Viernes 14 Diciembre 2018

ORÍGENES DEL INTEGRISMO ISLÁMICO (1)

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lapidacionLa cuarta (2) y, desde hace quince años, principal fuente de integrismo es la preponderancia de Arabia Saudí (3) en el mundo musulmán, gracias a sus recursos petroleros.
 
Los dirigentes saudíes pueden, gracias a sus inmensas riquezas, financiar en el mundo entero movimientos islámicos para servir a sus designios. 
 
La preocupación esencial de los dirigentes saudíes consiste en camuflar su total sumisión a Occidente. Desde 1913, aún antes de crear su reino en 1928, Abd el-Aziz firma con Gran bretaña el tratado e Katia, por el cual Gran Bretaña recompromete a defenderlo y, a cambio de lo cual, él sigue las huellas de la política británica. Estas relaciones de protección del uno y docilidad del otro, fueron renovadas mediante el tratado de Djedda en 1927. Inglaterra respetó sus compromisos: en 1948 aplastó el levantamiento armado de Katia.
 
Sesenta años después, al día siguiente de la revolución iraní, Reagan proclama: “Jamás permitiremos que Arabia Saudí se convierta en otrob Irán”.
 
En Agosto de 1990, los dirigentes saudíes desenmascaran plenamente su actuación al servicio del colonialismo: brindan a los Estados Unidos el pretexto para una ocupación masiva el Golfo Pérsico, pidiendo que los “defiendan”.
 
En realidad, lo que teme el Rey Fahd, después de la expulsión del Emir Sabbah de Kuwait, no es una invasión sino un contagio. Porque su monarquía es la imagen de la monarquía kuwaití: arbitrio absoluto del Rey.
 
Todos los ministros son miembros de la familia. Como en Kuwait. Pero aquí, ni el Pueblo ni la Nación desempeñan papel alguno en el Estado. Ni siquiera una ficción parlamentaria o electoral, al menos, una Constitución.
 
Este régimen sin raíces populares y sin sostén político, solo se mantiene, al cabo de tres cuartos de siglo, gracias a la protección inglesa y, en la actualidad, americana. Cuando el Rey Fahd, que se pretendía “protector de los santos lugares”, invita al ejercito americano a ocupar el País, continúa esta tradición de vasallaje y confirma su papel de agente de la CIA y de los Estados Unidos en Oriente Medio.
 
Las esperanzas americanas, después e la caida del Shah, se trasladaron al Rey Fahd, quien debía cumplir las mismas funciones (4). La analogía es contundente: las “colocaciones” saudíes en los Estados Unidos, superiores a las del Shah en otra época, superan los 172 mil millones de dólares, una gran parte en bonos del Tesoro, directamente a disposición del Ejercito de los Estados Unidos y de Israel. Estas colocaciones sirven de garantía para asegurar la docilidad del vasallo, como otrora el bloqueo de los fondos del Shah cuando la revolución iraní.
 
La CIA vela por el secreto de estas inversiones. Casey, ex Director de la CIA, alardea en sus memorias de haber obtenido del Rey Fahd 200 millones de dólares en 1984 y 240 millones en 1985.
 
Un ejemplo de esta vigilancia de la CIA es la captura, por parte de sus agentes, de todas las grabaciones de sesiones dedicadas a Arabia Saudí por la Subcomisión de la Cámara de Diputados norteamericana, encargada de investigaciones sobre inversiones extranjeras, el 6 e Mayo de 1982. El 17 de Febrero de 1982, el Presidente Reagan había dirigido una carta personal a los miembros del Congreso para explicarles la necesidad de este secreto. Esta connivencia permite a las compañías norteamericanas, sobre todo la Bechtel Corporation, que cuenta con dos dirigentes de la CIA en su estado mayor, ser el instrumento de los Estados Unidos en el Medio Oriente.
 
En esta colonia, el ejército americano tiene sus bases. Cuenta con la sumisión de Arabia Saudí y puede entregarle las armas más sofisticadas, desde los aviones Awac (que costaron ocho mil quinientos millones, sin contar las comisiones, y permiten al ejército americano, que posee todos los laboratorios de desciframiento en el territorio, controlar todos los movimientos en el Golfo) hasta los misiles portátiles Stinger.
 
