Lunes 25 Junio 2018

SIRIA: ALGUNAS CLAVES URGENTES PARA UNA VISIÓN ANDALUZA DEL CONFLICTO

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El ultimo bombardeo del imperialismo yanqui sobre Siria y -especialmente- las reacciones que ha provocado en nuestro país, en nuestra izquierda y en nuestro movimiento nacionalista, hacen que quedarse sólo en la necesaria denuncia y el rechazo de este acto resulte insuficiente.

 

Se impone hoy un acercamiento comprensivo a la situación global de Siria.

Una ocasión para avanzar criterios andaluces para situarse en el mundo del siglo XXI.

 Seleccionemos lo más urgente.

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Assad padre llego al poder en 1970 merced a un golpe de Estado militar y a continuación trituró al Baas izquierdista y al resto de la izquierda del país. Mantuvo la opresión sobre los kurdos y derechizó al Régimen. Consolidó una especie de "capitalismo burocrático de Estado" y extendió la corrupción (sólo recordar las inmensas propiedades de la familia Assad en Andalucía, de las que ahora parece que casi nadie quiere acordarse).

 

En política internacional, tras la guerra de 1973 el régimen de Assad dejó tranquilo al Estado sionista de Israel -mucha retórica y ninguna acción- y se esforzó por controlar y tutelar a la OLP (ya los había dejado tirados cuando los Hashemitas de Jordania ejecutaron el "Septiembre negro"). De hecho, si Assad no siguió los pasos de Sadat de Egipto fue sólo porque el sionismo no estaba dispuesto entonces ni ahora a hacer el mismo trato con Damasco que con El Cairo (devolver el Golan a cambio de traicionar del todo a los palestinos, como se hizo en el caso egipcio pagando el abandono de los palestinos con la devolución del Sinaí).

 

La Siria de Assad padre intervino durante los 70 y los 80 militarmente en la guerra civil libanesa contra la izquierda y los palestinos, impidiendo su victoria. Hubo entonces una especie de reparto tácito de papeles entre Israel y Siria (con la bendición y la financiación de Arabia Saudí) para congelar la situación libanesa y destruir la capacidad de actuación independiente del movimiento palestino.

 

Mientras implosionaba la URSS y los burócratas estalinistas de allí se reconvertían en oligarcas mafiosos primero tras Yeltsin y luego tras Putin, la Siria de Assad se reubicó internacionalmente y (siguiendo a Arabia Saudí y como buitre carroñero) se integró en la coalición imperialista formada por los EEUU de Bush I, participando política y militarmente de forma activa en la agresión e invasión del Iraq de Sadam Hussein. Ya había establecido lazos de alianza con el Irán de los ayatollahs por razones de equilibrio geopolítico y de afinidad sectaria (los Assad son alauies, una minoría en el complejo panorama comunitario sirio).

 

Pero lo de Iraq alteró todo el escenario de Oriente Próximo. EEUU se consideró libre de todas las ataduras para actuar a su antojo en la región e Iran y Arabia Saudi intensificaron a renglón seguido su competencia por obtener el liderazgo islamista (tras haber coincidido, cada una desde su punto de vista, en aplastar al nacionalismo y a la izquierda árabes). [Las relaciones de uno y otro con EEUU, tanto en sus facetas de colaboración como de oposición o disputa son bien largas y bien complejas]

 

Aparte, a Riad (y a sus clones del Golfo) se le despertó el hambre y tras decenios de estar "a la defensiva" pasó a la ofensiva, amortizando los años de inversiones millonarias para difundir el islamismo reaccionario. Ya no toleraba ni siquiera las caricaturas degeneradas de lo que en un tiempo lejano se postuló como su alternativa…

 

Por otra parte, Turquia se encontró con el renacer y consolidación de la cuestión kurda en Iraq y con la necesidad de intervenir también en Siria para evitar su revitalización en su territorio.

 

Ya en tiempos de Assad hijo, tras algunos años de giro expresamente neoliberal (a la manera del ultimo Gaddafi en Libia) que empobrecieron a la gente e incrementaron la desigualdad social, al hilo de la "Primavera Árabe", un movimiento democrático y popular muy amplio intentó conseguir una democratización del país.

 

El régimen de Assad aplastó las protestas populares a sangre y fuego, masacrando a la población; deteniendo, torturando y ejecutando a quien se le ponía a tiro. Se inventó una "reforma" que le dejaba todo el poder -como siempre, indiscutido- cooptando fuerzas satélites en posición colaboracionista para maquillar la situación.

