Sábado 27 Noviembre 2021

Apuntes para una lectura crítica Nacionalista de Blas Infante y del Andalucismo histórico

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APUNTES PARA UNA LECTURA CRITICA DE BLAS INFANTE

 

Primero

 

Comencemos analizando y reseñando “Andalucismo Histórico. Cien años de la Asamblea de Ronda”, Fundación Blas Infante-Editorial Almuzara, Córdoba, Mayo 2021, 245 págs., 18€.

 

El libro recoge textos de Isidoro Moreno, Manuel Ruiz Romero, Manuel Delgado Cabeza, Pura Sánchez, Olivia Carballar, Antonio Manuel Rodríguez, Manuel Hijano del Rio y José María García. Están basados en las ponencias presentadas en el XVI Congreso sobre el Andalucismo Histórico, organizado en 2018 por la Fundación Blas Infante.

 

Obra recopilatoria, como es habitual en estos casos, recoge trabajos de diversa temática y muy variado nivel de elaboración.

 

Eso sí, dentro de su diversidad, sorprende constatar como elemento común que –a estas alturas- no se encuentre entre sus páginas ocasión, fundamento (o valor) para formular críticas o desacuerdos expresos con las opciones, conceptos, estrategias y tácticas de Blas Infante y el movimiento andalucista histórico (dicho sea esto desde el más sincero respeto y consideración históricamente contextualizadas hacia la labor y el compromiso del Padre de la Patria Andaluza y sus compañeros de fatigas).

 

Las diferencias –cuando se recogen- se remiten no a las acciones infantianas o andalucistas sino a su interpretación, lo que aun estando obligados a asumirlas como base de reflexión no deja de ser objetivamente bastante menos estimulante y productivo.

 

ANDALUCISMO HISTORICO LIBRO

Así, por ejemplo, Isidoro Moreno afirma que Blas Infante ya era “soberanista” en 1915 y que el movimiento andalucista histórico liderado por Infante siempre lo fue; desde su nacimiento hasta su desaparición por exterminio en 1936. 

 

La tesis se levanta frente a la periodización en tres etapas políticas –“regionalista”, “nacionalista” y “liberalista”- que viene al menos desde Acosta Sánchez y ahora es personificada en Cruz Artacho. El debate para afrontarse con rigor remite a la relectura obligada de las fuentes originales para aquilatar cuando hay de permanencia y de evolución y cuanto de discontinuidad. Aunque teniendo en cuenta la variedad en términos, conceptos y reivindicaciones usados y esgrimidos y su convivencia en el tiempo, la confusión –y la discusión consiguiente- es difícilmente soslayable. 

 

Otra cuestión planteable a su raíz y quizá más productiva es si esa “confusión” fue premeditada y querida, a modo de cobertura protectora o si fue, por el contrario, la simple consecuencia mecánica de un pensamiento y estrategias en sí mismo confusas por nutrirse simultáneamente de variados soportes, aspirar a objetivos heterogéneos y estar tan condicionada por el discurrir objetivo de las cosas. El tema parece esencialmente polémico, requerir paciencia y requerir erudición, como mínimo.

 

De mayor interés por sus inmediatas y evidentes consecuencias políticas es quizá la reiteración de la descripción e interpretación positiva de la posición de Infante hacia la política y los partidos que Isidoro Moreno hace suya con tal identificación y entusiasmo que parece no sólo reconocerle actualidad inspiradora en 2021 –lo que ya es mucho- sino elevarla a la categoría de principio permanente: la “renuncia a crear un instrumento político electoral propio, un partido” (Nacionalista, añado yo) para afrontar “tareas tan gigantescas” [“que ningún partido político ni antes ni hoy  –remacha Moreno- se plantearía”]

 

COMPLOT TABLADAPor mi parte, y al respecto, no sólo recuerdo las incoherencias históricas del propio Infante que no crea un partido nacionalista andaluz políticamente delimitado, pero sí se afilia a partidos de ámbito español –con lo que parece no compartir la incompatibilidad entre las causas andaluza y española y se desautoriza a sí mismo- o concurre a varias convocatorias electorales en candidaturas, como mínimo, heterogéneas.

