Lunes 10 Diciembre 2018

La ficción europea y su construcción mediática

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Mediterraneo

En otro lugar (Rodríguez Illana, en prensa) abordamos, tras un breve apunte sobre los perjuicios de la pertenencia de Andalucía al Estado español y la Unión Europea (siguiendo a Lozano, 2005, y a Delgado Cabeza, 2012), así como sobre el mecanismo de colonización psicológica que contribuye a mantener a nuestra población bajo el yugo de tales estructuras políticas (Manzano, 2016), algunos aspectos relativos a la articulación del discurso con que el virreinato colonial de la Junta hace efectivos esos procesos de reseteo mental (de acuerdo con Hijano del Río y Ruiz Morales, 2003: 21), no sin desmentir, adicionalmente, varios de los mitos fundamentales con que se ha venido fabricando la mixtificación de una presunta identidad europea (de la mano de Campos López, 2011a; mismo autor, 2011b; Gil de San Vicente, 2014; Hobsbawm, 2008; Medina Molera, 2008; Grosfoguel, 2016; mismo autor, 2013; ídem, 2006; Césaire, 2006; Infante Pérez, 1979) y cómo la igualmente falaz identidad española se vale de la anterior para reforzar su influencia (según Taibo, 2014). El presente texto servirá de complemento a todo ello en lo que se refiere al modo en que desde el poder mediático (como apéndice del político) se difunde la ideología europeísta.

 

De acuerdo con la actual división internacional del trabajo, la población andaluza puede elegir entre dos salidas básicas: o bien proveer de mano de obra a los centros capitalistas de producción situados en otros territorios a través de la emigración, o bien, como “periferia de la periferia” europea (Moreno Navarro, 2004: 73), servir de acogida al ocio y recreo de las poblaciones de dichos centros. Es en relación con estas premisas por lo que resulta oportuno acudir al estereotipo de “La sonrisa del negro” y “El servicio siempre sonriente” (Fanon, 2016: 70, nota al pie). Canal Sur asume este destino que la globalización depara al país. Aunque no dejara de jugar cierto papel el azar, narraré la siguiente anécdota, absolutamente real, por su poder ilustrativo y carácter sintomático. Un domingo por la mañana, mientras tomaba el desayuno, zapeaba por los canales de la TDT, sistema mediático dondo la televisión autonómica cuenta con tres de ellos: “Canal Sur” como tal, “Canal 2 Andalucía” (el cual, en realidad, emite la misma señal que el anterior, a veces con traducción en lengua de signos en una esquina de la pantalla) y “Andalucía TV”. En uno de ellos, varios/as jóvenes explicaban su experiencia, peripecias y consejos como emigrantes en una ciudad alemana. Tras permanecer unos breves minutos viendo dicho espacio, cambié de canal y recalé en otro, también del ente autonómico, en el que unos/as turistas del mismo Estado, Alemania, ensalzaban las bondades de la playa andaluza en la que solían veranear, y en la que en ese momento se encontraban. Esta especie de quiasma mediático remite a sendos programas llamados, respectivamente, A por Europa y Destino Andalucía.

Detengámonos un poco en ambos formatos televisivos. Según la promo colgada en el canal de Youtube del “docureality” de 60 minutos A por Europa [[1]], estrenado el 9 de junio de 2014 y “transmitido en prime time un día a la semana”, se trata de “Un nuevo programa que tendrá a los andaluces como protagonistas, a Europa como escenario principal y a la realidad social y económica como eje”. En el vídeo, varios jóvenes gritan, entusiastas, “Somos andaluces y ahora vamos ¡a por Europa! Esta es nuestra hora: ¡la hora de la conquista!”, mientras una voz en off masculina explica que son “Andaluces dispuestos a conquistar sus sueños por toda Europa y demostrar que el lado amable de la vida es andaluz”. Como vemos, son consignas que reproducen las coordenadas morales del liberalismo. Michéa (2002: 21-22) recuerda las doctrinas de los padres dieciochescos de dicha doctrina rescatadas por esta propuesta televisiva de Canal Sur:

<< Como se ha señalado acertadamente, un comerciante no debe pertenecer a ningún país en concreto. En gran medida, le es indiferente el lugar donde tenga su comercio. Sólo necesita un pequeño contratiempo para que se decida a llevarse su capital de un país a otro y, con él, toda la industria que ese capital activaba.” […] En lo que se refiere al asalariado ideal, la virtud complementaria es, evidentemente, la “movilidad geográfica”, es decir, la aptitud para romper, inmediatamente y sin lamentarlo, todos los lazos que pueden unir un hombre a un lugar, una cultura y otros seres humanos. Con cierta habilidad universitaria, no resulta difícil presentar esta incapacidad para amar y estas disposiciones a la ingratitud como la esencia misma de la “libertad”. >>

