Lunes 25 Junio 2018

Lenin y la cuestión nacional. Con la vista puesta en el 4-D

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Acusar a los partidarios de la libertad de autodeterminación, es decir, de la libertad de separación, de que fomentan el separatismo, es tan necio e hipócrita como acusar a los partidarios de la libertad de divorcio de fomentar el desmoronamiento de los vínculos familiares. Del mismo modo que en la sociedad burguesa intervienen contra la libertad de divorcio los defensores de los privilegios y de la venalidad, en los que se funda el matrimonio burgués, negar en el Estado capitalista la libertad de autodeterminación, es decir, de separación de las naciones, no significa otra cosa que defender los privilegios de la nación dominante y de los procedimientos policíacos de administración, en detrimento de los democráticos1andalucia boltxevike

Nos ha parecido muy clarificante y plenamente actual este párrafo de Vladimir Ilich Lenin para entender la importancia de la cuestión nacional y la necesidad de soberanía de los pueblos oprimidos. Haciendo un paralelismo con otra importante soberanía, la personal. Solo desde esa interdependencia personal y social podremos contribuir a que cada una de nosotras y nuestro pueblo se deshaga de sus ataduras mentales y políticas. Con la vista puesta en el día de Andalucía, el 4 de diciembre, que este año celebra su 40 aniversario, nos animamos a lanzar una serie de reflexiones basándonos en Lenin dada su importancia teórica y práctica.

No es casualidad que fuera la revolución bolchevique quien defendió por primera vez la libertad de los pueblos oprimidos bajo el yugo del régimen zarista. La revolución de los soviets, entre muchos decretos progresistas, elabora, el 15 de noviembre de 1917, el decreto que garantiza el derecho general a la autodeterminación y a la separación de las naciones. El mismo día, el parlamento finlandés emite una declaración por el que asume todos los poderes como nación.

Recordar también la importancia de Lenin en Latinoamérica y su contribución a la cuestión nacional, como su figura fue aplastada y silenciada, por ejemplo, en la Argentina de los 30.000 desaparecidos2. El hecho claro es que, pese a la importancia inmensa que representó y representa Lenin en el pensamiento y movimiento revolucionario mundial, su figura ha sido vehemente y furiosamente demonizada, odiada, desde una ignorancia y anticomunismo rabioso que incluye a los movimientos de izquierdas. Igualmente, Lenin fue desterrado de la faz del estructuralismo, del postmodernismo y de todas las modas «post» que se han promocionado en la Academia europea y latinoamericana. Por supuesto, hablar de Lenin «chirría» también en los ambientes supuestamente progresistas y de izquierda de Andalucía.

Fue Lenin, no Michel Foucault, quien aporta la idea de que el poder son relaciones, una cuestión que desarrolla el dirigente ruso en El Estado y la revolución. Foucault insiste en las ideas de que la verdad de la historia es el individuo, el Estado siempre te va a matar y no importa quien ejerce la dominación, lo que realmente importa es cómo funciona (con claros tintes liberales). Pero su supuesta aportación de que la cuestión del poder son relaciones se queda ahí, no avanza en la importancia de que también son determinaciones, son relaciones de poder y de fuerza entre las clases sociales, cuestiones que siempre ha defendido el marxismo en la toma del poder3. Cuando una figura de tanto calado como Lenin es aplastada por la reacción, los reformismos y la represión ideológica, es curioso que los grandes estrategas imperialistas son los que terminan reconociendo su valor. En este sentido Néstor Kohan llama la atención sobre unos momentos de la película, Salvador Allende de Patricio Guzmán, cuando entrevistan al embajador de Estados Unidos en Chile, integrante de la CIA, y ejecutor del golpe de estado chileno. ¿Ir al socialismo sin enfrentar el aparato de Estado?, ¿qué querían inventar?, todo con una sonrisa sarcástica y burlona sobre las miles de personas muertas y desaparecidas, «esto ya lo descubrió Lenin». Enemigos claros del socialismo como los que promovieron el fascismo chileno dan la razón a Lenin en el tema del poder y de los procesos de cambios revolucionarios4.

Es por ello que su marxismo y su dialéctica supusieron una influencia tremenda para la lucha de liberación nacional de muchas partes del mundo, en latinoamericana y en pueblos africanos y asiáticos, destacándose, quizá, la lucha vietnamita como la más significativa. Pero, ¿Qué aportó y aporta Lenin en la actualidad en relación a la cuestión nacional? Consideramos que mucho, tanto para Andalucía como para otras naciones oprimidas dentro y fuera del Estado español. Al principio del texto, Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación5, Lenin deja claro que:

La época del triunfo definitivo del capitalismo sobre el feudalismo estuvo ligada a movimientos nacionales. La base económica de esos movimientos estriba en que, para la victoria completa de la producción mercantil, es necesario que territorios con población de un solo idioma adquieran cohesión estatal…, el Estado nacional es por ello típico, lo normal en el periodo capitalista6.

