Lunes 22 Octubre 2018

El cliché que no cesa

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Rafita

 Si un un ser extraterrestre llegado de un lejano planeta aterrizara por primera vez en algún punto del reino de España situado fuera del territorio andaluz y tratara de hacerse una idea de cómo es la población andaluza a través de la televisión, se formaría de modo rápido y automático la idea de que se compone de personas maleducadas, tramposas, holgazanas, caraduras, superficiales, ignorantes, que hablan mal porque tienen dificultades para el lenguaje, que se dedican en su mayoría al trabajo sexual y/o doméstico si son mujeres, así como que en todo caso probablemente son toxicómanas y/o provenientes de entornos marginales y socialmente deprimidos. De estas características subsumidas al cliché de lo andaluz a través del humor audiovisual nos hemos ocupado analizando diversas muestras en otro texto (Rodríguez Illana, 2017), pero consideramos oportuno comentar aquí otro reciente ejemplo que, por desgracia, evidencia que tales manifestaciones no constituyen una moda pasajera sino, muy al contrario, un hecho estructural y permanente que refleja en el plano simbólico la subordinación colonial de nuestro país dentro del Estado. Añadiremos, pues, a nuestra lista una nueva constatación de este rol estigmatizante. Se trata de la serie Cuerpo de élite, de la productora Atresmedia, emitida por primera vez en febrero de 2018. Dejemos que sea el periodista Rafael M. Martos quien nos proporcione de forma exhaustiva los detalles de esta enésima estereotipación (Martos, 2018):

<< La serie tiene como eje a un supuesto “Cuerpo de élite” formado por agentes de policía de varios territorios del Estado, pero… qué casualidad, que vascos y catalanes son de la Ertzaintza y los Mossos respectivamente, que el valenciano es un experto TEDAX, la madrileña una supermadre que fue boina verde… y el andaluz, vaya, no es un Policía Nacional, ni un Guardia Civil, ni un miembro de la Unidad Adscrita a la Junta de Andalucía (lo que viene siendo un amago de policía autonómica)… No, es un sencillo policía local de Málaga, sin más. Es decir, en el escalafón de Cuerpos, es el más bajo, y además, tampoco tiene ninguna habilidad especial como los otros… y de hecho, se le presenta dando caza a un ladronzuelo mientras a los otros, en arriesgadas misiones.

Pero claro, no era eso suficiente, ya que al fin y al cabo un policía local no deja de ser un profesional, alguien que ha tenido que estudiar, prepararse, aprobar unas oposiciones, sabe de disciplina, de leyes, de planificación… Por eso la gracia está en que por error, a quien se recluta no es al auténtico policía local, sino al mencionado “choricillo”, al “yonki”, al buscavidas, al que –según reconoce– la única vez que trabajó en algo legal “fue vendiendo helaos en un chiringuito a cinco euros” y cae en la cuenta de que “claro, eso también es robar”. [...]

De esta forma se consigue colocar al andaluz donde tiene que estar: abajo del todo. Las gracias del policía andaluz derivan precisamente de su clase social, es decir, hablar de modo soez, ser un ignorante en todos los campos, y como sucede en un capítulo –una de las agentes le descubre– es incapaz de encontrar su “especialidad” dentro del equipo porque no tiene ninguna. Evidentemente hace gala ser incapaz de planificar, de hablar idiomas, de entender de arte, de política… y evidentemente es el que peor fondo físico tiene. Claramente se lo dice la madrileña en un momento dado: “no sabes investigar, no sabes interrogar, tu forma física es un desastre… pero mientes como nadie”. ¡Andaluz tenía que ser, coño!

Es cierto que algún avezado lector podría decir que todo esto es una queja ridícula, al tratarse de una serie de humor, y que sencillamente, a cada personaje se le atribuye un rol. Cierto, pero qué casualidad que en las series españolas, los andaluces siempre ocupan ese mismo puesto… no salen abogados, ni empresarios, ni médicos, ni periodistas, ni maestros, ni científicos... como si aquí no hubiera... Véase “Médico de Familia”, o “Farmacia de Guardia”, por mencionar dos antiguas costumbristas, pero ahora es posible ver el caso “Aquí no hay quién viva” y sus secuelas, donde los andaluces son el portero, o la drogadicta… siempre, siempre, los ignorantes, los “grasiosos” de sal gorda, los malhablados… […]

Ahora bien, lo más gracioso es que el actor que interpreta a este supuesto policía que en realidad es un ladrón, probablemente ni tan siquiera es andaluz… por la cantidad de eses que desliza cuando habla. Y es que, o bien, como decimos, no es andaluz y le cuesta horrores fingir nuestro habla, o sí lo es, y entonces le obligan a expresarse en castellano para que le entiendan… Al final, por lo único que se detecta su origen es por su incultura al abrir la boca.

