Lunes 25 Junio 2018

El nuevo/viejo relato unionista en el periodismo y la publicidad (I)

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Tourist Go Home

Uno de los efectos más patentes del proceso soberanista en Cataluña ha sido la agudización simbólica, institucional y mediática del nacionalismo español en diversos sectores sociales, a través de variadas manifestaciones, “que, ante las ansias libertadoras del pueblo catalán, gritan con inconsciencia imbécil «¡La unidad de la patria!»”, como analizara hace un siglo el Centro Andaluz de Sevilla en un editorial muy probablemente obra de Blas Infante y que apareció en la portada del número 63 del semanario El Regionalista. Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía1 (aunque parezca escrito hoy día).

Fuera de nuestro país, el 26 de enero, la aristócrata2 y diseñadora de moda Ágatha Ruiz de la Prada colocó de fondo una gran bandera rojigualda como fondo del desfile de sus últimas creaciones, en el que se escuchó el himno oficial del Estado, mientras la modelo encargada de abrirlo desfilaba con un vestido a juego, en rojo y amarillo. “Me gusta lanzar mensajes y esta vez el mensaje principal es España. De toda la vida me ha encantado la bandera de España y me parece preciosísima. ¿Por qué nunca se hace política en esto?”, declaraba la modista (Elperiodico.com, 26/I/20183). Menos de un mes después, el 17 de febrero, la cantante Marta Sánchez cerró uno de sus conciertos con una letra de su invención para ese mismo himno con un fondo escenográfico en los mismos colores, lo que motivó los elogios de la líder nacionalista española Inés Arrimadas: “Si algo bueno ha dado el 'procés' independentista es que se ha despertado un sentimiento de orgullo de ser español, civil y moderno” (Elperiodico.com, 19/II/20184). Ante la pregunta sobre qué sentimiento le producía lo que está ocurriendo en Cataluña, la cantante contestó: “Me gustaría dar por respuesta esta frase: España unida jamás será vencida”. En relación a cómo solucionaría el problema, respondió: “te contesto con esta metáfora: si comenzamos a partir el queso en trocitos, ¿qué ocurre con el queso?” (Lavanguardia.com, 20/II/20185).

Esa “actitud dolida, de resistencia”, define al españolismo como “movimiento reactivo” impulsado por la “finalidad del antiseparatismo, la defensa del Estado, contra los elementos disgregadores”. Estamos ante la resurrección de “un objetivo predominantemente conservador que, hasta la muerte de Franco al menos, resultó ser el de más duradero éxito entre los adoptados por el nacionalismo español”, definido por algunos autores “como reactivo”, no integrador, apropiado ya por los sectores ideológicos más reaccionarios, antidemocráticos y socialmente más regresivos, unitario y autoritario, muy preocupado por el peligro separatista y proclive al militarismo (Álvarez Junco, 2003: 601), como hemos podido comprobar en las fechas más recientes en forma de arengas patrioteras al grito de “a por ellos” como acicate a la brutal actuación represiva del Estado en el referéndum de autodeterminación catalán del 1 de octubre de 2017. Tales actitudes violentas se encuentran imbuidas del “designio de acabar con los nacionalismos de la periferia y de apuntalar, en paralelo, la unidad de España”, con lo que “la impronta de los regímenes no democráticos es fácilmente apreciable en el esqueleto del nacionalismo español, que parece más cómodo con éstos que con fórmulas políticas más benignas y tolerantes. De resultas” de todo ello, “a duras penas ha casado con una idea nacional asentada en la fraternidad, la solidaridad y, claro, la voluntariedad” (Taibo, 2014: 30-31). Naturalmente, el carácter adquirido por este nacionalismo de Estado tiene unos orígenes históricos concretos, pues ya “desde los años 1840 predominará la visión nacionalista de los liberales respetables: una visión de carácter conservador que era retrospectiva, nostálgica y tradicional. Y todo ello en perjuicio de los planteamientos que podríamos calificar de más progresistas e integradores”. Así, “se impuso, en cambio, un discurso histórico conservador que no buscaba crear un nacionalismo integrador ni un proyecto colectivo de futuro, ya que en él predominaban argumentos justificadores de la situación” (De Riquer i Permanyer, 2001: 49; cursivas en el original).

