Miércoles 19 Septiembre 2018

Desinstalando la historiografía colonial: vivisección de un tweet de Isabel San Sebastián (II)

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Reconquista mixEn el primero de los artículos de la presente serie comenzamos a analizar las claves del pensamiento subyacente en el texto que, como reacción a los atentados terroristas de agosto de 2017 en Cataluña, difundió la periodista Isabel San Sebastián en su cuenta de la red Twitter. Recordemos el enunciado exacto(1): 
 
<< «Malditos seáis, islamistas hijos de... Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.» >>
 
En dicha primera entrega evidenciábamos el carácter mítico de la trilogía invasión-reconquista-repoblación. Ahora nos ocuparemos de cómo opera esta mitología en el campo mediático y el sentido común predominante. En todo caso, independientemente de su falsedad, tale ejes son, a día de hoy, altamente funcionales a la hora de coadyuvar en la enajenación cultural y de autoconciencia de nuestro pueblo. Siguiendo a Arana (1994), el currículo y el material escolar son claves en su difusión; máxime, en el caso andaluz, cuando la Junta de Andalucía fue la primera administración del Estado en renunciar, en el año 2000, a ejercer sus competencias en educación (a través del Decreto 51/2000), dejándolas en manos del libre mercado capitalista, al establecer el fin de la supervisión de los proyectos editoriales con los que trabaja el alumnado del país(2). La construcción de los llamados Estados-nación (aunque habitualmente tengan más de lo primero que de lo segundo) no podría entenderse, de hecho, sin considerar el papel del sistema educativo, poderoso instrumento, a través de sus elementos rituales y sus currículos (en los que se ofrecen los conocimientos válidos y verdaderos, se fomentan determinadas actitudes, se invita a un cierto estilo de percepción, se apela a la memoria y al olvido y se invita al aprecio y al desprecio), de cara a la formación de los sistemas de identidades. La legislación educativa articula el relato de construcción del nosotros y las tareas de socialización asignadas a las políticas educativas traen consigo la conformación de un plan de estudios homogéneo para toda la población del Estado. A pesar de que, frente a esta dinámica habitual, puestos los pilares de un sistema escolar descentralizado, Andalucía pudo dotarse a partir de 1982 de ciertas cotas de autogobierno que en teoría le permitían desarrollar una política educativa diferenciada con respecto al resto del Estado (Hijano del Río y Ruiz Morales, 2003: 7, 10, 11-12, 15, 23), 
 
<< la misma administración educativa andaluza pone límite a ese hecho competencial y, en el campo puramente conceptual, hemos observado cómo en los últimos años se renuncia a la posibilidad de poseer un “sistema educativo andaluz”, término que es sustituido por el “proyecto educativo de Andalucía”. […] Algo parecido sucede con el término “cultura”, ya que a veces más que de identidad andaluza se prefiere hablar de “carácter” andaluz, lo que vacía por completo los conceptos anteriores y tiene un efecto desactivador muy importante […]. 
 
este programa de Cultura Andaluza sufre un cambio significativo a partir de la aprobación de la LOGSE. La sucesión de decretos que regulan específicamente en Andalucía la educación infantil, primaria, educación secundaria obligatoria y el bachillerato cambian de lugar la Cultura Andaluza. De tal manera, que de ser un fin u objetivo de nuestro sistema escolar, ésta se convierte en una herramienta o instrumento más. En un eje transversal a ser utilizado voluntariamente por el profesor. […]
 
A partir de 1996 […], el Programa de Cultura Andaluza desaparece. […] la Consejería ha pasado de defender un modelo de Cultura Andaluza que pretendía insertarse en las escuelas por medio de la clarificación de contenidos y objetivos, dentro del plan de estudios, a un recurso para el docente, de dudosa eficacia bajo la denominación de eje transversal. […] La Cultura Andaluza no aparece suficientemente desarrollada en los planes de estudio de todas las especialidades de las diplomaturas de maestro, ni en la formación inicial del profesor de secundaria. Por tanto, es posible que muchos alumnos que vayan a ser maestros de primaria o profesores de secundaria en el futuro no hayan recibido la más mínima formación acerca de la relación de su materia con el entorno andaluz. […] La Cultura Andaluza ha quedado reducida en muchos centros a una Semana Cultural organizada anualmente alrededor del 28 de febrero. […]
 
Para el consejero de Educación [en 1984] Manuel Gracia, en esta misma línea, la cultura andaluza adquiere toda su dimensión y sentido dentro de la “española”, que contribuye a conformar: “Con claridad decimos que el Gobierno andaluz, en estos momentos presentes, no es en absoluto partidario de una concepción de la cultura andaluza que nos desvincule o nos enfrente al conjunto de la cultura española”; la identidad andaluza “no desvincula, no rompe, sino que justamente integra, coopera, en la conformación de un conjunto armónico que, para nosotros, es la cultura española” (DS [Diario de Sesiones del Parlamento de Andalucía] 26-6-84: 2880). Esta fue su respuesta a una reclamación andalucista sobre la inclusión de la cultura andaluza en las pruebas de idoneidad del profesorado de magisterio. […]
 