Otro diálogo clave podría resumir todo esto, o mejor, podría resumir el servicio que algunos andaluces prestan al sistema, y es cuando el andaluz con sus “mentiras” logra que vuelva a haber fútbol en España –sin duda… quién mejor para defender las esencias patrias–, y lo hace proponiendo que el equipo que acabe último en la tabla pague la deuda de todos los demás. Él mismo reconoce que “es injusto, porque tendrá que pagar el más pobre”, y su jefa le dice que “todo no se puede tener”.

Pues eso, el pobre propone que pague el pobre, y aunque sea injusto, al menos es aceptado en el club… ¡todo no se puede tener! >>

No andaban erradas las suposiciones de Martos, por aquello de “la cantidad de eses que desliza cuando habla” debido a que probablemente “le obligan a expresarse en castellano para que le entiendan”. El actor que encarna el papel del andaluz, llamado de forma significativa en la serie con un diminutivo, Rafita, es Canco Rodríguez, natural de Cártama, provincia de Málaga. Frente a este sujeto experimental (por emplear la jerga científica), el sujeto control, interpretado por Antonio Garrido, es Efe, un espía encargado de “dirigir el 'Cuerpo de Élite'” y quien, por tanto (y sin menoscabo de los defectos con que le hayan podido revestir para imprimirle comicidad a la serie), representa de manera inequívoca la figura de autoridad. No hace falta aclarar que, como todo el resto del elenco excepto Rafita, Efe no se expresa en andaluz. Sin embargo, Garrido sí es andaluz, concretamente de Salteras, en la provincia de Sevilla[1], pero no le han asignado la función de proyectar el estereotipo andaluz unido a la subalternidad, la baja extracción social, la ignorancia, la cutrez y la escasa moral, por lo cual no queda marcado como tal. En el segundo capítulo[2], Rafita y una compañera del cuerpo, Berta, están registrando una de las habitaciones de una lujosa masía. El personaje andaluz comenta: “Oye, esto me recuerda al cortijo de mi tía. Pero con techo y sin ratas”. “¿Pero tú dónde te has criado?”, le pregunta ella. Rafa contesta: “Yo, en la mierda”. Ella se sorprende: “Oye, no digas eso, ¿no?”. Él aclara la denominación: “¡Que no, que no; que se llama así! Barriada de La Mierda. Lo que pasa es que el Ayuntamiento sacó el nombre a concurso y votamos a favor”. Ella sigue estupefacta: “¿Pero cómo alguien como tú ha llegado a ser policía?”. Él sonríe: “Huy, si yo te contara”. Rafita quedará solo en la habitación después de que entre en escena un nuevo personaje, con el que Berta se marcha, que se interesa por Rafa: “Oye, tú con este lo habías dejado, ¿no?”. Ella marca al andaluz con el atributo que ya conocemos: “¡Claro, claro, claro! ¿Dónde voy yo con un cateto como este, que se ha criado en el barrio de La Mierda?”. En definitiva, cateto, tramposo (“ha llegado a ser policía” sin serlo), de baja extracción social (asociado a lo andaluz cuando explica que su tía vive en un “cortijo” sin “techo” y con “ratas”) y, como sus conciudadanos, tan estúpido como para votar que llamen a su barrio “La Mierda” (un síntoma de inmadurez tan propio como el de la clásica situación en la que algún/a componente del alumnado de un grupo escolar escribe el nombre del pato Donald o cualquier otro personaje no pertinente en la papeleta de voto durante la elección para delegada/o de clase, al efecto de hacer la gracia).