Entre sus síntomas, en una coyuntura como la actual, encontramos también los contenidos en diversos mensajes tanto del campo mediático como del de la publicidad, elemento del mundo contemporáneo siempre (también) conservador por naturaleza, y que en lo que aquí nos atañe trata de conectar con esos sentimientos reactivos de reafirmación nacionalista-estatalista. Tanto en este como en próximos artículos nos encargaremos de analizarlos.

Por ejemplo, el último spot de los productos de limpieza Las Tres Brujas es protagonizado por un grupo de entusiastas hinchas de la selección española de fútbol, ataviadas/os con sus correspondientes camisetas, gorras y banderas rojigualdas (que también cuelgan por la casa), quienes ven un partido de La Roja en el que dicho equipo marca un gol inmediatamente después de que uno de ellos, en un arrebato supersticioso, haya limpiado la pantalla del televisor donde siguen el encuentro deportivo utilizando uno de los limpiadores de la marca6. La página 23 de la edición de El País del 30 de enero de 2018 (fecha y periódico del que nos vamos a ocupar más adelante) es ocupada enteramente por publicidad de Correos homenajeando a la selección española de balonmano por su triunfo en el campeonato europeo de ese deporte a través de la felicitación “¡Enhorabuena Hispanos!” y el lema “Volver a casa con el oro. Algo muy nuestro” (donde la primera persona del plural es clave), líneas que enmarcan una foto de los vencedores con silueta de la tilde o virgulilla de la letra eñe. Debe tenerse presente que el deporte (en particular, el deporte moderno) juega un papel de elevada importancia en la necesaria y constante realimentación de la que se nutren determinadas identidades grupales (Caspistegui, 2012: 19), siempre impulsado por un fuerte componente emocional: el veterano periodista José Antonio Martínez Soler definió en uno de sus artículos para el blog de 20minutos.es (26/II/2014) al exentrenador Vicente del Bosque, bajo cuya dirección técnica la selección española de fútbol obtuvo una Eurocopa y una Copa del Mundo, como “nuestro héroe nacional, el hombre que más ha hecho por reconciliarnos con la bandera española actual”7.

Pero nos ocupábamos del proceso de liberación nacional catalana en curso. La falsedad de la mitología del burguesímetro esgrimida por el españolismo en torno al presunto antagonismo entre una rica e insolidaria periferia nacionalista, de un lado, y el pobre y llano pueblo español, del otro (Taibo, op. cit.: 85-87; 89-90), ha quedado en realidad desmentida por el boicot de las poderosas compañías del Ibex al procés en forma de amenazas, al poco tiempo cumplidas, de sacar sus sedes sociales de Cataluña. Así lo hicieron entidades bancarias como Banc Sabadell, cuyo presidente, Josep Oliu, había abogado en junio de 2014 por la creación de un “Podemos de derechas más orientado a la iniciativa privada y el desarrollo del país”8, desiderátum que se vería satisfecho con el ascenso político de Ciudadanos. Idéntico fue el proceder de CaixaBank, última denominación del grupo empresarial en torno a la histórica La Caixa, de cuyo departamento jurídico procede Albert Rivera, líder de ese partido ultranacionalista, que goza de buena sintonía con el expresidente de la entidad, Isidre Fainé (de acuerdo con Eldiario.es, 16/XII/20159). CaixaBank acordó el cambio de su sede de Barcelona a Valencia, la Fundación La Caixa a Palma de Mallorca y SegurCaixa Adeslas a Madrid (según Elperiodico.com, 23/X/201710), medida detrás de la cual parece encontrarse una decisión personal del banquero catalán, presidente de Criteria CaixaCorp (el 'holding' de La Caixa) y máximo accionista de CaixaBank y Gas Natural (Elconfidencial.com, 7/X/201711). Según una información de la edición impresa de El País (3/II/2018, p. 38), “Los resultados del Sabadell [en 2017] reflejan el impulso del negocio en España, que gana 623 millones [de euros], un 46% más” mientras en un despiece puede leerse que su presidente “Oliu aseguró ayer que ve «complicado» que el banco, que en octubre movió su sede a Alicante, regrese a Cataluña. Dijo que él cada vez pasa más tiempo en Madrid y añadió: «Yo no me siento exiliado. Me sentiría así si estuviera fuera de España»”. Por su parte, otra información de la misma página cuenta en su correspondiente entradilla que “CaixaBank ganó 1.684 millones de euros en 2017, el 60,9% más que en 2016 […]. Es el mayor beneficio anual de su historia [como tal CaixaBank], que arranca en 2011”. El cuerpo de texto de la misma noticia explica que “La entidad de origen catalán presentó los resultados en Valencia, donde trasladó su sede social y fiscal en octubre por la inestabilidad política que vivió Cataluña tras el referéndum independentista del 1 de octubre”. Otro respectivo despiece recoge la posición al respecto de su presidente, Jordi Gual, en el sentido de que “«Fue una decisión difícil pero acertada»”.