Desde la legislación, se entiende que el estudio específico de lo andaluz genera intransigencia e insolidaridad. De otro modo no se comprende que de forma generalizada las referencias a la cultura andaluza vengan siempre acompañadas de admoniciones sobre la necesidad de solidaridad, comprensión, etc. […] en el Decreto 208/2002 de 23 de julio sobre el bachillerato se afirma: “En el proyecto educativo de Andalucía, la Cultura Andaluza en todos sus aspectos […] constituye un elemento configurador del currículo. Por ello, los objetivos y contenidos de enseñanza deben […] reflejar la contribución de Andalucía […] a la construcción de España y Europa y al progreso de la Humanidad”. Oración que se repite textualmente en el Decreto de la Educación Secundaria Obligatoria […] de 14 de mayo de 2002. >>
 
No son de extrañar, de acuerdo con toda esa mitología que la Administración colonial educativa refuerza y difunde, casos como el de la edición para Andalucía del libro de texto Nuevo Juglar, para tercer curso de la Educación Secundaria Obligatoria, de la Editorial Vicens Vives (VV.AA.: 2011), el cual explica su versión de “El origen del andaluz”, en su página 11, diciendo que “A principios del siglo XIII, los reyes de Castilla comenzaron la reconquista de Andalucía” y que “Esta reconquista llevó consigo un fuerte proceso de castellanización”, así como que “Los repobladores del territorio andaluz reconquistado procedían, en su mayoría, de las actuales provincias de Burgos, Palencia y Valladolid, de la zona de Toledo-Guadalajara, de Murcia y, en escaso número, de Galicia, Asturias, Navarra, Cataluña y Génova”. Una de las actividades propuestas para el alumnado en la página siguiente pregunta “¿Cuándo se reconquistó tu localidad? ¿De dónde provenían las gentes que la repoblaron?” (las cursivas son nuestras).  
 
Volvamos a Arana y su descripción de esta historia escolar (op. cit.: respectivamente, 12, 13, 14, 18, 36):
 
<< La frase "Cuando comienza la Reconquista..." es tan absurda como la misma esencia de la Historia de España, pero se dice tranquilamente, incluso por genios oficiales, incluso progresistas. Y así todas las víctimas de la historia escolar están hoy convencidas de la inevitabilidad de la Reconquista. [...]
 
Cuando se dice para hablar de esta época que había reinos cristianos que estaban separados, se dice una barbaridad. No es que estuvieran serparados, es que eran reinos diferentes. Pero silenciando sus rencillas y guerras y contabilizando preferentemente las que dirigían hacia el sur, se podrá hablar de empresa común. [...]
 
Una idea de lo que fue la Reconquista: Sevilla cae en 1248 y le siguen 230 años de estabilidad fronteriza. Pero por arte de birlibirloque sucede que doscientos o trescientos, o quinientos años de la denominada Edad Media, tienen menos importancia que un reinado de los Reyes Católicos. Es así como, modificando los tamaños, aplicando lentes cóncavas o convexas según convenga, se relativizan los hechos adaptándolos a la importancia que se les quiera dar. 
 
La invasión de los reinos guanches abarca todo el siglo XV, y durante este período hay paz con Granada. Ello ilustra que no existía una idea de reconquista sino de mera conquista. Y si de veras hubiese existido una idea de reconquista, habría que ser coherentes y admitir esta pregunta: ¿Qué se hizo de las reconquistas contra romanos y visigodos? Se perdieron. Por lo tanto la Reconquista propiamente dicha se habría llevado a cabo por los que antes fueron conquistadores. Si a esta objeción se responde que se había producido ya una fusión de pueblos a través del tiempo, el mismo argumento tendría que aplicarse y con más fuerza aún en el caso de los musulmanes, siempre excluidos de lo hispánico. [...]
 
Los reyes, durante la Reconquista se cuentan de cien en cien años, porque esta empresa llamada así sólo adquiere credibilidad si se hacen grandes elipsis, y si parece que Pelayo y los Reyes Católicos eran casi contemporáneos. Sin embargo las que se entienden como épocas gloriosas –el Imperio–, se dilatan, los reyes son atendidos de uno en uno; aunque los últimos Austrias –decadencia– aparecen ya un poco más agrupados. [...]
 
Después de devorado El Ándalus (1250), los esfuerzos castellanos se dirigen hacia Portugal durante todo el siglo XIV y al archipiélago de los reinos guanches durante el siglo XV, lo cual implicaba asimismo una pugna con Portugal. Finalmente Castilla aleja a los portugueses y se impone a los guanches. […] 
 
A principios del siglo XV el rey de Portugal pone sus ojos en Granada, pero la reacción castellana le hace desistir y en lugar de ello los portugueses se apoderarán de Ceuta. >>
 