El presupuesto de ejército represivo representa el 30% del presupuesto de Arabia Saudí, que es el segundo país del mundo, después de los Estados Unidos, en gastos militares per cápita. Desde luego, estos armamentos solo se entregan con la expresa condición de utilizarse contra otros países musulmanes. La fuerza de represión saudí, la Guardia Nacional, fue adiestrada por los instructores de la Vinnel Corporation de los Estados Unidos. El 1 de Agosto de 1987, el general alemán Ulrich Wegwnel, técnico en represión, fue designado organizador de las fuerzas de represión saudíes.
 
La dinastía de los Saud enmascara este vasallaje con una ostentosa de lo que ella denomina “Islam”: la observación puntillosa de ritos despojados de toda interioridad, una lectura literalista y reaccionaria del Corán, el respeto ciego por tradiciones (5) que implican la veneración incondicional del Poder y de sus “doctores de la Ley”, cortesanos de los príncipes (6) que sirven – como en todas las religiones utilizadas por el Poder – como “opio de los pueblos”. Esta manera de “aplicar la Shari’a”, cortando la mano al ladrón, es particularmente significativa en Arabia Saudí.
 
La hipocresía es mucho más flagrante porque los ejecutores saudíes de estas penalidades macabras solo condenan a los pequeños delincuentes. En efecto, jamás se corto la mano a los príncipes que reciben de las grandes firmas occidentales 500 millones de dólares “por debajo de la mesa”, por órdenes de armamentos o grandes obras, y que camuflan estas fortunas nacidas de la corrupción colocando miles de millones de dólares en Estados Unidos, o los despilfarran en los casinos de Divonne o en orgías en Marbella.
 
Los canales de esta influencia deletérea, generadora de todas las variantes del integrismo, son múltiples. Ante todo está la designación y el envio a todo el mundo de gran cantidad de imanes para dirigir las mezquitas (7).
 
Pueden ser de diversas nacionalidades, siempre que estén forjados el molde saudí (8) de dogmatismo, literalismo y oscurantismo.
 
Los saudíes (9) financian mezquitas lujosas, como las de Ginebra (10) o gigantescas, como las que se proyectan para Roma o Madrid (11). Y ello sin tener en cuenta las poblaciones afectadas ni su reacción de desconfianza ante empresas que no surgen de las comunidades musulmanas locales, que son obras e una potencia extranjera (12). Estas operaciones políticas no ayudan a hacer conocer a los no musulmanes el mensaje del Islam, pues no suponen ningún esfuerzo para difundir el Islam de una manera accesible para quienes no han nacido en él. Centros Culturales abiertos a todos, y que ofrecerían un lugar de plegaria para los musulmanes, mostrarían puede expresarse, como en el primer siglo de la Hégira, en el idioma y la cultura de todos los pueblos. En cambio, estas mezquitas “paracaidistas” encierran a los musulmanes en un gueto donde se cultiva la diferencia, donde se fomenta el aislamiento y la desconfianza, en un ritualismo sin alma calcado del modelo saudí. Es notable que en los Estados (13) como Francia, Italia o España, donde se presentan mil obstáculos a las comunidades musulmanas cuando desean crear a sus expensas modestos lugares de oración, se acepten con la mayor facilidad (14) mezquitas pagadas por Arabia Saudí (15).
 
Los libros y folletos “islámicos” de origen saudí (16) reflejan y perpetúan esta cerrazón. En las mezquitas de la India, país de vieja y profunda tradición espiritual, se distribuyen gran cantidad de folletos sobre la plegaria, los cuales reglamentan los gestos, como en un manual de gimnasia, sin invocar en ningún momento la interioridad de la relación con Dios (17). En África, donde el Islam penetró tempranamente y donde nacieron las corrientes autóctonas, a la vez místicas y orientadas hacia la acción, como la de Amadou Bamba, para quine “el trabajo es una forma de la plegaria”, se desarrolló, sobre todo después del auge del petróleo, una penetración saudí para la cual solo cuanta la cantidad de “conversiones”.
 
Aunque se valgan del mismo método que las más antiguas misiones cristianas de tiempos del colonialismo, otorgando ventajas materiales a los “conversos”. Este “Islam” del petróleo es la marea negra que sumerge al Islam coránico y profético.
 
El ejemplo más típico de esta degradación de todo lo que podría preparar la renovación de un Islam viviente es la historia y la evolución de los Hermanos Musulmanes.
 
