Martes 24 Abril 2018

EUROPA, UNA IDEOLOGÍA COLONIAL

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Imperialismo europeoEuropa Tiene sus raíces culturales en la idea colonialista de la <<civilización europea>>; una visión fenomenológica, una visión experimental del sionismo cristiano: en adelante no existe otra cultura, civilización o progreso que el individual, mediante la conversión al europeísmo.
 
Esta tendencia a creer que la historia comienza a partir del eurocentrismo y a concebir el pasado, o las otras civilizaciones, en términos de preparación y expectación por este advenimiento, es por desgracia la visión subjetiva, inmediata, empírica del europeísmo. Con una concepción semejante de la historia, escrita en futuro perfecto, los europeístas se consideran a la vez como el resultado de toda la epopeya humana, un fin de la historia, y una especie de acontecimiento o advenimiento absoluto. A partir de esta referencia, las otras civilizaciones no europeas o de cuño occidental, se convierten en primitivismo, y toda creación nueva no europea u occidental –República Islámica de Irán, Intifada palestina, Movimiento Islámico en Túnez, Afganistán, etc.- es catalogada como retrógrada y antisocial.
 
Pero ello, no es nuevo en el devenir de la llamada cultura occidental, no es patrimonio exclusivo de la esperanza profética, de la promesa y de la elección divina, es un precedente; la cultura griega, con su desprecio y engreimiento respecto a todas las demás, es otra; los romanos, con su vanidad, su complejo de superioridad y excepcionalismo, siguen a la saga; la Iglesia y el Imperio que les heredará, apropiándose lo universal como <<católico>>, su triunfalismo jerárquico y paternalista, sintetiza esta vocación. Los occidentalistas modernos han hipertrofiado, sublimando esta vieja tendencia con el laicismo al que dan en llamar progreso, con el europeísmo al que dan en llamar Mercado Común.
 
La restricción al fenómeno, a la realidad aparente de toda cultura o cotidianidad, es decir, a la experiencia inmediata –Condorcet-, a la experiencia  empirismo-, es característica de la filosofía anglosajona –Bacon, Locke, Hume-, del pragmatismo americano –Dewewy-; el estrecho desarrollo del materialismo mecanicista francés de Diderot, Holbach, la Enciclopedia, o Augusto Comte; el materialismo economicista del marxismo y las diferentes opciones socialistas, son escuelas en su conjunto de vía estrecha que en nuestros tiempos han provocado los reagrupamientos sionistasfascistas, sionista israelita, el racismo del africanismo y el antiafricanismo europeísta, así como el Mercado Común Europeo, etc.
 
Blas Infante decía que los andaluces somos euroafricanos, euroorientales, nosotros añadiríamos, euroamericanos, en un radical sentido común universal y anticolonial, sin renuncia alguna a nuestro trascendente y telúrico sentido de la soberanía y a la diferencia. En la misma época histórica, Sartre desarrollaba para Europa su socialismo africano, su <<identidad>> para el Tercer Mundo. La escuela de Sartre ha sido quizás la más útil al imperialismo de la Comunidad Económica Europea, más que cualquier otra rama del socialismo. Los principales Estados que organizan las potencias colonizadoras en Africa, han sido guiados por una pequeña casta <<socialista>>, semicolonial y burocrática, favoreciendo el imperialismo y colaborando, sin dificultad, con el régimen abiertamente racista de Africa del Sur – FRELIMO, MPLA, Partido de Holden, ZANU, ZAPU en Rodesia, etc.-.
 