 

En su contexto histórico –además- esta estrategia de Infante mantenida en el tiempo entre 1918 y 1936 ya se mostró ineficaz para enraizar socialmente y hacer visible al andalucismo como opción política y darle continuidad y permanencia orgánicas; también después de julio de 1936 y tras el asesinato de Infante. De hecho, en su momento, no hizo a Infante más políticamente autónomo y desencadenante sino, al contrario, más dependiente de otros. A modo de ejemplo, parece difícilmente discutible que sin la actuación y el protagonismo prácticos del presidente de la Diputación Provincial de Sevilla Hermenegildo Casas –entonces, paradójicamente, en el ultraespañolista PSOE- es difícil pensar que se hubiera podido avanzar hasta la convocatoria de la Asamblea de Córdoba de 1933, donde se aprobaron -al menos- las menguadas Bases para el Estatuto de Autonomía, que tanto nos servirían luego a modo de aval histórico.

 

Otro elemento sorprendente –y aún lamentable-  a destacar es la defensa global– y por tanto acrítica- de la aceptación por los andalucistas de los textos aprobados por la asamblea del partido republicano federal en Antequera en 1883.

 

Por resumir y al margen de sus innegables aportaciones en diversos asuntos, al soporte del “Proyecto de Constitución Federal Regional para los Cantones Andaluces” de 1883 -en términos nacionales ycuatro textos politicos andaluces nacionalistas- hay que reseñar y reconocer con nitidez que le sobran sus acompañantes anexos: la “Constitución” del Municipio y la del Cantón andaluz, que políticamente la empequeñecen y limitan históricamente en sus alcances y consecuencias. Reconocerle “soberanía” al Municipio o al Cantón sólo resta entidad a la atribuida a Andalucía. Más si cabe si expresamente el entramado de proyectos se prevé culminar en su cúspide con una reconstrucción de la entidad española (en la forma eufemística de “Confederación Ibérica”]. Esta carencia –obligado es reconocerlo- es lamentablemente compartida en ámbitos políticos y militantes que van más allá de los intervinientes en este volumen.

 

En coherencia a lo anterior, es reseñable que, en su aportación sobre los símbolos de AndalucíaManuel Ruiz Romero tampoco haga la menor referencia critica a la pertinaz referencia de Infante y el andalucismo histórico a España como objetivo y encuadre para Andalucía[1]

 

Que en 1918 se aprobará un lema limitativo como “Andalucía por Sí, para España y la Humanidad”, ya es políticamente significativo y simbólicamente grave. No puede ser minusvalorado su alcance político.

 

Que, además, a la altura de 1933-1936, cuando se fija la letra del Himno Nacional de Andalucía, aun se FUNDAMENTOS DE ANDALUCIAincluya una vergonzante y vergonzosa referencia expresa a España, no sólo es dato ineludible de importancia crucial, sino que habla objetivamente mucho sobre los limites políticos no superados en la evolución política de Infante y los andalucistas históricos. Y de la necesidad, por tanto, de verlos críticamente y de reclamarse de esos antecedentes desde una prudente distancia; más aún si se opta –como pienso que se debe- por el nacionalismo independentista. Lógico resulta tomar en consecuencia las medidas obvias (por ejemplo, a la hora de modificar la letra del Himno en términos coherentemente nacionalistas, sustituyendo a “España” por “su pueblo” en referencia a Andalucía; tal y como llevo practicando y defendiendo hace décadas) [2].

 

En el volumen, como elementos reseñables en esta no exhaustiva selección, encontramos también una interesante aportación de Manuel Delgado Cabeza sobre las posiciones socioeconómicas del Andalucismo histórico. Muy equilibrada e instructiva en sus dos primeros epígrafes dedicados al análisis y resumen históricos, su tercer y último capítulo orientado hacia las propuestas y vigencias en la Andalucía del siglo XXI resulta significativamente más débil en fundamentación, concreción y desarrollo.