El planteamiento optimista y desenfadado de A por Europa pretende, pues, recuperar la mitología capitalista del sueño americano, extrapolada en este caso al subcontinente europeo, al objeto de presentar una situación de desarraigo familiar y cultural forzado, como es la emigración económica, en clave de alegre aventura en busca de oportunidades, desviando el foco de atención respecto a las razones que han convertido a Andalucía en un país aquejado por el desempleo y, por consiguiente, empujado a cumplir el papel de tierra exportadora de mano de obra dentro de una estructura supraestatal, la Unión Europea actual, proyecto lanzado por la 'Gran Alemania' al objeto de posibilitar su reestructuración productiva con miras a la exportación (sus ventas externas pasaron del 20% del PIB en 1990 al 47% en 2009) a costa de los Estados deficitarios, convertidos en medio financiero mediante el que las corporaciones alemanas internacionalizaron sus actividades en EE.UU., China y Europa del Este (Piqueras, 2013: 3-4). Así comienza, por ejemplo, el capítulo dedicado a las/os andaluzas/ces emigradas/os a Frankfurt, la urbe germana que alberga la sede financiera del capitalismo europeo [[2]]:

<< Frankfurt, la quinta ciudad más grande de Alemania, es la capital financiera de Europa. Sede de grandes ferias y congresos, y con el aeropuerto que recibe a más pasajeros de todo el continente, la ciudad genera casi los mismos puestos de trabajo que el número de habitantes, 650.000. Y es por eso por lo que cada vez son más extranjeros los que llegan atraídos por un empleo en uno de los sistemas económicos y sociales más fuertes del planeta. De hecho, Frankfurt es una de las ciudades que más empleo genera del mundo: en total, 570.000, lo que equivaldría a dar trabajo al 90% de su población. Muchos de esos puestos se dan en el sector financiero, y es que en Frankfurt están radicadas 322 instituciones bancarias de 40 países distintos. […]

–¿En Frankfurt hay oportunidades laborales para maquinistas como tú?

–En general, en Alemania, muchísimo. […]

Hoy, nos abrimos paso en Frankfurt. >>

Ofrecemos ahora el extracto que abre el capítulo dedicado a otra ciudad alemana, Munich [[3]]:

<< Es una de las tres ciudades más importantes de Alemania. Munich es la capital de Baviera, la región más próspera y con menos paro de toda Europa: tan solo 2,6%. Un motor económico que cada vez atrae a más andaluces. Informáticos e ingenieros son los perfiles estrella: solo en 2014 la industria alemana necesita cubrir 63.000 puestos de este tipo. Aquí no es difícil encontrar empleo si se sabe alemán o inglés […]. >>

Cerraremos esta trinidad germánica con el episodio en el que se informa de las perspectivas de vida en la capital, Berlín [[4]]:

<< Es una de las capitales más jóvenes de toda Europa, lugar de peregrinación para mentes emprendedoras, Berlín defiende un nuevo modelo de negocios: miniempresas relacionadas con la innovación y las nuevas tecnologías. Son las llamadas start-up. A día de hoy en la capital alemana hay registradas unas 2.500 de ellas y se prevé que en los próximos años generen más de 100.000 puestos de trabajo. [...] Berlín se mueve a ritmo de autónomo y en los últimos años, también, a golpe de ladrillo, gracias, en parte, a la inversión extranjera [“se construirán 50.000 viviendas en los próximos 5 años”, reza un rótulo]. Aun así, la demanda de vivienda es mucho mayor que la oferta, sobre todo de alquiler, donde los precios han aumentado un 50%. Aquí el vehículo oficial es la bicicleta [“890.000 kilómetros de carril bici”], que, junto al transporte público, ha eclipsado al coche particular. [...]

–Tienes 14 meses a elegir entre el padre y la madre y recibes un 65% de tu sueldo, con un máximo de 1.800 [euros]. Yo voy a coger dos meses y el padre va a coger el año. [Andaluza embarazada, hablando de los permisos y subsidios por maternidad / paternidad.] […]

–Se quedan en unos 1.400. […] Se puede vivir con ese sueldo y con mucho menos. Estamos en Berlín, estamos en la ciudad de las oportunidades, realmente. Estamos en una de las capitales del mundo más baratas. [Informático.] […]

–Es una ciudad [de] servicios. Yo creo que este es un país, o por lo menos una ciudad estupenda para venir con una mentalidad emprendedora. [Guía turística.] >>

En reciprocidad, como hemos anticipado, la misma Andalucía cuya entrada en la Unión Europea no hizo sino profundizar su proceso histórico de desindustrialización (la participación de la industria localizada en Andalucía respecto a la producción industrial estatal era casi del 20% a mitad del siglo XVIII, un 17,2% en 1900, la mitad de dicho porcentaje al comienzo de la etapa "autonómica" y un 7,9 % en 2011; Delgado Cabeza, op. cit.: 103-104), que manda a buena parte de sus nuevas generaciones al centro capitalista de dicha entidad supraestatal, recibe a los naturales de ese núcleo duro como destino de esparcimiento y diversión en la llamada, según la terminología oficial, "primera industria del país", que no es otra, en realidad, que el sector turístico.

