Lunes 25 Junio 2018

Desinstalando la historiografía colonial: vivisección de un tweet de Isabel San Sebastián (IV)

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vicens vives reconquista y repoblacion
Desinstalando la historiografía colonial: vivisección de un tweet de Isabel San Sebastián (III)
 
 
Cerramos con el presente texto la serie de artículos que hemos estado dedicando a un tweet emitido por la periodista Isabel San Sebastián y cuya transcripción recordamos antes de continuar:
 
<< «Malditos seáis, islamistas hijos de... Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.» >>
 
Frente a estas apropiaciones de los conceptos de 'libertad' y 'democracia' por parte de la construcción ideológica llamada “Occidente” (en este caso, también por parte de la llamada “España”), diversas propuestas transformadoras están abogando en la actualidad por abandonar el objetivo de culminar el proyecto inconcluso de la modernidad pretendido por filósofos como Habermas, por ejemplo y, en lugar de ello, trascender la visión eurocéntrica de la modernidad con el propósito de, muy al contrario, culminar el inacabado proceso de la descolonización, como hace la denominada transmodernidad de Enrique Dussel (2001). Esto último supone empezar a concebir mundos alternativos a la versión eurocéntrica de la modernidad y, por tanto, superar la disyuntiva entre eurocentrismo y fundamentalismo. Dado que ya no existe un 'afuera' absoluto a este sistema-mundo y, por ende, tampoco un 'adentro' absoluto, es oportuno abogar por una multiplicidad de propuestas críticas descolonizadoras desde las localizaciones culturales de los respectivos pueblos del mundo. Esto significa que la filosofía de emancipación, aplicada a cuestiones como la democracia, la liberación de la mujer, los derechos civiles, las formas de organización económica alternativas otras a este sistema solo pueden venir de las respuestas creativas de proyectos éticos y epistémicos locales, lo cual, como se acaba de aclarar, no supone en absoluto una llamada al fundamentalismo nacionalista, como rechaza Césaire (2006), ni instaurar una idea romántica del mundo antes de la dominación eurocéntrica (Grosfoguel, 2006: 156) sino la búsqueda de un nuevo universalismo que, al contrario que el de corte euroccidentalista que esconde su lugar de enunciación, no sea de tipo abstracto sino un universalismo concreto basado en el pensamiento fronterizo entre las/os pensadoras/es críticos de las diversas culturas. Así (ibíd.: 164), "Por ejemplo, las mujeres occidentales no pueden imponer su noción de liberación a las mujeres del mundo islámico. De igual forma, el hombre occidental no puede imponer su noción de democracia a los pueblos no europeos". Una imposición, la euroccidental, que lleva a sus espaldas un amplio historial de hipocresía bajo la coartada de exportar el progreso a otros lugares (ibíd.: 165, 157-158): 
 
<< Durante los últimos 513 años de sistema-mundo europeo/euro-estadounidense moderno/colonial capitalista/patriarcal fuimos del «cristianízate o te mato» en el siglo XVI al «civilízate o te mato» en los siglos XVII y XIX, al «desarróllate o te mato» en el siglo XX, y, más recientemente, al «democratízate o te mato» a principios del siglo XXI. Ningún respeto ni reconocimiento a formas de democracia indígenas, islámicas o africanas. Las formas de alteridad democráticas son rechazadas a priori. La forma liberal occidental [capitalista] de democracia es la única legitimada y aceptada, siempre y cuando no comience a atentar contra los intereses hegemónicos occidentales. Si las poblaciones no europeas no aceptan los términos de la democracia liberal, entonces se les impone por la fuerza en nombre del progreso y la civilización. [...] Culturalizar, tras 453 años de colonialismo global y 60 años de neocolonialidad global, los autoritarismos existentes en la periferia con la complicidad de las agencias de inteligencia y de los aparatos militares de Occidente, diciendo que esto tiene que ver con la cultura política del mundo no europeo versus el mundo europeo/euronorteamericano o con sus estrategias políticas diferenciadas constituye una de las mayores mistificaciones racistas usadas hoy día para decir que después de todo las democracias liberales occidentales son lo mejor que tenemos frente a la llamada «barbarie terrorista». >> 
 
Vamos a comprobar a continuación una versión de la conquista de América muy relacionada con esta retórica de la misión civilizadora de los pueblos bárbaros. Toda esta concepción, lejos de tratarse de un mero conjunto de anécdotas, es fruto de una auténtica cosmovisión ideológica, que fue compartida y difundida, por ejemplo, por el propio presidente de la corporación RTVE, José Antonio Sánchez, natural de Isla Cristina, cuya trayectoria periodística pasa por medios como ABC, Onda Cero, La Razón, COPE o Telemadrid y en ese cargo desde octubre de 2014 [1], quien el jueves 30 de marzo de 2017, en un acto celebrado en la Casa de América de Madrid, con motivo de la firma de un convenio entre RTVE y la institución cultural latinoamericana para el intercambio de contenidos, afirmó (tratando, por cierto, de borrar todo atisbo de dicción andaluza, aunque no consiguiendo en todo momento su objetivo) que "El Descubrimiento de América ha sido el acontecimiento más importante de la Historia de la Humanidad después del nacimiento de Cristo" [2], para continuar con estas palabras [3]:
 