En concreto, la penetración psicológica del mito de la repoblación, es tal que, por ejemplo, buen número de habitantes de la zona de la Alpujarra conocida como valle del Poqueira, donde aparte de este, existen topónimos como Pampaneira o Capileira, creen, debido a la semejanza fonética del final de tales palabras, en la veracidad de la leyenda según la cual dichas referencias geográficas tienen su origen en una imaginaria 'repoblación' del valle, tras la conquista, con población gallega (aunque “dejando en cada pueblo una familia de moritos para que les explicaran el funcionamiento de las conducciones de riego”, según tuvo oportunidad de escuchar, literalmente, quien escribe estas líneas). Por supuesto, tal teoría es falsa, dado que el final de esos nombres propios proviene de las terminaciones de palabras propias de la lengua romance andalusí (la cual, por otra parte, es llamada “mozárabe” por el oficialismo; denominación de entidad no lingüística, sino religiosa, con el propósito subrepticio de dar a entender que solo la hablaba la población cristiana de Al Andalus, supuestamente sojuzgada por el invasor moro): en efecto, “Los dialectos del sur y los occidentales conservaban los diptongos ai, au. La forma primitiva subsistía entre los mozárabes [sic] —febrair, lausa—, aunque no debían faltar los grados ei, ou —Alpandeire, Capileira, Lanteira, Poqueira, Perreirola—, en la toponimia granadina” (Lapesa, 1981; 181). 
 
Por supuesto, la estrategia de borrar el pasado del pueblo colonizado haciéndole creer que biológica, genéticamente, proviene del colonizador, con el que se le hace identificarse, en este caso a través de los mitos de la 'reconquista' contra los moros y la repoblación en la historiografía españolista aplicada a Andalucía, no es un fenómeno especial ni único. Ya a principios de los cincuenta, el psiquiatra, filósofo y revolucionario martiniqués Frantz Fanon describía la funcionalidad de esta dinámica de reseteo e identificación de las colonias antillanas con el opresor francés (Fanon, 2016: 136-137):
 
<< En las Antillas, y nosotros tenemos muchas razones para pensar que la situación es análoga a la de las otras colonias, jóvenes indígenas devoran las mismas historias ilustradas. Y el Lobo, el Diablo, El Genio Malo, el Mal, el Salvaje están siempre representados por un negro(3) o un indio y, como siempre hay una identificación con el vencedor, el pequeño negro se hace explorador, aventurero, misionero «que se arriesga a ser comido por los malvados negros», tan fácilmente como el pequeño blanco. […] En las Antillas, el joven negro, que en la escuela no deja de repetir «nuestros ancestros los galos»(4), se identifica con el explorador, el civilizador, el blanco que lleva la verdad a los salvajes, una verdad toda blanca. […] Pero es que el antillano no se piensa como negro; se piensa antillano. El negro vive en África. Subjetivamente, intelectualmente, el antillano se comporta como un blanco. Pero es un negro. De esto se dará cuenta una vez llegue a Europa y, cuando se hable de negros, sabrá que se trata de él tanto como del senegalés. >>
 
Puede chocarnos que la población negra antillana fuera ella misma negrófoba y se considerase, por medio del sistema educativo, descendiente de los galos, pero sin embargo encontramos normal, o más bien no nos percatamos de ello, que la población andaluza sea andalófoba y, lejos de valorar el hilo conductor con civilizaciones de su pasado histórico como Tartessos o Al Andalus, al tiempo que se cree descendiente (de manera esencial) de antepasados leoneses, cántabros o burgaleses, aprenda que el moro, con el que corta toda conexión identificativa o emotiva, es el malo, llegado de fuera y expulsado finalmente, mientras el civilizador castellano (que no viene de fuera porque se trata de “España”) es el bueno, en claro paralelismo con la dicotomía colono blanco - indio salvaje de las películas estadounidenses del western. No es de extrañar, de acuerdo con este relato mítico, la anécdota contada a quien esto escribe por una amiga y profesora de Historia en Secundaria, la cual, encontrándose de veraneo en Cantabria, fue interpelada por el dueño de una tienda de souvenirs de la localidad de San Vicente de la Barquera, quien le vino a decir algo como “Andaluza, llévate una barca, que tenéis que darnos las gracias porque os quitamos a los moros de encima”, basándose en que parte de la tripulación de la flota que participó en la conquista de Sevilla por parte del Reino de Castilla fue reclutada en ese lugar. Esta mitología de limpieza étnica y victoria militar ha dejado su impronta en la simbología de los territorios que actuaron, por aquella época, como agentes en esa conquista y cuyos ejes simbólicos, por tanto, quedan articulados a partir del propio episodio. Según Wikipedia(5),
 
<< El actual escudo de Santander representa, al igual que el de otros muchos municipios de la costa de Cantabria, la conquista de Sevilla por parte de marineros cántabros al mando del almirante Ramón de Bonifaz y Camargo en el año 1248 durante el reinado del Rey Fernando III de Castilla. En él figuran la Torre del Oro sevillana, y la nave en la que Ramón de Bonifaz y sus hombres rompieron las cadenas que unían Sevilla con Triana, el 3 de mayo de 1248. Similar motivo, y por el mismo hecho, se refleja también en el escudo de Avilés, Asturias.
 