 

Manuel Híjano del Rio aporta una descripción del estado actual y el progreso de las investigaciones sobre la historia del movimiento andalucista. Especialmente llamativas y sugerentes resultan sus referencias a la revista “Alhambra” y al papel del andalucismo granadino en el contexto nacional.

 

Finalmente, Antonio Manuel Rodríguez incluye sorpresivamente en un libro de estas características un trabajo dedicado a reclamar que España le conceda la ciudadanía española a los moriscos-andalusíes(lo que aún resulta más llamativo si cabe si este asunto hubiera sido previamente tema de una ponencia en un Congreso sobre el Andalucismo Histórico). [3]

 

En su relativamente extenso texto, Antonio Manuel Rodríguez no responde a preguntas esenciales que resultan obvias (aparte de resultar apreciable que la vieja distinción entre ciudadanía y nacionalidad el autor parece no tenerla del todo clara):

 

saber

 

1º.¿Porque es una tarea políticamente planteable a los andaluces de hoy pelear por que se extienda la ciudadanía española de España a cualesquiera colectivos y además presentarlo como acto presuntamente reivindicativo? ¿No sería mejor hablar en su caso de “ciudadanía andaluza” (que, obviamente, exige previamente de la existencia de un Estado nacional andaluz)?

 

2º.¿Porqué y con qué fundamento debería Andalucía reclamar la concesión de cualesquiera ciudadanías -y no digamos de la andaluza- a personas morisco-andalusíes procedentes u familiarmente originarias, por ejemplo, de la ToledoZaragoza Valencia andalusíes? 

 

3º.¿Por qué se da por sentado que una Andalucía nacionalmente soberana aceptaría la situación que defiende personalmente el autor de posesión simultanea de doble ciudadanía? Como posición general no da fundamentos y como posible postura excepcional ante casos concretos es dependiente de una hipotética y futura justificación política muy concreta que tampoco explicita ni aun avanza.

 

En resumen, una aportación un tanto peregrina.

Javier Pulido,

Andalucía, 19 de Agosto de 2021.

 

Segundo

 Sobre Blas Infante

Valoramos ahora dos libros: VV.AA., “Blas Infante: Revolucionario Andaluz”, Editorial Hojas Monfíes, Granada, 2019 y Enrique Iniesta, “España o las Españas. Debate con Blas Infante”, Editorial Comares, Granada, 1998 (2013).

 

Es caso común que una tarea lleve a otra o bien a recuperar faenas aplazadas o incumplidas. Esta reseña surge de un proceso de este fundamento y de considerarla políticamente fundada y necesaria. Intentaremos limitarla en extensión a lo razonable…

 

En “Blas Infante: Revolucionario andaluz”, encontramos primero el estudio de Antonio Godoy Romero, “Esbozos del Ideal Andaluz: Los retos del andalucismo político en el nuevo siglo” (pág. 17-45); un trabajo introductorio, sosegado, equilibrado y riguroso, que resume la trayectoria de Infante y su evolución política.

 

Aún así, lo que marca el volumen colectivo y lo que puede entenderse que es su objetivo político, se encuentra más bien en los dos artículos de Francisco Campos, “Reivindicando el Blas Infante soberanista y revolucionario”, (págs. 55-67) y “El Testamento político de Blas Infante”, (pág. 161-177) y en tres de los cuatro que publica Carlos Ríos, a saber: “10 de agosto: lo que no quieren que sepamos sobre Blas Infante”, (págs. 45-55), “Vigencia del programa revolucionario de Blas Infante”, (págs. 71-77) y “La ética revolucionaria en Blas Infante”, (137-151). Con sus evidentes singularidades, los acompañan y flanquean en clave política andalusí otros dos de Ali Manzano: “Fundamentos de Andalucía en la obra de Blas Infante” (págs. 87-131) y –paradójicamente, como veremos- “Lectura crítica del Manifiesto de los Liberalistas de Andalucía”. [4]