En este sentido, hay que conseguir que la juventud introyecte la adscripción a la identidad europea (Hijano del Río y Ruiz Morales, op. cit.: 25):

<< En tanto, desde las instancias europeas se intensifica la mencionada “necesidad”. En 1998, una Resolución del Consejo y de los ministros de Educación (88/187/CE) plantea el objetivo de “reforzar la dimensión europea en la enseñanza” […] con el fin de contribuir, entre otros, a “fortalecer en los jóvenes el sentido de la identidad europea y aclararles el valor de la civilización europea, de las bases sobre las cuales los pueblos europeos pretenden hoy en día disfrutar de su desarrollo, concretamente la salvaguarda de los principios de democracia, la justicia social y el respeto de los derechos humanos”. >>

Para que la población asuma y acepte la citada especialización andaluza en el subsector turístico, de acuerdo con la división internacional del trabajo, está el programa Destino Andalucía, patrocinado por la Consejería del ramo, estrenado en julio de 2014: "una ventana abierta al sector turístico andaluz que acerca los atractivos turísticos y excelencias de las ocho provincias andaluzas"[[5]]. En el capítulo dedicado a Motril, es precisamente un alemán, director de un hotel "en primera línea de playa" (andaluza), quien nos explica las comodidades y ventajas de su establecimiento, con una clientela mayoritariamente compuesta por oriundas/os de Estados del centro y Norte de la UE, a juzgar por las imágenes del lugar que aparecen en el reportaje [[6]], mientras que en el episodio de la misma serie sobre Mojácar, su compatriota germana y homóloga en otro centro de alojamiento situado en esta última localidad, un cortijo (andaluz) de la que es propietaria, define a este como un lugal "ideal para desconectar" [[7]].

La presencia de A por Europa y, también de manera tangencial, Destino Andalucía (a través de fragmentos como el que acabamos de reproducir) en la parrilla de Canal Sur Televisión no hace sino continuar una senda de mitificación de la UE como marco de ideal de progreso y prosperidad para Andalucía ocultando el papel de su inclusión en ella, a través del Estado español, como factor influyente en la realidad social de desempleo (consecuencia este último de la desindustrialización originada por la entrada del país en un espacio, el de la Unión Europea, de absoluta desregulación en la circulación de mercancías y capitales) que motiva, precisamente, la necesidad, para la juventud andaluza, de emigrar a lugares como Munich, Frankfurt o Berlín. La idea de Europa se erige, pues, en auténtico dios mediático, siguiendo la terminología de Reig García (2004). Veamos una aplicación al caso andaluz de esta nordomanía o “esfuerzo de las elites criollas de la periferia para imitar los modelos de desarrollo provenientes del norte, mientras reproducían las antiguas formas de colonialismo” (término de Leopoldo Zea, cit. en Castro-Gómez y Grosfoguel, 2007: 14), de manera que “Europa/Euro-norteamérica son pensadas como viviendo una etapa de desarrollo (cognitivo, tecnológico y social) más 'avanzada' que el resto del mundo, con lo cual surge la idea de superioridad de la forma de vida occidental sobre todas las demás” (ibíd.: 15).

En efecto, ya a principios del nuevo siglo, el entonces presidente de la Junta, Manuel Chaves [[8]], envió al Parlamento andaluz un texto titulado Estrategias y propuestas para la segunda modernización de Andalucía (en lo sucesivo, EPSMA; VV.AA., 2003) y que había encargado a un grupo de veinte expertos, algunos de ellos catedráticos universitarios, para que elaboraran el diagnóstico, objetivos y estrategias que iban a servir como guía de las políticas de la Administración "autonómica" en los años siguientes (lo que, efectivamente, ha sucedido, como nos consta de manera directa, por ejemplo, en lo tocante al sistema educativo con el desarrollo de el llamado "Programa bilingüe", independientemente de su grado de ineficacia y efectos encubiertos pero prácticos de segregación del alumnado). Moreno Navarro (2004) evidencia que se trataba de un documento "realizado con los instrumentos conceptuales de la globalización mercantilista y de las doctrinas neo(ultra)liberales" construido "a partir de dos axiomas": el primero, "la homologación de Andalucía con nuestro entorno, entendiéndose por tal "no sólo al Estado español sino a Europa, porque el Magreb, aunque nos quede sólo a 15 kilómetros, no pertenece a ese nuestro entorno" según se infiere del texto; el segundo, "la Modernidad, equivalente a 'progreso' y entendida básicamente como crecimiento económico mediante la explotación de la naturaleza (y de los seres humanos) y ascenso del individualismo" como "único modelo racional, civilizado y democrático, el cual tuvo a la industrialización como motor de su primera fase –la «primera modernización»– y tendría a las nuevas tecnologías informáticas, en especial a internet", ahora "convertido en el nuevo fetiche civilizador," "como motor de su segunda –la «segunda modernización»–, que estaría dando lugar, en nuestros días, a un nuevo tipo de sociedad: la «Sociedad de la Información y el Conocimiento»" (ibíd.: 48-49). Independientemente de que la cruda realidad de la civilización capitalista, evidenciada aún más tras la crisis global de 2007, se ha encargado de desmentir suficientemente las promesas incluidas en ambos axiomas (salvo que se entienda como un triunfo, aunque sea para trabajar en el campo de la informática si es la formación elegida y cursada, tener que dejar la propia tierra, familia y amistades migrando a Berlín), es interesante la ideología subyacente a las estrategias que propone el citado documento. Los valores de la nueva era son la productividad, la competitividad y la capacidad «emprendedora»; adjetivo este último, como hemos visto, bien presente en las locuciones y testimonios de A por Europa. El contexto dibujado por EPSMA es el de la globalización (que, en realidad, confunde intencionadamente con la mundialización o progresiva interdependencia, aunque desigual, entre territorios por mor de los avances técnicos); esto es, la imposición del modelo único de vida social, el llamado unas veces europeo y otras occidental, a todos los pueblos del mundo, "basada en la sacralización de la lógica del Mercado" en la que, como aprendemos a través de espacios como A por Europa cuando en ellos nos hablan de la comida, la vivienda, la formación y trabajo humano o el patrimonio histórico-cultural, "todo debe tener un precio, [...] todo debe ser convertido en mercancía, incluidos los derechos y necesidades básicos y las relaciones interpersonales, para obtener de ellos, en los diversos mercados 'libres', el máximo beneficio utilitario no importa a qué costes", dado que el objetivo final no es sino "homogeneizar, desidentificar y desregular para imponer no sólo una única Economía de Mercado sino también una Sociedad [...] y una Cultura de Mercado, vaciando los niveles político y simbólico de todas sus potencialidades, convirtiendo a los ciudadanos en meros consumidores [...] y condenando a la exclusión social a cuantos no puedan estar presente en los diversos mercados, bien sea como productores, como consumidores, o desempeñando ambos papeles" (ibíd.: 58). No es de extrañar, pues, para que las nuevas generaciones de andaluzas/ces puedan "conquistar sus sueños por toda Europa" (como nos recordaba el spot promocional), el papel fundamental de Canal Sur como instrumento que posibilite "modernizarnos", como dice EPSMA, lo que implica "aceptar que todo proceso de modernización conlleva" el "abandono de algunas prácticas o actividades, que constituyen obstáculos para ello", lo que solo conseguiremos en "Andalucía cambiando parte de lo que ahora somos", puesto que, nótese bien, "Modernizar no es sólo superponer cosas nuevas a las que ya existen, sino sustituir lo viejo con lo nuevo y acabar con todo aquello que se considere opuesto a ese proceso" (VV.AA., op. cit.: 27). ¿Qué es aquello "viejo" con lo que hay que "acabar"? De acuerdo con lo expresado en documentos anteriores por el verdadero cerebro de EPSMA, el sociólogo Manuel Pérez Yruela, tertuliano habitual de Canal Sur Radio y exportavoz del llamado Gobierno andaluz (entre otros vínculos con la Administración autonómica), la extirpación necesaria consiste en "deshacerse", entre otros valores y expresiones, de (Moreno Navarro, op. cit..: 69)

