Lunes 22 Octubre 2018

Ideologías lingüísticas de inferiorización en el campo mediático: el caso de Álex Grijelmo y El País

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El pasado 6 de mayo, El País publicó en su versión digital una entrevista audiovisual del periodista peruano Raúl Tola a su colega burgalés Álex Grijelmo, veterano del grupo Prisa y reconvertido en los últimos tiempos en divulgador sobre temas lingüísticos; otro ejemplo mediático que nos ofrecerá la enésima verificación del ínfimo nivel que el discurso general de los medios de comunicación del Estado español demuestra en ese campo científico . 
 
De acuerdo con Senz (2011: 250),
 
<< Álex Grijelmo, fue nombrado director de EFE en el año 2005 y le dio nueva forma [a “la creación de una Fundación para la Defensa de la Lengua Española”] con la creación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), patrocinada por el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. El mecenazgo del BBVA no fue casual; […] ya un año antes de que se creara la Fundéu, Efe tenía una participación del 100% en las sociedades Efenews, subsidiaria de la agencia en Estados Unidos Efeagro, que estaba participada por el banco BBVA. […] Su estructura muestra la simbiosis entre el mundo académico, las instituciones políticas y el mundo financiero a la que la RAE ya nos tiene acostumbrados y a la que ahora se sumaban la Agencia Efe y los medios que esta era capaz de arrastrar. Forman su patronato [2011]: como presidente, Víctor García de la Concha, director de la RAE; […] como vicepresidente segundo, Javier Ayuso Canals, periodista y director de Comunicación e Imagen del BBVA […]. >>
 
En otro de nuestros artículos  ya nos ocupamos de la xenofobia léxica (en particular contra los anglicismos) de los representantes de las instancias prescriptivas partiendo de una entrevista radiofónica al actual director de la RAE, Darío Villanueva. También dimos cuenta en otro texto  de la aparentemente arbitraria pero ideológicamente motivada frontera entre los rasgos estigmatizados del andaluz (la inmensa mayoría) y los (pocos) permitidos por la facción dominante del estamento universitario en boca de la filóloga Lola Pons, quien determinaba qué formas o expresiones no debían ser empleadas en situaciones de comunicación consideradas ‘importantes’; un clasismo/nacionalismo de la lengua trasunto de un clasismo/nacionalismo de carácter epistémico que nos remite al problema de la colonialidad del poder y del saber (Quijano, 2007: 123). Se trata del mismo discurso supremacista que, aparte de repartir certificados de ‘pureza’ versus ‘impureza’ lingüística, reitera la concepción de las diferentes lenguas naturales (orales) del llamado dominio hispánico entendidas falsamente como manifestaciones de una esencia subyacente llamada “español” (el cual en realidad no es sino un código escrito elaborado a partir del castellano oral de una determinada zona y clase social). Veamos cómo reproduce y difunde Álex Grijelmo dichos prejuicios en el siguiente fragmento de la citada entrevista (minuto 24:08):
 
<< Raúl Tola (RT): ¿Qué le parece si le planteo un juego lingüístico a Álex de jergas? ¿Qué pasaría, por ejemplo, en Panamá si alguien le dice «Hey, dile al man que se formó la ponchera»? 
 
Álex Grijelmo (AG): [Risas.] Bueno, eso no sería un castellano muy puro, ¿no?, en lo que se refiere a man, ¿no? […]
 
RT: ¿Y si un colombiano le dice «No se me timbre, parce»?
 
AG: [Risas de nuevo.] Vamos a ver. […] Hay muchas jergas profesionales y jergas locales y rurales, pero eso no se puede poner como ejemplo de diferencia sustancial en el idioma español porque son términos que se utilizan en un ámbito familiar y coloquial pero que nadie utilizaría en un congreso de cirugía o en un juicio el que está defendiendo a alguien ante un tribunal. >>
 
Podemos certificar con meridiana claridad las similitudes de esta última intervención con las proscripciones que Lola Pons emitía para las formas arcarde o barcón. También constatamos los esfuerzos de Grijelmo por defender la visión de una pretendida unidad esencial, metafísica y platónica del “español”, algo que no es nuevo en su trayectoria personal como divulgador (Moreno Cabrera, 2011: 179-180):
 
