Lunes 22 Octubre 2018

El nuevo/viejo relato unionista en el periodismo y la publicidad (III)

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 Esquizofrenia banderilCerramos con el presente texto la tríada de artículos que iniciábamos hace algunos días en torno a las actitudes, retratos y narraciones que el nacionalismo de Estado viene difundiendo a través de los mass media, tanto en su vertiente periodística como en la de los anuncios comerciales, adaptando su discurso ancestral a las nuevas coyunturas suscitadas, sobre todo, por la emergencia del movimiento constituyente en Cataluña.

Retornemos al spot de Campofrío dirigido por Isabel Coixet, que habíamos dejado con un grupo de pacientes psiquiátricos oscilando, como la giratoria veleta que le daba inicio, en su patológica incoherencia entre el “Tourist welcome” y el “Tourist go home”. Cuatro planos de otros tantos grupos de personas recluidas en el sanatorio mental nos dan paso a un rótulo en dos líneas sobreimpresionadas en pantalla, el cual nos cuenta: “Hicimos la primera consulta para medir los sentimientos a este país”. Mientras aparece el siguiente título, “Y este es el resultado”, podemos ver entrando en la residencia al cantautor Joan Manuel Serrat, quien viene “a por el diagnóstico”, como él mismo anuncia, junto a una actriz Carmen Maura caracterizada como enfermera, la cual le abre la puerta y le invita a pasar. “Estamos aquí todos un poco desquiciados, ¿eh? Esto es una pandemia y de esta no se libra nadie”. Dicho diagnóstico (el del amodio, amor y odio) será proporcionado por la autoridad académica de un médico, varón, ornado con la bata blanca de doctor frente al rol femenino de la enfermera, identificable con la cofia, que representa Maura. El galeno es interpretado por el psicólogo Rafael Santandreu, catalán no independentista, como él mismo se define en su cuenta de Facebook: “Yo no soy independentista ni nacionalista, pero si lo fuese, plantearía la reivindicación catalana de independencia de una forma diferente. […] Yo aconsejaría al movimiento independentista catalán que no exigiese nunca nada, eso es violento. Es mucho mejor intentar convencer con amor de que ser modernos, abiertos, garantes del derecho a abandonarse es genial”[1].

En cuanto a la presencia de Serrat, el anuncio es protagonizado, pues, por un destacado y confeso detractor del referéndum del 1 de octubre (acontecimiento que, como hemos visto, provocó un discurso del actual jefe del Estado que ha servido para legitimarlo en su cargo por parte de los grandes medios, como se hizo con Juan Carlos I en 1981). Pocos días antes de su celebración, el cantante se manifestaba en contra del plebiscito aduciendo las principales objeciones que en este sentido viene formulando la socialdemocracia nacionalista española con presencia parlamentaria que sirve directa o indirectamente de apoyo al régimen del 78 (IU, Podemos y asimilados): aunque hay que defender el derecho de autodeterminación de los pueblos en abstracto, se trataba de un referéndum sin garantías implementado por la burguesía para tapar su corrupción, que abocaría a un estado de división social cercano a la guerra civil en Cataluña, y de cuya presunta irregularidad o falta de legitimidad serían tan culpables quienes lo iban a tratar de hacer posible, las víctimas del boicot represivo del Estado, como este mismo verdugo que intentó imposibilitarlo a toda costa (Elpais.com, 22/IX/2017[2]):

<< Serrat ha asegurado que la convocatoria independentista del 1 de octubre “no es transparente” y que, aunque él es partidario de los referendos, porque marcan la voluntad de la sociedad, en este caso no se dan las condiciones para votar.

“En estos momentos la convocatoria de un referéndum en Cataluña no es transparente. Porque está creada con una ley que está elaborada por el Parlament de Cataluña, pero a espaldas de todos los demás miembros del Parlament”, ha explicado Serrat […]. “No me da la sensación de que este referéndum pueda representar a nadie”, ha dicho. Y ha criticado tanto al Gobierno del Partido Popular, a quien ha considerado “responsable de todo lo que está ocurriendo”, como a los partidos políticos que han impulsado la consulta en Cataluña. “A ambas partes les convenía mantener esta circunstancia para tapar unos años de recortes económicos y unos años de corrupción política muy grande, todo esto ha desaparecido del informativo”. >>