<< - el excesivo peso de lo que se pide al Estado en la solución de los problemas.

- la poca predisposición para la movilidad geográfica.

- la preferencia por trabajos de alta seguridad frente a trabajos menos seguros pero con más expectativas de movilidad ascendente.

- el alto aprecio por el tiempo libre y por acciones colectivas tradicionales (religiosas y lúdicas).

- más preocupación por los «asuntos materiales»" (salarios, seguridad en el empleo, vivienda...) que por los «postmateriales». [...]

En realidad, toda esta terminología –quizá sería mejor decir palabrería– deja de lado completamente el análisis de la realidad social: ¿cómo no van a estar preocupados la mayoría de los andaluces por el empleo, el salario, la vivienda y otras preocupaciones «materialistas», cuando el paro, la precariedad, la burbuja inmobiliaria o el bajo nivel de las pensiones son problemas graves sin horizontes claros de solución? Y, por otra parte, muchos de los «valores postmaterialistas» que se reivindican como necesarios son, sencillamente, los valores del neoliberalismo: individualismo a ultranza, competitividad, disposición a la flexibilidad y a la movilidad geográfica, asunción de riesgos a cambio de posibilidad de éxito personal... >>

En esta meta homogeneizadora de des-indentificación colectiva, o, en la terminología oficialista, "de un cambio de mentalidad, de una adaptación de los valores culturales a la sociedad de la información y el conocimiento", EPSMA establece que, por supuesto, "Es ineludible, al plantear los escenarios de la Segunda Modernización de Andalucía, considerar el papel de los medios [de comunicación] en el proceso de cambio de mentalidad, de cambio cultural, de transformación del imaginario colectivo". La parte del texto relativa a los medios reconoce que, "En su conjunto, la propiedad y el negocio de los medios en Andalucía está en un 80% en manos de grupos no andaluces" (VV.AA., op. cit..: 127; recordemos que son datos de 2003), pero, lejos de preocuparse por que este dato pueda soslayar “La promoción" de los valores de uso "históricos, culturales, educativos y lingüísticos del pueblo andaluz en toda su riqueza y variedad” (uno de los objetivos que declara tratar de cubrir la RTVA, de acuerdo con su estatuto legal [[9]]), EPSMA prosigue lamentándose de que "Aunque la titularidad de los medios no debería ser, en principio, determinante de la ideología, sino de la agenda de aquéllos, lo cierto es que los contenidos están, en buena medida, determinados por criterios de economía de escala, que asignan un papel muy limitado a las unidades periféricas de negocio, a los medios provinciales y locales" (ibíd.: 127), lo que supone un posible obstáculo a la consecución del cambio de mentalidad.

