº 284, de 28 de febrero de 2006 y Perspectivas andaluzas sobre el estatuto catalán, Andalucía Libre nº 290, de 1 de Abril de 2006

[14] El CC de la LCR aprobó el 21 de Julio de 1990 su proyecto de resolución Las Relaciones MC/LCR -con 16 votos a favor, 3 en contra y 3 abstenciones- por el que tras constatar la próxima unificación de LKI y MC en Euskadi, modificaba los criterios políticos generales mantenidos hasta ese momento y daba paso franco hacia la unificación estatal de LCR y MC. El Comité Nacional de Andalucía de la LCR lo debatió y a titulo indicativo lo sometió a votación, rechazándolo: la posición del CC obtuvo 2 votos favorables, 4 en contra y 3 abstenciones. La mayoría del CN suscribió entonces un texto –Nuestra opinión sobre el proyecto de relaciones con MC- en el que atendiendo a la realidad nacional y a las relaciones existentes en Andalucía con el MC, se pronunciaba contra el proceso de fusión. Luego al aceptar formalmente la dirección central de MC el “pluralismo” para desbloquearlo y avanzar en su objetivo de absorber o desmenuzar a la LCR, el CN cambio de opinión. Esta decisión puede explicarse por su dependencia de la dirección central de la LCR, fruto de su juventud y debilidad políticas y sobre todo de la incapacidad para priorizar y asumir un curso nacional propio. Consecuencias ambas de la deseducación implícita en el hecho de formar parte de un partido estatal que el empeño voluntarista de construirla simultáneamente como partido nacional no pudo superar. Sobre este asunto, ver Andalucía Libre nº 319 y Andalucía Libre Historia LCR y Proceso LCR-MC