<< la RAE es depositaria de los esfuerzos por la preservación de la unidad esencial de la lengua española que […] viene legitimada por la unidad indisoluble de la nación española, aunque esta vez en un ámbito mucho mayor que el de esa nación española indisoluble: un ámbito transnacional que agrupa todos los países que en su día estuvieron subordinados políticamente a la metrópoli rectora. La RAE, además, ha de velar por el mantenimiento del genio de la lengua –se dice literalmente en el artículo primero de los estatutos de la RAE […]–, concepto también claramente nacionalista, esta vez de base romántica. La acepción sexta de genio en el diccionario electrónico de la RAE es: «Índole o condición peculiar de algunas cosas». Hay que mantener las peculiaridades que definen la lengua española en su esencia. Estamos ante un concepto de esencialidad o peculiaridad típico de los nacionalismos. La RAE ha de procurar que no se desvirtúen las esencias (genio) de la lengua española […]. 
 
Esta rancia idea del genio de la lengua ha sido resucitada recientemente por Á. Grijelmo en algunas de sus reeditadas publicaciones […]. [Según ellas] Esta esencia de la lengua tiene un carácter permanente y subsiste a lo largo de generaciones; es decir, no se ve afectada por el paso del tiempo y además regimenta el pensamiento de los hablantes a lo largo de grandes distancias, dado que tiene carácter universal. He aquí explícitamente enunciado uno de los recovecos metafísicos del mito de la lengua universal […]. Por otro lado, el supuesto genio de la lengua se llega a caracterizar a través de una serie de propiedades: es analógico, lengo, pacifista, caprichoso, tacaño, genial […]. Por supuesto, esto sólo puede ser interpretado por parte del lingüista como una licencia expositiva para hablar sobre el devenir de las lenguas en general y del español en particular de una forma desenfadada, didáctica y humorística. El problema –derivado de que las obras de Grijelmo suelen ser leídas por un público con escasa formación o actualización en lingüística– es que esta caracterización puede llevar a mucha gente no especializada a pensar que realmente existe un genio inmaterial de la lengua que dirige nuestras formas de hablar e incluso de pensar y que nos permite entendernos. Esta creencia le puede venir muy bien al nacionalismo lingüístico que exalta su lengua como la lengua de la concordia, del entendimiento, de la cultura, de la internacionalidad y de la modernidad […]; aquí radica precisamente el peligro de este tipo de formas de hacer divulgación sobre qué es y cómo funcionan las lenguas; ese lenguaje figurado puede ser muy útil en los procesos de manipulación ideológica. >>
 
Por lo que respecta a la ‘coloquialidad’ atribuida por Grijelmo a las formas propias de esas “variedades del español”, las cuales “nadie utilizaría en un congreso de cirugía o en un juicio” (según sus palabras textuales), es necesario insistir en que cuando en determinadas obras de consulta de las instituciones normativas (ibíd.: 282, 283-288)
 
<< se hace referencia a las variedades regionales, […] se menciona que las diversas normas o variedades y usos regionales están en pie de igualdad [aceptables] con la condición de que estén generalizados entre los hablantes cultos. […] estar generalizado entre hablantes cultos no supone que estén generalizados en la población total, dado que […] ese conjunto de hablantes forma una minoría. […]
 
Por ello, [...] las academias son uno de los instrumentos que está a disposición de las clases dominantes para imponer su modo de hablar como modelo que ha de ser imitado por toda la sociedad. […] este modelo es más fácil de adquirir y ejercer perfectamente por parte de esas capas dominantes de la sociedad en cuya variedad se basa la norma culta, que por parte de las demás clases sociales, cuyas normas lingüísticas son diferentes, en muchos puntos, […] y a cuyos miembros les resulta mucho más difícil asimilar y usar de forma rápida y eficaz una variedad lingüística que no es la suya. De esta manera, los individuos de las clases dominantes lo tienen siempre más fácil para prosperar en la sociedad que los de las clases dominadas. […]
 