En los mismos países del Mercado Común, por razones histórico-raciales, los inmigrantes musulmanes: argelinos, turcos, marroquíes, senegaleses, etc., hacen el auténtico trabajo de <<burros>>. Dicho trabajo es normalmente infravalorado por una Europa racista que considera que el trabajo <<blanco>> cuenta más que el trabajo <<negro>>. Esta manera de pensar forma parte también de la mentalidad del socialismo europeo. El autointerés lo invade todo. La volverse la vida una relación de compraventa, puede ganarse en ella, pero quedamos todos enfrentados a nosotros mismos. De este modo, el colonialismo occidental caricaturiza la >>insignificancia humana>> que consagró el puritanismo anglosajón. La CEE se mueve para obtener un beneficio que no emplea en mejoras personales, sino en un mayor y nuevo beneficio, en una economía y una vida de usar y tirar que no nos hace más felices ni favorece realmente el progreso. Occidente se ve a sí mismo y a las civilizaciones como inteligencias sin moral ni recuerdos, sin sentido trascendente alguno, disfrazado, a menudo, de un falso bien común, que jamás se ha logrado, ni tratado de lograr seriamente.
 
Las llamadas economías de <<subsistencia>> y <<tradición>> son eufemismos europeos al servicio de las industrias primarias coloniales, desarrollados por la ideología sionista en la imaginación de los pueblos que coloniza. El papel ejercido por la mitología sionista es inmenso y no podríamos explicar la eficacia, a escala mundial, del <<lobby>> sionista, sólo por la potencia de su organización y los enormes medios políticos y económicos de que dispone, gracias sobre todo al apoyo decidido e ilimitado del Estado Británico y su principal adalid, los Estados Unidos de Norteamérica. Esta burda mitología sionista y sus sangrientas consecuencias históricas son imposibles de comprender si no recordamos la manipulación ideológica de siglos que vindica Occidente, desarrollando el sionismo a través de las iglesias cristianas, cultivando un terreno fácil de explotar por las ideologías racistas y el sionismo político, fundamento de todo colonialismo y superexplotación. Todos estos factores juntos, fomentan en el terreno económico un ejército de reserva de desempleados que asciende a más de dos mil millones de personas, violenta y brutalmente controlados en bolsas de desempleo en las respectivas metrópolis, o cruelmente violentados, ignorados por ejércitos semicoloniales <<independientes>> de que dispone el capital europeo y americano en el llamado <<Tercer Mundo>>.
 
La ideología sionista camufla muchas de las relaciones sociales del colonialismo, impidiendo a la mass-media europea, educada como está, en ideologías o filosofías empírico-pragmáticas, por una parte, y por las iglesias cristianas con sus mesianismos y actitudes paternalistas, por otra, tomar conciencia de la infelicidad general y de las gravísimas consecuencias que se devengan del racismo, el exclusivismo y el colonialismo. Sin embargo, para las víctimas coloniales no europeas u occidentales de este sistema, los resultados son más fácilmente comprensibles, ya que se relacionan con su experiencia de víctimas, la cual es distinta a la experiencia europea del colonialismo. Para entender el proyecto colonial de la CEE, tanto hacia el interior de sus Estados miembros como hacia el exterior, es imprescindible una aproximación no europea, una aproximación que no sea resultado de la alineación de esa tiranía de conciencias que supone la civilización occidental.
 
En la actualidad, la esencia del racismo y el colonialismo es de nuevo falseada e invertida por el modelo eurocéntrico, por el Mercado Común y sus Estados miembros.
 
El colonialismo estaba en el origen y nacimiento del Estado. No existe nada semejante a un Estado sin la estructura colonial, no hay un solo Estado no colonialista. Se practica una colonización dirigida al interior del propio Estado, respecto a los diferentes pueblos y personas que domina y administra; otra hacia el exterior, competitiva con los otros Estados, pueblos y personas con los que mantiene relación; multinacionales, balanza de pago, dependencia, guerra de mercados, armamentismo, etc.
 
Escribe Hosea Jaffe que la Comunidad Económica Europea es una organización de Estados identificables con el colonialismo: Italia tiene amplios intereses coloniales en Asia, Africa, Brasil, Argentina, etc.; el Estado alemán fue una de las primeras potencias coloniales del mundo a través de la Liga Anseática, financiando las primeras expediciones del Estado portugués a Africa, Asia y las Américas. El Estado alemán continúa ejerciendo este papel de banquero colonialista, de imperialismo oculto. Otras expresiones de este mismo colonialismo son Dinamarca, Holanda, Noruega, Suiza, etc. El Estado español es indiscutiblemente colonialista, con semicolonias y colonias internas (al-Andalus, Canarias, Euskadi, Galicia, etc.), bases semicoloniales en el continente centro y sudamericanos. El modelo piramidal de los Estados británico y francés con sus vértices colonialistas y sus bases coloniales constituyen por sí solos imperios económicos. En la actualidad, el Estado alemán es líder en el comercio mundial y el segundo en inversiones coloniales a través de
préstamos y ayudas de la CEE; la unificación del Estado alemán es una petición imperialista de hecho; así es también la unidad europea del Mercado Común, o la prédica del retorno de los judíos a Palestina.
 