<< Fuimos un imperio. Yo creo que esto es la clave de todo. Quizá el imperio más importante que jamás haya habido. Y por eso, precisamente por eso, padecimos y padecemos lo que llamamos "la leyenda negra". Es una obviedad que la historia del mundo no se podría escribir sin España. Se podría escribir sin tener en cuenta a muchísimas naciones, pero sería imposible hacerlo sin España. Soy de los que opinan que España nunca colonizó, sino que civilizó. Y yo digo: ¿en qué cabeza cabe que los españoles de entonces se iban a dedicar al exterminio de seres humanos? Los españoles que fueron a América eran los españoles que tenían unas Cortes desde hacía mucho, que tenían sometido al derecho cualquier poder o arbitrariedad, que vivían en un país lleno de catedrales, en el que se escribía y editaba el Quijote, en el que pintaba Tiziano y se exhibían los cuadros de El Bosco. Un país que era la referencia de Occidente en la más amplia concepción del arte, la pintura, la literatura, el teatro, el misticismo, la arquitectura, un país que ya estaba contruyendo la octava maravilla del mundo: el monasterio de El Escorial. Unos españoles que ya sabían de la existencia de Dante y Petrarca, que sabían que Miguel Ángel pintaba la Sixtina. ¿Cómo los españoles de ese entorno se iban a dedicar al exterminio de seres humanos? ¿En qué cabeza cabe? ¿Que se hizo cosas malas? Que alguien me diga en qué conquista no las hubo. Inga Clendinnen es una historiadora australiana que da clase en la Universidad de Cambridge. Es autora de un libro que en su momento fue considerado por el New York Times como el mejor libro del año. Dice con cierta sorna: "Lamentar la desaparición del imperio azteca es más o menos como sentir pesar por la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial". Vuelvo a insistir: España nunca fue colonizadora; fue evangelizadora y civilizadora. Los pueblos bárbaros, cuando han transitado de la orilla de la esclavitud a la ribera de la libertad lo han hecho tras haber sido civilizados. >>
 
En primer lugar, la historiadora que cita Sánchez, fallecida en septiembre de 2016, no dio clase en Cambridge (Reino Unido) sino que fue profesora en dos universidades australianas, la de Melbourne y la de La Trobe. Ni en su libro Aztecs: An Interpretation ni en otros ensayos disponibles en internet puede encontrarse una frase similar a la que citó el titular de la RTVE. "«Inga creía que la gente, no solo los historiadores, debían esforzarse para entender cómo las sociedades interpretaban sus acciones, especialmente cuando estas acciones incluían la violencia y el terror», comenta [...] Barry Carr, excolega de Clendinnen y académico de la Universidad La Trobe, vía correo electrónico. «Ella nunca haría juicios de ese tipo, al contrario, dedicó su carrera a entender la perspectiva de estas sociedades»". En opinión de Enrique Florescano (experto en Historia de México y las civilizaciones mesoamericanas), "«Inga era una admiradora y profunda conocedora de la cultura y la civilización azteca. Su libro sobre la historia de la Conquista de México es excelente. No pudo haber dicho eso. Es una afirmación totalmente reaccionaria y contraria a toda la verdad histórica. Ella hizo aportaciones muy importantes para la revalorización de la cultura indígena»" (Verne.elpais.com, 6/IV/2017 [4]). 
 
La alocución de Sánchez nos llama a denunciar que, como apuntábamos en el artículo precedente, la colonización "no es evangelización, ni empresa filantrópica, ni voluntad de hacer retroceder las fronteras de la ignorancia, de la enfermedad, de la tiranía" sino que en ella "el gesto decisivo es el del aventurero y el del pirata, el del tendero a lo grande y el del armador, el del buscador de oro y el del comerciante, el del apetito y el de la fuerza" y que "ni Cortés al descubrir México desde lo alto del gran teocalli, ni Pizarro delante de Cuzco [...] se reclaman los precursores de un orden superior; que ellos matan, saquean; que tienen cascos, lanzas, codicias; que los calumniadores llegaron más tarde", en referencia a las autoridades eclesiásticas (Césaire, op. cit.: 13-40). Durante los últimos cinco siglos de sistema-mundo moderno, colonial, capitalista y patriarcal hemos ido pasando del «cristianízate o te mato» del siglo XVI al «civilízate o te mato» en el XVII y XIX hasta llegar al «desarróllate o te mato» del XX, y, como última parada del viaje por ahora, al «democratízate o te mato» a principios del siglo XXI (Grosfoguel, op. cit.: 165, 157-158). Por otra parte, Sánchez, para quien, en una evidente muestra de jerarquización racial, "la historia del mundo [...] no se podría escribir sin España", o, en todo caso "sin tener en cuenta a muchísimas naciones, pero sería imposible hacerlo sin España", con sus constantes referencias a "un país" así llamado y a "los españoles", incurre, como suele hacerse, en el mito de la supuesta nación más antigua de Europa convirtiendo en tal a lo que en realidad fue la alianza política entre la Corona de Aragón y la de Castilla (la dinámica política de Castilla-León, de una parte, y la de Aragón-Cataluña-Valencia, por otra, obedecen a procesos totalmente diferentes), siendo esta última, concreta y exactamente, la protagonista de la conquista y colonización de América; no una presunta “España” que por aquella época no pasaba de denominación geográfica equivalente a Hispania o Iberia, como demuestra, de hecho, que los descendientes de los Reyes Católicos nunca se titularan como “reyes de España” (Pons, 2016). 
 
El 11/VI/2012, el diario El Mundo traslució idéntico colonialismo despectivo hacia lo 'no-europeo', concretamente hacia lo africano, cuando narraba en tono épico la reunión que el ministro de Economía español, Luis de Guindos, mantuvo con el Eurogrupo (reunión de los ministros de Economía y Finanzas de los Estados miembros de la Unión Europea cuya moneda es el euro, junto con otros altos cargos del organigrama económico de la UE). El resultado de la negociación, "un acuerdo digno que permitirá financiar a los bancos más débiles sin condiciones macroeconómicas" por el que "España tiene ya garantizada una línea de 100.000 millones que limitará la presión de los mercados", fue presentada como un gran éxito del ministro ("aunque naturalmente no impedirá que se siga aplicando una política de ajuste duro", según reconoció el propio diario). De acuerdo con el relato de tal epopeya diplomática, que adoptaba el mismo estilo que la crónica de un choque futbolístico resuelto en tiempo de descuento ("Fueron las dos horas y media más importantes e intensas para España del último cuarto de siglo. Nunca antes, al menos desde el punto de vista económico, nuestro país se ha jugado tanto en tan poco tiempo"), dicho supuesto éxito, según remarcaba el subtitular inferior, se debió a "el órdago del ministro de Economía que salvó la situación en el eurogrupo", el cual, a su vez, vino motivado por el superior, que aclaraba que fue "El SMS de Rajoy a Guindos que marcó la cita clave para la economía española"; fragmento destacado que, a su vez, iba precedido del titular que reproducía las presuntas palabras textuales de Rajoy en dicho mensaje telefónico: "«Aguanta, somos la cuarta potencia de Europa, España no es Uganda»" [5]. Es un racismo paradójico porque inferioriza a los pueblos africanos ante una "Europa" de la que se cree formar parte cuando el área mediterránea misma fue subalternizada por el Norte del subcontinente a partir del siglo XVII al experimentarse un desplazamiento del centro del sistema-mundo. Como producto del rapto de africanos y su esclavización en el continente americano, en una suerte de metáfora del regador regado (Grosfoguel, 2013: 48, 52), a los africanos 
 