Por si no quedara claro este mecanismo de indexación, en uno de los episodios de otra producción audiovisual, Servir y proteger, emitido el 26 de febrero de 2018, la protagonista, la inspectora de policía Claudia Miralles, dialoga con María, que ocupa el rol de camarera (oficio con cuya vestimenta aparecía precisamente ataviado el personaje de Rafita en el caso anterior, muy relacionado simbólicamente con las funciones que la división internacional del trabajo asigna a nuestro país) y es la propietaria del bar donde se encuentran conversando. Claudia habla en castellano al uso y María, en algo que pasa por ser andaluz. La primera evidencia la ingenuidad y carácter incauto de la segunda explicándole en tono paternalista y condescendiente por qué María ha seguido una estrategia comercial errónea al tratar de ofrecer menús saludables e hipocalóricos a su clientela, cuando lo que busca su público habitual es la oferta culinaria que distingue tradicionalmente a su bar[3]. Sin embargo, a pesar de su modalidad de expresión oral, María es interpretada por Pepa Aniorte, que no es andaluza sino oriolana (es decir, de la actual provincia de Alicante), y Claudia, por Luisa Martín, madrileña. Se da la circunstancia de que esta última actriz, también no-andaluza, alcanzó gran popularidad hace años cuando representaba al personaje de la Juani, una empleada doméstica andaluza, en Médico de familia[4]. Un usuario de la red Twitter, poniendo en relación de contraste dicha serie con Servir y proteger, se hacía eco de tal andaluzicación selectiva en estos términos: “La Juani de Médico de familia, que pese a ser castellana imitaba un ridículo acento andaluz para hacer de inculta, en esta nueva serie habla con su acento natural. Una vez más la mujer de bajo nivel cultural habla andaluz. ¿Hasta cuándo este insulto constante contra Andalucía?”[5].

Está claro, a la vista de todos estos casos de inferiorización de todo lo que tiene que ver con nuestro país, que nos encontramos ante un clásico problema de colonización mental. De hecho, es fácil establecer un paralelismo con la subalternización de las personas negras en el mundo colonial que tenemos la costumbre de identificar (efectivamente) como tal, donde “la medida de humanidad del negro la define la distancia o cercanía al hombre blanco. De ahí que los negros sean infantilizados, es decir, vistos como una etapa premoderna, primitiva, inmadura de la humanidad. El negro es visto como alguien que no habla sino que balbucea, lo cual lo infantiliza y lo hace más cercano a los niños” (Grosfoguel, 2016: 270-271). Del mismo modo, se restringe al personaje andaluz en el terreno de la puerilidad según la forma en que lo hemos comprobado a través del repaso a estas representaciones audiovisuales. De nuestra progresiva toma de conciencia con respecto a estos procedimientos de colonización psicológica (Manzano, 2016) depende buena parte del camino a nuestra emancipación como pueblo.

REFERENCIAS

GROSFOGUEL, Ramón (2016): Apuntes hacia una metodología fanoniana para la decolonización de las ciencias sociales. En FANON, Frantz, Piel negra, máscaras blancas. Madrid: Akal.

MANZANO, Alí (2016): “Colonialismo psicológico: la perpetuación de la conquista”, Independencia. Órgano andaluz de opinión, 63 (Abril 2016): 8-17. https://revistaindependencia.files.wordpress.com/2017/02/independencia-63.pdf

MARTOS, Rafael M. (2018): “Hacer de Cuerpo... de élite”, http://www.noticiasdealmeria.com/noticia/140111/opinion/hacer-de-cuerpo-...-de-elite.html.

RODRÍGUEZ ILLANA, Manuel (2017): El españolismo sonriente. Humoristas al servicio de la colonización de Andalucía. Granada: Hojas Monfíes.

 


[1]      https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Garrido_(actor)

[2]      https://www.youtube.com/watch?v=UB3VMH0gnos

[3]      http://www.rtve.es/alacarta/videos/servir-y-proteger/servir-proteger-miralles-derrumbada-situacion-atraviesa/4494398/. Entre los momentos 1:21 y 2:56.

[4]      https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9dico_de_familia_(serie_de_televisi%C3%B3n)#Actores

[5]      https://twitter.com/AntonioGrmr/status/968164487827161088?s=08

 

Manuel Rodríguez Illana