Mientras se gastan discursos y tinta hasta la saciedad sobre la Europa unida, se trabaja activamente en la división y una mayor fragmentación de otras civilizaciones y culturales. Tras el irracional e inhumano reparto de la Umma Islámica administrada por los otomanos, creando naciones-Estado tan ahistóricos y anacrónicos como los inventos ingleses del Egipto de los faraones, de la Persia sasánida, la Arabia preislámica, Siria o Libia, se lleva a cabo una nueva división en Nigeria con Biafra, apoyada esta secesión por el Estado racista de Africa del Sur, los Estados francés, portugués y las compañías petrolíferas. La secesión del sur del Sudán es promovida por los misioneros católicos colonialistas y los intereses ingleses sobre el algodón. Etiopía sufre la secesión de Eritrea, siendo ésta, incluso en el nombre, una invención italiana del siglo XIX. La India, tras la creación artificial e invención británica de Bangla Desh; incluso el nombre fue inventado por los agentes ingleses; la izquierda británica estuvo de acuerdo siguiendo a Witehall, Oxfam, la Iglesia Anglicana y las otras iglesias cristianas en esta operación antiislámica. También participaron en este plan colonialista los propietarios británicos de las plantaciones de yute y de té, inculcando a su vez una mentalidad de esclavismo y fuerte complejo de dependencia.
 
El colonialismo ha dado a los Estados europeos la mayor parte de los bienes raíces del planeta y del capital variable, el trabajo. Occidente ha matado más personas en Africa, Asia, América y Oceanía, que las que constituían la población europea del siglo XIX. En realidad, desde el siglo XVI en adelante, por cada siglo, el colonialismo europeo ha matado tantos habitantes de las colonias, como la población media de Europa en aquellos siglos. Ha destruido, por otra parte, más edificios, obras de arte, trabajos de irrigación, escuelas, culturas y ciudades, que cuantas fueron anteriormente destruidas en la totalidad de la historia humana. Utilizando los tres grandes inventos chinos –la pólvora, la brújula y la imprenta- los Estados europeos, con el apoyo decidido de las iglesias cristianas y la colaboración de los judíos de formación occidental, controlaron con un colonialismo oculto el Oriente Medio y los accesos hacia Asia.
 
J. Betelheim, Samir Amin, Alexandre Faire, Hossea Jaffe, Gustave Massiah, entre otros muchos, manifiestan que el llamado <<progreso>> europeo, occidental, se viene haciendo a costa del resto del mundo. Europa ha crecido en su economía a fuerza de extorsiones y parasitismo. Europa a subsumido en un enquistado atraso a los <<continentes colonizados>>, primero a través de la guerra de conquista, después con el tráfico de esclavos y las devastadoras matanzas, finalmente a través de un sistema de explotación sistemático y su connatural dominación. Dicho enquistamiento, junto a la reiterada destrucción de las otras culturas y civilizaciones humanas, hacen imposible cualquier intento de auténtica sociabilidad, de auténtico diálogo. La sociedad occidental, nacida como amparo de la inerme e impune agresión a los otros pueblos y civilizaciones, se ha trasmutado en una espesa jungla regida por lo que llamamos ley de supervivencia, que consiste en la destrucción de cuanto entendemos que nos perjudica. A partir de la intervención del comodoro Perry, Japón se integró también en el modelo occidental de desarrollo, dirigiendo una política colonialista hacia otras áreas a causa de la misma insuficiencia natural en su propio territorio, acumulando materia bruta, mercado, tecnología y capital, de igual forma que con anterioridad lo había hecho Occidente, que una vez abierto el apetito, había conducido a los Estados coloniales europeos al saqueo del mundo. Pero lo más grave es que la mayor parte de los colectivos humanos en Occidente, se han vuelto ciegos, si no asesinos –como escribe Antonio Gala-, a todo lo que no le atañe de un modo directo, o a lo que contradice la más pequeña de sus comodidades.
 