<< Se los sometió a un régimen de racismo epistémico que proscribió su conocimiento autónomo. La inferioridad epistémica fue un argumento crucial usado para aducir la inferioridad social biológica por debajo de la línea de lo humano. La idea racista a finales del siglo XVI era que los «negros carecían de inteligencia», lo que en el siglo XX se convirtió en los «negros tienen bajos niveles de CI» (CI = coeficiente de inteligencia)". [...]
 
Cuando el centro del sistema-mundo pasó de la Península Ibérica a la Europa noroccidental a mediados del siglo XVII, después de la guerra de los treinta años donde los holandeses derrotaron a la Armada Española, el privilegio epistémico pasó junto con el poder sistémico de los imperios desde la Península Ibérica hacia los imperios europeos noroccidentales. La visión antropológica racista de Kant en el siglo XVIII que ponía las montañas de los Pirineos como una línea divisoria al interior de Europa para definir la racionalidad y la irracionalidad apenas sigue este desplazamiento del poder geopolítico que surge en el siglo XVII. Kant aplicó a la Península Ibérica en el siglo XVIII las mismas opiniones racistas que la península Ibérica aplicara al resto del mundo durante el siglo XVI. >>
 
Odriozola (2012) reflexiona irónicamente en torno al revuelo mediático ocasionado por la filtración del SMS de Rajoy a Guindos:  "Lo que se conoce como «Occidente» se basa en la raza blanca judeo-cristiana superior a las otras civilizaciones y culturas que, por supuesto, son primitivas e inferiores. ¿Disponen los esquimales de teléfono móvil? Tal vez, sí. Pero gracias a los blancos. Ellos hubieran tardado la tira de tiempo en crearlo. ¿Y los negros ugandeses? Afortunadamente, existió el colonialismo decimonónico que los «civilizó»".
 
Pasamos a continuación a aportar algunas pruebas en relación con la última cita de Grosfoguel (2006), tanto contra la pretensión de que la democracia liberal capitalista es la forma perfecta y única a imitar, como a la hora de evidenciar la acción subterránea de las potencias occidentales en el establecimiento de esos regímenes autoritarios de la periferia, actividad oculta que se intenta tapar con un velo de culturalismo racista. En este sentido, primero, es pertinente afirmar que 'democracia' no es un concepto absoluto que se adquiere o se pierde de repente, según según las cotizaciones, encíclicas y pastorales cotidianas que emiten los medios de comunicación modernos encargados de repartir los carnés de demócrata a las distintas zonas del mundo, y en segundo lugar a dichos rankings subyace la dinámica colonial. De acuerdo con Martín Seco (1997: 27), 
 
<< Hay quien mantiene una visión ingenua y un tanto bobalicona de la democracia, como si se tratase de una especie de estado de gracia imposible de perder, como si no admitiese grados, o como si se diese un salto cualitativo que nos transportara a un mundo estable y diferente. Pero la democracia está muy lejos de ser esa situación inamovible. «La democracia –como afirma Aranguren– no es status en el que pueda un pueblo cómodamente instalarse. Es una conquista ético-política de cada día que sólo a través de la autocrítica siempre vigilante puede mantenerse. Es más una aspiración que una posesión». 
 
Muchos sistemas democráticos se sitúan más cerca de lo que creemos de los regímenes autoritarios o dictatoriales. Y la neutralidad en el juego político deja mucho que desear. Las fuerzas económicas han conspirado en todas las épocas y situaciones para influir en las decisiones y configuraciones políticas. La democracia como gobierno del pueblo no ha llegado nunca a ser más que un buen deseo. […] El dinero siempre ha impuesto sus conveniencias. En algunos países, […] propiciando golpes de Estado […]. En otros casos, los procedimientos son más sibilinos. […] No se necesita la coacción física, no hay por qué recurrir al pucherazo. El control de los medios de comunicación y la financiación de los partidos políticos, entre otros instrumentos, proporcionan la capacidad adecuada. >>
 
