Martes 24 Abril 2018

La narrativa mediática del PSOE-A en torno a la historia y la lengua: el caso de Rodríguez Almodóvar (II)

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Rodriguez AlmodovarIIEn nuestro anterior artículo sobre la reescritura histórica de nuestro pasado tuvimos oportunidad de analizar una columna periodística del intelectual orgánico del régimen andaluz Antonio Rodríguez Almodóvar, habitual de las variadas ramificaciones institucionales y mediáticas del PSOE, en la que anatemizaba la condición nacional de Andalucía. Ahora es el momento de examinar brevemente otro reciente texto suyo en el que vuelca sus concepciones sobre la lengua de Andalucía cuando sale en defensa de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, en el contexto de la guerra interna de dicho partido a nivel estatal, después de que se filtrara a los medios, para perjudicar a la facción de Pedro Sánchez (su competidor) una frase pronunciada en el Comité del PSOE madrileño por uno de los seguidores de este, en la que el autor del enunciado, Ramón Silva, parodiaba el andaluz de Díaz: “Queremos un PZOE ganadó” (Lavanguardia.com, 5/III/2017(1)). 
 
La nueva columna de Rodríguez Almodóvar aparecía el pasado 11 de marzo en El País bajo el título “¿Una patología del castellano?”(2), donde denuncia la actitud de “un concejal madrileño, que quiere ridiculizar el habla de Susana Díaz, que desde luego se expresa en un sevillano estimable, con acierto comunicativo, aspiraciones y ahorro de consonantes”. En ella recrea por enésima vez la concepción panhispanista del andaluz como “forma avanzada del idioma” (castellano, claro) con un redundante y tautológico “que es lo que es”, a saber, una “forma del español meridional” que, como repite una y otra vez el estamento académico, no tiene entidad propia como andaluz (que es lo que es, por usar su misma coletilla) pero al que, a cambio, de la forma en que igualmente ya hemos podido verificar con profusión, se le concede como premio de consolación el hecho de que “sentó las bases del español de América, con trampolín en Canarias”, aunque “no ha sido nunca bien visto por ahí arriba”; nótese, como de costumbre, la elección del adverbio de lugar con el que sustituye a la denominación 'Norte' (es decir, “arriba”) para marcar, aun quizá sin pretenderlo (concedámosle el beneficio de la duda), la jerarquización geográfica. Encuadrado en la habitual reivindicación chovinista de que, aunque tomara en buena medida como referentes las formas de expresión centropeninsular, fuera un lebrijano el fijador inicial de la estandarización de la lengua imperial, Rodríguez Almodóvar no se sale del guión del jingoísmo panhispanista, ideología lingüística basada en el imperialismo cultural (Moreno Cabrera, 2011: 161), así como en la mitología colonialista del Descubrimiento (no olvidemos la inapelable refutación a este relato elaborada por Dussel, 2004, cuando explica cómo Colón no hizo sino comprarles las cartas de navegación a los chinos, quienes ya habían navegado por todos los océanos y tenían cartografiado el globo entero) para ufanarse de “que Antonio de Nebrija se adelantara a publicar la primera Gramática Castellana, en agosto de 1492, justo cuando don Cristóbal Colón emprendía la descomunal aventura del Descubrimiento; como si el sevillano hubiera presentido que había que pertrechar a nuestra lengua con una norma escrita, para la no menos descomunal expansión que acabaría teniendo, y tiene”. Ya se sabe: hablamos del “Descubrimiento” (conversión en 'objeto' de los pueblos de las Américas y omisión deliberada de las otras culturas con las que ya tenían contacto antes que los europeos) como “descomunal aventura”, frente a la empresa de codicia, matanza y saqueo que de hecho fue (Césaire, 2006: 14), así como de una también “descomunal expansión” del castellano, que nunca se impone sino que se expande, como un gas. El autor de Prisa continúa vanagloriándose de que “Mal que les pese a algunos, el andaluz” no constituye una lengua natural por sí misma sino que “es vanguardia del castellano”. ¿Por qué? Porque “aplica rigurosamente dos principios básicos en toda lengua: la claridad y la economía”, soslayando que otro de los recursos de toda comunicación es la presencia de la redundancia, al objeto de minimizar los efectos del ruido en la señal, característica que simultánea y contradictoriamente el relato oficial también atribuye al andaluz, y que refuta dicho mito radical (economicista) de la brevedad elevada a fin último y máximo del lenguaje, como ocurre en nuestra propia lengua natural (concepto que desarrollaremos en breve): mantenimiento explícito del pronombre personal a pesar de estar ya contenido en las desinencias verbales de muchas expresiones, como en el caso de “fi(ha)te tú”; verbalización del adverbio cuyo sema ya está implícito en el significado del verbo, como en “ben p'aká”). Todo ello, aparte de que el oficialismo académico andaloespañol no se aplica el propio cuento de la “economía para hacerlo más breve”, por seguir con el texto de la columna, cuando denomina a su mismo grupo investigador “Español Hablado en Andalucía”(3) (referencia nada económica, precisamente) o emplea la táctica del divide y vencerás (Porrah Blanko, 2000: 155-157) por medio del significante “hablas andaluzas” en lugar de lo que, más económicamente, resultaría sencillo nombrar: “Andaluz”. Ni que decir tiene que la visión del establishment universitario tampoco tiene reparo alguno en afirmar una cosa y la contraria al obviar la entidad propia del andaluz como sistema lingüístico (Moreno Cabrera, 2013: 12) disfrazándolo como “vanguardia del castellano” y a la vez atribuyéndole justo los rasgos opuestos cuando, en relación con el mantenimiento de palabras y expresiones ya no usadas en otros territorios de la Península, “se dice que el léxico andaluz es conservador” (VV.AA., 2016: 160). Unas veces vanguardia, otras conservadurismo, según interese. 
 