 

and El RegionalistaJunto a estos trabajos que, aunque comparten el bienintencionado, justificado y coherente propósito de rescatar a Blas Infante de su manipulación y secuestro españolista, lo hacen esforzándose en adherirle o suponerle definiciones y -sobre todo- coherencias independentistas -asimilables a las de nuestros tiempos- que Blas Infante no compartió ni tuvo, viene bien releer con tranquilidad la obra de Enrique Iniesta que repasa con honestidad intelectual la relación política e intelectual de Infante con España (o lo que Infante pensaba simultánea y muy contradictoriamente que fue, era, o debería, o podría ser “España”, tanto hablando en términos de Estado como de “Nación”).

 

Iniesta no era independentista –como es notorio- pero también criticaba –de forma contenida y dentro de un orden; a la manera de un escolapio, eso sí- la usurpación y manipulación por ocultación de la figura y trayectoria de Infante a manos del españolismo político e institucional. Es interesante e instructivo comparar el seguimiento de Infante tanto en uno como en los otros y sus puntos de coincidencia -y de divergencia- cuando se producen

 

Con todo y pese a las diferentes adscripciones políticas de Iniesta y de los tres colaboradores citados del “Blas Infante: revolucionario” y a sus muy alternativos talantes, conviene reseñar que comparten –por razones diferentes, obviamente- una común actitud escasamente crítica hacia las limitaciones políticas e ideológicas de Blas Infante (siempre necesariamente situadas en su contexto histórico, como es justo y lógico) y una predisposición constante –por acción u omisión- a justificar sus errores o sus desbarres.

Es verdad que Infante era nacionalista andaluz (a su manera, con enfoques esencialistas propios de su tiempo y con una tan desnortada como históricamente explicable desproporcionada fijación andalusí) y que era ideológicamente soberanista (aunque esto lo pudiera conllevar con aceptaciones y proclamaciones políticas prácticas simple y meramente autonomistas).

 

No era “separatista” (es decir, entendido como independentista) porque su “separatismo” –incluso en sus momentos de mayor radicalismo o exaltación, en 1919 y 1931- lo fue siempre expresamente en relación al candidatura-andalucista-1931Estado español monárquico y oligárquico que conoció, sufrió y combatió y no en relación a cualquier Estado español –como correspondería a un nacionalista e independentista consecuente- y mucho menos por parte de Infante a un hipotético –e inviable- Estado español republicano federal –que defendía- y a la vez respetuoso de sus premisas y aspiraciones –por las que suspiraba-. Un “separatista” no se apunta públicamente al Partido Republicano Federal en 1931 ni luego recae afiliándose el año después, 1932, a la fantasmal y fantasmagórica Izquierda Radical-Socialista… Incluso Iniesta –que es lo más opuesto posible a un “separatista” y está en las antípodas de la predisposición revolucionaria- parece atribularse y confundirse al respecto sin percibir el importante matiz cuando en su libro, en torno a la pág. 27, hace inventario (incompleto) y balance de las frases más radicales de Infante a lo largo de toda su trayectoria política y no acaba de asumir –como tampoco los otros articulistas- que –desgraciadamente, en mi opinión- Infante nunca se quitó de encima del todo la esterilizadora y arbitrista influencia de Pi i Margall.

 

menos aún fue nunca nacionalmente “separatista” –es decir negador- de una hipotética reformada o reconstruida “super-nación española’ bajo amparo andalusí” en la que hacer descansar y florecer una “nación andaluza”, entendida y construida como su núcleo reconstituyente y esencial.