Petras (2003) muestra la forma en que la apelación al concepto 'democracia' ha constituido frecuentemente un recurso instrumental al servicio del capitalismo, como demuestra, en el plano discursivo, el hecho de que, según el discurso hegemónico de los medios de comunicación, por ejemplo, las victorias electorales de la izquierda latinoamericana se atribuyan al poder destructivo de la demagogia, en tanto que las de la derecha son meras muestras de la consumación del ejercicio democrático. En suma, Petras suministra una buena panoplia de ejemplos acerca de la instrumentalidad del sistema que Occidente ha dado en llamar democrático (aspecto formal) respecto al capitalista (op. cit.: 142-151). Así, en Finlandia, una vez se demostraron infructuosas las maniobras extraparlamentarias que pretendían debilitar al régimen socialista salido de las urnas en 1917, la clase política recurrió a un levantamiento militar seguido de una invasión de tropas alemanas que masacraron, encarcelaron o exiliaron a uno de cada cuatro trabajadores. En Guyana, la burguesía anglo-estadounidense derrocó en dos ocasiones (1953, 1961) al socialista democrático de filiación marxista Cheddi Jagan cuando intentó controlar las enormes desigualdades socioeconómicas de su sociedad en clave nacional; primero, reconcentrando el poder en el gobernador colonial británico, y después, vía CIA, reemplazándole por el régimen corrupto del déspota Forbes Burnham para retornar a la política electoral una vez fijados nuevos límites en una Constitución autoritaria favorable a los intereses económicos de las metrópolis. La experiencia del Chile socialcomunista de Salvador Allende abortada en 1973 no merece mayor comentario, por conocida; la vuelta a las elecciones, y dentro de la Constitución pinochetista, fue concedida por el descontento masivo que siguió a la profunda depresión económica (15% en 1982 y desempleo oficial del 26%). En 1954, en Guatemala, la CIA, sectores del ejército, terratenientes y propietarios de grandes negocios derrocaron al gobierno nacional-populista moderado de Jacobo Arbenz, también salido de las urnas, por querer reducir el poder de la United Fruit Company y aumentar los derechos laborales, lo que dio como resultado total a lo largo de tres décadas el genocidio de 200.000 personas; la reinstauración electoral a mediados de los noventa con inclusión de los comandantes guerrilleros estuvo condicionada a que éstos aceptaran el marco socioeconómico, su propio desarme y la impunidad de los crímenes de la dictadura. En Irán, en 1954, un golpe organizado y en buena medida financiado por la CIA expulsó a Muhammad Mossadegh, primer ministro cuyo programa afectaba los negocios de las petroleras angloestadounidenses, y lo cambió por el shah Pahlavi, a cuyo ejército y policía secreta mantuvo más de un cuarto de siglo, para, al término de su mandato debido a la Revolución islámica de 1979, retornar al liberalismo político oportunista apoyando a políticos prodemocráticos, siempre amigos de los inversionistas extranjeros, que denunciaban el autoritarismo chií. En Haití, tras un largo apoyo al sangriento dictador Duvalier, Estados Unidos optó por un ex funcionario del Banco Mundial para enfrentarse al candidato populista y vencedor Bertrand Aristide, en las no deseadas elecciones de 1991, para derrocarlo menos de un año después, mientras apoyaba otros procesos de transición democrática latinoamericanos cuya deriva, al contrario que el camino seguido por Aristide, sí favorecían sus intereses. En Nicaragua, Washington no aceptó la victoria electoral del Frente Sandinista de 1984, avalada por observadores imparciales latinoamericanos y europeos, y boicoteó su gestión posterior entrenando a mercenarios, para reconocer inmediatamente el carácter democrático de la llegada al poder vía urnas de Violeta Chamorro, candidata derechista proestadounidense. En Alemania, en 1933, el capital alemán consideró más fácil facilitar nombres y datos de militantes sindicales a la policía secreta del régimen nazi, cuya llegada al poder había auspiciado para frenar el creciente ascenso comunista, a comparecer en las elecciones con resultados inciertos. En Italia, durante los años veinte, y en el Estado español, en 1936, el apoyo burgués hacia la resistencia violenta contra las victorias populares electorales constituyó una muestra transparente de que la burguesía veía las normas democráticas (constitucionalidad, elecciones) como meros instrumentos a favorecer o descartar de acuerdo con sus intereses estratégicos (en tanto buena parte de la izquierda percibía la democracia como intrínsecamente buena), para mitificar, después de prolongados gobiernos autoritarios favorables a las prerrogativas del capital, el retorno a la democracia capitalista como carente de clase, en contraposición con los anteriores períodos democráticos caracterizados por una fuerte influencia obrera, que son calificados por los apologistas de las nuevas transiciones como caóticos, asociados a la crisis constante o dominados por extremistas de derecha e izquierda. En el propio Estados Unidos, mediante el Compromiso de 1877, el Legislativo y Ejecutivo, controlados por las grandes empresas, desactivaron la potencial alianza entre las reclamaciones tanto de la nueva clase trabajadora industrial del Norte, como de los esclavos negros del Sur progresivamente organizados políticamente en demanda del reparto de tierras, como también de los granjeros del Oeste que cuestionaban el poder del transporte privado y los monopolios financieros; el resultado fue la legislación antisindical (relativa a los nuevos conflictos de clase en el Norte) y el terror del Klu Klux Klan (para asegurar los intereses comerciales de los antiguos propietarios de tierras). Todos estos capítulos históricos refrendan la condición de matrimonio de conveniencia (y a tiempo parcial) entre capitalismo (o mercado, según preferencias nominalistas) y democracia. 
 
Pero que ambos elementos no se encuentran vinculados sino por un nexo superficial y meramente aparente es puesto en evidencia de un modo simple, pero riguroso desde un punto de vista lógico, por la crítica que al occidentalismo formula Zinoviev (1999), quien acuña los conceptos de supraeconomía y supraestatismo (ibíd.: 127): “El occidentalismo comprende elementos del capitalismo y la democracia, pero es algo más amplio que el capitalismo y la democracia. Si en un país se producen fenómenos de capitalismo y democracia con arreglo al modelo occidental, no quiere decir que ese país se haya vuelto de tipo occidental. Para una transformación de esta clase se requieren muchos otros elementos”.  
 
Un factor de primer orden a tomar es la formación del mercado mundial, entendido no sólo como una ampliación de la esfera de la actividad económica con el establecimiento de determinadas relaciones entre socios paritarios, sino sobre todo como formación de imperios económicos supranacionales y globales; es decir, la formación de una “supraeconomía” (ibíd.: 138). Estos imperios han acumulado tanto poder que la evolución de la economía en los estados nacionales de Occidente, por no hablar del resto del mundo, depende de ellos. La supraeconomía domina la economía en el sentido tradicional de la palabra, la economía del primer nivel. Empiezan a tener un papel determinante los medios extraeconómicos, en concreto la presión política y las fuerzas armadas de los países occidentales. En estas condiciones, transformar toda economía periférica en economía de mercado, tal como desea Occidente, significa transformarla en un apéndice de la supraeconomía, con el papel que le impongan los dueños reales de la sociedad mundial. Cuando los reformistas soviéticos destruyeron el sistema del estatalismo con la intención de instaurar en su lugar una democracia de tipo occidental, “no la veían tal como es, sino como una imagen idealizada de esta democracia creada a propósito para ellos por la ideología occidental, con los mismos métodos con que había creado la imagen de la economía de mercado”. Del sistema real de poder y gestión (es decir, el estatalismo) de la sociedad occidental se extrajeron algunos rasgos, como el pluripartidismo, la división de poderes, el carácter electivo de los órganos de poder, su revocabilidad, etc. Después de reunir y elaborar de acuerdo con los métodos de la ideología estos elementos, se les llama "democracia” y se proclama que son la esencia del estatalismo. “La utilización de este falseamiento ideológico de la realidad siempre es la misma: convencer a los incautos no occidentales de que bastaría con sustituir su propio estatismo por esta maravillosa «democracia» para que el país se convirtiera en un paraíso” (p. 139).  Pero la democracia, ciertamente, no basta por sí sola para definir es sistema del estatismo occidentalista, “del que ni siquiera es ya un elemento fundamental. Se hacen grandes alardes con ella, se le da una publicidad desmesurada, pero, en realidad, no representa más que la superficie del poder real”, a juicio de Zinoviev. Así (p. 140), 
 