También se pueden apreciar los rostros de los patronos de Santander, San Emeterio y San Celedonio, decapitados en Calahorra durante la persecución de Diocleciano o en la de Valeriano, tras ser encarcelados y puestos ante la disyuntiva de renunciar a su fe o abandonar la profesión militar. Según la leyenda, sus cabezas fueron transportadas desde el Ebro en una barca de piedra para proteger las reliquias del avance musulmán [sic], y finalmente atravesaron la Isla de la Horadada, en la Bahía de Santander. 
 
Cuando en 1982, el día 11 de enero entró en vigor el Estatuto de Autonomía de Cantabria, los símbolos del escudo de Santander fueron adoptados como parte del nuevo Escudo de Cantabria, según lo dispuesto en el Título Preliminar de dicho Estatuto. >>
 
Pero, más allá, dicha mitología de limpieza étnica y victoria militar queda reflejada también en la simbología del pueblo conquistado-colonizado, como refleja la presencia de Fernando III en el escudo de Sevilla, totalmente anacrónica porque se le sitúa entre San Isidoro y San Leandro, los cuales vivieron seis siglos antes (Vergara Varela, 2010). 
 
Continuando con otro ejemplo de instilación del españolismo por la vía escolar, la que señalaba, como decíamos, Arana (op. cit.), a esta combinación de ficciones históricas no se sustrae el libro de texto de “Lengua Española” de COU (Curso de Orientación Universitaria), último período de la antigua Enseñanza Secundaria, que tuvo que manejar en su etapa de estudiante quien escribe estas líneas. En relación con otro mito que hemos nombrado anteriormente, el de la primera unidad visigoda, en la página 424 del manual se afirma que “Los visigodos […] eran los más civilizados de todos los pueblos bárbaros invasores. […] aunque de religión arriana, pronto adoptaron la hispanidad [sic] y se convirtieron al catolicismo, con lo que se logra la unidad religiosa, territorial y jurídica [la cursiva aparece como negrita en el texto original]. Estos hechos estuvieron a punto de fraguar la unidad de Hispania como estado, pero como veremos después la invasión de los musulmanes a principios del siglo VIII cortó la [sic] que parecía un resultado próximo” (VV.AA., 1991). Sobre este fragmento figura un mapa de la península Ibérica y las “direcciones de la romanización” donde: a) en un flagrante anacronismo destinado a naturalizar las fronteras del actual Estado español, queda trazada como la más nítida línea divisoria intrapeninsular la coincidente de manera exacta con las actuales fronteras entre el hoy reino de España y Portugal, transmutado el territorio equivalente a este último Estado bajo el rótulo “Lusitania”, pero privado este de los territorios que hoy pertenecen a las actuales provincias españolas de Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz, pero que por entonces pertenecían a la mencionada demarcación de Lusitania bajo dominación romana; b) la Baética queda despojada de la parte correspondiente a las actuales provincias de Jaén y Almería, frente a la extensión reflejada en los mapas disponibles sobre dicha provincia durante el Alto Imperio romano (siglo I a.C.), cuyos límites son prácticamente idénticos a los de la Andalucía de hoy y los cuales abarcan incluso la actual provincia de Murcia (el libro de texto elige la delimitación de la Baética del Bajo Imperio o división eclesiástica visigoda, posterior cronológicamente); c) hay una errata en el nombre de Hispalis, a la que se le cambia la <l> por la <r> y d) Córdoba, la capital de la Baética, aparece fuera de ella, inserta en la Tarraconensis, más o menos a la altura de la localidad manchega de Tomelloso. En cuanto al hecho consignado en el apartado b), Cano García (2015) deja claro que
 
<< Las divisiones romanas en provincias (“pro víncere”, para vencer) nos lleva dos milenios atrás a un claro precedente de  Andalucía con la delimitación de la Bética, que ocupaba la actual Comunidad Autónoma (el 80 % de la provincia [romana]) […].  El eje lo constituía el río Betis (de ahí el nombre de la demarcación), visto ya entonces como fundamental en la articulación de este territorio, cuyas características llamaron poderosamente la atención. Porque la concepción hidrográfica itálica  para organizar  grandes espacios es un claro factor de delimitación, pero en este caso encierra  un ámbito de fuerte identidad […]. En ellos se describe un territorio definido y cohesionado por el Valle del Guadalquivir, con dimensiones sensiblemente parecidas  a las actuales y una fertilidad y riquezas extraordinarias [...]. Se trata, pues,  de un  pueblo y  un  espacio claramente diferenciados en el sur peninsular, que llevó a Roma a un reconocimiento explícito con la creación de la provincia Bética, dependiente del Senado […]. Desde el punto de vista político, las provincias [de Hispania] no tuvieron al principio ninguna conexión, ya que Hispania era una referencia espacial, como Galia (actuales Francia, Bélgica y parte de Suiza y Alemania) o Britania (centro y sur de Gran Bretaña). Hubo incluso un ente provincial, la Asamblea, formada por representantes de las ciudades, que fue adquiriendo progresivamente más funciones y poder. Como una prueba más de la inercia de los límites, la Bética se mantuvo durante la época visigoda, bajo el mando de un dux o duque, uno de los cuales (Hermenegildo autodenominado “rey” de la Bética frente  al arriano Leovigildo) estuvo a punto de emanciparse. >>
 