Por ende, este último fragmento ofrece implicaciones cuando menos inquietantes. Al referirse a la propiedad de los medios, la expresión utilizada, que incluye el verbo en condicional precedido del adverbio de negación, "no debería", no deja claro si es que está mal que la propiedad de los medios influya en la ideología de estos (disconformidad con un hecho existente) o, por el contrario, que no tiene por qué influir en dicha ideología (es decir, que tal hecho no es probable). La extensión del uso del llamado condicional de probabilidad en el relato periodístico, no obstante, hace que sea más plausible inferir el segundo de los significados en el fragmento de EPSMA. Esto, viniendo de asesores de un Gobierno autonómico, es grave, dado que afirmar que "la titularidad de los medios no" es "determinante de la ideología" de estos supondría negar no solamente la ingente acumulación de evidencia científica que precisamente demuestra dicha relación causal positiva (por ejemplo, la aportada por Reig García, 2015, 2013, 2011a, 2011b, 2010 y op. cit.), sino, de entrada, el mero sentido común que cualquier persona es capaz de aplicar en torno a la cuestión. Por otra parte, el empleo de la conjunción adversativa "sino" indica que quien haya redactado ese párrafo toma como elementos separados "la ideología" de un medio de comunicación, de un lado, y "la agenda", es decir, aquellos temas de los que se ocupa y/o deja de ocuparse su discurso informativo, por otro. Nuevamente estamos ante otra asunción preocupante, la de que la decisión, ya sea consciente o inconsciente, de hablar o dejar de hablar de un determinado asunto no tiene ninguna relación con la propia forma de ver el mundo. Aparte de que tal consideración ignora deliberadamente todos los trabajos existentes en torno al análisis del discurso, de acuerdo con los que aquello que no se dice también forma parte del relato (Eagleton, 1998), y al análisis del discurso periodístico en particular (Van Dijk, 1993), el fragmento de EPSMA incurre, además, en la denominada "hybris del punto cero", es decir, "el gran pecado de Occidente: pretender hacerse un punto de vista sobre todos los demás puntos de vista, pero sin que de ese punto de vista pueda tenerse un punto de vista" Castro-Gómez (2007: 83).

En el otro trabajo al que aludíamos al inicio del presente artículo, como decíamos, ya nos hemos ocupado de la inexistencia de Europa como unidad cultural. En realidad, cabría hablar, más bien, de la existencia de, al menos, dos Europas; grosso modo, los respectivos centro y periferia, centro-Norte frente a Mediterráneo-Sur (Hobsbawm, op. cit.; Grosfoguel, 2015). En lo sucesivos vamos a profundizar en esta cuestión crucial. Más adelante citaremos, por ejemplo, unas palabras de Jacques Delors en una entrevista a El País, en la que el antiguo dirigente subrayaba la necesidad de fabricar una identidad europea que sirviera de sostén ideológico al gran mercado (propósito fundamental) de la UE. Según analizamos en el mismo texto (Rodríguez Illana, op. cit.), esta institución supraestatal no dedica ingentes recursos a dicha tarea. Pero también a evaluar el grado de éxito de la misma. Es en ese objetivo en el que se enmarca la iniciativa conocida como Infoeuropa, nacida en 1991 "con el apoyo de la Comisión y el Parlamento europeos" y que promueve la realización de una serie de estudios "acerca de la contribución de la prensa de referencia a la construcción de la idea europea"; unos trabajos "dirigidos por el profesor Díaz Nosty" [[10]] y que, pese a las cuantiosas sumas invertidas en la promoción de dicha "idea europea", no han hecho sino constatar una y otra vez la inoperancia de los organismos comunitarios a la hora de que el público-objetivo asuma tal entelequia.

El asesor en medios de comunicación para el citado EPSMA (y probable autor de los últimos fragmentos extractados de dicho texto), quien había desempeñado previamente el cargo de miembro del Consejo de Administración de la RTVA, el asturiano Bernardo Díaz Nosty [[11]], no tenía más remedio que asumir la conclusión, ya antes de cumplirse la primera década de pertenencia de los Estados español y portugués a la actual Unión Europea, de que "Además del predominio de los valores económicos y la falta de un hilo conductor común en la agenda de los medios, se ponía de manifiesto la excesiva polarización de los flujos informativos en torno a los tres países centrales –Alemania, Francia y Reino Unido–, que acapararon más del 50% de la atención de los medios, con descuido de la realidad de los países pequeños y periféricos". El experto en medios de Infoeuropa 95 se lamenta de que "La crisis económica descubrió, especialmente en 1993, un debilitamiento generalizado del discurso europeo" y de que "Los textos, en muchos de los diarios analizados, volvieron su mirada sobre los desajustes comunitarios, las grandes diferencias interterritoriales, las bolsas de pobreza y el paro". Al parecer, los think tanks proeuropeístas no se explican esta "reducción de la profundidad de campo" por la cual la gente se empeña en preocuparse por temas tan prosaicos y banales como la desigualdad, la pobreza y el paro, en lugar de afanarse en temas más elevados como la búsqueda filosófica en torno a la esencia del ideal europeo. A pesar de la existencia de programas como aquellos con que Canal Sur intenta proyectar la noción de la Europa benefactora, el relato informativo cotidiano, a jucio del europeísmo, "acentúa las diferencias e, incluso, las tensiones entre los países, que en algunos medios aparecen claramente definidos en un Norte y un Sur de la Unión", de tal suerte que "Las naciones ricas son, para las pobres, beneficiarias de la ampliación de los mercados, mientras que para las primeras, las segundas representan una carga con consecuencias de todo tipo, incluidas las impositivas" (Díaz Nosty, 1995: 14-17). Toda esta falta de espíritu europeo, a juicio del asesor comunitario en materia de medios, no es más que una provinciana "introspección nacionalista" (volvemos a la etiqueta acusatoria tan cara al españolismo; Taibo, op. cit.), aunque más adelante se vea obligado a reconocer que "La polarización acusada del proceso de construcción europea en los aspectos económicos confiere una gran fragilidad a los cimientos cognitivos en los que se asienta la opinión pública en relación con la UE, [...] como se pone de manifiesto en la cada vez más expresa tensión entre el Norte y el Sur, que trasciende el plano de lo económico para marcar fronteras culturales y de incomprensión"; una tendencia que se refleja, por ejemplo, en tener que reconocer "una idea de dos Europas, Norte y Sur de la UE", circunstancia que el discurso del Norte "distingue con unos criterios fundamentalistas de superioridad septentrional que van más allá de los puramente económicos" (ibíd.: 140-142).