 

Más bien lo contrario. La fecha y forma de redacción y difusión pública de nuestro Himno Nacional (1936) –por no cansar con más referencias- y por mucho que le pese a F. Campos en su esforzado trabajo de glosa de 22649038639sus contenidos que titula como “Testamento Político” de Infante, así lo respalda.

 

Es indiscutible que incluso al final de su trayectoria política –no sabemos lo que hubiera podido cambiar, de haber sobrevivido a 1936- Infante mantenía su errónea y malhadada actitud benevolente hacia España, tan lesiva para la afirmación política nacional de Andalucía. En el momento en que jugó a los sobreentendidos con Cambó –y después- debe recordarse que el españolismo llamaba “separatismo” a todo lo que afirmara una nación distinta a la española, fuera cual fuera su proyecto político y de ahí que no cabe darle a ello mayor significación de la que realmente tuvo.

 

Al-Andalus en Blas InfanteLa visión de Al Andalus de Blas Infante –como la “España Autentica” que reivindicar y recuperar y a la que retornar- y en consecuencia su deseo ideológico de restaurar Al Andalus (que valoraba más, paradójicamente, en cuanto más se desprendía de la historia real y más negaba la ortodoxia islámica) no sólo sirvió para que lo utilizaran muy posteriormente a su época oportunistas musulmanes en tarea de misión y de proselitismo en Dar el Harb, con ansias ultimas de legitimación de españolidad (que usaran a este objeto tanto a Infante como a Olagüe) e islamistas en postura de camuflaje. Ya en su tiempo, implicó como efecto -muchísimo más negativo y persistente- imprimir al movimiento andalucista histórico bajo el liderazgo de Infante una posición ideológica hacia España pusilánime, incoherente, inexplicable y finalmente tóxica para el desarrollo y la coherencia de la reivindicación nacional andaluza.

 

Debemos pues comprender (que no justificar o exaltar) las ensoñaciones de Infante en relación con “Afro-Asia” o su posición ante la aplicación de postguerra del “Principio de las nacionalidades” sustituida por el nuevo amparo bajo el difícilmente inteligible “Principio de las culturas” de su cosecha como derivados o cataplasmas de lo anterior y entenderlas en lo personal y situarlas en lo político a la misma altura que sus referencias a Abel Gudrá Tahir al Horr, como avalistas o soportes en sus afirmaciones.

 

Carlos Ríos nos recuerda con fundamento que de Infante nos ha llegado una herencia ideológicamente mutilada, fruto del expurgo que su esposa decidió realizar por razones de seguridad y supervivencia tras la detención y asesinato del líder andalucista por los fascistas españoles. Y es verdad que –salvo imprevisibles descubrimientos de textos perdidos- nunca podremos disponer de todo aquello que Infante escribió o de la totalidad de soportes para decir lo que Infante pensó o defendió (en términos ideológicos, subrayo)

 

Pero, con todo, el mismo Infante escribió que a partir de 1930-1931 dejaba de recurrir al eufemismo como recurso de protección para hacerse comprensible (o al menos intentarlo) y de ahí que debamos valorarlo por lo que dijo e hizo, sin excusas.

 

más aún a la hora del juicio político, en el que sobre el Blas Infante “ideólogo” –el que escribe por canales reservados para los íntimos, los cercanos, los convencidos-  pienso que es obvio que ha de primar el Blas Infante “político, es decir, el que se dirige en público a los andaluces, expresando ante el pueblo andaluz en cada momento crítico, sus análisis, sus propuestas, sus críticas y sus aspiraciones; animando procesos políticos, valorando coyunturas políticas, auspiciando proyectos y estructuras de intervención política. Y de este y más relevante Blas Infante“político” sí tenemos sobrados –o al menos suficientes- documentos y testimonios –tanto ajenos como de su pluma- como para hacernos una imagen ajustada y sustentar documental y empíricamente una valoración política completa y sin atenuantes.