La historia le da la razón a Lenin en su famoso debate con Rosa Luxemburg y la cuestión polaca y rusa, donde Polonia termina transformándose en un estado independiente. Relacionado con el Estado plurinacional español, también Lenin hace una interesante reflexión citando a Kaustky:

Los Estados de composición abigarrada en el sentido nacional (los titulados Estados de nacionalidades, a diferencia de los Estados nacionales) son «siempre Estados cuya estructuración interna, por estas u otras razones, ha resultado anormal o se ha desarrollado poco» (atrasada). De suyo se entiende que Kaustky habla de anormalidades exclusivamente de no corresponder a lo más adecuado a las exigencias del capitalismo en desarrollo7.

Lenin sigue diciendo que el significado de la autodeterminación de las naciones debe basarse en el examen de las condiciones histórico-económicas de los movimientos nacionales. De esta forma, la teoría marxista propone que el análisis de cualquier problema social, se debe encuadrar en su marco histórico y teniendo en cuenta sus particularidades concretas que distinguen a este país de los demás en ese contexto histórico. Sin embargo, hay que considerar que Lenin hablaba en una época de los inicios del capitalismo imperialista y de los monopolios del capital, en donde existían países de la Europa continental con democracias burguesas ya desarrolladas y estados precapitalistas como lo era la Rusia zarista de su tiempo.

El esfuerzo es analizar la situación actual en el Estado español, como en su configuración se han creado naciones y territorios con importantes desigualdades socio-económicas, de centro-periferia. Es el caso de Andalucía que no desarrolló una burguesía que retroalimentara sus inversiones y ganancias en su territorio, y esta peculiaridad histórica tuvo su repercusión en la ausencia de potentes movimientos nacionales burgueses, a diferencia de otras naciones oprimidas. Sin embargo, su identidad como pueblo ha sido constante desde la unificación forzada por las armas de los reyes católicos. Algunos hitos significativos que podemos destacar fueron la conspiración de 1641 del duque de Medina Sidonia que, con el apoyo de la nobleza portuguesa, ideó una Andalucía independiente de Castilla; o el «Estado libre de Andalucía» ideado por Blas Infante. El primer texto que plasma la voluntad política de que Andalucía se constituya como entidad propia con capacidad de autogobierno es la Constitución de Antequera, redactada en esa ciudad en 1883. En la Asamblea de Ronda de 1918 fueron aprobados la bandera y el escudo andaluces. Hechos que se manifiestan y expresan simbólicamente bajo un fondo de movilizaciones y cambios productivos en la transición del feudalismo al capitalismo en la península ibérica. A comienzos del siglo XX, las luchas se caracterizaron por radicales movimientos de izquierda que se gestaron en las luchas campesinas y, emergiendo con fuerza, las luchas de la incipiente clase obrera situada fundamentalmente en las ciudades8. En 1933 las Juntas Liberalistas de Andalucía aprueban el himno andaluz, proyectándose un Estatuto que no pudo ver la luz por el golpe fascista de 1936, imposibilitando la tramitación parlamentaria de un Estatuto ya en ciernes. El terror fascista se ceba en Andalucía, hombres y mujeres asesinadas o huidas para incorporarse a los frentes de guerra; solo la zona oriental desde málaga resistió durante más tiempo, por lo que fue duramente castigada con la matanza más terrible de población civil del fascismo franquista, la desbandá9.

Durante la dictadura franquista se desarrolla una amplia clase trabajadora (obrera y campesina) y junto a algunos sectores de la intelectualidad andaluza un desarrollo de la conciencia de pueblo que culminó con las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977, en plena transición. Pese a las maniobras posteriores y el resultado de un PSOE que permite la introducción de políticas neo-liberales y un agravamiento de la dependencia de Andalucía al Estado español y europeo; esas y anteriores luchas populares han quedado en el imaginario colectivo del pueblo andaluz. Actualmente, Andalucía sufre especialmente las condiciones de crisis económica y política del imperialismo mundial, antesala de nuevas guerras imperialistas. En este sentido la actualidad de Lenin sigue estando vigente para los pueblos del mundo:

Lucha contra los privilegios y violencia de la nación opresora y ninguna tolerancia con respecto a la nación oprimida hacia sus privilegios… Reconocer a todos el derecho a la separación; apreciar cada cuestión concreta tocante a la separación desde un punto de vista que elimine toda desigualdad de derechos, todo privilegio, todo exclusivismo. Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No… La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las clases «altas», han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc.10