En relación con esta insoslayable diferencia entre la Europa centronórdica y lo que en realidad habría que llamar Norte Mediterráneo, introduzcamos el repaso histórico que realiza Grosfoguel (2013: 52-53):

<< Cuando la universidad occidentalizada se transformó a finales del siglo XVIII de universidad teológica cristiana a universidad secular kantiana/humboldtiana, usó la idea antropológica kantiana de que la racionalidad estaba encarnada en el hombre blanco al norte de las montañas Los Pirineos, clasificando a la Península Ibérica dentro de la esfera del mundo irracional junto con los pueblos negros (África, rojos (indígenas en las Américas) y amarillos (Asia). Las personas con «falta de racionalidad» (incluídas todas las mujeres del mundo) estaban epistémicamente excluidas de las estructuras de conocimiento de la universidad occidentalizada. Es a partir de este supuesto kantiano que se fundó el canon de pensamiento de la universidad occidentalizada moderna.

Cuando el centro del sistema-mundo pasó de la Península Ibérica a la Europa noroccidental a mediados del siglo XVII, después de la guerra de los treinta años donde los holandeses derrotaron a la Armada Española, el privilegio epistémico pasó junto con el poder sistémico de los imperios desde la Península Ibérica hacia los imperios europeos noroccidentales. La visión antropológica racista de Kant en el siglo XVIII que ponía las montañas de los Pirineos como una línea divisoria al interior de Europa para definir la racionalidad y la irracionalidad apenas sigue este desplazamiento del poder geopolítico que surge en el siglo XVII. Kant aplicó a la Península Ibérica en el siglo XVIII las mismas opiniones racistas que la península Ibérica aplicara al resto del mundo durante el siglo XVI. Esto es importante para comprender por qué los portugueses y los españoles también se encuentran fuera del canon de pensamiento en la universidad occidentalizada de hoy pese a haber sido el centro del sistema-mundo en el siglo XVI. […] >>

 Resulta paradójico que Castilla (con la confederación catalanoaragonesa y el reino portugués, obviamente), núcleo central antecedente de la futura 'España' del XIX, que había liderado la inauguración del mundo moderno al erigirse en primera potencia europea colonial (por tanto, racista) transatlántica durante el siglo XVI, se convirtiera en 'cazador-cazado' a partir del XVII, a raíz de su pérdida de poder geopolítico en favor de Holanda, Francia e Inglaterra, momento en que las nuevas potencias dominantes le adjudican (a ella y al resto de la Europa mediterránea) el papel sub-humano o 'irracional', que ella misma había reservado previamente a las zonas por ella colonizadas, como Andalucía o el continente americano (ibíd.). Lo sorprendente es que ocho décadas antes de que el autor de este fragmento y otras/os muchas/os autoras/es más pongan de manifiesto, como lo están haciendo, la presencia desde hace siglos de una concepción racial subyacente en la cosmovisión (centro-nor-)europea, la cual sitúa por debajo de la racionalidad al Mediterráneo Norte (junto con el resto del mundo), Blas Infante, en su obra La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, publicada originalmente en 1931, anticipara con clarividencia visionaria este desvelamiento. Hemos aquí de reproducir, necesariamente, por el ocultamiento habitual de este vector de su pensamiento, la posición de Infante ante Europa y ante España, entendida esta última como subcontratista política, ideológica y colonial de la primera durante el período de las cruzadas de la baja Edad Media, una de cuyas víctimas fue la propia Andalucía, cuyas actuales clases dominantes (Infante se refiere específicamente a los descendientes más directos de sus conquistadores, aunque continua el fenómeno hoy día respecto a sus élites políticas, intelectuales orgánicos y divisiones mediáticas del régimen vigente) adoptan y fomentan a Europa como referente cultural, contra la imagen que la propia 'Europa  real' (y la 'España real', añadiríamos) tiene del pueblo andaluz (Infante Pérez, 1979: 68-71),

<< Andalucía jamás espiritualmente fue pueblo servil. [...] Y hoy, esclavizada, no sirve; manda. El amo que le puso Europa, España, ¿no es hoy andaluz ante la misma Europa y ante el mundo entero? [...]