 

Los regímenes ultrarreaccionarios árabes (Arabia Saudi, Qatar, Emiratos...) -con la connivencia y el permiso de los imperialismos yanqui, británico y francés- aprovecharon la ocasión e intervinieron en Siria sosteniendo la instalación de las milicias de los diversos grupos islamistas sunnies, a cual más criminal, que a su vez también persiguieron a la izquierda y a los sectores democráticos. Y el Régimen respondió a la barbarie con más barbarie, en una escalada sin fin, a costa del sufrimiento y el sometimiento del pueblo árabe sirio.

 

Sólo en el país kurdo-sirio las fuerzas democráticas y populares pudieron conservar protagonismo e impedir el emparedamiento entre Assad e islamistas. Desarrollaron una hábil táctica de autoorganización interna y jugaron en el plano militar con las contradicciones temporales entre las diversas potencias imperialistas y los regímenes reaccionarios para emerger y sostenerse (al menos hasta hoy).

 

Por su parte el Irán islamista-chii (que apoya al Gobierno iraquí surgido de la ocupación yanqui) y la Rusia imperialista también intervinieron del lado del Régimen de Assad para hacerse valer y preservar sus respectivos intereses internacionalmente. Aprovecharon que la bestia islamista suni se había desmandado y autonomizado, encarnándose en forma de "Estado Islámico" (el Daesh o ISIS) que se había impuesto por la fuerza en zonas de Siria e Iraq, para legitimar su acción militar de sostén del Régimen de Assad en forma de "guerra contra el terrorismo”.

 

Y el escenario sirio siguió mutando, haciéndose tan complejo como sangriento…

 

¿Y CÓMO AFRONTAR LO DE SIRIA DESDE ANDALUCIA?

 

Difícil.

 

Como premisa: esforzarse por conocer seriamente el origen y desarrollo del conflicto en Siria y no tragarse la propaganda de ninguno de los imperialismos intervinientes. Ni la yanqui o franco-británica -obvio- pero, por supuesto, tampoco la rusa de Putin y sus adláteres (incluido el llamado "PC" ruso).

 

NUNCA hay que conferirle ni el menor átomo de credibilidad, legitimidad o sostén a cualquier intervención político-militar de los EEUU y sus socios (sostenes de España) y por tanto hay que rechazar claramente sus agresiones y en particular el uso ilegitimo del territorio andaluz por su parte, en su caso.

 

Pero esto no significa que tengamos que embellecer o identificarnos lo más mínimo con dictadores o regímenes despóticos, criminales o corruptos que nunca admitiríamos para nosotros en nuestro país por el mero hecho de que en un momento dado reciban la ira de algún imperialismo. Y también implica elevar la mirada y tener una agenda propia que integre también las opresiones que no están de moda o donde el protagonismo represor se encarna en otros imperialismos con los que -por razones históricas y geopolíticas- no estamos acostumbrados a lidiar.

 

La realidad no es simple, ni mucho menos bipolar o maniquea. Ni en Andalucía ni mucho menos en el endiablado Oriente Próximo.

 

A estos efectos de complejidad, en 2018 hemos vuelto a 1914 cuando cada imperialismo intentaba presentarse de la forma más amable posible y endilgarle al otro, la carga de las miserias y tragedias que conllevaba su poder. Entonces hubo quien supo orientarse y no alinearse con ninguno de los dos bandos de gangsters imperialistas que peleaban por dominar el mundo. Ahora también.

 

Hay que desterrar el "campismo", que si ya era obtuso en la "guerra fría", no digamos en el mundo del Siglo XXI y especialmente para una nación oprimida como Andalucía.

 

Especialmente como nacionalistas e independentistas andaluces, tenemos la obligación de ver el mundo con ojos verdiblancos, para servir a nuestro pueblo y así a la Humanidad. Se impone tener una visión propia del mundo. Independiente.

 

Debemos, primero, constatar que ningún Estado imperialista -del este o del oeste- apoya o apoyará nuestra causa nacional (al menos hasta el penúltimo segundo) y que todos, de una u otra manera, están con España por diversas razones geopolíticas. Nada esperamos de ellos y nada les debemos.

 

Segundo, debemos entender que ganar al pueblo andaluz para su causa nacional y popular de conseguir su soberanía nacional y su independencia implica mantener la coherencia política y simbólica en la defensa de practicas y valores democráticos, populares y feministas y ello conlleva condenar y rechazar a todos los que en el mundo actúan contra los derechos democráticos, sociales, obreros o de las mujeres y las personas LGTB y mantener la empatía con quienes son en sus países respectivos integrantes de los mismos sectores que en Andalucía queremos conquistar para la lucha de liberación nacional.

 

Tercero, debemos conocer con detalle y cuidado los entresijos y antecedentes de los conflictos antes de pronunciarnos al respecto y sólo hacerlo cuando están claros y cuando hacerlo contribuye al avance de nuestra lucha nacional y popular, que es nuestro mayor servicio a la Humanidad.

JAVIER PULIDO.