Lunes 23 Abril 2018

Desinstalando la historiografía colonial: vivisección de un tweet de Isabel San Sebastián (III)

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isabel greatest hitsContinuamos nuestro examen del microrrelato racista que Isabel San Sebastián virtió en su cuenta de Twitter pasando a centrarnos en la asociación que la periodista ultra establece entre los conceptos 'España', 'Occidente', 'libertad' y 'democracia'. El segundo de ellos, que suele utilizarse como sinónimo terminológico de “Europa”, es presentado habitualmente como símbolo y culmen de la evolución y civilización humanas. 
 
Escribimos estas líneas justamente en una de las fechas clave del imaginario españolista, un 12 de Octubre. Es obligado desvelar el ingrediente mitológico euroccidentalista inherente al concepto de 'descubrimiento' (con el empleo del término euroccidentalismo y sus derivados denotamos una 'puesta a punto' del clásico eurocentrismo recordando que los dos polos de lo que se ha convenido en llamar Occidente son tanto Estados Unidos como Europa; Amin, 2006: 95, nota al pie). Dicho “descubrimiento” reduce a objeto a las diferentes civilizaciones americanas al tiempo que, por otro lado, oculta un hecho fundamental: el primer contacto con el continente americano no fue el europeo, ni mucho menos. Tal mitología eurocéntrica difunde la versión de que Europa fue el centro de la historia mundial desde el final del siglo XV porque 'descubrió' América, superioridad que terminó por manifestarse en la revolución industrial, hecho científico-tecnológico que, a su vez, tendría su origen lejano en el “milagro griego”, cuna exclusiva de la cultura occidental. Sin entrar en la cuestión de que el helenocentrismo es perfectamente refutable teniendo en cuenta el origen semita y egipcio de las grandes categorías griegas, hay que decir que el “descubrimiento” le debe todo a la superioridad china en cartografía y navegación oceánica a comienzos del siglo XV sobre la periférica, a la sazón, civilización europea. Los llamados descubrimientos europeos no fueron sino “reconocimiento” de geografías ya conocidas por los chinos hasta 1423, gracias a las experiencias oceánicas durante más de ochocientos años, y por el desarrollo de la astronomía, cartografía, instrumentos de medición de la latitud y longitud, tipo de embarcaciones, alimentos o tonelaje. Dichos trayectos fueron abordados por enormes y numerosas naves, llamadas “juncos”: las más grandes entre ellas (llamadas “barcos del tesoro”), tenían 120 metros de largo (la Santa María de Colón tenía 28 metros) por 35 de ancho y podían cargar 1000 toneladas de mercancías (las primeras carabelas solo 50). A pesar de que comúnmente se ha difundido que los europeos eran los únicos que podían atravesar los océanos, armar sus barcos con cañones de alto poder y dominar primero el Atlántico y posteriormente el Índico y el Pacífico, siguiendo a Dussel (2014: 8), 
 
<< El comerciante y navegante Zheng He (1369-1431), mongol musulmán, de larga experiencia por su expediciones en el Índico, instaló una gran escuela de navegación oceánica y construyó la más grande escuadra naviera de la historia universal (quizá igualada por alguna en la segunda guerra mundial), más de 600 “juncos” con más de 30 mil tripulantes, que partieron de Nankín el 5 de marzo de 1421. Dividió su exploración científica y comercial en cuatro grupos bajo el mando de cuatro almirantes a su mando, y discípulos de una ciencia de siglos (no en vano la brújula fue descubrimiento chino), que con sus respectivas escuadras, cartografiaron Asia, África, América y Australia, regresando los últimos a China en noviembre de 1423. Por supuesto, los chinos supieron de la redondez de la Tierra, pero además la circunvalaron por primera vez en la historia humana.  
 
[…] mapas del siglo XV y XVI, anteriores a los llamados “descubrimientos”  portugueses, españoles o ingleses […], indican que se conocía con precisión los territorios que habrían de “descubrirse” por la Escuela de Enrique el Navegante, o por la Casa de Contratación en España. Esos mapas llegaron a Europa a través de Venecia. Niccolò dei Conti (1395-1469) participó en una de las expediciones chinas, y parece que llevó a Venecia algunos mapas, junto a Frai Mauro. La compra de mapas chinos se generalizó. […] Es decir:
 
«Por valientes y decididos que fuesen, Colón, Dias, Da Gama, Magallanes, Cook y el resto de los exploradores europeos se hicieron a la mar provistos de mapas que les mostraban el camino hacia sus destinos. Se lo debieron todo a los primeros exploradores, los chinos, en sus épicos viajes de 1421-1423.» [1] >>
 
La apología genocida de la llegada, conquista y colonización de América por el Imperio castellano nos lleva a analizar otro rasgo del españolismo, que lo incardina en una ideología global igualmente dominante: el citado euroccidentalismo. 
 