Se hace explícita la idea que rige toda la labor de vigilancia del uso de la lengua. Los únicos buenos usos son los de una minoría […]: la de los que que dominan el registro formal culto sobre el que recae nada menos que la transmisión del conocimiento. Esto hace que todas las demás variedades lingüísticas […] se vean devaluadas de forma patente por comparación, ya que no se asocian explícitamente a la transmisión del conocimiento, cuando sabemos perfectamente que en todas las variedades lingüísticas espontáneas orales se transmiten conocimientos e información […]. En las comunidades que no tienen un estándar reconocido […] se transmite conocimiento e información tan eficazmente como en las que lo tienen, aunque no necesariamente el mismo tipo de conocimiento ni de la misma manera. […] la exigencia de ese dominio se establece como una vía de selección, que, inevitablemente, pone en un lugar privilegiado a la mayoría de los miembros de las clases dominantes, en cuyas variedades idiomáticas está basada la norma reconocida como culta. […] con ello, la justificación natural de su imposición como modelo universal queda resuelta y queda oculta o velada la auténtica razón de ese predominio, que tiene una naturaleza social, política, económica o cultural y no estrictamente lingüística. […]
 
[...] si hay algo que corregir en la conciencia lingüística de la mayoría de la población, es precisamente ese conjunto de creencias falsas, sin base científica alguna, que hace posible el sometimiento lingüístico de mucha gente a unas normas y que no sólo produce inseguridad lingüística –de ahí los centenares o miles de consultas hechas a las academias […]– sino que […] entorpece y deteriora de forma notable las capacidades lingüísticas naturales de los individuos. […] Un aspecto importante de esa labor correctiva de los prejuicios consiste en desvelar el auténtico carácter de la norma culta escrita, su índole minoritaria, artificial y su función de pura etiqueta social convencional […]. las academias deberían […] fundamentar un conocimiento profundo de una realidad lingüística dinámica y plural en la que hay poco o ningún lugar para preceptos y reglas normativos más allá de la ortografía y la estandarización terminológica. >>
 
 
En una de las ediciones de la tertulia radiofónica del programa nocturno de Onda Cero La Brújula (la del jueves 11/V/2017) , dedicada (a partir del minuto 1:48:38 de programa) a entrevistar (e interrumpir de forma constante) al antropólogo Huan Porrah, autor de una traducción de Le Petit Prince al andaluz, dos de los tertulianos, Paco Marhuenda y Javier Caraballo, mantuvieron una breve discusión chovinista en torno a la competición de quién habla mejor el “español”, si las personas andaluzas o las castellanas. Tal dislate conceptual lo encontramos también en la entrevista de Tola a Grijelmo cuando el primero formula al segundo en el minuto 4:24 la pregunta “¿dónde se habla mejor español?”, cuya respuesta se mantiene acorde con el nivel del interrogante planteado: “Siempre suelo decir que en Colombia se habla muy buen español”. Casualmente, quince minutos después (19:33) conocemos por boca del entrevistador que Grijelmo “ha sido nombrado hace poco académico de la lengua en Colombia”; distinción que, efectivamente, se produjo un mes antes . 
 
El escritor peruanoespañol Mario Vargas Llosa nos dejaba una impagable joya para nuestra antología del disparate lingüístico en los medios cuando calificaba como “«aterrador» el lenguaje que usan los jóvenes en la red o en los dispositivos móviles. «Si escribes así, es que hablas así; si hablas así, es que piensas así, y si piensas así, es que piensas como un mono. Y eso me parece preocupante»” (Publico.es, 28/IV/2011 ). En la misma tónica, Grijelmo grabará con letras de oro en los anales del despropósito un razonamiento harto similar, que el medio de Prisa estimará merecedor del titular de la correspondiente pieza informativa : “«Alguien que usa mal los términos gramaticales seguramente tiene un pensamiento un poco estropeado»”. Efectivamente, en el minuto 3:15, Tola le pregunta “¿Qué demuestra el mal uso del español?”, a lo que  responde: “Alguien que utiliza mal los términos gramaticales seguramente es que tiene un pensamiento un poco estropeado, ¿no?, con carencias en educación. […] Pero cuando alguien se expresa mal y utiliza mal la gramática algo sucede en su pensamiento, algo sucede en su formación”. 
 