Otra muestra de la difusión de todos estos presupuestos mitológicos de Estado la tenemos en la prueba de acceso y admisión a las universidades andaluzas, la conocida como “selectividad”, de 2017 en la asignatura de “Historia de España”, donde las/os más de 40.000 jóvenes que la realizaron se encontraron con las siguientes preguntas: “¿Qué cronología, en siglos, abarca el proceso de Reconquista?”, “Defina brevemente del concepto de Repoblación”, “¿Qué reyes efectuaron la unión dinástica en España a finales del siglo XV?” y “Explique brevemente la expansión territorial realizada por dichos monarcas”(6). 
 
González Ferrín (2016) cita un par de ejemplos más de esta amputación cultural en las enseñanzas oficiales y en la sabiduría convencional de la población:
 
<< En países como Alemania se estudia ‘El filósofo autodidacto’, de Ibn Tufail (nacido en Guadix o en Purchena), como la primera novela escrita en Europa. Es de 1175. Es la historia de un niño que abandonan en una isla. Es precursora, muchos siglos antes, del tema de Robinson Crusoe, y de la ‘Utopía’ de Tomás Moro... También es pionera por su estilo pedagógico. Sin embargo, en España no se incluye como parte de nuestra historia y de nuestra cultura. Porque fue escrita en árabe. [...]
 
El pensador más importante en el siglo XIV, el primero que sienta a nivel internacional las bases de la filosofía de la historia. Un cortijo que hay cerca de Montequinto [área metropolitana de Sevilla], en el que se celebran banquetes de bodas, era el lugar donde vivía la familia de Ibn Jaldun. Nadie lo sabe. Porque no aceptamos la enorme riqueza y pluralidad de nuestra historia. Con todo su colorido y sus contrastes. Se creen muy listos los que hagan gala de sevillanía diciendo: “Yo soy más romano que moro”. Como si alguien pudiera elegir en sus genes entre un abuelo y otro. La historia no se puede elegir. La Catedral está sobre una mezquita. Eso no se puede elegir. >>
 
Estamos comprobando a través de todos estos ejemplos, en suma, cómo (Campos López, 2011a: 14-15) 
 
<< Lo que se enseña en nuestras facultades o se muestra a nuestro pueblo como verdades incuestionables y hechos objetivos no son más que aquellas versiones y visiones de la realidad acordes con los intereses del Sistema. […] en el caso de Andalucía, el grado de manipulación de la historia es aún mayor. […] a esa tergiversación de la historia propia de toda élite burguesa en el poder hay que sumarle el plus derivado de nuestra condición de nación ocupada y negada, de pueblo colonizado. […] además de la represión, la fuerza bruta y el terror de estado ejercidos durante siglos sobre nuestro pueblo, el otro método aplicado por el españolismo para hacer posible la perpetuación de una situación estructural de nuestro país como colonia interior del Estado ha sido lograr una situación colectiva de ignorancia, desarraigo y alienación popular, mediante la utilización de herramientas como la manipulación de nuestra historia y cultura. 
 
En todos los casos, el objetivo del colonizador es inocular en el inconsciente colectivo del pueblo subyugado una convicción en su propia inferioridad y una identificación con el conquistador. El colonizado nunca ha sido nada ni será capaz de nada por sí. Nunca ha tenido historia ni cultura propia. Nunca ha sido un pueblo diferenciado ni una nación independiente. Su historia, su cultura, su identidad, sus valores, son los del invasor. Se trata de lograr que interiorice la situación de dependencia y explotación como algo natural e incluso positivo, al objeto no ya tan sólo de desmovilizarlo sino de que ni tan siquiera conciba la necesidad del levantamiento, de forma que acabe por convertirse en su propio capataz, haciendo innecesario el mantenimiento de los costosos aparatos represivos, sustituidos por la auto-asunción de una resignada servidumbre, propagada por la conformistas y colaboracionistas burguesías y las cipayas élites administrativas e intelectuales nativas, cuyo cometido es asegurar el mantenimiento del statu quo. 
 
En los estados españoles en general, y en la Andalucía dependiente en particular, la historia es una “cuestión de Estado” y de “seguridad nacional”. >>
 
El objetivo último es, en definitiva, y en lo que se refiere a nuestro país, anular una existencia e identidad como pueblo que, si se desbroza el aparataje ideológico de la ideología española, sale a relucir con facilidad. Así, como precisa el mismo autor (2011b: 22-23), 
 
<< Nuestra tierra y nuestro pueblo forman un obvio caso de interrelación y moldeamiento mutuos, dentro de una territorialidad definida y particular. Vivimos en una geografía concreta y claramente delimitada. Andalucía es un territorio perfectamente visualizable en su conjunto e integralidad. […] Su orografía y ecología la diferencia y singulariza con respecto al resto de la Península. De hecho, es la misma intrincada geografía peninsular la que ha supuesto la existencia de grandes disparidades climatológicas y de ecosistemas, poblados por la correspondiente diversidad étnico-cultural y una multiplicidad de pueblos y naciones. Pueden apreciarse tres grandes bloques, concordantes con las tres tipologías base de ecosistemas existentes. Uno el de las zonas norte y noroeste, otro el de las zonas sur y este, y un tercero el de las zonas interiores. Cada una de las tres diferenciadas realidades geo-ecológicas están habitadas, a su vez, por unos conjuntos poblacionales étnico-culturales propios: uno atlántico, otro mediterráneo y un tercero mesetario. 
 