Para comprobar hasta qué grado el gran capital ha tomado efectivamente partido por el unionismo, obsérvese que en la noticia arriba citada de El Periódico, donde se explica que la “compañía líder en España en seguros de salud”, SegurCaixa Adeslas, está “integrada en el Grupo Mutua Madrileña”, así como que la concesionaria de autopistas Abertis también cambia la sede de Barcelona a Madrid por la "inseguridad jurídica generada por la actual situación política”, aparecen como patrocinadores de la información, precisamente, tanto Abertis como Mutua Madrileña. Por ende, el antetítulo de la noticia reserva la palabra “amenaza” no para la decisión de las grandes empresas que trasladan sus sedes sino para “la amenaza de la DUI” (Declaración Unilateral de Independencia de Cataluña). Queda patente así cómo “La información actual ejerce una influencia social condicionante sobre el individuo y, a su vez, la estructura socioeconómica la ejerce sobre la información y los procesos que la generan” (Reig García, 1994: 195).

Los resultados de las elecciones catalanas del 21 de diciembre de 2017 tampoco apoyan la tradicional teoría española de que el hecho nacional en Cataluña es simplemente un invento burgués. De acuerdo con Salas (2018),

<< En algunos ámbitos políticos se suele banalizar el conflicto catalán con el argumento de que interesa sobre todo a los sectores burgueses catalanes. Pues los resultados indican que en ciertas ciudades y barrios ricos se ha producido un decantamiento del voto hacia las opciones más defensoras de la unidad de España. Por ejemplo, en Sant Cugat, una de las ciudades catalanas con mayor renta per cápita, en el 2015, la suma del PP y C’s obtuvo el 23,67% de los votos y en el 2017 ha pasado al 25,87%; mientras que las candidaturas independentistas han visto reducido su porcentaje del 57,98% en el 2015 al 43,26% en el 2017. Esa misma tendencia se aprecia en el distrito más rico de Barcelona, el de Sarriá-Sant Gervasi. En el 2015, PP y C’s sumaron el 32,95%, ahora han pasado al 35,99%; mientras que el independentismo bajó del 49,73% al 45,61%. ¿Significa que un sector de la burguesía se está echando para atrás del proceso? […] ¿Votó la gente trabajadora a C’s? Ciudadanos concentró el voto de la derecha y el anti independentista y eso se reflejó en un aumento de sus votos, en los barrios obreros y también en los barrios burgueses, por razones bien diferenciadas. Pero [...] en las ciudades y barrios de clase trabajadora también aumentó el voto a las candidaturas independentistas. >>

El último spot de La Caixa, de hecho, se ha sumado al nacionalismo reactivo (en otros términos: reaccionario) del que hablábamos al principio tratando de escapar de los boicots de consumo catalanófobos al uso desvinculándose de cualquier sospecha de connivencia con la herejía separatista y subrayando una imagen de ‘españolidad’ a través de su campaña “Comprometidos”, donde una voz en off masculina dice así: “Comprometidos con Aragón. Con Navarra y La Rioja. Comprometidos con el País Vasco. Con Castilla y León y con Castilla - La Mancha. Y con Cantabria. Comprometidos con Galicia. Comprometidos con Cataluña. Con Murcia, con Extremadura y con Madrid. Con Asturias. Comprometidos con Andalucía, con Baleares y con Canarias. Comprometidos con la Comunitat Valenciana”. Continúa una nueva fuente, esta vez femenina, con las siguientes palabras: “En la Fundación Bancaria «La Caixa» llevamos años comprometidos con cada comunidad, con cada ciudad, con cada lugar de España en el que alguien nos necesite12.