El proceso de acumulación de riquezas primarias a través del colonialismo, dio a Europa el monopolio sobre la riqueza y el capital. La pregunta de ¿por qué el capitalismo no comenzó también fuera de Europa?, se cae por su peso. El capitalismo no ha comenzado fuera de Europa, porque las premisas de excepcionalismo, elección, racismo y agresión, nunca han aparecido en ninguna otra cultura o civilización que pudiera personificar tan cruel e inhumana insolidaridad. Ya S. Pedro, el primer Papa, aplicaba a la Iglesia lo que se había dicho de la antigua Alianza respecto al excepcionalismo judío: <<Vosotros, sois la raza elegida, la comunidad sacerdotal del Rey, la nación santa>> (1 Pedro 2-9). Las iglesias cristianas en el curso de los siglos, han procedido a una asimilación triunfalista entre la Iglesia y la Ciudad de Dios de S. Agustín. Esta idea de <<elección>> engendró nuevas insolidaridades y agresiones, se consideraron funcionarios de lo absoluto y esta pretensión engendró, racismos, marginalidad, colonialismo... Incluso el Concilio Vaticano II, condenando esta discriminación, dicha monstruosidad histórica, mantiene inevitablemente su germen al perpetuar la idea maldita del <<Pueblo Elegido>>, tan radicalmente excluido del mensaje evangélico cuando éste es abordado en su totalidad y no a partir de fórmulas sacadas de su contexto. Todaslas guerras entre el sionismo cristiano y el sionismo judío, al igual que su mutua colaboración, radican en la disputa permanente por la posesión exclusiva de ser <<Pueblo Elegido>>. Fuera, pues, de la cultura judeocristiana no es posible el colonialismo, el capitalismo como sistema. La intolerancia, la intransigencia, la inflexibilidad, la egolatría y el inmediatismo son las <<virtudes>> de un mundo occidentalizado, donde la insolidaridad humana se ha convertido en dictadura insustituible y absoluta.
 
El Renacentismo y los sucesivos progresos culturales en Europa fueron una aportación intelectual de toda la humanidad, gracias a la extraordinaria civilización profética, la civilización islámica; puente y comunicación entre Oriente y Occidente, salud intelectual para el mundo entero. Pero estas conquistas inmortales de la civilización mundial han sido denominadas con arrogancia <<civilización europea>>, ¡gravísimo error!. Esta civilización mundial fue construida lejos de Europea: China, Japón, la India, la Umma del Islam, Aztecas, Incas, las culturas de Java, centro y sur de Africa, con sus extraordinarias civilizaciones tribales.
 
El colonialismo aumentó las enfermedades, asesinó a centenares de millones de personas, aumentó el analfabetismo en la mayor parte del planeta, por ejemplo, donde se leía y escribía en árabe fueron cerradas las escuelas y universidades, sofocadas las artes y los oficios en tres continentes. Aumentó la mortalidad infantil y adulta a causa de la destrucción y las enfermedades. Se destruyeron técnicas y trabajos de irrigación que eran auténticas maravillas, por ejemplo en la Umma del Islam. La India, China; se arruinó el suelo y la agricultura con el monocultivo, erosionando los suelos del centro y sur de Africa, destruyendo sabanas y selvas, los pulmones del planeta. Ellos fueron los procesos <<idílicos>> que formaron los factores primarios de la acumulación primaria (Marx, El Capital, Vol. I).
 
Durante la fase ascendente del colonialismo, Europa se apropia no sólo de invenciones chinas de gran alcance, también lo hace con las matemáticas y las ciencias de la cultura hindú y la civilización musulmana, órdenes artísticos y música de Asia, Africa, América, Australia; por no hablar del oro, la plata, tabaco, las patatas y el maíz americanos, la navegación y la astronomía de la Umma Islámia y la China.
 