En el siglo XIX aparece una tentativa de renovación de un Islam viviente, contra un Islam esclerotizado por el integrismo. El camino fue abierto por Jamal ad Din el-Afghani (1838 – 1897), que en 1883 sostuvo en París una sonada controversia con Ernest Renan.
 
Renan había dado una conferencia en la Sorbona acerca del Islam y la Ciencia. El-Afghani, sin titubear en situarse en el terreno e Renan para refutarlo, le responde en un artículo publicado en el Journal de Débats del 13 de mayo del 83. Este escrito constituye un hito en la historia del Islam moderno: por primera vez en siglos, a la manera de los grandes pensadores musulmanes que se esforzaban por conocer desde dentro las grandes culturas del mundo – como hicieron Al Biruni con la mística hindú, Averroes con el pensamiento griego e Ibn Hazm, que escribió la primera historia comparada de las religiones -, El-Afghani había viajado y escuchado mucho.
 
En la India había conocido la espiritualidad de los sabios, en Constantinopla había enfrentado a la mayor autoridad musulmana del califato turco, el Sheik al-Islam Hassan Fahmi Efendi, el mayor exponente del integrismo de la época.
 
El-Afghani de vio refugiarse en Egipto, donde hizo escuela. Uno de sus discípulos, Mohamed Abdou, llegó a ser Gran Muftí de Egipto y Rector de la Universidad de Al-Azhar. Encabezó un gran movimiento de reforma que devolvería al Islam su carácter universal y se abría al diálogo con los hombres de fe de otras religiones. Es lo que intentó, aún con mayor fuerza, el gran poeta indio Mohamed Iqbal (18877 – 1938) en su libro: Reconstruir el pensamiento religioso del Islam.
 
En el camino abierto por El-Afghani y Mohamed Abdou, el egipcio Hassan el- Banna (1906 – 1949) funda en 1928 la organización de los Hermanos Musulmanes, para devolver al Islam su primitivo dinamismo, más allá de los siglos “en que se aplicaron al Islam imágenes y definiciones que fueron utilizadas de manera nociva”. Se trataba de reencontrar la fuente en su punto de surgimiento, para luego, a partir de allí, actuar como los hombres
de su tiempo, conscientes de los problemas actuales y aportándoles una nueva repuesta. Militar para un Islam viviente que anime un sistema global de vida, desde la economía a la política y la cultura.
 
Lejos de todo sectarismo, Hassan el-Banna hace entrar cristianos en sus organismos dirigentes. Sin confundir modernización con occidentalización. Hassan el-Banna esboza una modernidad islámica al crear un Estado en el estado, basado en la justicia social: por ejemplo, interpreta el zakat – obligación religiosa de ceder una parte, no de nuestros ingresos, sino de nuestra fortuna – como una forma de impuesto muy gradual. Crea una red de cooperativas en las aldeas, bancos cooperativos locales con autogestión.
 
Sienta las bases de una profunda reforma de la enseñanza, para liberar a los menospreciados d la dominación económica y política de las potencias extranjeras, de los feudos, de los magnates egipcios y la burocracia a su servicio.
 
En 1948 se alía con los comunistas y con el movimiento socializante Egipto Joven, para combatir la dominación inglesa y el gobierno de los colaboracionistas corruptos. Hassan el-Banna fue asesinado el 12 de febrero de 1949.
 
Cuando Nasser Toma el poder mediante la asonada del 23 de Julio de1952, los Hermanos Musulmanes constituyen la base popular necesaria para su éxito. Los Hermanos Musulmanes, que hacen suya esta revolución, definen de inmediato su programa:
 
1. Trabajo para todos.
2. Solidaridad social para con los más pobres.
3. Limitación de los latifundios agrarios.
4. Estatuto para los granjeros arrendatarios, para que la tierra pertenezca cada vez más a quienes la trabajan.
5. Legislación laboral para proteger a los trabajadores.
6. Reforma de la función pública para combatir la burocracia y el centralismo, reduciendo la escala de las numeraciones.
7. Abolición de los privilegios.
8. Transformación de la mezquita en centro de animación de la vida social, religiosa y cultural.
9. Se exige la partida de los ingleses de Egipto como condición previa de esta profunda reforma.
 