Cuando el españolismo acusa de 'insolidaridad' a los demás nacionalismos peninsulares,  la invocación a “Europa” es otro de los recursos del mensaje hegemónico [2] (Taibo, 2014: 33-34):
 
<< En los últimos decenios, […] una de las modulaciones principales de [la versión liberal del españolismo] […] es la que pone el acento en la idea de que la Unión Europea aporta el escenario adecuado para el despliegue de ese plural y tolerante proyecto nacional. Claro es que […] la Unión permite fortalecer el papel del gobierno central –en modo alguno el de los poderes autonómicos– como mediador insorteable entre las instituciones comunitarias y los ciudadanos españoles. >>
 
 
En pocas ocasiones se ha hecho tan evidente la articulación del discurso oficial entre 'europeísmo' y 'patriotismo solidario' (español), como antítesis del 'nacionalismo egoísta', como cuando se realizó en el Estado, en 2005, el referéndum sobre la llamada Constitución Europea, texto de marcado carácter neoliberal que consagraba como “Objetivos de la Unión”, entre otros, “un mercado interior en el que la competencia sea libre” y “un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva” (artículo I-3) [3]. En uno de los actos programados en Andalucía por el ingente aparato propagandístico que se desplegó en aquellas fechas (evento que, a pesar de los esfuerzos del régimen, tuvo que conformarse con desarrollarse ante un auditorio vacío, todo sea dicho), “Francisca Tarazaga, presidenta de Mujeres por Europa, abogó por el voto afirmativo y comentó que [...] «votar a favor o en contra es de ser nacionalistas insolidarios o patriotas solidarios»” [4]; de nuevo, se activa “el rechazo, ya invocado, de que lo nuestro sea realmente nacionalismo. El término en cuestión se reserva siempre para los otros, toda vez que nosotros somos, en el mejor de los casos, patriotas”, percepción en la que subyace la consideración “de que la única nación existente es la propia”. En cualquier caso, “La distinción entre nacionalismo y patriotismo resulta ser […] muy frágil, de tal suerte que sólo se sustenta cuando se asume una descripción hostil de lo que es el primero y benévola, en cambio, de lo que resulta ser el segundo”: agresivo, etnicista e irracional este último; plácido, racional, generador de estabilidad y fruto de un sano amor al propio país, el primero (Taibo, op. cit.: 107). 
 
Recurrente resorte argumental contra una eventual secesión catalana, por mentar otra de las utilidades de encomendarse a Europa, es el chantaje a una eventual Cataluña independiente afirmando que ésta quedaría fuera de la Unión Europea. Lo que está fuera de toda duda, en todo caso, es la colusión de intereses (de clases dominantes, que no populares) entre los marcos mercantiles español y europeo, puesto que en (Gil de San Vicente, 2015: 6) 
 
<< la producción política desde las múltiples instancias estatales, paraestatales y extraestatales de la ideología nacionalista española desde el primer día de gobierno de la UCD hasta hoy mismo por parte del PP, pasando por todos los años del PSOE [no se puede] olvidar, además de la intervención planificada de los sistemas educativos, mediáticos, culturales, universitarios, etc.; tampoco el creciente esfuerzo reespañolizador desde mediados de la década de 1981, cuando la entrada en la OTAN y luego en el MCE [Mercado Común Europeo] acercaba la proximidad de la Unión Europea mediante el Tratado de Maastricht. La burguesía española, su Estado y los partidos que aceptaban su ideología nacionalista, multiplicaban su nacionalismo imperialista para cohesionar la solidez interna del Estado ante las exigencias de la Unión Europea [, …] proceso en el que tuvieron un papel destacado muchos intelectuales orgánicos cercanos o afiliados al PSOE, que más adelante, desde la mitad de la década de 1991, coquetearían abiertamente con el PP o se integrarían en sus aparatos gubernativos e institucionales. >>
 
Esta vinculación nos obliga a realizar algunas consideraciones acerca de la historia de 'Europa' como mito e ideología. De entrada, no es necesario ocupar una cátedra de Geografía en universidad alguna para advertir que de la visión que los satélites nos envían de la Tierra no se evidencia la entidad del territorio actualmente conocido como 'Europa' en tanto que trozo de tierra separado de los demás. América, África, Antártida o Australia son perfectamente distinguibles, así como el gran continente euroasiático, pero no lo que hoy se denomina Europa. Siguiendo a Hobsbawm (2008), no fue hasta el siglo XVIII cuando el historiador y geógrafo ruso V. N. Taitchev trazó la línea divisoria entre Europa y Asia que va de los Urales al mar Caspio y el Cáucaso, al objeto de subrayar la pertenencia de su país a Europa y erradicar, así, el estereotipo de una Rusia 'asiática' (y por tanto, 'atrasada'). Aunque la Europa como metáfora de exclusión del “Otro” existe desde Herodoto, definida por fronteras étnicas, sociales y culturales tanto como geográficas, una historia de Europa es impensable antes de la diferenciación entre las orillas Norte y Sur del Mediterráneo como consecuencia de la islamización de África del Norte, ya que, a fin de cuentas, el Imperio Romano fue panmediterráneo antes que 'europeo', puesto que jamás había logrado establecerse sólidamente más allá del Rhin y el Danubio. Fragmentado durante al menos diez siglos, hasta la derrota turca a las puertas de Viena en 1683, el territorio hoy considerado como 'Europa' fue constantemente invadido por hunos, ávaros, magiares, tártaros, mongoles, turcos u otomanos, hecho que, según algunas versiones historiográficas de corte mitológico, habría constituido una lucha milenaria en la que Europa descubre su identidad, lo que en realidad no deja de representar un anacronismo, ya que ninguna resistencia colectiva o coordinada, ni siquiera en nombre del cristianismo, consolidó ese territorio. De hecho, las cruzadas no fueron iniciativas de defensa sino operaciones ofensivas tendentes a establecer la supremacía del Papa en el mundo cristiano y conseguir el dominio de las rutas comerciales con Oriente. No será hasta la conquista de América por los reinos cristianos peninsulares, momento coincidente con el control total del territorio ibérico (por tanto, del Al Andalus nazarí), cuando los conquistadores castellanos, portugueses, ingleses, holandeses, franceses o italianos se autodefinan como 'europeos' y 'blancos' frente a los 'indios'; una endodefinición de carácter eminentemente racial que, luego en los siglos XIX y XX, con la expansión global del colonialismo, devendrá en una creencia 'europea' en la posesión del monopolio de la civilización. Es ilegítimo suponer que los supuestos “valores europeos”, respecto de los que la actual Unión Europea y su “democracia liberal” se proclaman herederas (en virtud de la consigna adoptada en la segunda mitad del siglo XX), hayan sido una corriente subyacente en la historia del subcontinente, dado que, por un lado, los valores de los Estados modernos antes de la era de las revoluciones fueron los de las monarquías absolutas y monoideológicas y, por otra parte, otras civilizaciones han practicado los valores llamados “europeos” antes que en Europa, como muestra la tolerancia religiosa practicada, por ejemplo, por los imperios chino y otomano, por suerte para los judíos expulsados de la península Ibérica por los Reyes Católicos. El auge de Europa habría sido difícil sin el concurso de las periferias exportadoras de materias primas por ella explotadas y colonizadas de acuerdo con la división internacional del trabajo surgida de la globalización capitalista que arranca en la denominada como Edad Moderna. Además, el actual núcleo duro de la llamada Europa no es, en realidad, sino el eje central concreto de la evolución urbana y comercial del subcontinente que, entre los años 1000 y 1300, se extiende desde el comienzo de Italia del Norte hasta el Sur de Inglaterra y las ciudades hanseáticas pasando por Alpes occidentales, Francia del Este, baja Renania y Países Bajos, franja luego ampliada en el siglo XVI a la Alemania central. La prueba de que es este segmento geográfico el verdadero beneficiario e impulsor del mito de Europa la aporta el hecho de que la comunidad original del Tratado de Roma, germen de la UE, coincide con este espacio, dentro del cual, además, se encuentran en la actualidad nueve de las diez regiones de la Unión donde la renta por habitante es más elevada. “Somos conscientes de la línea de fractura que existe, aunque aminorada, entre las dos Europas: Italia del Norte e Italia del Sur, Cataluña y Castilla” (Hobsbawm, op. cit.: 6). 
 