<< En 1990, sólo en el gobierno federal de Estados Unidos, había tres millones de empleados. En 1987, también en Estados Unidos, el número de civiles contratados en todos los niveles del aparato del estado era de 17,3 millones, es decir, el 15,4 por 100 de los trabajadores dependientes. Además este sector tiende a expandirse, lo cual está determinado no sólo por la creciente complejidad de la sociedad por administrar […], sino también, independientemente de las necesidades del poder, por las leyes del crecimiento autónomo. También asistimos a una ampliación de las funciones del estado […]. Y no hay ninguna imperfección de la organización de tipo comunista que no se dé, por partida doble, en la occidental. >>
 
Si se analizan con detenimiento los elementos de la democracia, tampoco son como los pinta su imagen ideológica; por ejemplo, el principio de la división de poderes. Según la opinión de los propios teóricos occidentales autorizados, la famosa división de poderes en realidad no se ha llevado a cabo. En los gobiernos de varios países occidentales domina un solo poder, por lo general el legislativo, aunque se mantiene la división de funciones entre las distintas instituciones por pura comodidad práctica. “En el Reino Unido el poder legislativo y el ejecutivo se concentran en un solo órgano, el gobierno. Si un partido logra la mayoría de los votos en las elecciones, el parlamento nombra primer ministro al líder de dicho partido, y es él quien elige a los ministros de su gobierno. La figura principal del poder es el primer ministro, y el gobierno es su gobierno. En esta estructura, el poder ejecutivo es un apéndice del legislativo, y el legislativo es una prolongación del ejecutivo. La iniciativa legislativa procede del poder ejecutivo”. Del mismo modo, los órganos legislativos modernos no se ocupan tanto de la elaboración de un código de legislación común, como de tomar decisiones para dirigir los actos concretos del poder ejecutivo. La diferencia entre las disposiciones legislativas y las disposiciones corrientes de las autoridades ha desaparecido. El cometido principal de un poder legislativo no es la legislación, sino la gestión. Todo lo que sale hoy de un órgano legislativo se denomina ley. “El gobierno ha tenido la posibilidad de promulgar leyes que le convengan, sorteando de hecho el control de la ley. La tarea principal del órgano legislativo es gobernar, y la legislación ha pasado a un segundo plano” (p. 141). 
 
Pero si existe una supraeconomía en los países occidentales, también hay un supraestatismo (de ‘Estado’). El propio sistema necesita una gestión o poder interno propio. Pero este último no se constituye formalmente, como un órgano reconocido oficialmente por el poder estatal, y está formado por personajes muy variados (p. 142): “representantes de la administración, colaboradores de secretarías personales y servicios secretos, allegados de miembros de las altas esferas, consejeros… Hay otros, muy próximos a estas personas, en cuyo grupo ingresan con frecuencia, que se sitúan en los aledaños del gobierno y representan intereses privados: miembros de grupos de presión y mafias, amigos personales, etc. Todo esto es lo que podríamos llamar la «cocina del poder»”. 
 
El segundo factor es un conjunto de organizaciones secretas emanadas del poder oficial y, en general de todos los que organizan y ejecutan las actividades inconfesables del poder estatal; es imposible conocer el peso real de este componente ni los métodos que utiliza (por supuesto, el poder público no da ningún paso importante sin su conformidad). El tercer factor son las asociaciones de distintos tipos, formadas por personalidades numerosas y activas que ocupan posiciones elevadas en la jerarquía social. Por su posición, el control que tienen de los recursos, su estatus, su riqueza, notoriedad y popularidad, estas personas ejercen una gran influencia. Son (p. 143) “hombres de negocios famosos, banqueros, grandes terratenientes, dueños de periódicos, editores, dirigentes sindicales, productores cinematográficos, propietarios de equipos de fútbol, actores famosos, prelados, abogados, profesores universitarios, científicos, ingenieros, propietarios y ejecutivos de medios de comunicación, altos funcionarios y políticos. Este grupo forma la que podríamos llamar «minoría dirigente»”. 
 
El cuarto factor fundamental es la creación de infinidad de organismos y la organización de coaliciones y uniones entre los países occidentales, así como sistemas para formar y gestionar la sociedad global. Con todo esta compleja estructura de poder, influencias e intereses, en suma (ibíd.), 
 
<< En el sistema de supraestatismo no hay ni rastro de democracia, ya que en su interior no hay partidos políticos ni división de poderes. La esfera pública se ha reducido al mínimo, o se ha eliminado por completo, y predominan el secretismo, el espíritu de casta y los pactos personales. En comparación, el estatismo comunista parece cosa de diletantes. En el occidentalismo se elabora una «cultura del poder» muy particular que, andando el tiempo, acabará siendo el sistema más despótico de la historia de la humanidad. No lo digo con intención de reproche. ¡Dios me libre! Sencillamente, en virtud de las leyes objetivas que regulan la gestión de enormes agrupaciones humanas e incluso de toda la humanidad, como pretende Occidente, una democracia tal como la presentan la ideología y la propaganda occidentales resulta del todo inadecuada. Hoy día muchos teóricos occidentales lo plantean claramente. >>
 