Es un programa al de los Oficiales Libres nasserianos, de los cuales un tercio son Hermanos Musulmanes. Pero muy pronto, en dos años, se
manifiestan divergencias: Nasser, futuro campeón del “no alineamiento”, busca en 1952 aproximarse a Occidente. En Julio de 1954 firma un tratado
con Inglaterra y concentra en sus manos todos los poderes. Ya no tiene en cuenta las radicales medidas propuestas, en nombre del Islam, por los
Hermanos Musulmanes.
 
Después de un atentado, real o fingido, efectuado contra Nasser en Alejandría el 23 de Octubre de 1954, Nasser inicia una represión despiadada
contra los Hermanos Musulmanes (18), represión que solo cesa en 1977 (19): cárcel, tortura, campos de concentración, ahorcamientos, ejecuciones
sumarias.
 
No obstante, en las cárceles se realiza una tarea de elaboración doctrinal cuyo principal teórico es Sayyid Qutb (1906 – 1966), responsable de los
“Hermanos de las prisiones”. Su libro Hitos en el Camino, se basa en un comentario el Corán, interpretado de manera radical y subversiva. En sus
obras precedentes - La Justicia Social en el Islam y El combate entre el Islam y el Capitalismo – define aquello que el Jeque Muhanmad al-Ghazali
denominaba “socialismo islámico”: reforma agraria, reestructuración de la sociedad que impida la acumulación e riquezas en un polo y la miseria en el
otro, pues la propiedad en el Corán es una función social y no un derecho incondicional.
 
Pero durante la década de los 60 hay un giro en la orientación de los Hermanos: los que habían logrado escapar a la represión huyendo de
Egipto, estaban en el exilio, muchos de ellos en Arabia Saudí y en el Golfo.
 
Su “fundamentalismo” que era, junto con el de Hassan el-Banna, un retorno a las fuentes vivientes del Islam “matinal” para vivir la modernidad como
musulmanes, se transformó en retorno a la “tradición” fosilizada. Traición que defiende y propaga el integrismo saudí, que remite, según la lectura e
los príncipes y los ulemas cortesanos, ala obediencia incondicional a los soberanos, los cuales se consideran depositarios de la voluntad de Dios.
Los dirigentes saudíes defienden los escritos de Ibn Taymiyya: “El Sultán – el poder político – es la sombra de Dios en la tierra”. También: “Sesenta
días de reinado de un dirigente injusto son mejores que una noche de desorden”. La sumisión incondicional al déspota y al “clero” reemplaza la
soberanía de Dios que, en el Corán, relativiza en cambio toda soberanía terrena.
 
Esta falsificación tradicional de las enseñanzas el Corán se remite a los orígenes mismos de la monarquía hereditaria, excluid por el Corán. El
primer Omeya, Mu’awiya, ya decía: “La tierra pertenece a Dios y yo soy su lugarteniente”. Un siglo después, Abbu Jafu al-Mansur (754 – 775), el
segundo Abásida, retoma el mismo estribillo: “¡Oh gentes!, nos hemos transformado en vuestros jefes en virtud del derecho que Dios nos ha
otorgado… Yo soy el lugarteniente de Dios sobre la Tierra”.
 
Esta es la perversión fundamental: el califa se considera: “lugarteniente e Dios”, cuando es solo un “sucesor” del Profeta. En el Corán, Dios dice a
Muhammad: “Juzga entre los hombres según lo que Dios te hace ver” (IV, 105 y IV, 65). En esa ocasión se dirige únicamente al Profeta. La lectura de
los príncipes constituye una usurpación de la calidad de Profeta y de los derechos divinos.
 
A partir de allí, se opera una mutación radical en la orientación de los Hermanos Musulmanes. En 1961 se publica en Djedda el libro del jefe iraquí
de los Hermanos, Mahmud al-Sawwaf: Nada de Socialismo en el Islam.
 
Cuando en 1970 Anuar el-Sadat llega al poder y se acerca a los Estados Unidos y Arabia Saudí, los Hermanos Musulmanes exiliados regresan del
Golfo, donde las concepciones de Hassan el-Banna sobre los pequeños bancos islámicos cooperativos sirven e justificación teórica para la creación
de poderosos bancos llamados “islámicos”, dirigidos por millonarios. Estos tienen poco interés en la inversión productiva para el desarrollo del Tercer
Mundo, y además especulan en los mercados financieros occidentales, sobre todo americanos. Ciertos subterfugios, como el cambio de la tasas de
dividendos todos los años, logran encubrir que se trata de intereses – y de la “riba”, la usura (20) -, como en todos los bancos.
 
