Lunes 10 Diciembre 2018

SOBRE LA PROSTITUCIÓN, ALGUNAS CONSIDERACIONES PERSONALES

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El proceso de legalización de la asociación OTRAS como "sindicato de trabajadoras sexuales", el reconocimiento por parte del Gobierno español del PSOE de que este era consecuencia de un error suyo y su anuncio de recurrirlo e 5728e1f6a1ff8intentar revertir el proceso, ha provocado el estallido de un debate público sobre la prostitución, la condición de las prostitutas y en general sobre el papel de la mujer y la visión sobre lo que es y lo que debe ser la sociedad en que vivimos.

De hecho, en lo inmediato, la cuestión ya estaba planteada con anterioridad, porque ya había sindicatos de ámbito general que bien tenían organizaciones de prostitutas o bien se pronunciaban a favor de constituirlas y la relación entre estos propósitos y la legalización y legitimación social de la prostitución es, en la practica, muy difícilmente disociable

Y que conste que el debate en si mismo es relativamente viejo: por no remontarse a otros ámbitos y espacios ya se discutía sobre esta misma cuestión al menos en y desde los años 80 del siglo XX dentro del movimiento feminista y de forma delegada en los partidos de la izquierda revolucionaria que tenían especial protagonismo e implicación en su actividad.

A este respecto, algunas consideraciones personales.

 

En mi opinión:

1ª. La prostitución, como la violencia machista, las violaciones y agresiones sexuales, la negación del derecho al aborto, la castración femenina, el alquiler de vientres para embarazos o el rechazo o relativización de la dimensión universal de los derechos de la mujer -entre otras- es una cuestión ligada indisolublemente a la situación de la mujer y a su condición social como genero dominado y oprimido. A este respecto, la mención o referencia a la existencia de prostitutos hombres es cuantitativa y sobre todo cualitativamente irrelevante y sobre todo distorsionadora de la naturaleza del problema.

Cuando debatimos de prostitución, estamos hablando de mujeres (de todas las mujeres; no sólo de las prostitutas) de la misma manera que cuando discutimos de los otros asuntos arriba enunciados no sólo nos referimos a las mujeres que los han sufrido en primera persona sino de manifestaciones de una situación social general y por tanto, estamos debatiendo también acerca de qué tipo de sociedad asumimos o pretendemos; que quede claro.

2º. La prostitución -para quien la ejerce y para quien la paga y para quien se beneficia de ella- no es un trabajo como otro cualquiera, más o menos alienante y sometido a la explotación.

En la prostitución la mercancía que se compra no es la fuerza de trabajo de la mujer sino su propio cuerpo como fuente de satisfacción sexual del hombre.

Es una relación que se basa en la cosificación absoluta de la mujer y que parte de la aceptación de una situación de desigualdad radical entre quien se vende (la "cosa", la mujer) y quien compra (la "persona", el hombre).

Por eso es adecuado asimilar la prostitución a la esclavitud (aunque sea temporal e incluso si quien se vende -como ocurría en algunos casos con la esclavitud- lo hace -aparentemente- por propia voluntad y sin necesidad de ser previamente secuestrado). Por eso la prostitución -como la esclavitud- no se puede transformar hasta cambiar su naturaleza, “humanizándola” por vía de pretendidas reformas. El objetivo ante la prostitución -como lo fue y lo es ante la esclavitud- es su abolición.

3º. La prostitución es consecuencia de la desigualdad social y nacional y de la opresión de genero, es decir, sin desigualdad y dominación de la mujer no habría una sociedad en donde tuviera ni cabida ni demanda la prostitución.

Aceptarla o legitimarla es pues, aceptar o legitimar la desigualdad y la opresión de las mujeres y la posesión de patrimonio como elemento básico para la jerarquización de los individuos.

Por eso, la prostitución trasciende a los directamente implicados en la trata y el trato (prostitutas, clientes y proxenetas) y su valoración y la actuación consecuente ante ella afecta a toda la sociedad y en primer lugar a todas las mujeres y son pues todas las mujeres (y no sólo las prostitutas) y la sociedad en su conjunto quienes han de pronunciarse y actuar ante ella.

4º. La prostitución es indigna e inhumana por quien compra (y por la sociedad que lo permite y lo provoca) no por quien se ve en la necesidad momentánea o estable de venderse.

Aquí la oferta en concreto es consecuencia de la demanda; hay pues que erradicar la demanda. Pero también la oferta es una derivación de la condición dominada y sobre explotada de las mujeres, lo que implica que hay que actuar sobre estas causas ultimas del fenómeno para poder aniquilarlo. Abolir la prostitución requiere la transformación social en forma de ruptura con el orden patriarcal y clasista que la genera y con el Estado que lo sostiene (estará lejos quizá, pero hay que decirlo y orientarse en lo concreto con este norte).