El segundo requisito de este recorrido mitológico es catalogar como "democracias" a sociedades como la ateniense de la Antigüedad, en la que había una proporción de al menos 18 esclavos por cada ciudadano masculino adulto de Atenas, es decir, 365.000 esclavos, cuyo "consecuente silenciamiento hace pensar que se trata de un olvido intencionado" o bien que, de considerar que "el Estado ateniense era una democracia, esos 365.000 esclavos no podían considerarse seres humanos" (Romano, 1998: 48). De hecho, “el principal teórico de la democracia, del cual se valió la Revolución Francesa, Juan Jacobo  Rousseau, en su Contrato Social, dice claramente, haciendo trizas todas las mentiras de las pretendidas democracias occidentales: «Si tomamos el término en todo el rigor de su significado, jamás ha existido democracia verdadera»”, debido a la desigualdad de las fortunas y al reinado de la moral individualista (Garaudy, 2006: 79). Así, en relación con la llamada democracia griega, “Se enseña, aún hoy, a nuestros colegiales, que ésta es la madre de las democracias, pero”, debido a dicha proporción absolutamente minoritaria de ciudadanos libres o demos que tenían derecho de voto, “El verdadero nombre de este sistema es «oligarquía esclavista»”, igual que la constitución que engendró la Declaración de Independencia estadounidense “mantuvo la esclavitud de los negros durante más de un siglo”, al igual que la constitución de la que es preámbulo la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa de 1789 (ibíd.: 80-81)
 
<< no le concede el derecho de voto más que a los que poseen algo; a los demás, es decir, a tres millones de franceses, se les declara ciudadanos pasivos, siendo los ciudadanos activos (electores) según la expresión de Sieyès (el padre de esta constitución) «los verdaderos accionistas de la gran empresa social». Antes de él, el mayor filósofo francés del siglo, Diderot, escribía en su Enciclopedia (cf. artículo «Representante»): «Sólo el propietario es ciudadano». 
 
Democracia para los propietarios, no para el pueblo. >>
 
Y todo ello sin contar con la mitad de la población constituida por las mujeres. 
 
Vamos a cerrar este capítulo final llamando a algunas reflexiones en torno a las consecuencias para Andalucía derivadas de adscribirse a esta estructuración ideológica que nos llama de manera sistemática a adscribirnos a “España”, “Europa” y “Occidente” como epítomes de los valores contenidos en los conceptos de 'libertad' y 'democracia'. Ofrecíamos en el artículo anterior una cita de Hobsbawm (2008: 6) en relación con la existencia de dos Europas (podríamos añadir, desde nuestro punto de vista: más exactamente de la 'no-existencia' de Europa, o al menos de lo que comúnmente se nos presenta como tal, más allá de una determinada localización geográfica): tenemos la centro-nórdica (verdadero núcleo generador capitalista, tanto en el plano propiamente económico como en el de pensamiento colonial) frente a la sureño-mediterránea. Ambas zonas representan no solo los respectivos centro y periferia del subcontinente sino, además, en buena medida, culturas, valores y formas de vida bastante alejadas; en ciertos aspectos, incluso antagónicas. Siguiendo a Grosfoguel (2013: 52-53),
 
<< Cuando la universidad occidentalizada se transformó a finales del siglo XVIII de universidad teológica cristiana a universidad secular kantiana/humboldtiana, usó la idea antropológica kantiana de que la racionalidad estaba encarnada en el hombre blanco al norte de las montañas Los Pirineos, clasificando a la Península Ibérica dentro de la esfera del mundo irracional junto con los pueblos negros (África, rojos (indígenas en las Américas) y amarillos (Asia). Las personas con «falta de racionalidad» (incluídas todas las mujeres del mundo) estaban epistémicamente excluidas de las estructuras de conocimiento de la universidad occidentalizada. Es a partir de este supuesto kantiano que se fundó el canon de pensamiento de la universidad occidentalizada moderna. 
 
Cuando el centro del sistema-mundo pasó de la Península Ibérica a la Europa noroccidental a mediados del siglo XVII, después de la guerra de los treinta años donde los holandeses derrotaron a la Armada Española, el privilegio epistémico pasó junto con el poder sistémico de los imperios desde la Península Ibérica hacia los imperios europeos noroccidentales. La visión antropológica racista de Kant en el siglo XVIII que ponía las montañas de los Pirineos como una línea divisoria al interior de Europa para definir la racionalidad y la irracionalidad apenas sigue este desplazamiento del poder geopolítico que surge en el siglo XVII. Kant aplicó a la Península Ibérica en el siglo XVIII las mismas opiniones racistas que la península Ibérica aplicara al resto del mundo durante el siglo XVI. Esto es importante para comprender por qué los portugueses y los españoles también se encuentran fuera del canon de pensamiento en la universidad occidentalizada de hoy pese a haber sido el centro del sistema-mundo en el siglo XVI. […] >>
 
 Resulta paradójico que Castilla (con la confederación catalanoaragonesa y el reino portugués, obviamente), núcleo central antecedente de la futura 'España' del XIX, que había liderado la inauguración del mundo moderno al erigirse en primera potencia europea colonial (por tanto, racista) transatlántica durante el siglo XVI, se convirtiera en 'cazador-cazado' a partir del XVII, a raíz de su pérdida de poder geopolítico en favor de Holanda, Francia e Inglaterra, momento en que las nuevas potencias dominantes le adjudican (a ella y al resto de la Europa mediterránea) el papel sub-humano o 'irracional', de acuerdo con el cogito cartesiano, que ella misma había reservado las zonas por ella colonizadas, como Andalucía o el continente americano (ibíd.). Lo sorprendente es que ocho décadas antes de que el autor de este fragmento y otras/os muchas/os autoras/es más pongan de manifiesto, como lo están haciendo, la presencia desde hace siglos de una concepción racial subyacente en la cosmovisión (centro-nor-)europea, la cual sitúa por debajo de la racionalidad al Mediterráneo Norte (junto con el resto del mundo), Blas Infante, en su obra La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, publicada originalmente en 1931, anticipara con clarividencia visionaria este desvelamiento. Hemos aquí de reproducir, necesariamente, por el ocultamiento habitual de este vector de su pensamiento, la posición de Infante ante Europa y ante España, entendida esta última como subcontratista política, ideológica y colonial de la primera durante el período de las cruzadas de la baja Edad Media, una de cuyas víctimas fue la propia Andalucía, cuyas actuales clases dominantes (Infante se refiere específicamente a los descendientes más directos de sus conquistadores, aunque continua el fenómeno hoy día respecto a sus élites políticas, intelectuales orgánicos y divisiones mediáticas del régimen vigente) adoptan y fomentan a Europa como referente cultural, contra la imagen que la propia 'Europa  real' (y la 'España real', añadiríamos) tiene del pueblo andaluz (Infante Pérez, 1979: 68-71), 
 
<< Andalucía jamás espiritualmente fue pueblo servil. [...] Y hoy, esclavizada, no sirve; manda. El amo que le puso Europa, España, ¿no es hoy andaluz ante la misma Europa y ante el mundo entero? [...] 
 