Otro caso (aunque este, más esperable) de anuncio televisivo imbuido de retórica nacionalista española es el que el banco Santander lleva emitiendo desde finales de 2017 y hasta bien entrado 2018, en el que promociona un fondo de inversión de renta variable: “El fondo Santander Small Caps España invierte en empresas españolas que crecen y que serán las estrellas de nuestra economía. Es el momento de creer en España y de apoyar las empresas de un país tan brillante como el nuestro”, se nos comunica13.

El mismo banco es el que el pasado martes 30 de enero incluyó un anuncio a página completa en ABC y otros medios impresos felicitando por su 50 cumpleaños a Felipe VI, en el que podía leerse: “Felicidades, Majestad. Gracias por encarnar los valores que nos unen. Sencillo. Personal. Justo14”. Pero no fue un hecho singular. Lo mismo hicieron otras grandes corporaciones y entidades como Telefónica (“¡Felicidades, Majestad! Desde Telefónica queremos desearle un largo y fructífero reinado”15), El Consorci de la Zona Franca de Barcelona (“50. Felicidades y gracias, Majestad. Juntos seguimos haciendo Historia”16), El Corte Inglés (“Felicidades. El Corte Inglés quiere felicitar a Su Majestad. El Rey Don Felipe VI en el día de su 50 cumpleaños”17), Iberdrola (“Felicidades, Majestad. Desde Iberdrola, nos sumamos a las felicitaciones a S.M. el Rey Felipe VI por su 50º Aniversario”18) o Iberia (“Felicidades a Su Majestad Felipe VI. Desde Iberia queremos felicitar al Rey Felipe VI en su 50 cumpleaños. Juntos seguiremos afrontando cada día con la ilusión del primero”19). De hecho, el mito de “La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria”, como la definió su padre y anterior jefe del Estado20 durante el “«golpe de timón» del 23-F de 1981” (Navarro Estevan, 2003: 115-116; Cacho, 1999), ha sido remachado ad nauseam con motivo de tal cumpleaños a través de la figura del actual monarca. Por ejemplo, El País, en ese mismo día, lo presentaba en un gran titular, a través de una alegoría futbolística, como “Felipe VI, el árbitro que pitó fuera de juego al secesionismo” (p. 18). En el cuerpo de texto establecía un paralelismo con su padre estableciendo un hilo conductor, por medio de la mitología del rey salvador, entre el discurso de Felipe VI como reacción al referéndum de autodeterminación catalán y el mencionado episodio del “tejerazo” protagonizado por su progenitor (Navarro Estevan, ibíd.). Así, contaba El País que “El 3 de octubre, tres años y tres meses después de acceder al trono, el Rey hizo su apuesta más arriesgada. En tono solemne y con semblante grave se dirigió a los españoles para trazar las líneas rojas que nadie podía sobrepasar […], abriendo la puerta a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Como su padre Juan Carlos I el 23-F de 1981, Felipe VI se jugó la corona a una carta. […] El Rey no podía seguir callado”. La consigna del diario de Prisa era clara: en la sección de opinión, en la página 12, Rubén Amón psicopatologizaba las aspiraciones soberanistas de Cataluña escribiendo que “el pasaje cualitativo y decisivo de este medio siglo consiste en los seis minutos televisados de su discurso del 3 de octubre” donde “el principio de la unidad territorial y el papel integrador de la Corona adquirieron una dimensión terapéutica frente a la psicosis nacional”, mientras Juan Francisco Fuentes, “coautor del libro Rey de la democracia”, opinaba en la página siguiente que “El 3 de octubre mostró el coraje necesario para jugársela como hizo su padre el 23-F”, tal como aparecía en un destacado del artículo titulado “Una monarquía meritocrática”. Retomaremos el tratamiento mediático de la figura de Felipe VI en breve. De momento, apuntamos que “La personificación conlleva la consolidación del personaje principal o anunciado como mito que debe ejercer sobre el público un «poder» especial. A la vez, demuestra la unidireccionalidad de programas y mensajes, la falta de originalidad y pluralismo esencial, entendido éste como la contraposición/confrontación radical de ideas sobre un mismo fenómeno o valor social”, dinámica de persuasión tanto informativa como publicitaria que ha sido analizada en rigor y profundidad por Reig García (op. cit.: 151).