Esta usurpación inconfesada, no impide a los europeos proclamar el mito de la <<cultura occidental>>.
 
Algo semejante ocurre con el supuesto <<griego>> del origen de la cultura europea; por ejemplo, escribe Roger Garaudy, se llaman filósofos griegos, antes de Sócrates, a una pléyade de auténticos genios del pensamiento que en absoluto eran griegos: Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Parménides, Heráclito, todos ellos escribieron en lengua griega, por ser una de las lenguas de cultura del momento, como, por ejemplo, hoy el inglés, pero todos habían nacido y vivido en satrapías del Imperio persa, Asia Menor, Mileto, Elea, Efeso, y cuyo pensamiento se nutre de la universal cultura de Oriente, Persia, el Creciente Fértil y la India. De esta forma se atribuye a Grecia algo que no es en absoluto griego ni europeo.
 
Así mismo sé llana Padres griegos en la historia profética, al florecimiento trascendente nacido en suelo asiático. Sus principales centros fueron Antioquia (en la Siria actual), Capadocia (en la Turquía actual), Alejandría (en el Egipto actual); desde Ignacio de Antioquia, Policarpo de Esmirna, Justino de Nablus (Palestina), Tertuliano, nacido en Cartago (Túnez), formado en la escuela <<montanista>> de Asia Menor; desde Clemente de Alejandría y el egipcio Orígenes a los Padres de Capadocia como Gregorio Nazianceno y Gregorio de Nicea, a Juan Crisóstomo de Antioquia, Efrén el Sirio, Cirilo de Jerusalem y Cirilo de Alejandría, hasta Juan Damasceno, ninguno fue griego y menos europeo. Las joyas espirituales más bellas del pensamiento profético de Jesús, como él mismo, nacieron en Asia y Africa, tampoco eran europeos, ni su pensamiento, occidental.
 
Hemos visto cuales son las consecuencias políticas, coloniales de esta visión cultural falseada. Desde principios del siglo XIX, la cultura se hace apologética y morbosa, como en tiempo de los griegos y los romanos, cuando la <<democracia>> para los patricios y los plebeyos se fundaba en la esclavitud de los pueblos sometidos. La <<democracia>> en los Estados miembros del Mercado Común, es un arma colonialista y déspota en los Estados-colonia. El verdadero déspota de los Estados africanos, latinoamericanos o asiáticos, no es el espantapájaros fanfarrón de turno, el verdadero dictador, el patrón, son los Estados democráticos europeos; esta realidad ha hecho a los trabajadores de los Estados europeos economicistas, inmediatistas, <<chauvinistas>> y políticamente reaccionarios. En la actualidad, el Mercado Común Europeo adolece de chabacanería económica y reaccionarismo político.
 
El pasado, el presente, ahora, es lo que hoy permite que seamos como somos. El pasado colonial y pétreo de hoy no es algo dado por la naturaleza, no es más que una invención. La historia, como la vida, carece de principio y de fin. La vida es lo más aproximado a un simple parpadeo, lo que realmente dura es la muerte. El presente del europeísmo es el último momento de esta historia, la etapa más larga, la decadencia, el aburrimiento, la muerte de una civilización universal...
 
El colonialismo occidental pretende infortunadamente volver al pasado, volver a desandar lo andado, romper de nuevo el sello, embargar el futuro de transitoriedad y sofoco racista, se vuelve a un cierto refrendo de la mística de la raza y de la tierra.
 