Entonces, ¿qué nos proponemos, qué nos proponemos al lanzar sobre las hoy desoladas tierras andaluzas el grito de "Andalucía libre" que tanto ha alarmado al Gobierno, cuando llegó a enterarse de que el pueblo andaluz lo coreaba entusiasmado, durante nuestros mítines electorales, y al ver ese grito fijado con letras rojas bajo las alas de la avioneta de nuestro amigo Rexach, suspendido como una esperanza de fuego sobre las espaldas encorvadas de los esclavos andaluces? [...] Acaso España, mandataria secular de Europa con respecto a nosotros, siente una mayor inquietud ante ese grito, que cuando ha llegado a escuchar "Visca Catalunya lliure" del Noroeste peninsular. En la subconsciencia de España, un crimen aguarda el asomar a su conciencia actual, florecido en el dolor de un remordimiento. ¡Andalucía! Esta es una razón de aquella mayor inquietud. Y es la otra, el que España todavía se apercibe mandataria de Europa. 
 
Y Cataluña es más Europa que Andalucía. Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. Externamente, en el vestido o en ciertas costumbres ecuménicas impuestas con inexorable rigor, hemos venido apareciendo aquello que nuestros dominadores exigieron de nosotros. Pero jamás hemos dejado de ser lo que somos de verdad: esto es, andaluces; euro-africanos, euro-orientales, hombres universalistas, síntesis armónicas de hombres. Durante el término de la acción asimilista europeizante desarrollada secularmente contra nosotros, en el ámbito del siglo XIX, y en la culminación del prestigio mundial de los valores europeos, los andaluces menos andaluces, los señoritos de la ciudad, hijos o nietos de inmigrantes o de colonos de las planicies o montañas castellanas, asturianas o gallegas, tenían por norte de su estimativa el llegar a ser autómatas de Europa. Pues bien: aun ellos, los señoritos, los andaluces menos andaluces, y no obstante ser el concepto de señoritaje de importación europea, no podían llegar a expresar propiamente a Europa. "¡Quieren parecer europeos –decían de ellos los visitantes extranjeros–, se ofenden si no se les llega a considerar como a tales civilizados; pero no pueden, no pueden fingir con perfección a Europa!" ¿Y, si esto llega a ocurrir con los señoritos, qué no sucederá con los jornaleros, con los campesinos sin campos, que son los moriscos de hoy; con la casi totalidad de la población de Andalucía; con los andaluces auténticos, privados de su tierra por el feudalismo conquistador? No queremos. No hemos podido llegar a ser europeos, a pesar del bárbaro coloniaje. No queremos, no podemos ser sólo Europa; somos Andalucía. 
 
[...] ¡Europa, no! ¡Andalucía! Europa es, por su método, la especialización que convierte al individuo en pieza de máquina. Andalucía, por el suyo, es la integridad que apercibe al individuo como un mundo completo, ordenado al mundo creador. Europa es el individuo para la masa. Andalucía, el individuo para la Humanidad. Europa es el feudalismo territorial e industrial. Andalucía, el individualismo libertario que siente el comunismo humano, evolutivo, único comunismo indestructible por ser natural, el que añoraron todos los taumaturgos; aquel que tiene un alma en la aspiración, que cada individuo llegue en sí a a intensificar, de crear por sí, pero no para sí, sino para dárselo a los demás. Ese único comunismo posible que no puede llegar a crearse por artificio maquinista, sino por la alegría y por el espíritu que la alegría vuelve a crear. Europa es el empaque dominador megalómano, rabiosamente utilitario. Andalucía es, como decía no recuerdo quién, como son sus casas de apariencia humilde, con patios, jardines centrados por fuentes: sencillez por fuera; iluminación por dentro. >>
 
No debe resultar extraño, así, el componente racista que, en el terreno mediático, destilan los conceptos utilizados en publicaciones anglosajonas de uno y otro lado del Atlántico como Financial Times, Newsweek, The Economist o The Times, las cuales han venido agrupando a los Estados del Sur de la Unión Europea (Portugal, Italia, Grecia, España) bajo el acrónimo “PIGS”, cuyo significado literal en inglés es 'cerdos'; siglas que se transforman en el también peyorativo “GIPSI”, es decir, 'gitanos', cuando se incluye en el paquete a Irlanda, país no situado en el Sur de Europa pero tan objeto de prejuicios históricos por parte de su vecino británico como los países mediterráneos, con los cuales tiene en común el hecho de pertenecer a la periferia europea [6]. Así (Grosfoguel, 2015):
 
<< esta división lleva produciéndose desde el siglo XVII, cuando el Sur de Europa estaba visto como un lugar inferior justo después de la guerra de los Treinta Años, cuando Ámsterdam desplaza a España y a la península Ibérica del centro del sistema-mundo creado a partir de la expansión colonial en 1492. El Sur vive una especie de alienación mental: por un lado están subordinados a los poderes del Norte, y por otro ejercen de Norte poderoso en relación a otros lugares del planeta. Se ven a ellos mismos como parte del Norte, aunque con muchas contradicciones. Incluso después de veinte años de ilusión de la Unión Europea, el Norte de Europa no mira al Sur como un igual.
 