En la misma línea, Campos López desvela el carácter de artificio imperialista del concepto (uniéndolo a la artificiosidad de la idea de 'España') cuando señala que (2011a: 12-14) 
 
<< La idea de Europa, su concepción como unicidad étnico-cultural y política, es, como en el caso de España, una teoría impuesta reciente. Ambas son meras mitologías justificativas de ambiciones imperiales aristocráticas, porenciadas posteriormente por las burguesías como base amparadora de sus necesidades de control de pueblos para cumplimentar sus pretensiones de apropiación y monopolización de materias primas, producciones, mercados y mano de obra. Tanto la unidad europea como la española constituyen artificios al servicio de las élites dominantes. Más aún, la propia idea de unidad española es una derivación y consecuencia de la europea. De ahí que Blas Infante negase nuestra europeidad y catalogase a España como el amo que le puso Europa a Andalucía. [...] Como ocurrirá con los españolismos, los europeísmos se idean e imponen después para amparar y asentar la superestructura. [...] 
 
Si observamos un mapa físico del planeta distinguiremos obvias masas continentales singularizadas, como la africana o la americana. Son evidentes e incuestionables sus límites geográficos. En cambio en la delimitación de la asiática nos encontramos con una contradicción. Esta enorme masa terrestre es interrumpida a la altura del Cáucaso y los montes Urales. Más allá de dichas montañas supuestamente comienza otro. La península que se prolonga por el oeste hasta el atlántico ya no forma parte de Asia, es Europa. No es la única prolongación continental tras unas barreras montañosas. Al sur del continente, por ejemplo, se repite el hecho: una gran cadena montañosa le separa de otra masa peninsular, la India. Pero la India no es un continente; está catalogada como subcontinente, una mera región diferenciada pero que forma parte de la masa asiática. No obstante, las argumentaciones a favor de una continentalidad europea son igualmente aplicables al Subcontinente Indio, y viceversa, luego, o India es continente o Europa subcontinente. La respuesta es obvia. Europa es un mero subcontinente del continente asiático. [...]
 
La concepción continental de Europa es reciente, surge en el XVIII. En la misma época y por las mismas causas que se gestan otros artificios complementarios como los de la existencia de una cultura y una civilización europeas, como mitologías amparadoras del expansionismo de imperios del antiguo régimen y, posteriormente, del colonialismo capitalista. [...] El Zar Pedro I y su sucesora Catalina, siguiendo el ejemplo de otros déspotas ilustrados de la época, forzó una acelerada modernización de unas tierras que vivían cara a oriente y de espaldas a occidente. Hasta entonces lo europeo llegaba a Rusia; a partir de entonces la incluiría. Esa es la razón de que el continente abarque por el Este hasta los Urales, el Cáucaso y el Mar Negro. Esas eran las fronteras orientales del Imperio Ruso en el siglo XVIII. [...]
 