Eso fue con carácter previo al 1-O, como decimos. A posteriori, Serrat ha continuado en la misma línea declarando “que el 'procés' catalán se encuentra en «un callejón sin salida» y la situación actual es «la feria de los 'disbarats' (disparates en castellano)»”. [...] También fue preguntado sobre “si ya ha superado «la resaca» de estos últimos meses de intentos de independencia catalana, a lo que ha respondido que «no, porque sigue la fiesta». «El independentismo está en un 'cul de sac' (callejón sin salida), pero eso no significa que se haya acabado, porque ha existido, existe y existirá», ha añadido (Publico.es, 08/02/2018[3]). En perfecta consonancia con el papel representado en el anuncio de Campofrío, Serrat interpreta determinados hechos y desarrollos sociales en términos de ‘disparate’, sustantivo procedente del verbo “disparatar”, que el DRAE online define como “Decir o hacer algo fuera de razón y regla” y cuya etimología, nunca tan a la medida del argumentario unionista, remite al participio pasivo de una palabra latina, “disparare”, que significa “separar”[4]; en resumidas cuentas, ‘separar(se)’ es ‘irracional’.

Tras diversos avatares, en el anuncio audiovisual dirigido por la catalana anti-independentista (como ya veíamos) Isabel Coixet y protagonizado (entre otras personas) por el catalán no-independentista Rafael Santandreu y el catalán anti-independentista Joan Manuel Serrat entra en escena la anti-independentista (no catalana) Montserrat Domínguez, conocida periodista. En el minuto 1:59 podemos verla repasando unos papeles y mirando la web del Huffpost, medio digital que dirige, en una pantalla de ordenador donde puede leerse “VERDADERO O FALSO: ¿Los medios de comunicación manipulan?”, mientras oímos su voz en off diciéndonos: “Amo la prensa de este país porque tiene el poder de influir en la opinión de la gente”. Acto seguido, Domínguez nos interpela directamente a la cámara añadiendo: “Y la odio por lo mismo”. La periodista madrileña, colaboradora de El programa de Ana Rosa de Telecinco, espacio matinal que a diario se ocupa en sus tertulias y análisis precisamente de “influir en la opinión de la gente”, por supuesto contra el procés, se ha caracterizado “por lo mismo”, también a través de sus artículos en el Huffpost y siempre dentro de las coordenadas argumentales del centro-izquierda español(ista): “Todo lo demás que rodea esa convocatoria es pura irregularidad. Irregular porque el referéndum ya ha sido suspendido por su previsible ilegalidad por el más alto Tribunal español, el Constitucional. […] Más kafkiano aún: porque no se sabe qué censo piensa utilizar el govern” (Huffingtonpost.es, 20/IX/2017[5]; vuelve la asociación con Kafka, como en la viñeta de El Roto a la que aludíamos en el primero de los artículos de la presente serie), “No, lo que se ha vivido hoy en Cataluña no ha sido un referéndum. Una representación, en todo caso: caótica en su organización y tramposa en la ejecución. […] Tanto Puigdemont como Rajoy, y sus gobiernos, son responsables directos de las imágenes de violencia que deja el día y que abren una herida profunda en nuestra convivencia. […] Rajoy ha cumplido con su palabra: no ha habido referéndum” (1/X/2017[6]), “Las burbujas hipnotizantes del sueño independentista exprés se desvanecen, y dan paso a una resaca atroz” (10/X/2017[7]), “el espejismo de la república catalana se desintegra, como lágrimas en la lluvia” (31/X/2017[8]), “He visto a un gobierno catalán legítimo hacerse el harakiri y asestar un golpe mortal a Cataluña, condenándola a una penosa travesía por el desierto. […] He visto gente en la calle celebrar entusiasmada una declaración de independencia que les sitúa en el limbo político y compromete su futuro. He visto a una de las regiones de Europa más cultas, ricas y diversas secuestrada por el nacionalismo más radical” (27/X/2017[9]). Del mismo modo, por continuar con la anáfora, hemos visto a una periodista convertir en papel mojado el artículo III.6 del Código Deontológico de la FAPE (la federación de asociaciones de periodistas de ámbito estatal)[10], el cual declara que “Se entiende contrario a la ética de la profesión periodística su ejercicio simultáneo con la publicidad”, cuando presta su imagen y su credibilidad informativa a una empresa cárnica para anunciar embutidos.