La marca Campofrío realizó un spot para las navidades de 2017 en el que, siguiendo la tradición iniciada algunos años antes, trató de proyectar algunos lugares comunes sobre los rasgos de ‘lo español’ bajo el lema y hashtag “amodio”, neologismo compuesto por “amor” y “odio”. Esta vez, según la propia empresa, “la nueva apuesta de la compañía para el cierre del año tiene como objetivo mostrar los valores que más definen a los españoles y los que están más presentes en la realidad del momento, con el fin de generar una conversación o debate en torno a ello”, para lo cual “la compañía ha apostado por el talento español y disciplinas tan nuestras, como el fútbol, el cine, el periodismo, la música y otros muchos temas de actualidad”21. El anuncio en cuestión de la empresa de productos cárnicos que alimentaba ese relato de “la psicosis nacional” (retomando la expresión del citado articulista de El País) ambientándolo en un hospital psiquiátrico prototípico de tiempos pretéritos fue objeto de las protestas de la agrupación de entidades Salut Mental Catalunya (SMC), la cual manifestó su rechazo al spot navideño por considerar que atentaba contra la dignidad de las personas con problemas de salud mental y vulneraba los principios recogidos en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad. SMC entendía que spots como el de Campofrío refuerzan los falsos mitos vinculados a la salud mental e incurren en una total falta de respeto hacia el dolor de las personas con ese tipo de padecimientos, de las que se mofan al banalizar su problema frivolizando con el ingreso en centros psiquiátricos o el uso de camisas de fuerza. Consideraban que campañas como la de Campofrío apelan a una serie de estereotipos rancios y torpes indignos de una sociedad moderna, dado que la reforma psiquiátrica recogida en la ley sanitaria de 1986 supuso el fin de la institucionalización de estas personas en el Estado español y, con ello, su inclusión en la comunidad como ciudadanas/os de pleno derecho (Naciodigital.cat, 28/XII/201722).

El comienzo del anuncio nos ofrece un plano en el que un grupo de pacientes marcha a modo de pequeña manifestación coreando el mismo lema que aparece escrito en la pancarta que portan: “Tourist welcome” (“turista bienvenidos). De inmediato, sin solución de continuidad, los pacientes psiquiátricos dan la vuelta a la pancarta, que en su cara contraria reza “Tourist go home” (“turista, vete a tu casa”), nueva consigna que pasan a gritar ipso facto23. Se nos empieza a presentar, así, la alegoría de un país con tendencias esquizoides, contradictorio, donde la gente no sabe a qué carta quedarse, que pega bandazos en sus afectos y actitudes hacia las cosas; presentación que sigue la estela de algunas de las teorías sociológicas al uso, con una marcada impronta psicologista, las cuales suelen divagar en torno a cuestiones metafísicas sobre la esencia de los españoles, tal como declararon el director de mercadotecnia de la marca y la directora del spot a Elpais.com (18/XII/201724):

<< «Amodio es una característica de los españoles de odiar y amar lo mismo en función de la situación, nuestro estado de ánimo. En el fondo todo lo que nos importa nos genera amor y odio dependiendo del momento», ha comentado el director de marketing de Campofrío España, Javier Portillo. [...] «Intentamos mostrar un valor característico que nos defina a los españoles y por ello siempre son nuestra inspiración fundamental», ha añadido. Por su parte, la directora, Isabel Coixet, ha destacado que se trata de un guion con el que ella comulga. «Coincido con ese punto que tienen las campañas de Campofrío de reírnos de nuestras propias contradicciones y debilidades. Nos falta un poco de distancia y de reírnos de nuestra forma de ser tan española de pasar del insulto al abrazo y de la bofetada a la caricia», ha explicado. >>