En el mismo párrafo, el firmante del texto periodístico prosigue declarando que entiende que desde la norma estándar se vea con recelo que se propague el andaluz porque el “latín vulgar” terminó “multiplicándose en un buen puñado de lenguas romances”, a pesar de lo cual trata de tranquilizar a quienes experimenten los temores de que el castellano corra la misma suerte argumentando que “ya nos ocupamos los andaluces, los canarios, los mejicanos, los argentinos, los peruanos… de que la energía de la lengua de Cervantes se mantenga en los límites del entendimiento y se multiplique, también, en hermosas novelas y otras formas literarias”. Ni siquiera entraremos a indagar qué piensa el novelista del papel de las andaluzas, canarias, mejicanas, argentinas o peruanas, de acuerdo con el dominio androcéntrico del lenguaje (Moreno Cabrera, 2014: 216), en dicha “energía de la lengua”, pero no podemos dejar de hacer notar que, una vez más, el discurso académico, en este caso con esa alusión a que el castellano (“español”) “se mantenga en los límites del entendimiento” a la par que “se multiplique, también, en hermosas novelas y otras formas literarias”, confunde los planos de, respectivamente, la lengua natural que usan oralmente “los andaluces, los canarios, los mejicanos, los argentinos, los peruanos”, caracterizada por su adquisición espontánea en la infancia, mutable y variable, frente al de la lengua cultivada o literaria, estandarizada, necesariamente artificial, que se enseña en el sistema educativo y en la que se escriben esas “hermosas novelas y otras formas literarias” (mismo autor, 2011: 188). Así, que en variadas zonas de la península Ibérica y América puedan reflejarse por escrito de una única manera expresiones como “comió mucho”, “no he podido conocerla”, “fue en verano cuando lo hice”, “¿qué quieres tú?”, “compra unas velas”, “una amiga mía”, “se fue de viaje”, “trae una cesta”, “antes de venir yo aquí”, “ya he terminado de trabajar”, “me está castigando”, “hay maíz” o “ahora es cuando yo tengo problemas” no quiere decir que en las lenguas naturales de comunidades humanas de Argentina, Bolivia, Colombia/Panamá, Cuba, Ecuador, El Salvador/Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela respectivamente dejen de formularse oralmente tales ideas como “comió grande”, “no la he podido conocerla”, “lo hice fue en verano”, “¿qué tú quieres?”, “dame comprando unas espermitas”, “una mi amiga”, “se lo fue de viaje”, “lo trae un chiquihuite”, “antes de yo venir aquí”, “ya trabajé todo ya”, “me está castigándome”, “ello hay maíz” o “yo vengo a tener problemas es ahora” de la misma respectiva manera. Es decir, la variación geográfica o diatópica es, como acabamos de citar, una característica inherente al lenguaje oral (ibíd.: 189), frente a la relativa estabilidad de la lengua estandarizada, sobre todo escrita, erigida en oficial (el castellano estándar que se enseña en las escuelas de todos esos Estados y en las academias de castellano o “español” para extranjeras/os). Que a pesar de todas estas variaciones podamos entender la mayor parte de estos enunciados (con seguridad, no todos) no significa que “nos ocupamos los andaluces, los canarios, los mejicanos, los argentinos, los peruanos” conscientemente, cada vez que abrimos la boca para hablar, de que un supuesto castellano oral único y hablado por cientos de millones de personas “se mantenga en los límites del entendimiento” como proyecta la mitología panhispanista reproducida en la columna de Rodríguez Almodóvar, sino de que existen similitudes entre todas nuestras respectivas lenguas naturales que hacen posible cierto grado de intercomprensión si se realiza un determinado nivel de esfuerzo entre las/os hablantes de dichas zonas, del mismo modo que, frente al mito del españolismo lingüístico según el cual solo el castellano es un vehículo válido (entendible) de comunicación en el ámbito peninsular, una persona castellanoparlante puede, con un mínimo interés y esfuerzo, entender a otra que hable, por ejemplo, en asturiano, catalán o gallego, exactamente como las/os hablantes de estos últimos sistemas de comunicación ha tenido que ir haciendo a lo largo de los últimos siglos. Es falso que andaluzas/ces y peruanas/os nos estemos esforzando en que un supuesto sistema universal de comunicación llamado español “se mantenga en los límites del entendimiento”. Podemos entendernos con una persona de Perú pero también con una que hable la lengua propia de Galicia o Cataluña (reconocidas políticamente, aunque no hace demasiado si tomamos perspectiva histórica, como diferentes del castellano, al contrario de la situación actual del andaluz). Es más (Moreno Cabrera, 2010: 15):
 