En el minuto 2:17, el humorista Dani Mateo, otro catalán no independentista que, aunque crítico con la represión del Estado en Cataluña el 1-O, se ha sumado reiteradamente al discurso de la equidistancia y el burguesímetro formulado por sectores de la socialdemocracia progre española, incluida la línea editorial de El Intermedio (“El principal motivo por el que no soy independentista es que pienso que la revolución catalana es en realidad una revolución de derechas”, expresaba en Twitter; Vanitatis.elconfidencial.com, 9/XII/2017[11]), expresa su opinión ante su teléfono móvil: “Yo amodio las redes sociales, porque cualquiera puede decir lo que le dé la gana de cualquier tema”. La oración emitida puede ser efectiva para un producto audiovisual que lo que persigue es simplemente aumentar las cifras de ventas de una industria cárnica, y cuyo guión, por tanto, no trata realmente de analizar con demasiada profundidad los temas “más presentes en la realidad del momento, con el fin de generar una conversación o debate en torno a ello”, por más que lo declararan como objetivo sus creadores (tal como hemos comprobado en el primero de nuestro artículos). En marzo del año pasado, la joven estudiante de Historia Cassandra Vera fue condenada por la Audiencia Nacional, heredera del Tribunal de Orden Público franquista (el 62,5% de los jueces de este último pasaron a formar parte de la primera o bien del Tribunal Supremo; Roldán Cañizares, 2015), por hacer chistes en Twitter sobre Carrero Blanco (Eldiario.es, 29/III/2017[12]). El mismo organismo dictó dos años y un día de cárcel, amén de una multa de 4.800 euros y la inhabilitación absoluta durante ocho años y un día para los miembros del colectivo rapero La Insurgencia en diciembre por las letras de los vídeos que colgaban en YouTube (Eldiario.es, 5/XII/2017[13]). Poco después, en enero, César Strawberry, cantante del grupo de rap-metal Def Con Dos, ha visto cómo la sentencia a su favor dictada por dicho tribunal fue revocada por el Supremo, el cual le condenó a un año de cárcel por una serie de tuits publicados entre noviembre de 2013 y enero de 2014 (Cadenaser.com, 19/I/2017). También tuvo que pasar por el banquillo el concejal madrileño Guillermo Zapata a raíz de unos tuits de humor negro alusivos a Irene Villa (Elpais.com, 15/IX/2016[14]), víctima de ETA, quien justamente aparece dialogando con Dani Mateo en el spot que estamos analizando. Esta vez confirmada el 2 de febrero la absolución por parte de esta última institución judicial, al mismo tipo de enjuiciamiento debió enfrentarse igualmente el abogado Arkaitz Terrón, “juzgado en marzo de 2017 por nueve tuits publicados a lo largo de seis años en los que se refería a Carrero Blanco, ETA y el rey Juan Carlos desde una cuenta de Twitter que tenía una repercusión insignificante”. Como cénit de esta tendencia, “El Tribunal Supremo ha llegado al extremo de avisar de que un retuit puede ser delito. Repetir para tus seguidores un mensaje escrito por otra persona”, sin más, “puede llevarte a la cárcel”, a pesar de que a menudo “Retuitear es también una forma de contar lo que está pasando sin hacer más comentarios”. Por su parte, el Tribunal Supremo ha impuesto al rapero Valtonyc “tres años y seis meses por enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona” (Eldiario.es, 21/II/2018[15]). Otro rapero, Pablo Hasel, ya fue condenado en 2014 a dos años de prisión por el contenido de sus canciones, si bien la Audiencia Nacional acordó la suspensión de pena, pero “también tiene dos causas más pendientes, con las que las penas de cárcel a las que se enfrenta podrían sumar hasta los 12 años” (Elsaltodiario.com, 4/I/2918[16]). Nunca deja de ser pertinente el debate en torno al grado de licitud, mal gusto o violencia simbólica de muchos de los mensajes macabros o humillantes vertidos en las redes sociales. Sin embargo, la disyuntiva a cuya reflexión pretendería llamar el spot sobre el amodio en este sentido, si nos atenemos a la filosofía general afirmada por sus responsables de marketing, que se reduciría al debate entre libertad de expresión total en las redes o no, puede desviar la atención de una cuestión fundamental: el sesgo en virtud del cual los tribunales del Estado solo juzgan los mensajes procedentes de tendencias políticas muy concretas, en tanto la apología del genocidio, incitación al odio o enaltecimiento del terrorismo difundida por usuarios y grupos de corte nazi-fascista jamás es perseguida por entidades como la Audiencia Nacional, tal como demuestra la infinita miríada de tuits, posts, audios y vídeos de esa ideología circulando por la Red con la tranquilidad de que en esos casos nunca habrá consecuencias penales (Publico.es, 29/III/2017[17]).