 

Se preguntan los autores en la obra colectiva si Blas Infante era anticapitalista. Y mi respuesta –con ellos- es claramente sí. Si entendemos que Blas Infante lo era de una forma articulada, racional, radical y coherentemente concreta y nacional en relación al capitalismo realmente existente que podía conocer y sufrir: el de la Andalucía nacionalmente dependiente.

 

Su histórica propuesta política y social de Reforma Agraria -que le ocupa prácticamente toda su trayectoria- y el lugar que a ella le otorgaba en la reconstrucción nacional de Andalucía así lo atestigua. Más aún, es obligado recordar y reseñar que su programa político y social y el del andalucismo histórico era mucho más subversivo, por telúrico y por concreto, que el genérica o retóricamente revolucionario o reformista de matriz cosmopolita que contaminaba al PSOE, PCE o CNT (sea en versión treintista o faista). Por eso, entre otras razones, lo asesinaron los fascistas españoles.

 

¿Era Blas Infante “revolucionario”?  Depende de lo que entendamos por ello. De entrada, reiteremos que su programa –globalmente- fue indiscutiblemente más revolucionario –en tanto rompedor y alternativo con la Andalucía en que vivió- que todo lo que produjeron los que se pavoneaban retóricamente dentro del movimiento obrero andaluz de su época con ese título (entonces PSOE, PCE o CNT-FAI; dado que el POUM no tuvo apenas implantación nacional).

 

también lo fue en la coyuntura, que es donde se miden los revolucionarios.

 

Primero, cuando intento articular una propuesta política concretamente subversiva durante el llamado Trienio Bolchevique (1918-1921) tal y como formuló en el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919 (que Ruiz Lagos renombró felizmente como el “Ideario de la Nacionalidad”).

 

Ysegundo, nuevamente en los momentos cruciales de 1931 cuando Blas Infante se manifiesta revolucionario en lo nacionalmente concreto y en lo socialmente relevante y movilizador, que es la forma eficaz de serlo.

 

La prueba en el volumen la tiene a mano Ali Manzano cuando reseña el Manifiesto de los Liberalistas de Andalucía y entre tanta hagiografía escoge ponerse precisamente aquí levemente crítico y se le pasa el párrafo político crucial del texto teniendo en cuenta la fecha de redacción y difusión del Manifiesto, 1 de Mayo de 1931, apenas quince días después de la proclamación de la II República:

 

“Andaluces: La tierra debe ser del jornalero antes de la próxima sementera, caiga en la empresa quien caiga. (…) Si antes de la expresada fecha, la tierra no se os ha llegado a entregar, venid a construir como en 1835, una Junta Soberana de Andalucía y que sea la primera medida de esta Junta la restitución de la tierra que fue arrebatada a vuestros padres en castigo de su heterodoxia…”. (pág. 159).

 

Fue revolucionario también en el desinterés personal, en la militancia constante y en la rebeldía frente los efectos política y socialmente corruptores del subdesarrollo  que Carlos Ríos describe bien (págs. 149-150).

 

Dicho esto –que no es poco- Blas Infante se mueve -por resumir- en un universo y dimensión que–para bien y para mal- tanto a la hora del análisis y balance de la Rusia Soviética como de la estrategia política muy poco tienen que ver con bolcheviques, asimilados y similares (de antes y de después; incluido el Che, por supuesto).

 

Baste por hoy y recapitulemos.

 

Dos libros que merece la pena leer (o releer) con atención para entender a Blas Infante y comprender su legado y que reafirman –en mi opinión- que el nacionalismo independentista es la única alternativa para conquistar una Andalucía Libre (gracias a Blas Infante; con Blas Infante e incluso contra Blas Infante)[5]

Javier Pulido

Andalucía, 19 de Septiembre de 2021

 

Notas:

 

[1] En términos coloquiales, por muchas contorsiones que se quieran realizar a base de acumular citas –que pueden ser limitadas o negadas con otras citas- no me creo a un Infante consciente y coherentemente independentista que en 1936 todavía incluyera una referencia positiva y reivindicativa al Estado del que hipotéticamente querría separarse y a la “nación” o proyecto nacional que querría negar o eliminar sustituyéndolo por el andaluz [España]. No cuadra (por mucho material que se haya perdido desde entonces). Y, además, que no se olvide nunca – y desde el respeto a su persona y a su aportación- Andalucía es mucho más que lo que Blas Infante pudiera pensar o defender en un momento u otro de su vida militante.