A nadie se le ocurriría hablar de una única civilización o cultura asiática o africana. A los pueblos asiáticos y africanos sólo les une el compartir masa continental y el haber sufrido por igual la colonización occidental. En cambio se nos quiere convencer de que la totalidad de los que habitamos Europa, por el mero hecho de hacerlo, formamos parte de una unívoca realidad social y étnico-cultural. De una misma cultura y civilización cuyo epicentro se halla, casualmente, dentro de los límites de aquellas antiguas lindes carolingias y de los actuales valores burgueses. Si ayer la "civilización europea" era sinónimo de feudalismo germánico más catolicismo, hoy lo es de capitalismo más valores burgueses. Tanto política como socialmente, Europa sólo es el nombre de la ocupación y opresión del norte sobre el sur europeo. >>
 
El mismo autor concreta la aplicación de esa mitología euroespañolista al dominio psicológico de nuestro país cuando detalla cómo (mismo autor, 2011b: 23)
 
<< El Mediterráneo siempre nos ha determinado, tanto a nivel económico y comercial, como con respecto a formas de vida, de subsistencia, idiosincrasia cultural o caracterología social. Su climatología, ecología, geografía, etc., nos han moldeado. Y es este hábitat natural andaluz el que [...] ha ocasionado que poseamos más afinidad con un pueblo mediterráneo situado a miles de kilómetros que con otro del interior continental o peninsular que se encuentre a mucha menos distancia lineal. [...]
 
El españolismo y el europeísmo siempre han intentado obviar y ocultar estos hechos para justificar mitológicas unidades peninsulares y continentales que nunca han sido realidades naturales. Más allá del plano estrictamente geográfico, ni Europa y ni la Península han poseído ni conllevado nunca otras tipologías de unicidad, sea social o étnico-cultural. El que varias poblaciones compartan espacios geográficos no conlleva imprescindiblemente conformar un solo pueblo o cultura. [...] Europa y España, más allá de una denominación geográfica, como entidades políticas, sólo han sido dos nombres que embozan y amparan la conquista y opresión de los pueblos mediterráneos por parte de las élites dominantes del interior continental y peninsular. Siempre han sido sinónimo de imperialismo. La expansión imperialista europea y española no comenzó realmente con la colonización de otros continentes, sino con la colonización de los pueblos del norte del Mediterráneo. [...] Sobre esta base, la de la opresión, robo y explotación del Sur, se levantará el primer "progreso" europeo y español. >>
 
En este mismo sentido, a pesar de la evidente diferencia histórica y cultural entre la Europa centro-nórdica y la ribera Norte del Mediterráneo, "se gastan discursos y tinta hasta la saciedad sobre la Europa unida", como hacen determinados espacios emitidos en Canal Sur, mientras desde esa misma Unión Europea (ficticia en cuanto abandonamos la mera denominación geográfica, al igual que sucede con 'España'), "organización de Estados indentificables con el colonialismo [...], se trabaja activamente en la división y una mayor fragmentación de otras civilizaciones y culturas" (Medina Molera, 2008: 3). Esto se realiza creando naciones-Estado anacrónicas como los inventos de las potencias coloniales del Egipto de los faraones, la Persia sasánida, la Arabia preislámica, Siria, Libia, la división en Nigeria con Biafra, el mismo fenómeno en la Eritrea etíope o idéntico proceso con la Bangla Desh india. Como ya explicitábamos, se ha forjado una mitología en torno a una civilización europea cuyos orígenes se remontarían a la llamada Grecia clásica, aunque "se llaman filósofos griegos, antes de Sócrates, a una pléyade de auténticos genios del pensamiento que en absoluto eran griegos: Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Pármenides, Heráclito". La apropiación se basa en que "todos ellos escribieron en lengua griega, por ser una de las lenguas de cultura del momento, como, por ejemplo, hoy el inglés, pero todos habían nacido y vivido en satrapías del Imperio Persa, Asia Menor, Mileto, Elea, Éfeso, y cuyo pensamiento se nutre de la universal cultura de Oriente, Persia, el Creciente Fértil y la India", de modo que finalmente "se atribuye a Grecia algo que no es en absoluto griego ni europeo", como sucede igualmente con los llamados Padres Griegos en la historia profética, en relación con el "florecimiento trascendente nacido en suelo asiático" que tuvo como centros Antioquía (actual Siria), Capadocia (actual Turquía), Alejandría (actual Egipto), Nablús (Palestina), Cartago (Túnez), etcétera: "ninguno fue griego y menos europeo, [...] ni su pensamiento occidental" (ibíd.: 6). Durante la fase ascendente del colonialismo, Europa se apropia de las invenciones, navegación, astronomía, matemáticas, ciencias y artes chinas (pólvora, brújula e imprenta), indias, islámicas y de otras zonas del mundo (sin contar, por supuesto, sus materias primas) para proclamar el mito de la "cultura occidental" de acuerdo con una concepción racista de superioridad. Basta recordar ejemplos como el origen de la palabra "raza" en las expediciones de saqueo y cruzada contra los andaluces por parte de los Reyes Católicos (el término "negro" surge alrededor de 1550 tras la conquista de Al-Andalus y América por parte de Castilla y Portugal, mientras el de "africano" se escribe por primera vez sobre 1564, y el opuesto de "europeo" en 1603), la adopción de su significado moderno con Buffon hacia el siglo XVIII dando patente de corso a los traficantes de esclavos (usándose para designar algo indigno, 'puerco'), los ensayos del conde de Gobineau sobre la desigualdad de las razas (quien afirmaba que toda civilización es producto de la raza blanca, sin ayuda de la cual ninguna podría existir) o las declaraciones de Lincoln (embarcado en la emancipación por la necesidad militar impuesta por la guerra) en 1858 en las que se declara contrario a la igualdad social y política de las "razas" blanca y negra (ibíd.: 7), para dejar al descubierto que "Hasta hoy, la historia de Europa permanece fiel al sentido racista de su origen, haciendo de esta teoría criminal un fundamento de excepcionalismo, de providencialismo que atenta contra la solidaridad y la universalidad, significando un gran desprecio por la cultura humana" (p. 8). Es así que (p. 4) 
 