Seguimos avanzando y llegamos al minuto 2:27, momento en que contemplamos un plano general del balcón de la residencia psiquiátrica, en el que comienza una pugna entre pacientes a cuenta de qué banderas se cuelgan en él: “Yo esta la amo”, “¡Que yo la odio! ¡Que la quites!”, oímos. Desde abajo, Carmen Maura y otro cómico, David Broncano, contemplan la escena y la comentan con escepticismo. “Esquizofrenia banderil”, sentencia él. “¡Esto es tela! ¡Tela!”, protesta ella mientras se marcha adentro de nuevo. “Igual es eso. Igual es que está ahora barata. La tela, digo”, reflexiona él, con el recurso a la figura retórica de la dilogía o doble sentido (Torre y Vázquez, 1986). La secuencia de la guerra de banderas termina con un encuadre más cercano que subraya la ‘locura’ de quienes la protagonizan a través del grito histriónico de una de las ‘enfermas’. Entre las enseñas se encuentra la española (borbónica, obviamente), la de la Unión Europea, la senyera catalana (no estelada, claro está), la extremeña, la de la región de Murcia, la canaria autonómica (no la nacional de las siete estrellas verdes) e, incluso, para acentuar el toque freak o la dimensión absurda, una pirata.

La alusión literal a una suerte de “esquizofrenia banderil”, comentario pronunciado con condescendiente desdén por los personajes de los responsables de la imaginaria institución psiquiátrica, se ajusta de forma nítida a las consideraciones sobre el procés que ya hemos certificado en nuestros anteriores artículos por boca de la propia directora del anuncio, Isabel Coixet, a lo largo de diferentes declaraciones a medios generalistas: el nacionalismo, sobre todo si no es español, que se reduce a una suerte de sarpullido de base identitario-simbólica, constituye un trastorno emocional que requiere la intervención de profesionales de la salud mental. Pero tal argumentario precisa del concurso de un artificio complementario: el de la dilución de la patente cuestión nacional del reino de España dentro del totum revolutum autonómico salido del régimen de 1978. Es este el retrato ocultador de la realidad pluriétnica en el seno del Estado, el cual se refleja en el hecho de que la mencionada guerra de banderas escenificada en el spot mezcle, junto con el símbolo nacional de Cataluña, país donde se está poniendo realmente en entredicho el mito homogeneizante de la imaginada unidad nacional española a través de una serie de demandas políticas populares, otros distintivos de territorios (como Extremadura o Murcia) en los que, obviamente, no se produce ese cuestionamiento ni cuyas poblaciones se autoperciben como realidades nacionales o sujetos de derechos colectivos. El miércoles 7 de junio de 2017, el programa de La Sexta El Intermedio, donde participa, como indicábamos más arriba, uno de los protagonistas del spot de Campofrío, Dani Mateo, basó su parodia en torno a las históricas y muy existentes demandas nacionales, incluida la secesión, de pueblos concretos e identificables, en esta misma mixtificación[18]:

<< Sí, sí, Wyoming. Puede que solo se hable del independentismo catalán y del vasco, pero os aseguro que en España existen más independentismos que comunidades autónomas. ¿Qué digo? ¡En España hay más independentismos que bares! Y hay territorios que son especialmente proclives a ellos: por ejemplo, la Región de Murcia. De allí proviene el Partido Cantonal de Cartagena, que aboga por la instauración de la provincia de Cartagena. ¡Qué delirio!, ¿verdad? Y no lo digo yo: lo dice su himno [Suena.]: "Cartagena, querida Cartagena. / Qué delirio de gloria, tu delirio. / Qué grandeza de historia, tu grandeza. / Qué destino de reina, tu destino." ¿A que os pasa como a mí, que este himno os ha trasladado a otro lugar lejos de aquí? Concretamente, al plató de Cine de barrio. Pero, ¡ojo!, que esto no es una cosa de ayer para hoy: el independentismo cartagenero hunde sus raíces en el siglo XIX. En el verano de 1873 tuvo lugar en Cartagena la reconocida como Rebelión Cantonal, un intento de proclamar un cantón independiente con sus propias leyes, que incluso se llegó a solicitar la adhesión de [sic] Estados Unidos; algo que nunca llegó a suceder. ¿Os imagináis como sería? Cartagena pasaría a llamarse Cartagena Town; San Pedro del Pinatar, Saint Peter Pinewood. Pero más fuerte sería lo de La Manga del Mar Menor que sería The Sleeve of the Little Sea. […] >>