 

[2]Ver, “Mi versión del Himno de Andalucía”, Revista de Pensamiento Andaluz, 23 de Septiembre de 2017.

 

[3]A propósito de este asunto, cabe recordar que no todo lo que se opone a la interpretación histórica españolista canónica (a lo Claudio Sánchez Albornoz, para entendernos) es o puede usarse como sustentación para una historia nacional andaluza alternativa. Dicho de otra manera, Américo CastroIgnacio Olagüe González Ferrín no son precisamente "patriotas andaluces" que buscan reconstruir su historia sino, como se desprende de su misma producción, fuentes a tener en cuenta... entre otras muchas. Incluso cabría decir más. Que estos tres autores simbólicos subjetivamente son más bien los pilares de una presunta "españolidad inclusiva"; cuya fundamentación no es evidentemente algo que pueda merecer simpatía o apoyo alguno de quienes pretenden una Nación andaluza libre y con Estado nacional propio que, obligadamente, han de construirse enfrentados y en oposición a España. A cualquier España... recuerdo; siempre per se, represoras y enemigas de Andalucía.

 

[4]El otro artículo que se incluye de Ali Manzano, “Los restos de Blas Infante”, habla quizá más sobre el autor que sobre Infante y lo menciono, para que quede constancia de su existencia, pero no lo comentó por razones que –pienso- serán obvias a cualquiera que lo lea.

 

[5] Ver, Blas Infante, un análisis crítico”, de 13 de Agosto de 2001, publicado en el Boletín Andalucía Libre nº 96. Hoy también asequible en Revista de Pensamiento Andaluz.

 

Y un añadido de recomendaciones bibliográficas.

 

andalucismo militante

Como suele ocurrir… una tarea preparatoria (y una huida de otra lectura incomoda, a la que me he autoimpuesto el compromiso de valorar, pero que se me hace cuesta arriba por lo que posiblemente me obligará a fijar por escrito) me ha llevado a otra lectura (relectura, para ser riguroso) de un libro muy reciente sobre Blas Infante y esta, a su vez, a una cascada de otras (re)lecturas.

 

Las tres primeras son fuentes primarias fundamentales.

 

Dos textos originales de Blas Infante, uno público –el “Tablada”- y el otro reservado a los cercanos, (los “Fundamentos”) de cuando el propio Blas Infante dice que ya no se oculta ni disimula y por tanto anuncia que, a partir de entonces, dirá lo que realmente piensa:

 

Nuestra renovación ideológica ha de consistir, principalmente, en ofrecer desde ahora[1930-1931, es la fecha] nuestras aspiraciones al desnudo” (pág. 114, Fundamentos…).

 

A tomar nota y valorar en consecuencia…

 

cuatro textos históricos, políticos y públicos, muy bien contextualizados por Juan Antonio Lacomba, allá por 1979 (en la época en que se inició, extendió y generalizó precisamente la periodización de la trayectoria andalucista en tres fases o periodos: “regionalista”, “nacionalista” y “liberalista/autonomista”; que ahora y recientemente Moreno prefiere subsumir en una continuidad “soberanista” ininterrumpida entre 1915 y 1936)

 

Adquirir estos tres volúmenes (o, en su defecto, acceder a su contenido) resulta un esfuerzo justificado para ayudar a situar en su justo nivel a Blas Infante y su movimiento histórico.