Los pueblos que habitan el Sur y el Este peninsular, desde los primeros asentamientos humanos prehistóricos, han formado parte de un conjunto mayor, el de los pueblos mediterráneos. Históricamente, los grandes ríos, lagos y mares interiores han sido las primigenias y principales vías de comunicación y comercio. […] Consecuentemente, las relaciones e intercambios andaluces se han orientado siempre hacia el Mediterráneo y el ámbito de su entorno geográfico. Siempre se han dirigido y han procedido del sur y la cuenca mediterránea, no del interior peninsular o europeo. >>
 
De la reproducción de los mitos de la invasión árabe, reconquista y repoblación también da buena prueba la entrevista que hizo el periodista y profesor de universidad Antonio López Hidalgo al novelista Juan Eslava Galán el 14 de abril de 2012, la cual aparece en la página 3 del suplemento cultural del Diario Córdoba, llamado Cuadernos del Sur (obsérvese la recurrente eliminación del nombre de Andalucía en favor de la sempiterna referencia cardinal). El motivo era la publicación de un libro de este último, para quien, según recoge el destacado en la maquetación, “Lo de la convivencia entre culturas es una cosa de políticos, especialmente de los políticos últimos que se han inventado lo de la Alianza de Civilizaciones”: 
 
<< P: La batalla de las Navas de Tolosa es el fondo histórico de su nueva novela, una batalla decisiva en la historia de nuestro país. […] En España hubo tres culturas que coexistieron, pero que no convivieron. ¿Por qué esa tendencia a mitificar aquellos momentos tan convulsos? 
 
R: Los historiadores españoles, que son personas de gran prestigio y de gran conocimiento, no han mitificado para nada el periodo, sino que lo han estudiado y dicen que  hay coexistencia pero no convivencia. Yo creo que la convivencia es una cosa de políticos, especialmente de los políticos últimos que se han inventado lo de la Alianza de Civilizaciones, que es una cosa como querer casar el agua y el aceite. […]
 
P: Hay también un guiño a la España actual. Entonces cinco reinos que se unen contra un invasor común [sic]. Algo que hoy no ocurre ni ocurrirá, como pasó con el 11-M. >>
 
Esta burda narrativa providencialista de la historia, compartida sin el menor rebozo por entrevistador y entrevistado, el cual había declarado en otra entrevista para el mismo diario a cuenta de la misma novela, dos meses antes (8/II/2012)7, que “la gente tiene que conocer que esta batalla fue decisiva para que hoy, por ejemplo, no estemos rezando mirando hacia la Meca”, trasluce las clásicas coordenadas de la ideología españolista, cuyo trinitarismo historicista convierte lo que fue una sola cultura con (al menos) tres religiones, la andalusí, en un abigarrado conglomerado de “tres culturas”, al tiempo que conceptualiza Al Andalus como “invasor común”. El particular paso más allá que lleva a cabo esta conversación periodística, empero, es el establecimiento de un paralelismo entre la común empresa bélica medieval “contra un invasor común” y los atentados terroristas perpetrados “el 11-M” (11 de marzo) de 2004. La islamofobia implícita en la conexión anacrónica establecida por el entrevistador, por una parte, activa el pensamiento contenido en una famosa conferencia pronunciada por el expresidente español José María Aznar en la universidad estadounidense de Georgetown, en septiembre del mismo año, en la que emitió interpretaciones históricas tan sonrojantes como que “El problema de España con Al Qaeda empieza en el siglo VIII” (centuria en la que se ubica el comienzo del islam en la península Ibérica) o que en ese momento “España rechazó ser un trozo más del mundo islámico cuando fue conquistada por los moros, rehusó perder su identidad” (de acuerdo con la crónica de El Mundo del 22 de abril de 2004)8. Frente a tales visiones del período andalusí, explica Rodríguez Ramos (2010: 46-47, 49-50, 51-52) que
 
<< El Islam fue su religión mayoritaria, la confesión de sus gobernantes, y el contexto que permitió la diversidad moral dentro de sus fronteras. Con claroscuros, por supuesto. Es cierto que el diálogo interreligioso o la convivencia idílica en Al Ándalus fueron solo un mito. En ocasiones, fratricida. Intermitente. Pero convivencia a fin de cuentas. La misma que dejó de existir por decreto y por cojones con el negocio de la expulsión. Sólo un ignorante se atrevería a mirar el pasado con los ojos del presente para juzgarlo con la declaración de los derechos humanos en la mano. Y lo es de primer grado quien comprime ocho siglos en una caja de zapatos. O quien cuestiona la luz prodigiosa que irradió la interculturalidad andalusí, afirmando a la vez su identidad españolista surgida precisamente de la depredación de la diferencia. [...]
 