<< El colonialismo europeo ha dado a los Estados europeos la mayor parte de los bienes raíces del planeta y del capital variable, el trabajo. Occidente ha matado más personas en África, Asia, América y Oceanía, que las que constituían la población europea del siglo XIX. En realidad, desde el siglo XVI en adelante, por cada siglo, el colonialismo europeo ha matado tantos habitantes de las colonias como la población media de Europa de aquellos siglos. Ha destruido, por otra parte, más edificios, obras de arte, trabajos de irrigación, escuelas, culturas y ciudades que cuantas fueron anteriormente destruidas en la totalidad de la historia humana. […] Europa ha subsumido en un enquistado atraso a los «continentes colonizados», primero a través de la guerra de conquista, después con el tráfico de esclavos y las devastadoras matanzas, finalmente a través de un sistema de explotación sistemático y su connatural dominación. […] El colonialismo aumentó las enfermedades, asesinó a centenares de millones de personas, aumentó el analfabetismo en la mayor parte del planeta (por ejemplo, donde se leía y escribía en árabe fueron cerradas las escuelas y universidades), sofocadas las artes y los oficios en tres continentes, aumentó la mortalidad infantil y adulta [...], se destruyeron técnicas y trabajos de irrigación que eran auténticas maravillas […], se arruinó el suelo y la agricultura con el monocultivo (erosionando los suelos del centro y sur de África, destruyendo sabanas y selvas, los pulmones del planeta). Ellos fueron los procesos «idílicos» que formaron los factores primarios de la acumulación primaria. >>
 
El aparato político-institucional europeo pretende que la población de los Estados de la UE (y en particular, la juventud) asuma el sentimiento de pertenencia a "Europa" recreando el relato del citado milagro griego o grecolatino (versión ampliada) y los valores de democracia, ciencia y libertad (incluso de ¡la verdad, la dignidad, la humanidad y los valores morales!) presuntamente inherentes a la civilización occidental definida en oposición a otros pueblos; elaboración mitológica suscrita y reproducida por el virreinato de la Junta. Para ilustrarlo, acudiremos de nuevo a un extracto de Hijano del Río y Ruiz Morales (2003: 25-32), aun siendo conscientes de su extensión, pero que reproducimos por su valor paradigmático en cuanto al diseño de todo un relato providencialista de las virtudes de la llamada civilización europea heredera, supuestamente, del legado griego y romano; unas prerrogativas de las que, cabe inferirse, carecen las demás: 
 
<< En tanto, desde las instancias europeas se intensifica la mencionada “necesidad”. En 1998, una Resolución del Consejo y de los ministros de Educación (88/187/CE) plantea el objetivo de “reforzar la dimensión europea en la enseñanza” […] con el fin de contribuir, entre otros, a “fortalecer en los jóvenes el sentido de la identidad europea y aclararles el valor de la civilización europea, de las bases sobre las cuales los pueblos europeos pretenden hoy en día disfrutar de su desarrollo, concretamente la salvaguarda de los principios de democracia, la justicia social y el respeto de los derechos humanos”. Estamos ante uno de los más importantes y reiterativos discursos emanados de la Unión Europea y asumidos plenamente por el Gobierno autonómico. […] A la creación de la “identidad europea” se asocian, como ocurre en los procesos de construcción de modelos de identificación, esos “pueblos europeos” en boca de los que se habla, a los que se otorga determinada voluntad y que encierran una serie de valores a “salvaguardar”; esto último supone a la vez la construcción de otros sujetos, que carecen de tales valores e incluso los amenazan. Se realiza a su vez una imposición, no sólo respecto a la voz y la voluntad de esos pueblos europeos, sino respecto a lo que sus jóvenes han de valorar: la “civilización europea”. […] 
 
En la III Legislatura [del Parlamento andaluz], Europa ya es el principal marco de referencia, al mismo nivel por lo menos que España, y a Andalucía la dota el presidente de la Junta de una dimensón que ya apuntara [José Rodríguez de la] Borbolla, para la cual incluso su propio nombre es superfluo: “hoy día se puede decir que el sur no forma un país distinto del resto de las regiones desarrolladas de España, que está perfectamente integrado en España y que puede facilitar y que va a facilitar y que va a favorecer la integración de España en el proceso de integración europea” (DS [Diario de Sesiones] 30-6-92:3922). […]
 
La europeidad como modelo es una tarea prioritaria para M. Chaves. […] Para él, Europa “es nuestro único marco o el mejor marco de referencia que nosotros tenemos para Andalucía” (DS 30-6-92:3887). Chaves liga la mejora de Andalucía a la Comunidad Europea, ante la que es prioritario un “esfuerzo de adaptación” que ha de ser incondicional, y para ello es preciso minimizar la autonomía y desvertebrar cualquier posibilidad de existencia de una conciencia etnonacional en Andalucía. […]
 
A este respecto, la postura del ex presidente del Gobierno español, Felipe González, es suficientemente paradigmática sobre la perspectiva dominante en la mayoría gobernante de Andalucía: “Los que queremos más Europa, menos nacionalismo rampante, ...” (El País, 3 de mayo de 1998). La realidad andaluza ha de verse en función de las exigencias españolas y europeas. Según M. Chaves “Nos jugamos algo tan decisivo como el futuro individual y colectivo, pero no tiene sentido planificar o programar sus actividades fuera de la realidad en la que vamos a desarrollarlo. Una realidad, señorías, que tiene dos grandes escenarios: España y la Unión Europea” (DS 1-7-98:5284). A su vez, Europa somos nosotros. Para el presidente de la Junta “La vocación andaluza de colaboración y universalidad tiene hoy, en la Unión Europea, una garantía de estabilidad” (DS 10-4-9623). Y de paso se concibe como un excelente antídoto contra cualquier prurito etnonacionalista. [...]
 
