Lunes 25 Junio 2018

EL CASO TORRA

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En torno a la elección y nombramiento de Quim Torra como presidente catalán se interrelacionan múltiples posibles debates y circunstancias. A saber:

QUIM TORRA SOBRE BLAS INFANTE

1º. El significado político de la designación de Torra y sus consecuencias, inserto en el balance de lo ocurrido -al menos desde el 1º de octubre hasta la fecha- y las consecuentes perspectivas estratégicas que de ahí puedan desprenderse; tanto del movimiento independentista en su conjunto como de cada uno de los tres componentes políticos que lo forman por separado; Junts per Catalunya; ERC y CUP. Un ámbito político de definición que más allá de la expresión de voluntad de resistencia -sea formal o real, según los casos y ya se verá- sigue sin aparecer demasiado claro.(1)


2º. La reacción y estrategia futura a seguir frente a Cataluña tanto del Estado español como de las cuatro fuerzas políticas españolas (por expresa autodefinición): PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos/IU (y por ende de sus prolongaciones o franquicias en Cataluña). En este segundo ámbito, la propuesta de Cs de seguir aplicando la intervención del 155 incluso después de la formación de nuevo Gobierno catalán; la declaración del Gobierno español del PP de seguir controlando día a día las cuentas catalanas pese al restablecimiento formal del gobierno autonómico; la expresión por parte del PSOE de su predisposición a actualizar el arsenal represivo y penal al servicio del Estado español y el posicionamiento y linea de argumentación de Podemos en Madrid y en Barcelona en torno a la investidura de Torra -mientras simultáneamente presos y exilados catalanes siguen penando su pecado de insubordinación a España- dan pistas acerca de lo que puede esperarse desde el lado español (por referencia, identidad e ideología).

Ese es el contexto político donde ubicar la abrumadora y unánime campaña propagandística española/españolista en torno a la abigarrada trayectoria política, periodística y tuitera en la mochila del President Torra -un personaje no precisamente ágrafo- conocida -es de suponer- por quienes le proponen para el cargo y para encarnar el Gobierno autónomo independentista en la próxima etapa.

La campaña -obviamente- pretende justificar la intervención política española sobre Cataluña y la represión del Estado -que se llama España- sobre el independentismo político y social catalán. También aislar y deslegitimar en lo que pueda la causa y la demanda catalana en Europa, en las naciones incluidas en el territorio del Estado español y dentro de la propia Cataluña, presentando al Presidente Torra como un racista, xenófobo, “supremacista”, de extrema derecha. [A modo de anécdota, me cuentan que institutos hay en Andalucía donde andan ya utilizando algunos tuits o párrafos escogidos de los textos de Torra -difundidos por la prensa digital y analógica española- como textos validos para ilustrar a su alumnado sobre lo que fue el fascismo europeo de entreguerras (ahí es nada). Es la secuencia lógica tras los hitos previos marcados por el inolvidable “¡A por ellos!” o el sincero aunque "políticamente incorrecto" “pues si los catalanes se quieren ir, que se vayan. Pero Cataluña se queda” (2) y producto natural de la asfixiante y sostenida presión adoctrinadora de prácticamente la totalidad de los medios de comunicación de masas]

La campaña españolista recurre a un viejo truco: intentar travestir y transformar al verdugo en victima, recurriendo a la amalgama y a la descontextualización de fragmentos de discurso del sujeto paciente (en este caso, Torra); basándose a medias en la ignorancia y en el uso de clichés de lo “políticamente correcto”. España -a la ya clásica manera del Israel sionista- quiere presentarse en esta coyuntura como presunto “David", para así ocultar su realidad de Goliat sostenido en y por la amenaza, la coacción y en ultima instancia, la pura fuerza bruta. Aquí lo de menos es el análisis histórico, la sociolingüística o las distintas visiones sobre la construcción plural de la nación. Aquí de lo que se trata es de un simple ejercicio propagandístico de demonización al servicio de un Estado que niega el derecho a la autodeterminación, o o que es lo mismo, la democracia.

Y nada se entenderá de la virulencia del enfrentamiento y de las formas de la polémica si no se tiene presente que España no es un pueblo (si entendemos esto como algo más que una mera aglomeración de personas). España es un Estado, un entramado de intereses sociales perversos y un proyecto reaccionario que lo cohesiona, legitima y sustenta: el españolismo (esencialmente impositivo, autoritario, negador, excluyente…). Una ideología de sometimiento y defensa del Estado existente en sus fronteras existentes -erigida históricamente desde la alienación y la represión y cristalizada en la españolidad como identidad definida por la adhesión al Estado- que combate -amparada desde el mismo Estado y con el sostén de quienes, con fundamento o sin el, se identifican con él - en cada uno de las sociedades de los paises integrados históricamente a su territorio a los proyectos sociales de construcción nacional alternativa (catalán, vasco, andaluz, canario o gallego)

Y TORRA COMO PRETEXTO...