El Islam de Al Ándalus actuó desde su inicio como una metonimia: una parte que permitió el todo. En contra del discurso estereotipado de las tres culturas, Al Ándalus constituyó una sola civilización compuesta de muchas a la vez. Sincrética. Sin aristas. Como una esfera transparente que contenía en su interior las viejas tradiciones prerromanas, esotéricas, judías, aderezadas con la creencia cristiana en sus distintas versiones, más la musulmana en formación. Mozárabes, sefardíes, musulmanes, paganos y cafres (del árabe kâfir, que significa algo más que no creyente: mala persona sin que le duela la conciencia por ello). Todos andalusíes. Y todos mezclados entre sí, juntos y revueltos, empleando varias lenguas vehiculares, y sobre todas el árabe dialectal adaptado o algarabía. El hispano andaluz. El árabe de occidente (al garb) en contraposición al árabe coránico oriental. 
 
Precisamente, la secuela más evidente e ignorada de esta metonimia consiste en la carencia de una palabra específica para denominar el musulmán oriundo de Al Ándalus. […] Normal: no tenían por qué recordarse permanentemente a sí mismos su condición musulmana, mayoritaria y gobernante. Lo que ha terminado por avivar la creencia equivocada de que todos lo eran. Y confundir la parte por el todo. 
 
Al Ándalus es un paradigma. El mejor ejercicio práctico de interculturalidad desde que los seres humanos depredamos la Tierra. Pionero e imperfecto. Pero el más avanzado para la época. Adaptado a la terminología política actual, Al Ándalus fue un Estado plurinacional. De naciones humanas, no necesariamente territoriales. Y todo ello, en buena parte, gracias al Islam. Sin duda. Una ideología revolucionaria e integradora de lo ya existente, fácilmente asimilable en sus modos y formas por los habitantes romanizados, hartos del rigor moral del incipiente catolicismo y de la disciplina tributaria de la nobleza goda. Pero no sólo se debió al Islam. También encuentra su origen en la avanzada y abierta civilización que portaron los omeyas consigo, coetánea al nacimiento formal del Islam, impregnada de bizantinismo y en perfecta comunión con la cultura hispánica y mediterránea. [...] 
 
En resumen, el peculiar y originalísimo contexto islámico del primer Al Ándalus permitió el florecimiento de una sola y única cultura andalusí, como una fuente con distintos veneros, siendo paradójicamente el propio Islam uno de ellos. >>
 
En efecto, la invención de la marca de identidad española no es otra que esa “depredación de la diferencia” de la que hablaba este autor; en este caso, el rechazo al 'moro' (Porrah Blanko, 2000: 140-146):
 
<< Stallaert9, dehe una pozizión mu a la banguardia en ehta porfía, ze kuhtiona zi tienen razón l@h ke niegan al Ehtao ehpañó to fundamento éhniko pa, de zegía, apoyà zu kriterio de ke no eh azín: “Los procesos de etnogénesis en España giran en torno a un eje vertebrador común: la identificación étnica con el cristianismo en oposición al Islam”. Zigún Stallaert, er casticismo [negrita en el original] zería la marka éhnika identitaria del ehpañó; kahtizihmo ke zupone identifikazión kon er katolizihmo entendío komo negazión del ihlán, “ser cristiano” y “no ser moro”. […] la Ehpaña mediebá hue una zoziedá éhnikamente organizá –mediante la zegregazión de lah kahtah y la zuhyugazión de morihkoh y hudíoh a loh krihtianoh, promobío por lah normah y leyeh kahteyanah– y [...] ehte zihtema zoziá zería er ke zentó la baze der kahtizihmo ehpañó pa loh zigloh lanteroh. 
 
[…] z'aperzibe ke, oi en día, en bezeh empieza a fayà entre loh ehpañoleh liberaleh u ahnóhtikoh la zerxa relihioza ehnizante, por lo ke z'agarran a loh rezurtaoh de la pazá ehpanzión imperiá (er “mundo ihpano”, la lengua ehpañola, er Ziglo de Oro...). […] 
 
¿Ónde deberíamoh buhkà eze marko konziliaó modelo pa la implantazión ahtuá del ihlán en Europa: en Ehpaña, u mehón en la kombibenzia no zegregazionihta d'Al-Ándaluh? Tar komo ahkí lo perzibimoh, Stallaert arremata metiendo kuahkiér koza baho er denominaó d'Ehpaña, kayendo en el erró de reabilità un zímbolo (la idea d'Ehpaña) k'eya mihma a ezaminao a toh luzeh komo zeña'e la intoleranzia. >>
 