Incluyamos algún ejemplo más de esta contrucción afectando al currículum. Según la orden 21-2-00, sobre optatividad en secundaria, la asignatura Cultura Clásica I se justifica de la siguiente manera: “Cuando se habla de cultura occidental se hace referencia a un concepto definido por la antropología como un 'complejo global que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridas por el hombre en cuanto miembro de la sociedad'. La cultura constituye todo aquello que el hombre aprende”. Es la definición de cultura que realizó uno de los padres de la antropología, E.B. Tylor (1975 –la disposición no cita la fuente–), con la diferencia de que éste se refería a toda cultura humana, pero en esta orden se restringe a la “cultura occidental”, la única al parecer digna de tal definición. Y prosigue: “Presenta la realización cultural del antiguo mundo grecolatino, de la que es continuación nuestra cultura occidental y que, al ser tomada como modelo, ha recibido el nombre de clásica”. Es una visión occidentalista que, además, excluye la tradición histórico-cultural andaluza (Cf. J.M. Navarro, 1997 [5]). Más aún: “Por esta vía [Renacimiento] los griegos han transmitido a la cultura occidental el espíritu científico y de la libertad; el amor al saber por el saber mismo y el afán de investigación; la confianza en la razón humana para descubrir la verdad en el mundo de los objetos y en el universo moral; la posibilidad del pensamiento abstracto y la tendencia a comparar y extraer conclusiones. Legado suyo es también el sentido del estilo y de la forma, la estimación por la sencillez y la verdad. Aportaciones culturales de los romanos son, entre otras: la tradición del derecho y de la organización política, el sentido de la dignidad unido a un espíritu de moderación y de humanidad; la estimación de los valores morales; la noción de la unidad de los hombres, teóricamente extendida por el cosmopolitismo estoico y el espíritu colonizador ecuménico”. Los demás, ¿no? De lo que se trata es de permitir a los alumnos “comprender los auténticos valores de nuestra civilización”. En la asignatura Cultura Clásica II se señala: “El legado cultural del mundo grecorromano constituye la base sobre la que se ha levantado el complejo armazón de la cultura occidental”. Su entramado “constituye hoy el marco que hace posible la construcción de un proyecto europeo”. Resalta la importancia del latín “en la configuración de las lenguas romances, sobre todo de las que se hablan en España y en los países de nuestro entorno”. Una seria invitación al olvido (pensemos en América), para hacer Europa. 
 
Numerosas disposiciones legislativas se dedican a la “dimensión europea” de la educación o a responder a las consignas y exigencias de la UE al respecto. Incluso iniciativas de larga tradición, como los premios Joaquín Guichot y A. Domínguez Ortiz, la nueva dimensión toma protagonismo. Así, la Orden 2-3-00 que convoca estos premios en el año 2000, entre los apartados sobre los que preferentemente pueden versar los trabajos está “La dimensión europea de la educación. Enseñanza y euro”. >>
 
Como se ve, a juicio de las autoridades competentes el latín es importante “en la configuración de las lenguas romances, sobre todo de las que se hablan en España y en los países de nuestro entorno”. Plantearse la enseñanza del árabe, que sería una herramienta cognitiva de suma utilidad para comprender la historia de Andalucía e incluso "la configuración de las lenguas romances" como el castellano, nunca lo han estimado necesario, dado que por "países de nuestro entorno" parece que se entienden Noruega o Finlandia más que, por ejemplo, Marruecos, del que no nos separan ni quince kilómetros. 
 
Aimé Césaire es uno de los pensadores que mejor ha desmontado toda esta fabulación euroccidentalocéntrica y colonialista (apología del "espíritu colonizador ecuménico", como acabamos de leer). Se trata de "uno de los personajes más importantes del siglo XX", "uno de los intelectuales visionarios que se adelantan a los acontecimientos de su época" dado que "Anticipó con décadas de antelación los límites de la descolonización jurídico-política de los pueblos coloniales" en dicha centuria, pero a pesar de cuyos méritos "sigue siendo un pensador ignorado, subestimado y casi desconocido en el Primer Mundo" (Grosfoguel, 2006: 147), redunda en el carácter nocivo de una ideología, la europea, cómplice de tales perniciosos efectos por medio de la fabricación de un mito de excepcionalidad que minimiza los valores y productos de las distintas culturas del mundo, o bien oculta los que de ellas ha tomado en los terrenos filosófico o científico-técnico. Más allá, no solo denuncia los genocidios realizados en nombre de la civilización europea con otros pueblos, sino que sitúa los llevados a cabo en su propio territorio como una mera extensión, continuación y consecuencia lógica y esperable respecto de los primeros. Así (Césaire, 2006: 13-40):
 
<< El hecho es que la civilización llamada «europea», la civilización «occidental», tal como ha sido moldeada por dos siglos de régimen burgués, es incapaz de resolver los dos principales problemas que su existencia ha originado: el problema del proletariado y el problema colonial. Esta Europa, citada ante el tribunal de la «razón» y ante el tribunal de la «conciencia», no puede justificarse; y se refugia cada vez más en una hipocresía aún más odiosa porque tiene cada vez menos probabilidades de engañar. 
 
Europa es indefendible. 
 
[...] Lo grave es que «Europa» es moral y espiritualmente indefendible. 
 