<< Para entender esto más cabalmente conviene darse cuenta de la siguiente realidad. Los canarios, andaluces, vallisoletanos, cántabros, cubanos, uruguayos, argentinos, mexicanos o colombianos no se entienden entre sí porque hablen igual  –es evidente que no hablan igual– sino porque las variedades que hablan son muy parecidas o próximas por más que presenten importantes diferencias en los ámbitos fonético, léxico, morfológico, sintáctico y semántico. Siempre que intentemos entendernos con alguien que habla una variedad diferente de la nuestra, tenemos que hacer un esfuerzo de acomodación y de acercamiento lingüístico para el que [...] estamos perfectamente preparados. [...] Es muy posible que para entender a un argentino o boliviano haya que hacer en algunos aspectos un esfuerzo mayor que para entender de modo natural y más o menos espontáneo a un gallegohablante. [...] el hablante boliviano está en muchos casos influido por una lengua como el quechua o el aymara que provoca la existencia de palabras, giros o calcos de estas lenguas que pueden hacer que el esfuerzo que tengamos que realizar para entender a un hispanohablante peruano pueda ser mayor que el que tenemos que realizar para entender a un gallegohablante. >>
 
Completemos esta idea con la otra cara de la moneda: si en general estas inter-comprensiones entre hablantes de diferentes lenguas o variedades es posible en términos generales, la comunicación entre ellas/os también puede comportar ciertas lógicas dificultades, no necesariamente insuperables pero que sí llegan a darse, en los ámbitos fonético, léxico, morfológico, sintáctico y semántico de los que acabamos de tratar. Numerosas amistades de otras partes del Estado han comunicado a quien esto escribe que cuando viajan a Andalucía les cuesta en grados variables (y sobre todo en un primer momento) entender el andaluz; esto es un hecho que en sí no implica valoración alguna en términos de jerarquización o supremacismo lingüístico. Es lo que declaró en una ocasión el expresidente de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, durante una sesión parlamentaria, en respuesta a la pregunta de un representante de la oposición que había puesto en duda el modelo de inmersión lingüística en tono apocalíptico reproduciendo justamente ese pensamiento del nacionalismo lingüístico español según el cual las/os escolares de Cataluña iban a sufrir un insalvable déficit comunicativo a la hora de expresarse en castellano con el resto del Estado. Mas había afirmado que los escolares catalanes "sacan las mismas notas de castellano que los niños y niñas de Salamanca, de Valladolid, de Burgos y de Soria; y no le hablo ya de Sevilla, de Málaga, de Coruña, etcétera etcétera, porque allá hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende". Desconocemos exactamente si pudo haber alguna intencionalidad sarcástica o vejatoria en sus palabras (en todo caso, Mas pediría horas después disculpas aduciendo malinterpretación en la difusión descontextualizada de su respuesta; 20Minutos.es, 30/IX/2011(4)) pero puso el dedo en la llaga por el hecho de que afirmar que en Sevilla, Málaga o Coruña "hablan el castellano" no puede tomarse sino de manera muy relativa, aunque a nivel institucional y académico, como hace Rodríguez Almodóvar en su columna, no deje de considerarse el andaluz como una mera variante del "español" hablado por 400 millones de personas (parece que el número aumenta sin parar: el 18 de marzo, el flamante director del Instituto Cervantes lo cifraba en 550 ante los micrófonos de la cadena SER(5), mientras que el tertuliano Eduardo García Serrano lo elevaba a “más de 600 millones de personas en el mundo” en Intereconomía TV el 18/XI/2015(6)). Por supuesto, el novelista de la constelación PSOE no desaprovecha la ocasión para alimentar el clásico agravio andaloespañolista catalanófobo (González Pulido, 2005: 1-8) en el último párrafo de su columna a través de la intertextualidad creativa y simplificadora: "Hasta el ínclito Artur Mas se permitió decir aquello de que «a los niños sevillanos no se les entiende cuando hablan»". 
 
