Miércoles 29 Enero 2020

ANDALUCIA: AUSENCIA POR ENCHARCAMIENTO NACIONALISTA

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

71310076 552146125522678 4440788342006611968 n

No hay razones andaluzas para el optimismo. Si el próximo 10 de noviembre –como hoy parece más probable que ayer y menos que mañana- hay nueva convocatoria electoral, Andalucía y su proyecto nacional -salvo novedad sobrevenida- no sólo seguirán ausentes; persistirán además mudos y sin referente.

 

Y con ese escenario previsible tan vivo y reciente, hablar antes, entonces y después, de “mareas verdiblancas” para el 4D –apostándolo todo a una convocatoria anual, que el resto del año deja en mero gesto aislado- sonará inevitablemente aún más insuficiente y aún hasta más ritual y esotérico, si cabe, que en años precedentes (por mucho que sea positivo que unos cuantos miles de andaluces desfilen tras la verdiblanca).

 

Y confundirá... porque apuntarse a una manifestación anual y aún rubricar un papel que hable deSoberanía” o de “sujeto político andaluzes perfectamente factible para algunos –como la experiencia acredita- sin por ello dejar de seguir actuando como factores políticos de generación de dependencia.

 

Conformarse con esto sonará argumentalmente tan frágil –más allá de “hacer de la necesidad, virtud”- como hacer días antes nuevamente propaganda de una “abstención activa” andaluza que se asienta no en la conciencia sino en la debilidad política y organizativa propias y en la alienación social nacional.

 

O tan inconsistente como hacer que se cree que incrustarse como “quinta ruedaen proyectos españoles sirve para algo más que para buscarse un –pequeñito- “lugar al sol”, sin que ello haga más que ahondar en esa específica y crónica forma de alienación andaluza que es entregar su destino a “sud-españoles” varios, para que estos mágicamente resuelvan las carencias andaluzas. (Una alienación andaluza que también se fomenta cuando “el lugar al sol” se busca bajo un discurso-paraguas regionalista que para España sólo es, en la práctica, complementario y finalmente tan funcional a sus intereses de dominar Andalucía como el de la UltraEspaña y aún el de Vox).

 

Y lo peor es que esa situación provendrá de un estancamiento (y encharcamiento) del movimiento nacionalista andaluz, al que parece que algunos ya se han adaptado, considerándolo intangible y permanente.

 

Y con ello tras el 10 N, el 5D nos dejará tal cual estamos hoy a 9 de Septiembre.

 

El debate –para quien lo vea- no está sólo en el diagnóstico de la situación sino fundamentalmente en su tratamiento y en la proposición de vías de cura, mejora y restablecimiento.

 

Que al movimiento nacionalista andaluz le hace falta muchísima más implantación y mayor capacidad de impregnación social y mayor desarrollo político es obvio e indiscutible.

 

La cuestión es si resolver esas carencias es posible renunciando a la tarea de darle una referencia política que comparezca ante los andaluces como portadora de un proyecto nacional distinto y opuesto al que defienden la totalidad de las fuerzas españolas actuantes en Andalucía (o dilatando el aún iniciarla hasta el infinito, lo que viene a ser lo mismo); atándose a una secuenciación etapista (“primero consigamos la implantación social que luego ya vendrá la representación política”) que ya se ha demostrado que no sólo nos deja al albur de cualquier operación política oportunista de matriz española –que perfectamente puede reproducirse por enésima vez- sino que, además, nos mantiene atomizados e impotentes y por ende nos debilita y aún consume.

 

Nadie sensato –creo- espera milagros… ni condiciona la senda a transitar a la obtención de hoy imposibles “éxitos” electorales…

 

Incluso cabría admitir -haciendo un ejercicio de franqueza- un aplazamiento puntual por reconocidas insuficiencias para afrontar un enfrentamiento tan próximo (y que requiere además de una previa movilización para conseguir el derecho al registro electoral) si esta retirada del escenario se inscribiera en un proceso de afirmación y confluencia política que la hiciera aparecer como la última ocasión en que los andaluces conscientes de la necesidad de una Nación Soberana no tendrían lista propia a la que votar ni proyecto político que defender y sostener.

