Lunes 25 Junio 2018

LA TOMA

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Las celebraciones oficiales, los juramentos, las banderas y los himnos son algo más que excusas festivas, trámites administrativos, trapos coloreados o simples melodías. Si así fuera no suscitarían adhesiones o rechazos. Son símbolos queDia-Toma-Granada-Saliendo-Ayuntamiento EDIIMA20170102 0153 19 sirven para la autoidentificación y afirmación colectivas; útiles políticos que resumen, a manera de iconos, una situación y un proyecto político y social. Cuando su hegemonía es absoluta tórnanse rutina y predomina la estética, pero basta que sean contestados para que su función ideológica vuelva a primer plano.

La Toma es un acto descarnadamente representativo del genuino nacionalismo español y síntesis ejemplar de su relación con Andalucía y los andaluces.

El surgimiento del nacionalismo andaluz rompió ese falso consenso y llamó la atención sobre los fundamentos integristas y xenófobos del nacionalismo español.

Si el debate consecuente sale a la calle y no queda recluido en las cátedras es precisamente porque, acuentas del pasado, se contraponen dos perspectivas políticas de nuestro presente y futuro como país: la españolista y la nacionalista andaluza.

De un lado, quienes ven a Andalucía como una región subordinada de la nación española; de otro, quienes quieren construirla como nación libre y soberana.

El nacionalismo español reconvierte la Conquista en "Reconquista"; reniega tanto de los andalusíes de ayer como de los magrebíes de hoy; atrasa a su gusto y conveniencia el nacimiento de la idea de España como unidad de destino en lo universal y del Estado español como su cobertura. Surgido históricamente de la hoguera inquisitorial a lomos de la limpieza de sangre, se codifica en la Restauración para culminar con el legionario de la Guerra del Rif. Los andaluces son, a sus ojos, castellanos o españoles del sur con un acento y gracejo peculiar que induce a la risa ajena, sin cultura ni historia propias; oriundos de una tierra a la que el destino hizo pobre y que progresará al ritmo que España disponga. La Alhambra o el Legado Andalusí se degradan al nivel de meros recursos a exprimir para solaz de turistas y reclamo de inversores.

El nacionalismo andaluz no cae en el absurdo de querer sustituir a los Reyes Católicos por Boabdil o al fundamentalismo católico por el musulmán. La historia de Andalucía –como la de todos los países- es una suma de continuidades y rupturas que confluyen configurando una identidad singular y dinámica.

Lo que se demanda al rechazar la Toma no es cambiar nuestra historia sino eliminar la mitología de Cruzada que impide asumirla en su plenitud y reconciliar a los andaluces de hoy con toda ella.

Actúa igual que cuando subraya que flamenco y copla son patrimonio andaluz y no fachada de una pretendida españolidad o cuando recuerda que nuestra pobreza nace de nuestras derrotas seculares; de la forma en que el capitalismo español se desarrolló subdesarrollando Andalucía y de nuestra carencia de poder político propio.

Así, la exaltación de la Conquista es una apología, no sólo del sufrimiento pasado sino también de la pasividad y el sometimiento futuros.

Una Andalucía consciente de sí misma –como demostró un 4 de Diciembre y un 28 de Febrero- transformada en sujeto activo de su propia emancipación nacional; que por tanto entienda su relación con el Estado español en términos estrictamente de intereses, no puede aplaudir a los antecesores directos de quienes hoy la subordinan.

Por eso, aquellos –pocos o muchos- que la quieren libre y solidaria, se seguirán confrontando cada 2 de Enero con quienes quieren conservarla en su actual postración.

Javier Pulido

[Texto de la versión extractada publicada como articulo de opinión en el diario IDEAL, Granada, Lunes 8 de Enero de 1996]