Evidentemente, y tal como apunta Moreno Cabrera en relación con tales explicaciones pseudocientíficas (op. cit.: 210-218), 
 
<< La idea en la que se basan y justifican estos intentos consiste en pensar que la lengua coloquial espontánea es una forma degenerada, imperfecta y desviada de esa lengua estándar culta por razones prácticas como la premura de la comunicación diaria, el descuido que conlleva la rapidez e inmediatez de este tipo de comunicación –el más frecuente en la sociedad, dicho sea de paso–, y por razones culturales como la falta de instrucción. […] Estos puntos de vista son claramente absurdos, a pesar de ser los más ampliamente aceptados en la opinión pública e incluso por parte de muchos estudiosos, escritores e intelectuales. 
 
El mito [de la lengua perfecta] no es más que una historia inventada que no refleja en modo alguno el devenir real de las lenguas y que solo sirve para justificar y ejercer determinada autoridad correctiva y, por tanto, para servir como instrumento de control y dominación cultural por parte de unos determinados estamentos sociales. >>
 
En efecto, tal autoridad correctiva de control y dominación aparece ya desde el comienzo de la entrevista (e igual que hacía el director de la RAE en la otra entrevista para el mismo grupo de comunicación, Prisa, a la que aludíamos más arriba), en el que Grijelmo clama por la pureza del idioma en la penúltima admonición contra el uso de los anglicismos (con la misma ausencia de base científica que repasábamos en el artículo que dedicábamos a las afirmaciones de Darío Villanueva ). Así sucede con la primera alusión al asunto, cuando el periodista le interpela nada más empezar la conversación reflejando toda esta mitología prescriptivista del cuidado de la lengua:
 
<< RT: El español nos une y nos distingue. […] Y aunque lo usamos todo el tiempo es posible que no lo estemos cuidando todo lo que se merece. […] Todo el tiempo usamos el español. Yo mismo lo estoy usando ahora mismo [sic]. Pero ¿lo cuidamos lo suficiente? 
 
AG: Pues en los medios de comunicación yo creo que valdría la pena cuidarlo un poco más, ¿no? Protegerlo de ambigüedades, de manipulaciones ajenas al periodismo […] y también protegerlo de tantos anglicismos que deterioran la riqueza de nuestra lengua y muchas veces arruinan los matices de palabras más ricas que podríamos poner en su lugar. >>
 
A la frase reproducida más arriba de que “Alguien que utiliza mal los términos gramaticales seguramente es que tiene un pensamiento un poco estropeado”, por otra parte, cabe reponer que en realidad “un término es un vocablo propio de lenguajes especializados de profesiones o ciencias específicas, de carácter conceptual (designación potencial) y de naturaleza muy diferente al léxico de una lengua. Un término gramatical es un vocablo especializado de la Morfología o Sintaxis; por ejemplo, morfema, monema, morfo, determinación, asociación, oposición, etc”. Lo que el periodista “querrá decir es: unidad gramatical, accidente, significados subyacentes, etc. En realidad, Grijelmo se refiere al uso de morfos, a la sustancia, a la materialidad fónica, a hechos de habla que nunca son gramaticales”, pero “se envuelve en ropajes de ‘culto’ para legitimar jerarquías y exclusiones sociales, para seguir ostentando hegemonía de grupo” . 
 
Parra Domínguez y Rosa (1999), aunque mediante el análisis de otro caso, se encargan profusamente de sacar a la luz las mismas contradicciones que las del planteamiento de Grijelmo; a saber, que la presunta incorrección gramatical es reflejo de un supuesto pensamiento “estropeado”, amén de que los anglicismos empobrecen (“deterioran la riqueza” o “arruinan”, en las palabras del periodista) la lengua. Lo hacen aplicando su estudio a una antigua campaña radiofónica en contra del contacto lingüístico anglohispano en Puerto Rico, en la que se afirmaba precisamente “Idioma defectuoso, pensamiento defectuoso”, y en la que a dicho lema le seguía, como modelo de lo defectuoso, una palabra o expresión tomada del inglés y castellanizada, más la correspondiente palabra o expresión considerada correcta en castellano (por ejemplo, “No diga tuna, diga atún”), para concluir con la frase “La lengua es la sangre del espíritu”, acuñada por Miguel de Unamuno (de cuyo pensamiento etnocida en materia lingüística, en clave nacionalista española, dejamos también constancia en otro de nuestros artículos ). Tal como evidencian Parra Domínguez y Rosa (op. cit.: 165), “dejando de lado la posibilidad de […] defectos […] (físicos o neuronales), parece no tener sentido calificar con el parámetro «perfección/imperfección» la adquisición de una lengua materna, […] ya que estamos ante un proceso natural del individuo, […] dictado por la herencia genética […]. En consecuencia, también carecería de sentido el juzgar como defectuoso el conocimiento lingüístico de un hablante, es decir, su «lengua»”. Efectivamente, si partimos de la definición chomskyana de «lengua» como conocimiento lingüístico de las/os hablantes, que se adquiere de manera natural (más que aprenderse, crece en el ser humano cuando este se desarrolla en un contexto que le proporciona la suficiente experiencia lingüística), sin esfuerzo y sin necesidad de instrucción (la cual es prácticamente insignificante, a pesar de las apariencias y la creencia general), no podemos afirmar la posibilidad de un lenguaje defectuoso: de hecho, la mayor parte del conocimiento lingüístico se adquiere antes de los cinco años y hay hablantes nativas/os que nunca han sido escolarizadas/os. 
 