 

Lo que ocurre ahora, por el contrario, es que la parálisis en forma de ausencia; la incomparecencia convertida en rutina -y más aún envuelta en autojustificaciones surtidas- resulta mucho más desmoralizante y deseducativa –para el movimiento y para la Nación- que el más escandaloso de los malos resultados electorales (por ejemplo, que el PACMA, cualquier montaje parapolítico o incluso algún grupo zombiestalinista español nos pasará electoralmente por encima al movimiento nacionalista andaluz; lo que hoy es perfectamente posible).

 

No se puede decir que lo político-electoral es irrelevante o secundario y a la vez presentarse a las elecciones autonómicas o a las municipales como medio de acumulación de fuerza política y social.

 

No se puede, primero decir algo parecido o refugiarse ante el soniquete de “no es el momento” por temor a aparecer tan minoritarios como realmente somos –o aún peor, por ignotas y a lo peor, inasequibles cuestiones doctrinales- y no apoyar públicamente a los soberanistas y nacionalistas andaluces que dan en ese momento el paso (obteniendo poco más de 5.000 votos en siete de las ocho circunscripciones) y luego –pocos meses después y aparte de otra multitud de consideraciones- recomendar públicamente el voto para una fuerza no andaluza como ERC, que obtiene en toda Andalucía 2.827 votos… O poco antes y tras el consabido “discurso soberanista” genérico al uso –convenientemente actualizado y con la habitual carga de desmemoria- terminar pidiendo nuevamente el voto para Podemos (“porque el candidato es “amigo””).

 

Mejor dicho: “se puede” (porque, de hecho, se ha hecho) pero no “se debe”. O creo que no se debe.

 

El “realismo mágico” puede ser algo maravilloso en literatura. Pero en política, no sirve.

 

Ya llevamos siete meses de Gobierno de la UltraEspaña en la Junta de Andalucía (y aunque aún estemos al principio de su andadura y aún se haya reservado la puesta en práctica de buena parte de las agresiones que lleva en la agenda) si podemos constatar ya que el golpe sufrido por el PSOE el 2D al perder la Junta no le ha noqueado ni desmenuzado y que nada indica que no sea hoy el PSOE precisamente el mejor situado de los candidatos para sustituir en el futuro a la UltraEspaña.

 

También parece ya constatable que en ausencia de fuerza política alternativa andaluza que por su acción genere y promueva conciencia nacional, la alternancia de la UltraEspaña y el PSOE ni aumenta esa conciencia ni debilita por si mismas las claves de bóveda y la solidez de la dominación española sobre Andalucía.

 

Más aún. Esa inexistencia operativa del movimiento nacionalista andaluz –por falta de presencia y acción y por tanto por omisión y ausencia de presión- puede facilitar incluso el desarrollo de un nuevo ejercicio de maquillaje político por el que se venda como “andaluza” una repintada forma de dependencia andaluza hacia España, por enésima vez (tal y como parece que propugnan Anticapitalistas; que -de entrada- nada indica a día de hoy que hayan decidido romper antes con su propia dependencia; con todo lo que ello implica para valorar el alcance real de a lo que dicen aspirar)

 

Salir de este encharcamiento es necesario. Propuestas de cómo hacerlo sobre bases políticas suficientes están escritas para ser debatidas hace tiempo. Falta voluntad política -y quizá valor- para desarrollarlas o para plantear otras nuevas, si fuera necesario y convertirlas en iniciativas y actos prácticos.

 

Si no se aborda la cuestión y persisten las actuales realidades y actitudes, el presente haz de líneas paralelas de la constelación nacionalista andaluza que soportamos (que nunca se encuentran) no solamente no se acercarán, sino que inevitablemente tenderán a divergir más y más, decantándose en una orientación de autoconstrucción separada y en competencia que excluirá de hecho y en la practica la convergencia (al menos con los elementos hoy presentes) por mucho tiempo.

 

Sinceramente, no sé si aún estamos en disposición y con capacidad de revertir dinámicas que nos congelan en el presente y de generar un nuevo periodo a partir de un nuevo instrumento político común.

 

Pero lo deseo.

 

Javier Pulido,

Andalucía, 9 de Septiembre de 2019