Lunes 22 Octubre 2018

UNA REFLEXIÓN SOBRE ANDALUCIA Y CATALUÑA

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

EN VISPERAS DE LA DIADA

Andalucía y Cataluña son dos naciones íntimamente vinculadas.

Entre 1911 y 1990, Andalucía perdió 2.206.000 personas a cuenta de la emigración. El alcance dramático de la andalucia-libreemigración andaluza se puede visualizar si constatamos que implicó una perdida de población similar en sus consecuencias en términos absolutos a si se hubiera producido la deportación en masa de toda la población de las actuales "provincias" de Jaén, Granada y Córdoba, dejándolas completamente vacías. 

Su dimensión nacional se puede vislumbrar si tenemos en cuenta que todavía a principios del siglo XXI (en 2004) al menos uno de cada cinco andaluces nacidos en Andalucía (el 20,7%) vivían fuera de su Patria. 

Y de ellos, en Cataluña, unos 740.000 (lo que entonces suponía cerca del 11% de su población total). Hoy en torno a unos 600.000. A esto se llego en pocas décadas. En 1930, sólo unos 70.000 andaluces vivían en suelo catalán. Cuarenta años más tarde, en 1970, la cifra superaba los 840.000; más de un millón con los hijos ya nacidos allí. Es decir, casi la mitad del total de los andaluces que fueron obligados a abandonar Andalucía bajo el fascismo español en la segunda mitad del siglo XX -unos dos millones de personas- se instalaron en Cataluña. 

Todo este proceso migratorio se desarrollo históricamente a causa del desarrollo desigual y combinado del capitalismo español; construido a partir de la Conquista y subyugación de Andalucía y de la opresión secular que sufría y sufre. 

Sólo estos datos ya avalarían la afirmación de que para Andalucía -aún hoy- Cataluña y el debate catalán no es algo externo. No puede serlo. Cataluña -para los andaluces- forma aún parte de su memoria colectiva reciente y aún de su experiencia vital personal y familiar; por mucho que el natural discurrir del tiempo en los últimos años haya ido alterando en algo las cosas. Y por ende, tiene un lugar singular en la batalla por cómo explicar su situación como nación, distinguir y ubicar sus enemigos y consecuentemente perfilar sus caminos de liberación nacional y social.

Es evidente pues que Cataluña para Andalucía no es ni puede parecerse a Euskadi, Galicia o Canarias en nuestro imaginario colectivo y que dado el complejo e interconectado mapa de relaciones y conflictos mutuos entre españolismo y nacionalismos andaluz y catalán resulte tan clave saber orientarse al respecto.

Hacerlo implica jerarquizar y ordenar las múltiples cuestiones que se plantean y destacar las que en cada momento sean más relevantes (sin que ello implique no tener en cuenta las otras). Y hacerlo así en Andalucia, al margen de si en Cataluña se da o no una reciprocidad similar en la comprensión y asunción de los términos del problema y de la relación especifica existente entre las dos naciones. Nuestras tareas son las nuestras y sólo nuestra es la responsabilidad de verlas, afrontarlas y resolverlas.

Si se hace desde una perspectiva nacionalista andaluza (que lógicamente ha de colocar a Andalucía en el centro de su análisis y en el vértice de su proyecto y que por ello en coherencia ha de ser radicalmente adversaria de España y del españolismo) esto implica políticamente apoyar sin fisuras el derecho de la nación catalana a la normalización cultural y lingüística y a la soberanía nacional, es decir, a su autodeterminación e independencia nacional. Con la misma intensidad que combatiríamos cualquier situación -viniera de donde viniera- que amenazara directa o indirectamente con afectar o perjudicar en lo más mínimo a nuestros derechos e intereses nacionales en todos los aspectos de la vida social.

Esta posición estratégica se asienta esencialmente en la defensa de los intereses nacionales andaluces, pues es sabido que la “catalanofobia” es una de las expresiones ideológicas estructurales del españolismo y es obvio que el españolismo es nuestro enemigo.

Ante esa evidencia, los errores políticos o torpezas -o aún en algún caso, incluso barbaridades- en relación a Andalucía o los andaluces que hayan cometido, cometan o puedan cometer algunas organizaciones políticas y sociales catalanas han de criticarse o combatirse en lo concreto y sin perder nunca de vista el contexto y el consecuente orden de prioridades. Más aún porque habitualmente son precisamente los catalanes los más perjudicados en ultima instancia por esas torpezas… (no hay más que recordar la emersión en Cataluña de un importante electorado de Ciudadanos).

El movimiento nacionalista andaluz -como demostró últimamente en Granada el 1º de Octubre de 2017 y a continuación- tiene siempre que jerarquizar y priorizar lo importante sobre lo accesorio. Y sería pueril por nuestra parte -y sobre todo, negativo para Andalucía- que cuestiones, por citar alguna, como el apoyo de una parte del nacionalismo catalán al colonialismo británico en Gibraltar o el notorio “amateurismo” de algunas fuerzas catalanas -por ejemplo, ERC- a la hora de buscarse referentes en Andalucía dando reiterado amparo y sostén a proyectos frívolos, marginales y como mínimo “confusos”, afectará en lo más mínimo a la solidaridad andaluza con la demanda catalana; objetivamente un elemento insoslayable en la lucha por la afirmación nacional andaluza y su pelea por obtener la Soberanía y la Liberación Nacional.

Así pues, hoy en vísperas de la Diada Nacional de Cataluña, reiterar desde Andalucía:

¡Visca Catalunya Lliure!
Libertad a los Presos políticos catalanes.
Independencia.
Andalucía con Cataluña

-------------

Ver otros articulos mios sobre Cataluña en REVISTA DE PENSAMIENTO ANDALUZ