Con la limitación de no haber podido leer toda la abundantísima producción ensayistica presidencial (3) -que ofrece día a día sorpresas como la de ver fotos del ahora Presidente catalán en la puerta de la sede del PSOE de Ferraz en hilarante apoyo a Pedro Sánchez cuando competía con Susana Diaz- se puede descubrir (¡oh, sorpresa!) que Torra es un tipo ideológicamente liberal o cristiano-demócrata -es decir, de derechas- que, por ejemplo, cuando una movilización social se enfrenta y rodea a un Parlamento donde los suyos tienen mayoría, opta por el Parlamento. (No se conoce actitud antiparlamentaria practica de muchos de los sedicentemente “izquierdistas” españoles que lo critican por ello, dicho sea de paso. Y ciertamente, seria preferible que la izquierda independentista fuera más fuerte dentro del bloque catalán… pero para ello, entre otros muchos requisitos, habría que conseguir que los Domenech y Colau tuvieran menos catalanes y catalanas de izquierdas aún embromados en su redil).

También se descubre (otra sorpresa) que Torra es un catalán nacionalista, que lee su historia desde su identidad catalana y busca y por eso encuentra -y aún construye- episodios -incluso tan remotos como los del Medievo- donde hallar motivos de afirmación y orgullo, en contraste con el presente.

Torra se ha ido convirtiendo en independentista y por eso también ha tratado de buscar en el pasado catalán precedentes independentistas que estudiar y reclamar y se ha encontrado con el minoritario independentismo catalán de los años treinta y la complejísima situación política y social catalana de la época [algo así como cuando todos los vascos enarbolan aún hoy la bandera que diseñó Sabino Arana; los gallegos reivindican la figura y la obra de Castelao -y hay que leerse entera “Sempre en Galiza” para saber a lo que me estoy refiriendo- o nosotros andaluces, sabiendo que de la obra escrita de Blas Infante sólo nos queda una parte, mientras suspiramos por lo irremisiblemente perdido, cubrimos los huecos y explicamos y contextualizamos las aparentes incoherencias formales en los lemas, escritos y actos políticos del Padre de la Patria Andaluza].

Son todas estas actitudes propias de quienes luchan por recuperar un pasado minorizado y construir una identidad nacional colectiva que no se ha hecho desde el Estado -como ocurre con la ideología española- sino extramuros y frente al poder del Estado, con todo lo que eso implica, de desventajas y carencias. Más aún teniendo en cuenta que uno de los componentes básicos de la españolidad es la manipulación y ocultación de su propia historia… [porque para comparar y saber de lo que se habla ¿quien conoce realmente la historia de la Península cuando todavía se habla en las escuelas de Reconquista y el principio de la asignatura denominada “Historia de España” se sitúa en el Paleolitico; quien sabe realmente la intrahistoria de la Monarquía española; las miserias de su liberalismo, del colonialismo español… y de sus respectivos y sucesivos “próceres”, sean los doceañistas, Mendizabal, Prim, Cánovas, Azaña, Prieto, Negrín o Pasionaria; por no irnos directamente al lado más oscuro]

En este campo histórico, Torra no sólo habla de Estat Català o Nosaltres Sols (del que con toda desvergüenza le han transferido la autoría de textos, que medios españoles presentan deshonestamente como suyos) sino que también manifiesta respeto y admiración por los escarceos con la lucha armada del luego Presidente Macia (que en su tiempo, por cierto, despertaron la atención incluso de la Internacional Comunista); aunque sobre este peliagudo aspecto todavía no ha llegado, al parecer, el momento de hacer alusión (aunque puede que todo llegue). Su actitud en general hacia ese independentismo clásico está muy marcada por su origen catalanista y su evolución critica desde el cómodo autonomismo pujolista a su independentismo actual (que desde el lado español, se valora negativa, claro). Lo que Torra quiere y busca décadas atrás son avales del pasado para su definición política presente en cuanto a la ruptura con España. De ahí su enfoque y sus contradicciones y sus limites como producto de su ambiente y sus orígenes políticos y de ahí también su incoherente referencia a Cambó; que justamente mereció el agrio y atinado reproche del portavoz de la CUP en su replica durante la sesión parlamentaria de investidura.