[...] ¿qué es, en su principio, la colonización? Reconocer que esta no es evangelización, ni empresa filantrópica, ni voluntad de hacer retroceder las fronteras de la ignorancia, de la enfermedad, de la tiranía; [...] en la colonización el gesto decisivo es el del aventurero y el del pirata, el del tendero a lo grande y el del armador, el del buscador de oro y el del comerciante, el del apetito y el de la fuerza [...]. constato que la hipocresía es reciente; que ni Cortés al descubrir México desde lo alto del gran teocalli, ni Pizarro delante de Cuzco [...] se reclaman los precursores de un orden superior; que ellos matan, saquean; que tienen cascos, lanzas, codicias; que los calumniadores llegaron más tarde [...].
 
[...] Sí, valdría la pena [...] revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX que lleva consigo un Hitler y que lo ignora; que Hitler lo habita; que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica; y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África. 
 
[...] Europa es responsable frente a la comunidad humana de la más alta tasa de cadáveres de la historia. [...] la Europa colonizadora es desleal cuando legitima a posteriori la acción colonizadora aduciendo los evidentes progresos materiales realizados en ciertos dominios bajo el régimen colonial, porque [...] nadie sabe a qué estadio de desarrollo material habrían llegado estos mismos países sin la intervención europea; [...] que la europeización de los continentes no europeos podría haberse hecho de otro modo sin que fuera bajo la bota de Europa; que este movimiento de europeización estaba en marcha; que este ha sido incluso frenado; que, en todo caso, ha sido falseado por el dominio de Europa. 
 
La prueba es que hoy los nativos de África o de Asia reclaman escuelas y la Europa colonizadora se las niega; es el hombre africano quien solicita puertos y carreteras, y la Europa colonizadora se las escatima; es el colonizado quien quiere ir hacia delante, es el colonizador el que lo mantiene atrasado. [...]
 
¿Su doctrina? Tiene el mérito de ser sencilla. 
 
Que Occidente inventó la ciencia. Que solo Occidente sabe pensar; que en los límites del mundo occidental comienza el tenebroso reino del pensamiento primitivo [...]. Quedan, por supuesto, algunos hechos menores que oponen resistencia, a saber: la invención de la aritmética y la geometría por los egipcios; el descubrimiento de la astronomía por los asirios; el nacimiento de la química entre los árabes; la aparición del racionalismo en el seno del islam en una época en la que el pensamiento occidental tenía una apariencia furiosamente prelógica. Pero esos detalles impertinentes [...] los despacha rápidamente con severidad y es el principio formal de «que un descubrimiento que no forma parte de un conjunto» no es [...] sino un detalle, es decir, una fruslería sin importancia. [...]
 
Después de haber vinculado la ciencia, helo aquí reivindicando la moral. [...]
 
La conclusión se impone: frente a los antropófagos, a los descuartizadores y a otros comprachicos, Europa y Occidente encarnan el respeto de la dignidad humana.
 
Pero pasemos de largo [de] Argelia, Marruecos y otros lugares en los que [...] tantos valientes hijos de Occidente prodigan a sus hermanos inferiores de África, con tan incansables cuidados, en el claroscuro de los calabozos, estas auténticas señales de respeto de la dignidad humana que se llaman, en términos técnicos, «la bañera», «la electricidad», «el cuello de botella». 
 
[...] jamás estuvo Occidente, en el momento mismo en que se engolosina más que nunca con la palabra, más alejado de poder asumir las exigencias de un verdadero humanismo, [...] a la medida del mundo. >>
 
Estas denuncias de Medina Molera (2008) y Césaire (2006) en relación con los avances científicos e intelectuales de otras civilizaciones de los que se apropia Occidente haciéndolos pasar por suyos para construir el relato del 'milagro europeo' nos remite al concepto de “extractivismo epistémico” (“y ontológico”). Siguiendo a Grosfoguel (2016: 140-142):
 
<< El problema no es que una cultura no tenga derecho a tomar de otras culturas. El problema es cuando una cultura destruye a otra y en el proceso se apropia de sus aportaciones sin dejar ningún rastro en la memoria acerca de los pueblos que las produjeron. [...] El robo epistemicida forma parte del extractivismo global occidentalocéntrico desde la expansión colonial europea hace ya más de quinientos años. [...] 
 
La ciencia moderna tiene sus orígenes en un acto masivo de «extractivismo epistemológico». Una buena porción de los orígenes de las ciencias y filosofías europeas modernas la toman de los científicos y filósofos musulmanes. Pero con la colonización y la consiguiente destrucción de las otras civilizaciones y sus infraestructuras de producción de conocimiento, la ciencia quedó monopolizada en manos de hombres europeos dejando en decadencia epistémica a los otros pueblos. Como consecuencia de la construcción racial moderna que hace del hombre europeo un ser racialmente superior a los demás, se construyeron narrativas acerca de la historia de la ciencia donde se borraron las aportaciones de las civilizaciones no-occidentales de los que bebió occidente para producir ciencia y filosofía generándose así el mito racial moderno de que la ciencia tiene sus orígenes en hombres occidentales. De ahí que celebremos a Copérnico y olvidemos a Ibn al-Shatir, el científico de Damasco que trescientos años antes desarrolló los teoremas matemáticos precisos que el mismo Copérnico usara, o a Al-Biruni, el astrónomo musulmán persa que 600 años antes ya había concebido la idea de que la tierra le da la vuelta al sol y gira sobre su eje. Lo mismo ocurrió con la imprenta, la cual se le atribuye a Gutenberg cuando ya existía 900 años antes inventada por los chinos. Lo mismo ocurre con la filosofía griega que llega a Europa vía los filósofos al-andaluces Averroes y Maimónedes. Esta apropiación de conocimientos y borradura de la memoria histórica acerca de los orígenes de la filosofía y la ciencia moderna fue constitutivo al proyecto moderno/colonial de «extractivismo epistémico» desde sus primeros días a finales del siglo XV hasta nuestros días. >>
 