 

Luego –aunque esta vez me he saltado el largo estudio de Ruiz Lagos [el autor de “El Andalucismo Militante”] a los “Fundamentos…” y me he ido directamente a la fuente- les he acompañado de sendas lecturas o resúmenes interpretativos para ir viendo cómo se ha venido difundiendo y explicando el pensamiento y la práctica de Infante y el andalucismo histórico.

 

Uno de Manuel Ruiz Lagos, de los tiempos cuando aparte de ser hombre clave en la Fundación Blas Infante, ejercía de ideólogo en el PSA de Rojas Marcos. Y otro de Isidoro Moreno, de 1995, ya también ejerciendo en la Fundación Blas infante …

 

Los he acompañado por la revisión de un estudio de Enrique Iniesta sobre la relación de Blas Infante con Al Ándalus -de 1998- que me ha transportado a su estilo deambulatorio… aunque hay que reconocer que algunas de las citas que honestamente incluye, hablan por sí mismas sobre las posiciones de Infante al respecto, si se quieren leer sin aditamentos o protecciones sentimentales.

 

En esa búsqueda de intentar revivir cómo se pudo “conocer sin entender” o cómo se pudo discriminar el recuerdo, he releído también la selección de textos infantianos –volumen con muy significativo prólogo del entonces Presidente Escuredo- que Ruiz Lagos presentó y editó desde la Fundación Blas Infante el año del centenario del proyecto de Constitución cantonal o federal andaluza de 1883. La selección como acto político es relevante y significativa.

  

No son lecturas imprescindibles estas otras cuatro –son de otra categoría- pero sí productivas a la hora de reconstruir un recorrido histórico en le re-construcción de una historia y un pensamiento, desde 1976 hasta la fecha.

 

Con todo lo releído..., veo que mi viejo articulo “Blas Infante, un análisis crítico”, aguanta bastante bien el discurrir del tiempo, aún con veinte años a la espalda. Aunque también parece que será necesario darle continuidad y con formas políticamente más contundentes, por claras y asequibles, para decir de nuevo con otras palabras y algunos datos seleccionados, porque el nacionalismo independentista andaluz ni depende (ni debe depender) de ningún aval retroactivo de nuestro apreciado y respetado Padre de la Patria Andaluza. (Tan arquetípicamente andaluz como humano en el estilo y forma de sus limitaciones y contradicciones)

Javier Pulido,

Andalucía, 24 de Agosto de 2021

 

Tres fuentes…

• Blas Infante, “La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía”, Colección Andalucía Libre, Editorial Aljibe. Granada, 1979, 119 pp. Desde 6€ [1980]

• Blas Infante, “Fundamentos de Andalucía”, [Edición y estudio de Manuel Ruiz Lagos], Editorial Sur-Fundación Blas Infante, Sevilla, 1983, 275 págs., ISBN 978-84-398-0606-X . 7,25€ [1992]

• “Cuatro Textos Políticos Andaluces (1883-1933)”, Edición y comentarios de Juan Antonio Lacomba, IDR Universidad, Granada, 1979 (Constitución andaluza, 1883; Manifiesto Centro Andaluz, 1916; Manifiesto Nacionalista de Córdoba, 1919; Anteproyecto Bases Estatuto Autonomía, 1933), 125 págs. [1983]

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Cuatro textos; para ampliar y fijar recuerdos…

• Manuel Ruiz Lagos, “Tesis y Claves del Andalucismo Histórico”, Gabinete Estudios PSA, Granada, 1980, págs. 72 [2018]

• Isidoro Moreno, “Blas Infante, una propuesta política para la Andalucía de hoy”, Fundación Blas Infante, 1995, 33 págs. [2010]

• “Blas Infante – Antología de Textos”, Selección, Introducción y Notas Manuel Ruiz Lagos, Fundación Blas Infante, Sevilla, 1983, 375 págs. [2013]

• Enrique Iniesta, “Al Andalus en Blas Infante”, Ed. Darek-Nyumba, Madrid, 1998, 36 págs. [2014]

[La fecha de mi primera lectura, tras la compra, entre corchetes]

 

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