También es falsa la parte de la propaganda difundida por Grijelmo que se refiere al pensamiento; es decir, que este puede ser defectuoso, de acuerdo con la herencia del determinismo whorfiano según el cual la relación entre lengua y pensamiento es unidireccional, de manera que la primera determina al segundo. No es así (lo cual no quiere decir que no haya relación entre ambos), como demuestra la evidencia de pensamiento complejo tanto en personas sordas con carencia de cualquier forma de lenguaje como en infantes prelingüísticos y animales no humanos; el carácter inapropiado de la lengua natural como medio de cálculo debido a su generalizada ambigüedad; el problema, desde el punto de vista lógico, de cómo puede adquirirse una lengua sin la existencia previa de procesos previos del citado pensamiento complejo; la ausencia de pruebas empíricas en torno a que diferencias de lenguaje produzcan diferencias en el pensamiento; la aceptación de las teorías que conciben el lenguaje como un módulo independiente de la cognición o construido a partir de ella. Vemos que puede existir pensamiento sin lenguaje y, además, la psicología cognitiva ha demostrado que las personas pueden pensar en imágenes y en proposiciones lógicas abstractas sin necesidad de usar la lengua. En suma, “si tomamos el pensamiento como noción cognitiva, parece difícil siquiera imaginar qué constituiría un caso defectuoso del mismo. […] desde una perspectiva lingüístico-cognitiva, el calificativo «defectuoso» no nos lleva a ningún lado”, por lo cual “las preguntas que nos hemos venido haciendo deberán responderse desde otra perspectiva”, que es, en última instancia, “la sociológica. Dentro de ésta, la concepción de «lengua» depende en gran medida de cuestiones políticas, económicas y sociales […,] de ideología, juicios de valor, prejuicios de clase, etc”; una “normatividad lingüística impuesta por las instituciones sociales (Real Academia de la Lengua, Centros de Educación, Universidad y medios de comunicación en general) […] como aparato ideológico” entendido “en el sentido althusseriano del término”. Visto “Desde este nuevo enfoque consideramos lo «defectuoso» como «imperfecto en relación con un modelo que debe seguirse»” (op. cit.: 167), lo cual nos lleva, una vez más, a la clave de todo el furor prescriptivista: “lo fundamental de la lengua dentro de las estrategias de definición de los diferentes Estados”, en este caso el español (en la alocución de Grijelmo), “como uno de los componentes étnicos «primordiales» en la fabricación de las naciones Estados”; “por primera vez hacia fines del siglo XIX, elegir un idioma implicaba una selección política” en virtud de “intereses burocráticos” (p. 168). Observemos como Grijelmo persiste en su prescriptivismo contra los vocablos de origen inglés en el minuto 2:26:
 
<< RT: ¿Pero el spanglish, por ejemplo, es un fenómeno de enriquecimiento del español? 
 