Toda esta equiparación de fenómenos intenta disfrazar la artificialidad de la vigente articulación territorial de un Estado con un número excesivo de entidades administrativas, producto de la intención, por parte del nacionalismo que lo sostiene en el plano ideológico, de diluir y ocultar su carácter plurinacional, como decíamos. Siguiendo a Arana (1994: 123-124),

<< Desde principios de la década [de los setenta] había en la sociedad española un vago sentimiento de descentralización que se fue convirtiendo en popular por una pragmática evidencia, la de no tener que ir a resolver todo a un lejano centro. A ello se sumaron recuerdos y realidades con un cierto narcisismo. Y el resultado se potenció –cosa extraña– desde el poder que residía en ese lejano centro. Venía bien; esa generalización serviría de capote para arrastrar y confundir la otra aspiración creciente, una autodeterminación reivindicada por catalanes y vascos. Ladinamente se confundieron las aguas, llevando éstas de autodeterminación a las hábilmente espoleadas de descentralización.

En el marco de Castilla entrarían hoy, denominaciones oficiales aparte, lo que de un modo quizás más exacto deberíamos llamar Países Castellanos: la vieja Castilla […], el antiguo reino de León […], Santander, Logroño, Madrid, La Mancha, Extremadura y la Región Murciana. […] estamos ante ocho territorios […] con la suficiente carga común como para no disgregar con equívocos lo que territorial y demográficamente constituye la región clave […].

Debido sin embargo al desprestigio histórico que arrastra [Castilla], algunos de estos territorios son reticentes a la hora de asumir una andadura y un futuro comunes. […] Se trata de un tribalismo oportunista utilizado por un Estado que desea ante todo diluir y ocultar la realidad plurinacional sobre la que inciertamente se asienta, tratando para ello de oscurecerla con un guirigay de “comunidades autónomas” inservibles y grotescas. >>

El spot Amodio de Campofrío para la campaña de Navidad de 2017 refleja cómo “Hoy la persuasión se lleva a cabo sutilmente, tratando de que el receptor la reciba con un lenguaje en muchas ocasiones no verbal, estético, agradable, sentimental pero en todo caso premeditado. Se reconduce así un proceso a la manera lampedusiana: cambiar algo para que todo siga esencialmente igual; la propaganda de ayer, directa y agresiva, el adoctrinamiento de los inicios de la información, continúa hoy pero con formas muy diferentes” (Reig García, 1994: 195).

A lo largo de todo este repaso a la producción informativa y publicitaria reciente hemos tenido oportunidad de certificar la existencia de un relato nacionalista adaptado a los últimos acontecimientos políticos que, no obstante, conserva los vectores esenciales proyectados históricamente. Se invoca un enemigo único (Domenach, 1986), en este caso interior, Cataluña (que es aquel al que invoca siempre la cultura del españolismo; González Pulido, 2005) o más concretamente el sector de su población que persigue la ruptura con el Estado (cuyas aspiraciones se interpretan como fruto de la irracionalidad, el infantilismo y la enfermedad mental); se presenta la situación como una dicotomía maniquea entre el bien y el mal (el “constitucionalismo” democrático español frente al ‘fascista’ independentismo catalán), de acuerdo con la cual la propia comunidad (‘España’ o la ‘Cataluña silenciosa’ pro-española) aparece como víctima, siempre bajo coordenadas netamente emocionales. Estos procesos ideológicos inoculan un sentimiento de crisis apabullante más allá del alcance de cualquier solución tradicional que precisa la aparición de un líder del que se destacan una serie de instintos superiores que se sitúan por encima de la razón abstracta y universal (en este caso, como el mito del salvador Juan Carlos I en un momento decisivo, el de Felipe VI frente a la “crisis catalana” gracias a su providencial discurso). Dichos relatos constituyen los síntomas y artificios de las derivas clásicas progresivas hacia los regímenes caracterizados por el autoritarismo totalitario (Wolf, 2017: 18-19).