La leyenda inicial de la mencionada pancarta bien podría ser una referencia implícita al “Refugees welcome” (“Refugiados bienvenidos”) en tanto el repentino cambio al “Tourist go home”, en el contexto de una residencia psiquiátrica, nos conecta con el fenómeno que los grandes medios de comunicación estatales han presentado en épocas recientes bajo la etiqueta “turismofobia”, elección léxica que dibuja determinadas acciones y reivindicaciones contra la hipertrofia de la actividad turística y sus perjuicios para las poblaciones receptoras como reacciones desbocadas, violentas e irreflexivas. No en vano, el sufijo -fobia contiene evidentes connotaciones de irracionalidad, cuando no de racismo o rechazo a ciertos colectivos humanos (xenofobia, homofobia…); tales evocaciones negativas vienen aquí acentuadas por oposición al solidario y pacífico “Refugees (/tourists) welcome”. Abundan estas concepciones del hecho en el relato mediático dominante: “Ataque antiturístico de Arran contra un restaurante y varios yates en Palma” (Elmundo.es, 2/VIII/201725); “Turismofobia: el peor mensaje en el peor momento. […] ataque antiturístico protagonizado por una veintena de jóvenes” (Elmundo.es, 4/VIII/201726); “#MVTAntiTuristas” fue el hashtag de una edición del programa Más vale tarde en el que los presentadores de La Sexta se mostraban abiertamente hostiles a la entrevistada, Laura Flores, portavoz de Arran, quien, a pesar de las variadas acusaciones que le dirigían, trataba de dejar claro que las acciones de ese colectivo juvenil independentista para visibilizar el problema de la masificación turística, al que hasta entonces los grandes medios no le habían dedicado especial atención, no iban contra el turismo en sí (Lasexta.com, 28/X/201727). El modelo de turismo masivo, que ha hecho que Barcelona reciba el desembarco de hasta 30.000 personas al día durante algunos fines de semana, está ocasionando severos perjuicios a esa ciudad: la privatización de parte del espacio común con cientos de terrazas por las que los dueños de los bares pagan precios irrisorios, la invasión de las calles por parte de artilugios móviles (como segways, skates y patinetes) que dificultan la movilidad y ponen en peligro la integridad física de las personas (especialmente las más vulnerables), el agravamiento de los niveles de contaminación por los desplazamientos de las/os miles de visitantes (el colapso por exceso de automóviles privados, más de 6.000 por kilómetro cuadrado, que emiten micropartículas PM10, eleva ampliamente los niveles permitidos por la OMS) y las emisiones de los cruceros atracados en su puerto (causadas por un fuel 3.500 veces más rico en azufre que el normal), el aumento sustancial de los residuos urbanos (lo que genera una mayor necesidad de servicios de limpieza y seguridad, que paga toda la ciudadanía con sus impuestos sin recibir nada a cambio), el agravamiento de la precariedad laboral (mientras las pernoctaciones aumentaron desde 2008, el empleo en el sector turístico solo lo hizo un 0,63% y las llamadas kellys, limpiadoras de hotel, solo cobran 2,50 euros por habitación), la expulsión de las/os vecinas/os de sus propios barrios a causa de las políticas de transformación de viviendas en apartamentos turísticos (un 8% de las personas residentes quedó fuera de su casa desde 2014), el consiguiente encarecimiento de las condiciones de vida (y el incremento de los precios del alquiler de un 20% en tan solo un año, responsable de un 90% de los desahucios, debido a impago), el cierre de los pequeños comercios de proximidad ante la presión de los dedicados al turismo, la proliferación de grandes operaciones inmobiliarias especulativas (construcción de más megahoteles y todo tipo de infraestructuras innecesarias que venden la ciudad al mejor postor) y, en suma, el enriquecimiento de unas élites a costa de la pérdida de calidad de vida de la mayoría de sus habitantes (Fernández Medrano, 2017: 25-27).

Como apuntábamos más arriba, esa manera de presentar los hechos sociales que “tiene como objetivo mostrar los valores que más definen a los españoles y los que están más presentes en la realidad del momento”, por retomar la retórica oficial de la campaña publicitaria de Campofrío, es eminente metafísica y, por su propia naturaleza, simplista, dado que es incapaz de ofrecerlos con un enfoque estructural, más propio de la realidad, donde se conjugan múltiples elementos en interacción, lejos de esa reducción esencialista en torno a la forma de ser de los españoles. Tanto es así que quienes en buena medida han introducido el tema de la masificación turística en el debate mediático a través de diversas acciones ni siquiera se consideran como tales, ya que, como hemos visto, Arran es una organización catalana independentista; claro que, de acuerdo con las usuales concepciones de tebeo, toda persona, por tener un DNI español, ya es española y por tanto entra en el mismo saco que todas las demás que también lo poseen. Podría interpretarse que para el anuncio los españoles somos así, amamos y odiamos las cosas (de ahí el protagonismo del neologismo “amodio” en la campaña), tomado ese concepto de ‘españoles’ como unidad, lo que explica que un día se maten por una cosa y al día siguiente por la contraria.