AG: Yo lo dudo, porque, de momento, lo que sucede, el spanglish me parece más una penetración del inglés en el español que del español en el inglés, y el spanglish… Yo todavía no he oído a nadie hablar en spanglish. Lo que he oído es hablar en español con anglicismos, ¿no?, en Estados Unidos. Yo no he oído nunca a nadie hablar en spanglish; supongo que hay gente que habla en spanglish. […] En cualquier caso, yo creo que ahora no es un idioma prestigioso y quien vive en Estados Unidos y habla bien español y habla bien inglés tiene más oportunidades de trabajar y de desarrollarse que quien solamente habla spanglish. >>
 
Nótese que en esta ocasión, el periodista considera el spanglish, fusión morfosintáctica y semántica del castellano con el inglés, como una forma de empobrecimiento del primero, dado que ante la pregunta sobre si “es un fenómeno de enriquecimiento” contesta “Yo lo dudo” (recuérdese cómo más arriba veíamos que Grijelmo consideraba en el minuto 24:08 que “no sería un castellano muy puro” el empleo de la palabra man, del inglés ‘hombre’, en el español de Panamá). Pero realiza esta atribución incurriendo en el sofisma de acudir a criterios extralingüísticos, o sea, sociales: en función de las “oportunidades de trabajar y de desarrollarse” de la que se gozará según se hable una u otra cosa.  
 
Por otra parte, la sentencia de Grijelmo de que el spanglish “ahora no es un idioma prestigioso”, al efecto de inferiorizarlo (y, con él, a quienes lo emplean), constituye otro enésimo recurso al concepto de prestigio lingüístico, cuyo trasfondo supremacista examina Rodríguez-Iglesias (2016: 29 y 2017: 202-203), para quien no hace sino naturalizar el privilegio social. Sin embargo, la total inconsistencia de su discurso se hará patente cuando, más adelante, en el minuto 9:49, el periodista denuncie el empleo de palabras de origen anglosajón en los medios de comunicación, precisamente, por considerar que quien lo lleva a cabo lo hace por una cuestión de prestigio. Si antes menospreciaba un capital simbólico (cultural) por su falta de prestigio, ahora denuncia otro justamente por constituir un signo de él. Veamos esta monumental muestra de incoherencia argumental:
 
<< RT: La herramienta de nosotros, los periodistas, es el lenguaje. Y eso es triste porque muchas veces incurrimos en muchos vicios, ¿no?, tanto aquí como en América Latina. ¿Cómo ve el manejo del lenguaje dentro del medio periodístico (sin caer en la generalización, si es que se puede)? 
 
AG: […] Y el segundo término que te quería decir es la invasión de anglicismos, que denota un complejo de inferioridad por nuestra parte. Todo se puede nombrar en español; todo. Es verdad que hay términos en inglés que han ocupado determinadas casillas desplazando a vocablos castellanos pero esos vocablos castellanos existen o están en los recursos de la lengua para aparecer en el momento en que los necesitásemos, ¿no? Lo que pasa es que no acudimos a ellos y el anglicismo ocupa el lugar, ¿no? Eso es una derrota intelectual para quienes hablan español pero sobre todo es la acentuación de ese complejo de inferioridad, porque si digo términos en inglés todo es más prestigioso: soy más prestigioso yo, tengo más prestigio porque digo… se ve que domino el inglés y con eso no hago más que expresar que considero inferior mi propia cultura. >>
 
 
Frente a la xenofobia léxica proyectada por Grijelmo, en realidad (Rodríguez Parra y Rosa, op. cit.: 166), 
 
<< el uso de expresiones o vocablos ingleses que han sido españolizados en su pronunciación y/o en su forma […] es un ejemplo de un proceso natural en el desarrollo de las lenguas a lo largo de la historia. […] palabras y expresiones, las cuales ahora mismo están aceptadas incluso por la Real Academia de la Lengua, aunque en su momento seguramente fueron rechazadas por foráneas y contaminantes. […] Pero el carácter prescriptivo de esta campaña no es nada nuevo. […] el gramático romano Probus escribió lo que se conoce como «Appendix Probi», donde ofreció su visión sobre qué se debía decir y qué no. Por ejemplo, Probus ordenaba decir, entre otros, «auctor non autor», o «raucus non rauncus». Sin embargo, las formas autor y rauncus son las que subyacen a las palabras españolas autor y ronco, respectivamente. Y así, palabras que aparecían en dicho tratado como prohibidas resultaron ser la forma de la que se derivaron otras tantas palabras en las diferentes lenguas romances, incluso quedando aceptadas finalmente por la norma lingüística. […] En resumen, desde un punto de vista lingüístico, ni tiene sentido calificar una lengua materna como defectuosa, ni tampoco lo tiene el calificar de defectuoso el uso de préstamos lingüísticos. >>
 