Cerramos nuestro análisis de esta serie de mensajes tanto periodísticos como publicitarios acudiendo a las palabras con las que Reig García (op. cit.: 7) sintetiza la tendencia que hemos identificado en todo este discurso neoespañolista:

buena parte de la Información, sea periodística, sobre todo en este caso, o publicitaria, llega hasta el receptor sobre una base binaria bien-mal, positivo-negativo, es decir, de forma simplista y emotiva (sentimental). […] apenas se da por tanto el elemento gris o intermedio en los mensajes de los emisores, prevaleciendo pues el sentir sobre el razonar, el qué sobre el por qué. […] Dichos contenidos se centran en la dualidad bondad-maldad aplicada a la información (información binaria o simplista); dentro de ella, se ofrecen diversas cualificaciones mensajísticas que se centran en lo persuasivo, lo afectivo, lo superficial, lo intoxicativo, el no-acontecimiento, la información y la comunicación como mercancía […].

REFERENCIAS

ARANA, Alberto (1994): El problema español. Hondarribia: Hiru.

DOMENACH, Jean-Marie (1986): La propaganda política. Buenos Aires: Eudeba.

GONZÁLEZ PULIDO, Javier (2005): “La 'Catalanofobia', expresión ideológica de masas del españolismo”, https://nacionandaluza.files.wordpress.com/2015/12/lacatalanofobiaexpresiondelespac3b1olismo_j_g_pulido.pdf

REIG GARCÍA, Ramón (1994): La información binaria (Emotividad y simplicidad en el periodismo). Sevilla: Gallo de Vidrio.

ROLDÁN CAÑIZARES, Enrique (2015): “El Tribunal de Orden Público y la Audiencia Nacional. De aquellos polvos estos lodos”, http://thesocialsciencepost.com/es/2015/10/el-tribunal-de-orden-publico-y-la-audiencia-nacional-de-aquellos-polvos-estos-lodos/.

TORRE, Esteban y VÁZQUEZ MEDEL, Manuel Ángel (1986): Fundamentos de poética española. Sevilla: Alfar.

WOLF, Naomi (2007): The end of America. Letter of warning to a young patriot. White River Junction (Hartford): Chelsea Green Publishing Company. http://media.portland.indymedia.org/media/2008/10/381133.pdf

NOTAS

 


[1]      https://www.facebook.com/rafaelsantandreuoficial/posts/947873338633124

[2]      https://politica.elpais.com/politica/2017/09/21/actualidad/1506026305_627309.html

[3]              http://www.publico.es/culturas/serrat-independencia-serrat-cree-proces-encuentra-callejon-salida.html

[4]      http://dle.rae.es/?id=DwllP9G

[5]      http://www.huffingtonpost.es/montserrat-dominguez/que-esta-pasando-en-cataluna_a_23215231/

[6]      http://www.huffingtonpost.es/montserrat-dominguez/la-brutal-herida-del-1-o_a_23228916/

[7]      http://www.huffingtonpost.es/montserrat-dominguez/independencia-con-freno-y-marcha-atras_a_23239231/

[8]      http://www.huffingtonpost.es/montserrat-dominguez/la-ultima-bala-de-puigdemont_a_23262468/

[9]      http://www.huffingtonpost.es/montserrat-dominguez/cataluna-y-el-estrepitoso-fracaso-de-la-politica_a_23258542/

[10]    http://fape.es/home/codigo-deontologico/

[11]    https://www.vanitatis.elconfidencial.com/television/2017-12-09/dani-mateo-independentistas-cataluna-el-intermedio-la-sexta_1489986/

[12]    http://www.eldiario.es/politica/Cassandra-enfrenta-libertad-expresion-Twitter_0_627488326.html

[13]    http://www.eldiario.es/politica/Condenados-raperos-Insurgencia-enaltecimiento-terrorismo_0_715328897.html

[14]    https://politica.elpais.com/politica/2016/11/15/actualidad/1479211832_005047.html

[15]    http://www.eldiario.es/politica/Libertad-expresion-enaltecimiento-terrorismo-Justicia_0_742626313.html

[16]    https://www.elsaltodiario.com/libertad-expresion/pablo-hasel-se-enfrenta-a-cinco-anos-de-carcel-por-criticar-a-la-monarquia

[17]    http://www.publico.es/tremending/2017/03/29/twitter-tuits-que-nunca-pasaran-por-la-audiencia-nacional/

[18]            http://www.atresplayer.com/television/programas/el-intermedio/temporada-11/capitulo-145-07-06-17-manuela-carmena-gusta-que-refugiados-sepan-que-madrid-les-olvida-que-les-quiere_2017060700666.html

 

Manuel Rodríguez Illana