En los artículos precedentes hemos examinado ejemplos mediáticos del discurso colonialista, como el de una entrevista en el que un escritor best seller reproduce esa denunciada idealización de Europa, asimilada, además de con la ciencia, el racionalismo y la filosofía, con la democracia y la libertad, por contraposición al mundo árabe, equiparado con el terrorismo y lo fanático, pero, precisamente, excluyendo de esa Europa libre y democrática la experiencia histórica hitleriana. También existen diversos programas de exaltación pro-europea elaborados por un Canal Sur que, como ente mediático de la Junta de Andalucía, se atiene obedientemente a las directrices ideológicas que emanan de dicha institución, a saber, la subsunción de nuestro país tanto a España como a Europa, independientemente de los perjuicios que le ocasione la integración y sometimiento a dichas instancias políticas, "«porque nuestra nacionalidad está perfectamente integrada en España y en Europa» [Diario de Sesiones, 28-2-98:4082]. Para el presidente del Parlamento andaluz [Javier Torres Vela, PSOE, V Legislatura], los problemas principales de Andalucía son [...] [entre otros] las consecuencias derivadas de la OCM del aceite" (Hijano del Río y Ruiz Morales, op. cit.: 21), la llamada Organización Común de Mercado perpetrada por la Unión Europea. La propia Administración autonómica instó ese mismo año al Gobierno a que interpusiera un recurso contra la reforma ante el Tribunal de Justicia de la UE "con un informe en el que, según la Junta, se detallan cuáles serán las consecuencias negativas de la reforma para Andalucía, donde se produce el 80% del aceite de oliva" del Estado español. "Según Paulino Plata, consejero de Agricultura de la Junta, la reforma se ha hecho «sin datos fiables ni veraces» con respecto a la superficie y la producción de aceite. La Junta criticó que se establecieran cuotas que no reconocen el potencial productor de los Estados miembros, que desaparezca el mecanismo de intervención y que no se asegure el consumo a unos precios razonables" (El País, 4/VIII/19986). Sin embargo, a pesar de todo ello, la máxima autoridad legislativa del aparato administrativo del virreinato español en Andalucía aboga por asumir nuestra condición de esclavo obediente y resignado declarando que "esto último «no puede derivar hacia un rechazo a Europa, lo mismo que nunca se nos ha ocurrido rechazar a España porque tal o cual medida de un Gobierno desagrade o perjudique los intereses de Andalucía»" (Hijano del Río y Ruiz Morales, ibíd.).
 
En el próximo y final artículo terminaremos de poner a prueba esta mitología euroccidentalocéntrica implícita en el tweet de Isabel San Sebastián. 
 
REFERENCIAS
 
AMIN, Samir (2006): De la crítica del racialismo a la crítica del euroccidentalismo culturalista. En CÉSAIRE, Aimé, Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. 
 
CAMPOS LÓPEZ, Francisco (2011a): “Esbozos de una Historia de Andalucía (2ª parte). Marcos geo-ecológicos y primeros pobladores”, Independencia. Órgano andaluz de opinión, 55 (mayo-agosto 2011): 14-20.
- (2011b): “Esbozos de una Historia de Andalucía (1ª parte). El concepto de nación y Andalucía como nación”, Independencia. Órgano andaluz de opinión, 54 (enero-abril 2011): 18-24.
 
CÉSAIRE, Aimé (2006): Discurso sobre el colonialismo. En CÉSAIRE, Aimé, Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. 
 
DUSSEL, Enrique (2004): “China (1421-1800): razones para cuestionar el eurocentrismo”, Archipiélago. Revista cultural de nuestra América, número 44, año 11, abril-junio 2004. revistas.unam.mx/index.php/archipielago/article/.../19688/18679  
 
GIL DE SAN VICENTE, Iñaki (2015): “Crítica abertzale del paradigma de la izquierda española. Límites teórico-políticos de las izquierdas nacionalistas españolas”. http://www.matxingunea.org/media/pdf/g_020621_critica_abertzale_del_paradigma_de_la_izquierda_espanola.pdf  
 
GROSFOGUEL, Ramón (2016): “Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y al «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo”, Tabula Rasa, 24: 123-143, enero-junio 2016. http://www.scielo.org.co/pdf/tara/n24/n24a06.pdf 
- (2006): Actualidad del pensamiento de Césaire: redefinición del sistema-mundo y producción de utopía desde la diferencia colonial. En CÉSAIRE, Aimé, Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. 
 
HIJANO DEL RÍO, Manuel y RUIZ MORALES, Fernando Carlos (2003): Etnicidad andaluza: su modelo de identidad en el discurso político-educativo de Andalucía. Sevilla: Fundación Centro de Estudios Andaluces.
 
 
 
TAIBO, Carlos (2014): Sobre el nacionalismo español. Madrid: Los Libros de la Catarata. 
 
NOTAS
 
[1] El último párrafo del texto de Dussel es una cita literal correspondiente a MENZIES, Gavin (2003): 1421. El año en que China descubrió el Nuevo Mundo. Barcelona: Grijalbo. 
[2] Son numerosas las citas de Blas Infante en las que niega la europeidad, entendida como espíritu bárbaro y mercantilizador, de Andalucía. 
[5] Referencia a NAVARRO, Josep M. (1997): El islam en las aulas. Barcelona: Icaria. 
 
Manuel Rodríguez Illana