Por otro lado, sus respetuosos tuits homenajeando a Blas Infante y solidarizándose específicamente con Andalucía -lo que no es muy habitual- no han merecido atención ni referencia alguna en los medios españoles y escaso en los catalanes, como era de suponer. Y Torra es tan prolijo que, por seguir con el ejemplo que nos afecta más de cerca, sus apreciables tuits sobre los andaluces en su serie del 11 de Agosto pueden ser contrabalanceados por otros pronunciamientos como aquellos en que estúpidamente parece lamentarse de que en una Cataluña plena aún se celebre la Feria de Abril; ¡como si una cosa fuera incompatible con la otra!.

Los cargos españolistas contra Torra se han basado, asimismo, en sus calificativos gruesos sobre aquellos que protestan airadamente porque se utilice el catalán en la megafonía de un avión; sus lamentos porque en la aglomeración metropolitana de Barcelona se oiga en la calle más castellano que catalán y sus lógicos miedos para la supervivencia del catalán dada la situación privilegiada por el Estado del castellano; sus preferencias por “mirar al Norte y no al Sur” a la hora de buscar referencias positivas (todos -incluidos los marroquíes- tenemos a Marruecos y a África como modelos de libertad política y bienestar social, como es sabido, cuando se usa el conocido y socorrido “países de nuestro entorno”] o sus tonteos analíticos utilizando la imagen del ADN para medir los componentes y la evolución del PSOE catalán [como cuando otros usan lo de las “almas” para hacerle la radiografía al PNV, según sus momentos]…

He ahí algunas de las bases usadas para calificarle como peligroso “racista y xenófobo”.

Pero lo que principalmente ha sido usado en su contra han sido sus referencias en las que puede entenderse una valoración negativa intrínseca hacia “los españoles”.

Y es verdad que de todo lo que escribe no se desprende si tiene siempre del todo claro -y debería tenerlo- que lo que critica y rechaza no es algo surgido de un origen territorial o una genealogía sino de una ideología, la española o españolista, que empíricamente se concreta en muchos de los hechos que describe y condena.

Ahora bien, los que lo critican por todo ello no dejan paradójicamente de reclamarse de los actos y prejuicios asociados históricamente a esa “identidad española” que no tiene nada reivindicable y que aún hoy se manifiesta con sus mismos elementos impositivos y excluyentes de siempre a través de los hechos que el Estado llamado “España” comete y ampara y de los apoyos que recibe de quienes participan -o están contaminados- de la ideología que lo legitima.

Tiene su miga que el supremacismo español -inherente a la españolidad- que sólo entiende la alienante “doble identidad” como un duo en el que la española define el orden político y social y en la que la otra queda supeditada a la primera y reducida a los “coros y danzas” de fin de semana, haga alardes calificando a quien la cuestiona -sea de la manera que sea y con mayor o menor fortuna- precisamente de “supremacismo”.

También tiene lo suyo que la izquierda catalana no haya aun reflexionado al parecer lo suficiente sobre lo que encierran los resultados electorales de Ciudadanos y donde se concentran en Cataluña y lo que eso debería de implicar y significar en cuanto a su valoración de las identidades principalmente implicadas (española de una parte; andaluza y catalana, de otra, en la forma que fuere) y en cómo intervenir ante el asunto.

El político Torra -ahora Presidente- ha pedido excusas por si sus anteriores palabras como activista habían molestado. El sabrá porque lo ha hecho y en la forma que lo ha hecho y porque no ha querido, una vez situado en el disparadero, entrar a responder a los que defienden a la españolidad realmente existente y constituida (aunque cabe suponerlo).

Quizá, una oportunidad perdida...

Todo lo cual, ni le quita ni le da a Torra y a los que representa, más de lo que ya eran y se describía al principio de este texto; ni resuelve las incógnitas planteadas. Sólo el futuro, el curso en que finalmente se sitúe ERC y en especial la acción y la habilidad de la izquierda independentista catalana -que hoy se articula en las CUP- podrán contribuir a resolverlas.

JAVIER PULIDO

NOTAS
(1) Interesantes al respecto los variados artículos que sobre este asunto se han publicado últimamente en El critic.cat 

(2) Ver mi articulo:'CATALANOFOBIA´ A PIE DE CALLE. Reflexiones a partir de una “historia verídica”, en Revista de Pensamiento Andaluz, pensamientoandaluz.org.

(3) Hay ya una dirección que se pretende exhaustiva recopilando la "Biblioteca Torra": https://drive.google.com/…/1wsBu32dkkimBvx8PK837SYZGU1KiJqGs 
Por mi parte me he limitado a revisar rápidamente lo que ha aparecido en los dossiers publicados por ElPeriodico.com, EconomíaDigital.es y Maldita.es