Por otra parte, las palabras del periodista sirven de complemento argumental al “discurso de la endo o autodefinición y de la exodefinición”, según la terminología de Rodríguez-Iglesias (2015: 1-2) aplicada al análisis de las reacciones mediáticas xenófobas posteriores al asesinato terrorista en la redacción parisina de la revista satírica Charlie Hebdo, que se refleja en las respuestas del entrevistado de nuestro texto. A través de ellas fluyen, como en los comentarios dominantes lo hacían respecto de la masacre francesa de enero de 2015, “ideologías de la desigualdad, promulgándose el racismo, la discriminación religiosa y la xenofobia, focalizándose hacia los musulmanes y árabes” en un discurso que, amén de (con)fundir ambos conceptos “y, con ellos, fundamentalismo y terrorismo”, “presenta a todo aquello que no es Europa y europeo como cerrado, inculto, subdesarrollado, incívico y trivial”, de manera que el relativismo cultural “es presentado como negativo frente a un positivo eurocentrismo”; una “demonización del multiculturalismo que, curiosamente, estos autores hacen definidor de aquellas sociedades que presentan ante sus lectores (consumidores de ideología), paradójicamente, como cerradas”. En la simplificación racista a que se somete al exogrupo así definido (ibíd.), 
 
<< en este «ellos» queda excluida la mayor parte de la población de los países donde una considerable parte de la población se dice practicante del Islam, países puestos en entredicho. Se excluye también a las comunidades y grupos de extranjeros y –en España, Francia, etc.– procedentes de países árabes –un 20% del total musulmán aproximadamente– y sus descendientes, que, obviamente no son extranjeros y que están plenamente integrados en las sociedades europeas, con independencia del dios al que recen. >>
 
De este modo, “se enciende el foco de la sospecha sobre los musulmanes en general” (ibíd.). Hay que hacer notar que la revista de divulgación histórica Andalucía en la Historia, editada por la Consejería de la Presidencia de la Junta, ha contado con el entrevistado, Eslava Galán, entre sus colaboradores (por ejemplo, en su número de enero de 2010).  
 
La islamofobia mediática, como no podía ser de otra manera, se extiende a los espacios de humor televisivo. El miércoles 18 de enero de 2016, a las 7:30 de la mañana aproximadamente, fue emitida (muy probablemente, reemitida) en el canal Comedy Central de la TDT, dentro del programa Central de Cómicos Express, una actuación del humorista Juan Carlos Librado, alias Nene, titulada “Y ahora, ¿qué?”, en la que el monologuista manchego habla de “mi amigo Mohamed”(10). El argumento del chiste se basa en que uno de los miembros de la pandilla del 'yo lírico' de su monólogo se llama Mohamed, de cuyo nombre de pila puede suponerse que es musulmán, y cuando van a quedar para jugar al fútbol y le llaman al portero le piden que por favor acuda con la ropa deportiva puesta, con tal de que no lleve mochila; al parecer, todo musulmán es susceptible de esconder una bomba en su petate. El monólogo continúa ironizando sobre en qué consiste el entrenamiento de un terrorista suicida: parodia a este arquetipo imitando la lengua árabe en un parlamento inventado, trufado de repeticiones de la palabra “Alá” (“Allah”), para, inmediatamente después, merced a la figura literaria de la paronomasia (parecido fónico entre dos palabras; Torre y Vázquez, 1986), hacer como que despide al terrorista con la interjección“¡Hala!”. 
 
La próxima sección de esta serie girará en torno a tres atribuciones que Isabel San Sebastián reserva para una “España” que, según cabe colegirse de su expresión, ya existía a principios del siglo VIII. Someteremos a examen la supuesta conexión, supuestamente indisoluble y supuestamente exclusiva, entre las cualidades “occidental, libre y democrática”. 
 
REFERENCIAS
 
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- (2011b): “Esbozos de una Historia de Andalucía (1ª parte). El concepto de nación y Andalucía como nación”, Independencia. Órgano andaluz de opinión, 54 (enero-abril 2011): 18-24. 
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FANON, Frantz (2016): Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal. 
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GONZÁLEZ FERRÍN, Emilio (2016): “«Europa no quiere admitir que los atentados son obra de compatriotas europeos»”. Entrevista de El Correo de Andalucía. 23/VII/2016. http://elcorreoweb.es/sevilla/europa-no-quiere-admitir-que-los-atentados-son-obra-de-compatriotas-europeos-FX2022214 
LAPESA, Rafael (1981): Historia de la lengua española. Madrid: Gredos. https://filologiaunlp.files.wordpress.com/2012/04/rafael-lapesa-historia-de-la-lengua-espanola.pdf 
RODRÍGUEZ-IGLESIAS, Ígor (2015): Reacciones xenófobas al asesinato masivo de «Charlie Hebdo». http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194367  
RODRÍGUEZ RAMOS, Antonio Manuel (2010): La huella morisca. El Al Ándalus que llevamos dentro. Córdoba: Almuzara.  
TORRE, Esteban y VÁZQUEZ MEDEL, Manuel Ángel (1986): Fundamentos de poética española. Sevilla: Alfar. 
VERGARA VARELA, Jesús (2010): Guía histórica de la Sevilla andalucista. Sevilla: Atrapasueños. 
VV.AA. (2011): Lengua castellana y literatura 3. Nuevo Juglar - Andalucía. Barcelona: Vicens Vives.
 
Manuel Rodríguez Illana