La última de las oraciones de este extracto nos sirve como corolario al repaso que aquí hemos dedicado a esta entrevista audiovisual, en la cual, como supra hemos visto que señalan sus autoras/es, los miembros pertenecientes a instituciones sociales como las academias de la lengua y los medios de comunicación (o de ambos a la vez, como en este caso), entendidas como componentes del aparato ideológico del Estado, preservan una serie de intereses (nacionales, sexuales, de clase) a base de imponer una norma erigida en modelo a través del cual se inferiorizan determinadas formas culturales; con lo que, en realidad, a quien se está inferiorizando es a los grupos humanos que las emplean (Rodríguez Iglesias, 2018).
 
REFERENCIAS
 
MORENO CABRERA, Juan Carlos (2011): «Unifica, limpia y fija.» La RAE y los mitos del nacionalismo lingüístico español. En SENZ, Silvia y ALBERTE, Montserrat: El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española. Volumen I. Barcelona: Melusina. 
PARRA DOMÍNGUEZ, Maribel y ROSA, Richard (1999): «Idioma defectuoso, pensamiento defectuoso». El concepto de lengua como aparato ideológico. En Actas del VI Simposio Internacional de Comunicación Social Santiago de Cuba. Santiago (Cuba): Oriente. 
QUIJANO, Aníbal (2007): Colonialidad del poder y clasificación social. En CASTRO-GÓMEZ, Santiago y GROSFOGUEL, Ramón (Eds.), El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. Bogotá: Siglo del Hombre Editores / Universidad Central / Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos / Pontificia Universidad Javeriana / Instituto Pensar. http://www.unsa.edu.ar/histocat/hamoderna/grosfoguelcastrogomez.pdf 
RODRÍGUEZ-IGLESIAS, Ígor (2018): “Giro decolonial para una sociolingüística de la justicia social”, El topo tabernario, 26 (20/I-20/III), http://eltopo.org/giro-decolonial-para-una-sociolinguistica-de-la-justicia-social/.
- (2017): La colonialidad del ser, saber y poder como base de la inferiorización lingüística de Andalucía. En VV.AA., Desde Andalucía a América: 525 años de conquista y explotación de los pueblos. Granada: Hojas Monfíes. 
- (2016): La hybris del punto cero metalingüístico. Andalucía como no-Ser. En Actas de la VIII Hunta d'Ehkritoreh en Andalú / VIII Reunión de Escritores/as en Andaluz / 8th Meeting of Andalusian Writers. ZEA - Sociedad para el Estudio del 'Andalú'. Fuhirola / Fuenhirola, 21-22 de marzo de 2016. http://www.zea-andalu.com/hunta-d-ehkritoreh-en-andalú/viii-hunta/ 
SENZ, Silvia (2011): Una, grande y (esencialmente) uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la «lengua común». En SENZ, Silvia y ALBERTE, Montserrat: El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española. Volumen II. Barcelona: Melusina. 
 

NOTAS

[1] https://elpais.com/elpais/2018/05/06/videos/1525603760_757070.html. También en https://www.youtube.com/watch?v=ZiwydJP8NxY.

[2] http://pensamientoandaluz.org/index.php/m-rodriguez/125-prostitutas-monologuistas-y-academicos-pinceladas-mediaticas-en-torno-al-ideario-rae.html

[3] http://pensamientoandaluz.org/index.php/m-rodriguez/161-las-contradicciones-insalvables-de-la-filologia-organica-andaloespanola-momentos-estelares-de-lola-pons-ii.html

[4] http://www.ondacero.es/programas/la-brujula/programas-completos/la-brujula-110517-programa-completo_201705115914d9c40cf2161ded9a9d67.html

[5] https://www.fundeu.es/noticia/alex-grijelmo-nombrado-academico-correspondiente-de-la-colombiana-de-la-lengua/

[6] http://www.publico.es/culturas/vargas-llosa-gente-acorta-palabras.html

[7] Véase el primero de los enlaces de la nota 1.

[8] Véase la nota 2.

[9] Comentario personal de Ígor Rodríguez-Iglesias a la aparición de esta entrevista.

[10] http://pensamientoandaluz.org/index.php/m-rodriguez/131-el-granero-lingueistico.html

 
Manuel Rodriguez Illana