Viernes 20 Septiembre 2019

COMENTANDO LAS ELECCIONES DE LOS "TIEMPOS DEL MAL MENOR"

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Elecciones mal menorHace tres años, en 2016, Podemos se planteaba disputarle su lugar al PSOE y sustituirlo y se quedó -a nivel estatal- a 375.000 votos de sobrepasarlo. Hoy, gracias a Podemos, sus políticas y sus apoyos, el PSOE ha accedido a la Moncloa y se ha recuperado políticamente, hasta el punto de que nadie –ni siquiera los implicados- discuten quien en este dúo -PSOE-Podemos+IU- ejerce y ejercerá de escudero. Y la mayor aspiración de Podemos es que se le reconozca ese estatuto dejándoles entrar en un Gobierno PSOE. Al final, Pablo Iglesias ha devenido en una resurrección mix de Gaspar Llamazares, Paco Frutos o Felipe Alcaraz.

 

Hace tres años, la pose de Podemos iba de ser "el portador" de un cuestionamiento del Régimen que tenía que asumirlo como centro y que por tanto primaba y lo apostaba todo en lo estatal. Hoy y precisamente después de las jornadas de Octubre de 2017 en Cataluña –y de todo lo que vino después- el discurso de Podemos es una reedición de la cansina letanía que entonaba en sus tiempos Julio Anguita, refugiándose incoherente y cobardemente tras la Constitución española para intentar proteger sus declaraciones de intenciones sobre “política social”. Ahora se hace la misma faena alienante, pero con coleta añadida.

Y en medio ha quedado claro que la llamada “izquierda” española no es ni siquiera un aliado pasivo de la autodeterminación sino un obstáculo activo para su consecución (aunque module su papel reaccionario según actué en Cataluña o fuera de ella, por obvias razones de conveniencia).

Hace tres años se podían tener dudas… pero ahora –tras lo de Grecia- y tras la aceptación de hecho por Podemos de todo lo que significa la UE y la zona Euro y de la subordinación española a EEUU (ni se le ocurrió a Podemos cuestionar su sostén a Sánchez por su adhesión a la operación Guaidó en Venezuela) o de su defensa de aquel pacto presupuestario que ignoraba a Andalucía, está claro que la sintonía entre PSOE y Podemos sobre los limites de actuación económica y los corsés a los que someterse es extrema y las diferencias, a la hora de la verdad y de la práctica, cuestión de retórica y de preservación de espacios electorales.

Podemos no ha combatido al españolismo. Al contrario, lo ha legitimado en lo que ha estado en su mano, con ese discurso pacato y huidizo que intenta eludir todo lo que cuestione al Estado y desnude y confronte a la identidad social reaccionaria que lo sustenta. Es el problema de pretender ir de “español” y de “izquierdas”, que –como sabemos bien en Andalucía- conduce inexorablemente a que lo español se coma y anule lo de “izquierdas”. Porque siendo en sí -y desde su mismo origen- una construcción reaccionaria, España sólo se puede defender y proteger coherentemente desde la derecha.

Ciudadanos (y antes UPyD) abrieron el camino, al que ya se ha sumado el PP, de una utilización preferente del españolismo como justificación y resguardo de una regresión democrática y de una vuelta de tuerca en la regresión social. Y han legitimado y facilitado la emersión de un Vox tan ultraneoliberal como ultraespañolista que al tiempo que los complementa, los espolea. Si el PSOE generó el trasfondo social e ideológico que permitió la incubación de Vox bajo el paraguas del PP, ahora la UltraEspaña se ha reconstituido como hidra de tres cabezas, reproduciendo el modelo tripartito de los años treinta. Han sido el PSOE y todos los que configuraron Podemos -por sus acciones y omisiones- los que le han dado lugar y tiempo para dar con esta reformulación, que les vale, tanto si optan por la táctica del “Bloque Nacional” (los tres juntitos) como si –una vez hecha la faena- pueden colocar un caballo de Troya en el Gobierno, haciendo Cs el papel de la CEDA y Pedro Sánchez y los suyos el de Lerroux y sus “radicales” de los tiempos de la II República.

Lo que le ocurre a la UltraEspaña es que –como le ha pasado siempre- sólo admite una situación: estar en el poder y en el gobierno. España es su obra y por tanto es suya y cuando se le toca y antes aún de que se le toque, muerde. Puede tolerar que –como en los tiempos de Felipe González o de Zapatero- le hagan el trabajo, pero siempre y cuando no este cuestionada en absoluto su hegemonía política y social (que es lo que ha alterado Cataluña).

Y todo esto ocurre mientras se atisba en lontananza una nueva recesión económica de alcance y dimensión aún inconcretos que golpeará –no se sabe hoy en qué medida- cuando aún están vivos los efectos sociales, laborales y presupuestarios de la precedente y con un movimiento obrero fragmentado y a la defensiva; sin capacidad de respuesta global por carencia de programa y de realidad militante.