5º. El problema que encierra la consideración laboral de las prostitutas como “trabajadoras asalariadas” es que no sólo legaliza la prostitución como una actividad económica y mercantil más sino que la legitima y normaliza socialmente, con todo lo que ello implica teniendo en cuenta la ideología machista dominante.

Más aún cuando -por lo que se ha publicado- la casi totalidad de las demandas concretas que sostienen esta propuesta están orientadas hacia promover una regulación de la actividad en burdeles -habitualmente bajo control de mafias o empresas- o bajo patronazgo ajeno (esencialmente masculino).

No hay aquí que se vea vía alguna de “empoderamiento” femenino, sino más bien un lavado de cara del sometimiento por la senda de una “modernización” formal.

Además, es obvio que la legalización de la actividad y su normalización, facilitaría la “trata de blancas” (a partir de ese hipotético momento, “contratadas en origen”), empeorando -si cabe- el problema de la inmigración (ya hoy bastante afectado por esta cuestión, en especial en relación a las mujeres de determinados orígenes geográficos).

. Recurrir a recordar la conocida y constatada hipocresía del PSOE (en versión mixta o específicamente femenina) o a endilgar la repulsa ante la prostitución a la capitulación ante prejuicios de origen ideológico religioso (también, como históricamente sabemos, esencialmente hipócritas) o a recriminaciones ante la impotencia o ineficacia del movimiento popular en general y del feminista en particular para intervenir eficazmente ante el problema, son formas de eludir la cuestión esencial anteriormente expuesta: la actitud ante la prostitución como fenómeno indisolublemente ligado a la opresión patriarcal. 

Sí. El PSOE es hipócrita en esto como en el resto de cuestiones feministas, en lo social, en lo democrático, en lo nacional… Claro que sí. 

Sí. Hay quien se opone a la legalización porque quiere seguir -como siempre- estigmatizando a las victimas femeninas, mientras perdona los “pecados” de los culpables masculinos

Sí también. El movimiento popular es débil en ideas y en militantes para responder debidamente ante todos los desafíos y carencias a los que tendría que enfrentar o a los que se enfrenta de mala manera o eludiendo afrontar las cuestiones clave en multitud de asuntos de crucial importancia social (¿Hacemos la lista?: El Subsidio Agrario; la inmigración; la enseñanza; la delincuencia y el lumpen en los barrios; situar y defender a Andalucía como nación en el mundo del siglo XXI… etc etc). Es tan débil como para que -a estas alturas- sea necesario recordar la diferencia entre asociaciones corporativas -del tipo, profesión o actividad que sean- y sindicatos (en principio de clase o de fracciones de la clase)

Pero todo eso no justifica instalarse en la aceptación de lo existente y transmutarse en colaborador de su perpetuación.

Nada lleva a que oponerse al maltrato individual o institucional de las prostitutas sea incompatible o contradictorio con la promoción de la abolición de la prostitución.

Lo que sí resulta incoherente es defender por activa o por pasiva el mantenimiento de una actividad indisolublemente ligada a la opresión de la mujer y vestir -además- esta posición de “feminista”.

JAVIER PULIDO

Andalucía, 1 de Septiembre de 2018
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PD en Facebook
Dicen que hay muchas personas que sistemáticamente no leen las entradas que sólo tienen texto. También hay quien sólo lee las que no lo tienen.
Tras pensarlo detenidamente le he incluido una imagen al articulo que exprese gráficamente con nitidez lo que encierra y es la prostitución en cuanto a la consideración de la mujer (y que a la vez no sea un atentado a la dignidad de ninguna mujer concreta). Espero haberlo conseguido. 

 

PD 2ª.
Tras meditar más sobre el tema, retiro la imagen. 
Podría provocar valoraciones equivocas en las que el "me gusta" o el "me enfada" se dirigieran hacia la foto y no sobre el texto, que es lo importante aquí. 
Así pues, opto por posibles menos visionados y lecturas pero eso sí, con valoraciones claras. 

Mantengo las dos pd. por si alguien ha visto alguna edición de la entrada y al volverla a ver observa el cambio. 

Un saludo

 

PD 3ª en Revista de Pensamiento Andaluz

Aquí sí vuelvo a colocar la imagen. Creo que resume bien la esencia del tema: lo qué es la prostitución y cómo va indisolublemente unida a la situación y consideración general de la mujer.