Es natural que, visto desde una escala macroscópica, se interprete como un sinsentido que las cosas cambien. Ni siquiera el humorista gráfico El Roto, habitual contrapunto herético a la linea editorial a la que se ajustan las páginas de El País, se sustrae a ese discurso españolista que presenta las aspiraciones de buena parte de la sociedad catalana como algo absurdo e inefable. Así lo hace con un guiño a un clásico de la literatura universal del siglo XX, en la página 2 de la edición del 30/I/2018 (justo debajo de un artículo titulado “Misiones imposibles”, el cual comienza sentenciando que “La independencia de Cataluña es una misión imposible”), a través de una viñeta donde aparece la portada de un libro en el que aparece como autor “Jordi Kafka” y como título “Der Prozess”, en referencia a la novela del autor checo que trata de reflejar la condición absurda de la existencia humana.

Frente a esta visión metafísica de la realidad, sin embargo, no debemos sorprendernos de las aparentes contrasentidos que se dan en el seno de las cosas “Precisamente, porque no están de acuerdo con ellas mismas, porque hay lucha entre las fuerzas, entre los antagonismos, porque hay contradicción” si las observamos desde una perspectiva interna (Politzer, 1980: 137). En otras palabras (ibíd.: 142),

<< Toda cosa es una unidad de contrarios. Decirlo parece al principio un absurdo. Porque una cosa y su contrario no tienen nada de común. Eso es lo que se cree generalmente; pero para la dialéctica, todas las cosas son una unidad de contrarios. […] Para un metafísico, la unión de los contrarios es imposible. Para él, las cosas son hechas de una sola pieza, de acuerdo con ellas mismas, y se da la circunstancia de que nosotros afirmamos lo contrario; es decir, que las cosas están formadas de dos piezas –ellas mismas y sus contrarios– y que en ellas existen dos fuerzas que se repelen porque las cosas no están de acuerdo con ellas mismas, porque se contradicen. >>

En el siguiente artículo continuaremos comprobando la presencia de enfoques simplistas, emocionales y unidireccionales en el discurso mediático y publicitario en favor de la unidad del Estado y, por tanto, en contra de quienes la cuestionan.

REFERENCIAS

ÁLVAREZ JUNCO, José (2003): Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX. Madrid: Taurus.

CACHO, Jesús (1999): El negocio de la libertad. Madrid: Foca.

CASPISTEGUI, Francisco Javier (2012): “Deporte e identidad, o sobre cómo definirnos”, Historia y comunicación social, 17. https://revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/download/40597/38914

DE RIQUER I PERMANYER, Borja (2001): Escolta, Espanya. La cuestión catalana en la época liberal. Madrid: Marcial Pons.

FERNÁNDEZ MEDRANO, Hortensia (2017): “El turismo masivo arrasa Barcelona”, El Ecologista, 92. https://www.ecologistasenaccion.org/article34717.html

NAVARRO ESTEVAN, Joaquín (2003): 25 años sin Constitución. Madrid: Foca.

POLITZER, Georges (1980): Cursos de filosofía. México D.F.: Editores Mexicanos Unidos.

REIG GARCÍA, Ramón (1994): La información binaria (Emotividad y simplicidad en el periodismo). Sevilla: Gallo de Vidrio.

SALAS, Miguel (2018): “¿De verdad la gente trabajadora en Catalunya votó a Ciudadanos?”, http://www.sinpermiso.info/textos/de-verdad-la-gente-trabajadora-en-catalunya-voto-a-ciudadanos.

TAIBO, Carlos (2014): Sobre el nacionalismo español. Madrid: Los Libros de la Catarata.

NOTAS