Acaso España, mandataria secular de Europa con respecto a nosotros, siente una mayor inquietud ante ese grito, que cuando ha llegado a escuchar "Visca Catalunya lliure" del Noroeste peninsular. En la subconsciencia de España, un crimen aguarda el asomar a su conciencia actual, florecido en el dolor de un remordimiento. ¡Andalucía! Esta es una razón de aquella mayor inquietud. Y es la otra, el que España todavía se apercibe mandataria de Europa.

[...] Durante el término de la acción asimilista europeizante desarrollada secularmente contra nosotros, en el ámbito del siglo XIX, y en la culminación del prestigio mundial de los valores europeos, los andaluces menos andaluces, los señoritos de la ciudad, hijos o nietos de inmigrantes o de colonos de las planicies o montañas castellanas, asturianas o gallegas, tenían por norte de su estimativa el llegar a ser autómatas de Europa. Pues bien: aun ellos, los señoritos, los andaluces menos andaluces, y no obstante ser el concepto de señoritaje de importación europea, no podían llegar a expresar propiamente a Europa. "¡Quieren parecer europeos –decían de ellos los visitantes extranjeros–, se ofenden si no se les llega a considerar como a tales civilizados; pero no pueden, no pueden fingir con perfección a Europa!" ¿Y, si esto llega a ocurrir con los señoritos, qué no sucederá con los jornaleros, con los campesinos sin campos, que son los moriscos de hoy; con la casi totalidad de la población de Andalucía; con los andaluces auténticos, privados de su tierra por el feudalismo conquistador? No queremos. No hemos podido llegar a ser europeos, a pesar del bárbaro coloniaje. No queremos, no podemos ser sólo Europa; somos Andalucía.

[...] ¡Europa, no! ¡Andalucía! Europa es, por su método, la especialización que convierte al individuo en pieza de máquina. Andalucía, por el suyo, es la integridad que apercibe al individuo como un mundo completo, ordenado al mundo creador. Europa es el individuo para la masa. Andalucía, el individuo para la Humanidad. Europa es el feudalismo territorial e industrial. Andalucía, el individualismo libertario que siente el comunismo humano, evolutivo, único comunismo indestructible por ser natural, el que añoraron todos los taumaturgos; aquel que tiene un alma en la aspiración, que cada individuo llegue en sí a a intensificar, de crear por sí, pero no para sí, sino para dárselo a los demás. Ese único comunismo posible que no puede llegar a crearse por artificio maquinista, sino por la alegría y por el espíritu que la alegría vuelve a crear. Europa es el empaque dominador megalómano, rabiosamente utilitario. Andalucía es, como decía no recuerdo quién, como son sus casas de apariencia humilde, con patios, jardines centrados por fuentes: sencillez por fuera; iluminación por dentro. >>

No debe resultar extraño el componente racista que, en el terreno mediático, destilan los conceptos utilizados en publicaciones anglosajonas de uno y otro lado del Atlántico como Financial Times, Newsweek, The Economist o The Times, las cuales han venido agrupando a los Estados del Sur de la Unión Europea (Portugal, Italia, Grecia, España) bajo el acrónimo “PIGS”, cuyo significado literal en inglés es 'cerdos'; siglas que se transforman en el también peyorativo “GIPSI”, es decir, 'gitanos', cuando se incluye en el paquete a Irlanda, país no situado en el Sur de Europa pero tan objeto de prejuicios históricos por parte de su vecino británico como los países mediterráneos, con los cuales tiene en común el hecho de pertenecer a la periferia europea [[12]]. Así (Grosfoguel, 2015):

<< esta división lleva produciéndose desde el siglo XVII, cuando el Sur de Europa estaba visto como un lugar inferior justo después de la guerra de los Treinta Años, cuando Ámsterdam desplaza a España y a la península Ibérica del centro del sistema-mundo creado a partir de la expansión colonial en 1492. El Sur vive una especie de alienación mental: por un lado están subordinados a los poderes del Norte, y por otro ejercen de Norte poderoso en relación a otros lugares del planeta. Se ven a ellos mismos como parte del Norte, aunque con muchas contradicciones. Incluso después de veinte años de ilusión de la Unión Europea, el Norte de Europa no mira al Sur como un igual.

En el Norte utilizan términos como PIGS y dicen que la causa de la crisis son los países del Sur, porque son vagos, perezosos y corruptos. [...] No reconocen que la causa de la crisis es el pillaje del capital financiero internacional. [...] Es un discurso totalmente racista que ha estado siempre ahí desde hace cuatrocientos años, y que vuelve a emerger ahora con fuerza a partir de la crisis. [...] El capital financiero alemán de cara al siglo XXI necesita periferia. [...] Por eso mira [...] al Sur de Europa como su nueva periferia de cara al siglo XXI. Sin periferias no tienen como competir frente al ascenso de China y frente a los Estados Unidos. [...] De ahí la política de austeridad del capital financiero alemán vía la troika para pauperizar el Sur de Europa y así producir mano de obra barata. [...] Porque de cara al desafío que representa China, el capital financiero alemán necesita una periferia laboral en Europa, reproducir las condiciones laborales de China en Europa. […] >>