Los Hermanos que han vuelto del exilio ingresan en la política, el comercio o las finanzas y, más directamente, como “consultores” de los bancos
islámicos.
 
Una tremenda tiranía se disimula detrás de la presunta “aplicación de la Shari’a”,que consiste en confundir con la “Ley divina” algunos versículos del
Corán, aislados de su contexto y de la situación histórica en que “descendieron”, tales como cortar las manos del ladrón o exigir la discriminación y situación inferior de la mujer.
 
Los integristas dan del Islam la imagen que desean darle sus peores enemigos. Abundan los ejemplos: cuando el dictador de Sudán, Numeiry,
celebra en 1983 el aniversario de su sanguinaria “aplicación de la Sharí’a”, los dignatarios religiosos convergen en Jartum para exaltar al déspota y su
“justa aplicación de la Shari’a”. En cuanto Numeiry fue destituido y se suspendió la “aplicación de la Shari’a”, el silencio reinó entre los doctores de
la Ley.
 
Uno de los teóricos más influyentes del islamismo integrista es el paquistaní Mawdudi, muerto en 1979, quién definió la política “islámica” según cuatro
principios: poder fuerte a los doctores e la Ley, sumisión del pueblo a este poder, sistema de pensamiento moral impuesto por este poder, retribución
y recompensa a quienes aplican sus reglas. No hay mejor modo de definir el integrismo.
 
Sus obras gozan de gran difusión en el mundo entero gracias a los dirigentes de Arabia Saudí. Recordemos que Mawdudi dio su acuerdo y su
respaldo ala dictadura de Ziu l’Haqq en Paquistán.
 
Roger Garaudy
 
Notas
1. Artículo constituido por la transcripción completa del capítulo 7, “el integrismo saudí y los Hermanos Musulmanes”, del libro de Roger Garaudy:
“Los integrismos. Ensayo sobre los fundamentalismos en el mundo”.
2. En capítulos anteriores, el autor señala como las otras tres:
1) La opresión y represión de la identidad por el colonialismo occidental.
2) La decadencia ético-moral de la civilización occidental.
3) La política sionista, como continuismo colonial occidental.
3. Y, por extensión el resto de emiratos y principados del Golfo. En el caso andaluz, habría que añadir a la monarquía alauí de Marruecos.
4. El Shah de Irán llegó al poder en 1941 sustituyendo a su padre, que fue depuesto en 1941, por Inglaterra y la URSS. Tras la revolución nacionalista de Mosaddeq se exilio, pero volvió con ayuda americana. Fue conocido como el “Gendarme del Golfo” de los intereses occidentales en la región.
5. Establecida en su momento por la élite gobernante y sin base islámica.
6. Del poder establecido en cada momento.
7. En el caso andaluz habría que añadir a la monarquía alauí marroquí.
8. y 9. E, igualmente, del resto del Golfo y marroquí.
10. En el caso andaluz, habría que añadir la financiación de otras mezquitas más pequeñas, así como de otros “centros” más modestos, destinados al
control de los musulmanes autóctonos.
11. El texto es de 1990. Ambas ya se encuentran en funcionamiento en la actualidad. La de Madrid se encuentra junto a la M-30.
12. O de dirigentes de asociaciones locales al servicio ideológico de dichas potencias y que se arrogan la representatividad del colectivo musulmán.
13. En el original, el autor usa el término: País.
14. Se refiere a la facilidad y complacencia de las “autoridades”. Los obstáculos suelen venir por la oposición vecinal de los lugareños.
15. Y, por extensión, del resto de emiratos y principados del Golfo, así como la monarquía alauí marroquí.
16. O de procedencia del Golfo o de la monarquía marroquí.
17. La traducción de Allah al castellano es: El Dios (Al Lah), en referencia al Dios único de la tradición abrahámica.
18. Así como contra sus antiguos aliados de la izquierda, en especial los comunistas.
19. Más que cesar, disminuye. Desde entonces son “tolerados”,
20. La Ley islámica prohíbe el cobro de intereses, la usura.