Este es –resumido- el escenario de fondo de estas elecciones, donde el discurso de muchos y el que más pita es el del “mal menor”.

El PSOE reclama un voto conservador para evitar los peligros de una UltraEspaña en el gobierno. Poca gente se creerá que ofrece “mejoras” porque su mejor y más usada baza es precisamente presentarse como resguardo frente a mayores retrocesos. Ya tiene de antemano hecho su discurso justificador de todo lo que pueda hacer: “aguantaros, porque los otros lo harían peor”. El PSOE, como “mal menor”, frente a la UltraEspaña.

Similares planteamientos tienen los de Podemos –en la mejor tradición del PCE- adaptados a sus circunstancias, claro. La “correlación de fuerzas” es la que es y solo cabe mamar con lo que hay -vienen y vendrán a decir-. Y su presencia en el Gobierno español será presentada como atenuante o freno de lo que el PSOE pueda hacer o dejar de hacer “porque sin nosotros, sería aún peor”. Y lo dicen viniendo de un casi empate parlamentario -que no por ello les evito la condición de satélites políticos del Gobierno Sanchez- cuando hasta ellos mismos hoy suspiran por que no les supere Vox y sabiendo que su previsible retroceso incrementara en cascada su debilidad (y a la vez las presiones que ya hay en su seno por acelerar su derechización y plena españolización). Podemos+IU, como “mal menor” –en su versión- para no dejar solo al PSOE.

Y hay otros que también están viviendo o apuestan por el “mal menor” como justificación de su estrategia y que, aunque nos pillen relativamente lejos, también nos afectan. Es el caso de ERC y de JxCat, cuya concreción del “mal menor” –el apoyo al PSOE para evitar la UltraEspaña- se mueve entre las aspiraciones a pactar el cambio de la Autodeterminación por los Presos (vía indulto), acompañada quizá de un paralelo proceso de pretendida discusión sobre la inclusión privilegiada en España (con el “modelo navarro” como eje y horizonte político) y como acompañante estético una cronificación del otro “Proces”, mientras se mantiene la ocupación de las instituciones autonómicas de la Generalitat; todo ello convenientemente justificado con la necesidad de “ampliar la base social de la independencia” para que esta sea planteable dentro de dos o tres generaciones. Esto como planteamiento máximo revisable… O dicho resumidamente, un rodeo para hacer lo que hace y defiende la línea Urkullu del PNV.

Ciertamente. No es lo mismo un Gobierno español que otro.

Pero eso no significa que, tanto con uno como con otro, la clase obrera y el pueblo andaluz no deban prepararse igualmente para resistir gravísimas agresiones venideras en lo político, económico, social o laboral. Porque vendrán. Con PSOE o con UltraEspaña (y da no sé qué, que tras 40 años de soportar al PSOE en la Junta de Andalucía haya que recordar lo evidente sobre lo que es el PSOE y lo que significa).

Así pues, cara a las elecciones del 28 de abril, aquí de lo que se trata es de afirmar lo esencial: que la emancipación nacional de Andalucía (que es la del pueblo andaluz) y la defensa de los derechos y aspiraciones de la clase obrera, de las mujeres y del pueblo andaluz sólo serán posible desde su autoorganización nacional y con su propio modelo de Nación como proyecto político y social enfrentado frontalmente a España; a incardinar y desarrollar en las luchas que se planteen.

Y eso exige no confiar ni en organizaciones españolas ni en qué, mágicamente –ausentándose de los escenarios de conflicto- se salden estas carencias.

Por eso, dado que esta vez no tenemos otra forma de contarnos, quienes participemos de estas constataciones y estos deseos -ya que, desgraciadamente, no hay en estos comicios lista alguna a votar que los defienda- y que creemos que la Soberanía Nacional de Andalucía y la República Andaluza han de estar presentes como alternativa tenemos el recuso para ello de usar una papeleta (1) que los afirmen (aunque electoralmente cuente como nula). Es –creo- la forma más productiva de actuar en esta coyuntura. Así lo es, sean cuales sean los andaluces y andaluzas que la usen (y no digamos si fueran muchos…)

Javier Pulido
Andalucía, 23 de Abril de 2019.

PD. 1ª. Y desde Andalucía, desearles suerte a los catalanes del Front Republicà y a los canarios de Ahora Canarias, en sus respectivas peleas por defender a sus pueblos.

PD. 2ª. Y un aviso altruista –ya que estamos- sin entrar ni por asomo ahora en el análisis de lo que es el animalismo –que no comparto- para quienes -en plena confusión, en mi opinión- se han planteado el voto al PACMA. Harían bien en informarse de lo que hay detrás de esta sigla para luego evitarse disgustos…

(1) AQUI SE PUEDE DESCARGAR LA PAPELETA DE VOTO SOBERANISTA POR LA REPUBLICA ANDALUZA.

---------------------------

constitucion española