En lo tocante a cómo ese Sur de Europa ejerce de y se ve a sí mismo como Norte respecto a otras zonas del globo, no necesariamente hay que buscar estas en África o América Latina, por ejemplo. El sur está más cerca de lo que se suele creer. O, dicho a la inversa, Andalucía tiene un norte mucho más cercano de lo que se piensa. A nivel ibérico, ese retrato de los países del Sur como “vagos, perezosos y corruptos” de que hablaba Grosfoguel encuentra su concreción en el relato de la “Andalucía subsidiada”, narrativa que encubre cómo la andaluza es una economía subordinada a los intereses estructurales del Estado español y la Unión Europea a través de tres mecanismos básicos: silenciar que los subsidios son recibidos en compensación por el lucro cesante (ingreso que dejamos de percibir en beneficio de otros, y que proviene de nuestro propio dinero debido a los medios de producción que no se nos permite cultivar, dadas las millonarias ayudas a los grandes terratenientes de Andalucía solo por limpiar sus tierras sin cultivarlas, lo que produce paro y, con ello, menos impuestos, menos cuotas a la Seguridad Social y menos creación de riqueza), el artificio trilero del método de cálculo establecido para la elaboración de las llamadas balanzas fiscales (prorrateando la aportación de cada comunidad autónoma como si los gastos e inversiones estatales beneficiasen a todos los territorios de manera proporcional a cada uno de ellos en función de las respectivas poblaciones, cuando quien más se beneficia es la Comunidad de Madrid, sede de los servicios centrales del Estado) y, por el lado de los ingresos, computando como impuestos pagados en la capital del reino de España el IVA y el Impuesto de Sociedades de las grandes empresas y transnacionales que tienen allí sus sedes, como hacen 24 de las 35 empresas del Ibex 35 (Batlle, 2017: 10-12).

Cerraremos esta reflexión en torno a la concepción infantiana de España como amo que Europa le puso en su momento a Andalucía, pero que en la actualidad es a su vez vasallo de la Europa nórdica y germánica (estas son las paradojas del subimperialismo), con una entrevista a Jacques Delors (como anticipábamos más arriba), expresidente del ejecutivo de lo que en 1989 aun se denominaba "Comunidad Europea", quien trataba de convertir en realidad un imposible cuando consideraba, en ese año, que había que "dar un alma a Europa" para que su población pudiera "enamorarse de ella; es decir, "identificarse con "la construcción europea" y devolverle así "una identidad que había perdido sin darse cuenta", según contaba El País el 8/I/1989 [[13]]. Al preguntársele en la entrevista del diario de Prisa cómo veía la Unión Europea, Delors, en una sorprendente coincidencia con los textos de Infante que hemos reproducido, y fruto, quizá, de una traición del subconsciente, respondió: "Lo único que puedo decir es que algún día Europa será un objeto político no identificado cuyos miembros habrán puesto en común una parte importante de sus ambiciones y medios para realizarlas. Dicho esto", advirtió, no obstante, para que quedara clara la función de cada territorio en la futura UE, que "España seguirá siendo España como hoy en día Andalucía sigue siendo Andalucía". En otro alarde de sinceridad, el entonces presidente del Ejecutivo comunitario, al preguntársele si la Europa que él estaba construyendo no estaba bastante alejada de la ciudadanía de a pie, proporcionó una respuesta que puso en evidencia el hecho indisimulable de que Europa no es ni un continente ni una cultura sino una muy reciente mitología útil a la hora de justificar ante los pueblos controlados el monopolio de materias primas, producciones, mercados y mano de obra por parte de determinadas burguesías (Campos López, 2011a: 12): Delors contstó a El País que "La libre circulación de las mercancías, de los servicios, de los capitales e incluso de las personas se está consiguiendo antes que la de las ideas", situación respecto a la que añadió, sin disimulos, que "Uno no se enamora del gran mercado. Por eso hay que dar un alma a la Comunidad."

REFERENCIAS

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NOTAS

[1] https://www.youtube.com/watch?v=s0f5iM14Oc4

[2] https://www.youtube.com/watch?v=irthu_6I-j0

[3] https://www.youtube.com/watch?v=wWEayuqBHng

[4] https://www.youtube.com/watch?v=_nZ8SG6B18w

[5] https://www.youtube.com/watch?v=Ax04d3JOkjA

[6] https://www.youtube.com/watch?v=6LwNJx0Yl7g, 21:40.

[7] https://www.youtube.com/watch?v=iddTlFTuWwQ, 3:20.

[8] Tanto Chaves como su sucesor en el cargo, José Antonio Griñán, serían, años más tarde, imputados formalmente por prevaricación administrativa en el caso ERE: http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/nacional/EXPOSICION-ERE.pdf

[9] http://www.juntadeandalucia.es/boja/2007/252/2

[10] http://www.infoamerica.org/web1/complementos/acercade.htm

[11] http://www.periodismo.uma.es/diaznosty.htm

[12] https://es.wikipedia.org/wiki/PIGS

[13] http://elpais.com/diario/1989/01/08/internacional/600217205_850215.html


[8]              Tanto Chaves como su sucesor en el cargo, José Antonio Griñán, serían, años más tarde, imputados formalmente por prevaricación administrativa en el caso ERE: http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/nacional/EXPOSICION-ERE.pdf