Por ende, como mencionábamos, Rodríguez Almodóvar era elegido en 2015 como “académico correspondiente” de la Real Academia Española(7), institución que no se ha señalado precisamente como defensora de la valoración y reconocimiento del andaluz. Recordemos, de entre los posibles centenares de ejemplos, tan solo el planteamiento etnocida, en el mismo rotativo, El País, que difundía Manuel Alvar el 25/I/2000(8), satanizando la creación del empleo del andaluz en los medios de comunicación audiovisuales a través de etiquetas como “ignorancia”, “paletería” o “plebeyez” (elección léxica de evidente tinte clasista). Resulta curioso, pues, que su columna finalice con esta reflexión: “No me imagino qué puede tener de malo hablar bien lo que uno habla. Y por qué esa inquina con el andaluz. Yo que ellos, me lo haría mirar.” Justo debajo, la página incluye un renglón con la información que acabamos de citar: “Antonio Rodríguez Almodóvar es académico correspondiente de la RAE en Andalucía”. Efectivamente, así es(9). 
 
Manuel Rodríguez Illana
 
NOTAS.
 
 
REFERENCIAS
 
CÉSAIRE, Aimé (2006): Discurso sobre el colonialismo. Madrid: Akal. 
DUSSEL, Enrique (2004): “China (1421-1800): razones para cuestionar el eurocentrismo”, Archipiélago. Revista cultural de nuestra América, número 44, año 11, abril-junio 2004. revistas.unam.mx/index.php/archipielago/article/.../19688/18679  
GONZÁLEZ PULIDO, Javier (2005): “La 'Catalanofobia', expresión ideológica de masas del españolismo”, https://nacionandaluza.files.wordpress.com/2015/12/lacatalanofobiaexpresiondelespac3b1olismo_j_g_pulido.pdf
MORENO CABRERA, Juan Carlos (2014): Los dominios del español. Guía del imperialismo lingüístico panhispánico. Madrid: Euphonía Ediciones. http://www.euphoniaediciones.com/plataforma/libros/los-dominios-del-espanol-13-45-1-2-1 
- (2013): La manipulación de la lingüística al servicio del nacionalismo españolista. El caso del andaluz en la fonología de la nueva gramática de la RAE y la ASALE. https://creandopueblo.files.wordpress.com/2012/12/moreno_manipulacion_espanolista_andaluz2.pdf 
- (2011): «Unifica, limpia y fija.» La RAE y los mitos del nacionalismo lingüístico español. En SENZ, Silvia y ALBERTE, Montserrat: El dardo en la Academia. Esencia y vigencia de las academias de la lengua española. Barcelona: Melusina.
- (2010): Lengua / nacionalismo en el contexto español, http://bretemas.blogaliza.org/files/2010/06/Texto_Juan_Carlos_Moreno_Cabrera.pdf
PORRAH BLANKO, Huan (2000): ¡Ehkardiyea l'armáziga k'ai hugo! Antolohía 'e tehtoh en andalú der Huan Porrah Blanko. Donostia: Iralka. 
VV.AA. (2016): Lengua castellana y literatura 1 - Andalucía. Barcelona: Vicens Vives.