La ideología dominante, las religiones cristianas y judía con el desarrollo colonial, dieron origen al racismo dividiendo a la humanidad en razas. En consecuencia según el conde de Gobineau en su ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, <<toda civilización es el producto de la raza blanca, ninguna civilización podría existir sin la ayuda de esta raza...>>. A pesar del hecho que hay una sola raza humana, la raza humana misma y que esta raza es racialmente indivisible, lo que Huxley llamó <<el absurdo de las razas>>, los Estados europeos lograron desarrollar este mito trágico. La palabra raza viene del Estado español; data a partir de los Reyes Católicos y tiene su origen en las expediciones de saqueo y cruzada contra los andaluces, contra el pueblo musulmán de al-Andalus. Hacia el siglo XVIII, con Bufón, adquiere su pleno significado moderno, dando patente de corso a los conquistadores católicos y protestantes, a los traficantes de esclavos, creando el absurdo de que haya razas entre los humanos. La ideología de la raza siempre ha servido de justificación para las dominaciones y la violencia. Los ejemplos culminantes son el sionismo judío y el nazismo.
 
El racismo carece de todo fundamento científico. Desde el punto de vista biológico, la vieja teoría del <<indicador craneano>> para distinguir a los <<dolicocéfalos>> de los <<branquicéfalos>>, se ha revelado impracticable. La genética moderna, según la cual ciertos <<genes>> ordenan las propiedades serológicas de la sangre, ha demostrado la inanidad del concepto biológico de raza.
 
El colonialismo racista tiene su historia: el término <<negro>> surge alrededor de 1550, tras la conquista de al-Andalus y América por los Estados español y portugués.
 
Hacia el siglo XVIII, a consecuencia del mercado de esclavos el término negro se usa para significar algo indigno, puerco. Los términos racistas de <<africano>> y <<europeo>> entraron en el uso general en los primeros días del saqueo de al- Andalus por los cruzados y las coronas de Castilla-León y Aragón y Cataluña. La palabra <<africano>> se escribió por vez primera sobre el año 1564, y la palabra <<europeo>>, alrededor de 1603. Ya desde el principio tuvieron un contenido racista los dos términos. La persecución católica de los andalusíes, evidencia una trayectoria de abusos racistas. La palabra <<ghetto>> se usó por vez primera en Italia alrededor de 1611. La histografía, la etnología, la antropología y la biología, son manías y ciencias creadas y victimas por y del racismo. El racismo incluso entra en la criminología cuando un judío italiano, Cesare Lombroso, declaró que los <<negros>> y los <<amarillos>>> nacían criminales.
 
Otro argumento racista es el clima. En realidad, sin embargo, hay personas con piel, ojos y cabellos claros en China, entre árabes y bereberes, en zonas desérticas y tropicales; también hay personas con la piel muy oscura en el Himalaya, Tibet, Alaska y en el norte de Rusia, en regiones muy frías. Hace mucho tiempo que Darwin observó que no estaban necesariamente unidos el clima y el color de la piel, que no existe una relación directa.
 
La expansión del colonialismo occidental llevó consigo un mayor desarrollo del racismo. La emancipación incluso de la esclavitud en EE.UU., fue seguida de una mayor discriminación racista. En USA, por ejemplo, la emancipación fue <<una necesidad militar>> impuesta por la guerra a Lincoln, el cual sostenía una profunda discriminación racial. <<Diré –hablaba en Quiney en 1858- que yo no soy, ni he sido nunca, favorable de ningún modo a la igualdad social y política de las razas blanca y negra; que ni soy ni fue jamás favorable a la creación de electores o jurados de negros, ni a que se les fuese autorizado el acceso a los cargos públicos o a casarse con blancos; y diré, además, que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra>>. La leyenda de Lincoln, el demócrata, es una de las grandes mentiras de la historia de Occidente. La emancipación en la colonia de El Cabo fue otra obra racista de John Philip, en torno al cual existe una leyenda parecida a la de Lincoln.
 
Hasta hoy, la historia de Europa, permanece fiel al sentido racista de su origen, haciendo de esta teoría criminal un fundamento de excepcionalismo, de providencialismo que atenta contra la solidaridad y la universalidad, significando un gran desprecio por la cultura humana; es, por ello, lesivo a la humanidad, aceptar la ciudadanía de Europa, admitir la Europa de la CEE, roja, verde, o cualquier Europa.
 
Es probable que para ello tengamos que nacer de nuevo, seguro que merecerá la pena.
 
Abderrahman Medina Molera.