En el Norte utilizan términos como PIGS y dicen que la causa de la crisis son los países del Sur, porque son vagos, perezosos y corruptos. [...] No reconocen que la causa de la crisis es el pillaje del capital financiero internacional. [...] Es un discurso totalmente racista que ha estado siempre ahí desde hace cuatrocientos años, y que vuelve a emerger ahora con fuerza a partir de la crisis. [...] El capital financiero alemán de cara al siglo XXI necesita periferia. [...] Por eso mira [...] al Sur de Europa como su nueva periferia de cara al siglo XXI. Sin periferias no tienen como competir frente al ascenso de China y frente a los Estados Unidos. [...] De ahí la política de austeridad del capital financiero alemán vía la troika para pauperizar el Sur de Europa y así producir mano de obra barata. [...] Porque de cara al desafío que representa China, el capital financiero alemán necesita una periferia laboral en Europa, reproducir las condiciones laborales de China en Europa. [...]
 
El racismo es una práctica institucional. [...] El problema no es el extremista con prejuicios sino que las propias instituciones normativas de las sociedades occidentalizadas están construidas sobre prácticas racistas hacia inmigrantes o minorías. Estas prácticas las encuentras en el mercado de trabajo, en la ausencia de derechos ciudadanos, en la falta de acceso a recursos, etc. El racismo es un cáncer terminal de la civilización occidental, porque está organizando desde dentro y de forma transversal todas las formas de dominación de la existencia humana.  >>
 
El propio Jacques Delors, expresidente del ejecutivo de lo que en 1989 aun se denominaba "Comunidad Europea", trataba de convertir en realidad un imposible cuando consideraba, en ese año, que había que "dar un alma a Europa" para que su población pudiera "enamorarse de ella; es decir, "identificarse con "la construcción europea" y devolverle así "una identidad que había perdido sin darse cuenta", según contaba El País el 8/I/1989 [7]. Al preguntársele en la entrevista del diario de Prisa cómo veía la Unión Europea, Delors, en una sorprendente coincidencia con los textos de Infante que hemos reproducido, y fruto, quizá, de una traición del subconsciente, respondió: "Lo único que puedo decir es que algún día Europa será un objeto político no identificado cuyos miembros habrán puesto en común una parte importante de sus ambiciones y medios para realizarlas. Dicho esto", advirtió, no obstante, para que quedara clara la función de cada territorio en la futura UE, que "España seguirá siendo España como hoy en día Andalucía sigue siendo Andalucía." En otro alarde de sinceridad, el entonces presidente del Ejecutivo comunitario, al preguntársele si la Europa que él estaba construyendo no estaba bastante alejada de la ciudadanía de a pie, contestó: "La libre circulación de las mercancías, de los servicios, de los capitales e incluso de las personas se está consiguiendo antes que la de las ideas", situación respecto a la que añadió, en un apoyo inconsciente a la tesis marxista de que son las ideas (superestructura ideológica) son las que siguen a la economía (infraestructura) y no al revés, que "Uno no se enamora del gran mercado. Por eso hay que dar un alma a la Comunidad." Al objeto, precisamente, de "dar un alma a la Comunidad", el organismo supraestatal ha venido dedicando sumas millonarias dirigidas a inocular en la población la supuesta 'identidad europea', así como a evaluar el grado de penetración de estas ideas entre un público objetivo compuesto por millones de personas. 
 
A lo largo de estos cuatro artículos hemos tratado de situar sobre la mesa cómo el discurso  implícito en un tweet, breve por definición, nos remite a una visión del mundo que resulta altamente problemática por ocultar relaciones de dominación colonial en las que Andalucía juega un papel subalternizado dada su pertenencia al Mediterráneo Norte y que, entre otras cosas, suponen para nosotras una extirpación de una parte muy relevante de nuestro pasado histórico que comporta un impactante efecto de alienación. 
 
REFERENCIAS
 
CÉSAIRE, Aimé (2006): Discurso sobre el colonialismo. En CÉSAIRE, Aimé, Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. 
DUSSEL, Enrique (2001): Hacia una filosofía política crítica. Bilbao: Desclée de Brouwer.
GARAUDY, Roger (2006): El diálogo entre Oriente y Occidente. Las religiones y la fe en el siglo XXI. Córdoba: Ediciones El Almendro. 
GROSFOGUEL, Ramón (2016): “Del «extractivismo económico» al «extractivismo epistémico» y al «extractivismo ontológico»: una forma destructiva de conocer, ser y estar en el mundo”, Tabula Rasa, 24: 123-143, enero-junio 2016. http://www.scielo.org.co/pdf/tara/n24/n24a06.pdf 
- (2015): "El capital financiero alemán necesita una periferia laboral en Europa". Entrevista de Corina Tulbure en Publico.es. http://www.publico.es/sociedad/ramon-grosfoguel-capital-financiero-aleman.html 
- (2013): “Racismo / sexismo epistémico, universidades occidentalizadas y los cuatro genocidios / epistemicidios del largo siglo XVI”, Tabula Rasa, 19, pp. 31-58, julio-diciembre 2013. http://www.revistatabularasa.org/numero-19/02grosfoguel.pdf
INFANTE PÉREZ, Blas (1979): La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía. Granada: Aljibe. 
MARTÍN SECO, Juan Francisco (1997): La pinza. Dos partidos distintos y una sola política económica verdadera. Barcelona: El Viejo Topo. 
ODRIOZOLA, Jon (2012): «No somos Uganda (I)», http://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/no-somos-uganda-i 
PETRAS, James (2003): La globalización desenmascarada. El imperialismo en el siglo XXI. Universidad Autónoma de Zacatecas. 
PONS, Marc (2016): Los Reyes Católicos y el falso mito de la 'nación' más antigua de Europa, http://www.elnacional.cat/es/cultura-ideas-artes/reyes-catolicos-mito-unidad-espanola_102408_102.html   
ROMANO, Vicente (1998): La formación de la mentalidad sumisa. Madrid: Endymion. http://www.rebelion.org/docs/121965.pdf 
ZINOVIEV, Alexandr (1999): La caída del imperio del mal. Barcelona: Bellaterra.  
 
NOTAS
 
[1] https://es.wikipedia.org/wiki/José_Antonio_Sánchez_Dom%C3%ADnguez 
 
 
 Manuel Rodríguez Illana