Consideramos plenamente actual este párrafo a la hora de analizar los acontecimientos políticos que estamos viviendo en el Estado español. Es continuo oir tanto en la calle como en los medios de comunicación comentarios simplistas y mecanicistas sobre «lo malo que son los nacionalismos», claro no se están refiriendo al nacionalismo español. Suscribimos estas aportaciones de Lenin, que consideramos universales: 1) Nuestra lucha debe ser contra los privilegios y su violencia, pero también ninguna tolerancia a los privilegios de la burguesía de una nación oprimida. 2) Reconocer a todos el derecho a la separación considerando las condiciones concretas, esto es, que dicha separación no implique desigualdad de derechos o privilegios. 3) El pueblo al que pertenece una nación opresora nunca será libre si permite la opresión sobre otras naciones. 4) La larga historia de represión sobre los movimientos de las naciones oprimidas por parte de las «clases altas».

Lenin deja claro también que reconocer la igualdad nacional supone reconocer el derecho a la separación y estudiar la actitud de las diferentes clases de la sociedad ante el problema. En la situación de Andalucía se podría partir de considerar a que clase le interesa la integración española, ¿a la clase obrera y campesina? ¿A los pequeños propietarios y autónomos de pueblos y ciudades? Ambas en un alto grado de precariedad laboral y desempleo. ¿O le interesa a la clase burguesa de grandes propietarios y corporaciones estatales y supraestatales que obtienen las riquezas de nuestra tierra y se las llevan a sus centros de poder?, de Madrid como punto más cercano. En una posición intermedia tenemos una población ocupada en el sector servicios con una situación de precariedad cada vez mayor, que podríamos llamar «clase media». Como se plasman estas relaciones de las diferentes clases en su capacidad de decisión, sobre sus vidas reales, sus condiciones laborales y, en definitiva, en su calidad de vida que las impulsen a luchar por sus reivindicaciones sociales y políticas. O, por el contrario, que las hacen ser más desencantadas y desmovilizadas.

En Andalucía, como decíamos, hubo una ausencia de potentes movimientos nacionales cuando se produjo el ascenso de la burguesía, como sí ocurrió, especialmente en el País Vasco y en Catalunya. A esto se une la posterior emigración masiva de «mano de obra» barata andaluza hacia esos territorios. Siendo verdad que la clase obrera vasca y catalana es de alto contenido andaluz, incluido la vanguardia de sus luchas, hubo contradicciones y choques culturales que supo aprovechar las burguesías de esas naciones oprimidas y el propio Estado español. También hubo emigración andaluza de «ida y vuelta», especialmente del medio rural que recuperó y abanderó su dignidad como pueblo. Sobre todo para un sector de la población que volvió de la Europa rica del norte donde ya se había formado una aristocracia obrera con tintes racistas hacia la población migrante trabajadora, incluida la andaluza. Estas circunstancias y la propia historia que se desarrollaba en Andalucía puede ayudar a entender que el sentimiento andaluz empieza por algo tan básico como su dignidad y recuperar sus valores económicos y culturales más genuinos que durante siglos fue usurpado por la reacción española.

El caso de Venezuela es paradigmatico de la intoxicación informativa sobre un gobierno soberano que está en el punto de mira del imperialismo de Estados Unidos y la Unión Europea por sus enormes riquezas naturales, pero sobre todo, de petroleo. Mientras se agrede la soberanía de otros países y se balcaniza el Oriente Próximo por los mismos motivos (literalmente se destruyen Estados naciones como Irak y Libia). Y mientras se permite la soberanía plena al gobierno de Trump sobre territorio andaluz (base de Morón), la posibilidad de que un pueblo, como el catalán, quiera votar su propia soberanía resulta intolerable. Por lo que la máquina intoxicadora de los medios de comunicación empieza a funcionar a gran velocidad propagando el miedo a la disgregación del Estado, el mito de que con Europa estaremos mejor o que la economía se desploma con los independentismos.

No solo los pequeños Estados, sino también Rusia, por ejemplo, dependen por entero, en el sentido económico, de la potencia del capital financiero imperialista de los países burgueses «ricos». No solo los Estados balcánicos, Estados en miniatura, sino también la América del siglo XIX ha sido, económicamente, una colonia de Europa, según ha dicho ya Marx enEl Capital11.

Es por eso que a la Unión Europea no le interesa la desestabilización de sus Estados dependientes y periféricos, como el español que, mientras tanto, para evitar su desastre, algunos partidos vuelven a insistir en las Autonomías o en la España federativa que resulta, en palabras de Lenin, de lo más absurdo. Porque el derecho a la autodeterminación, no puede entenderse por derecho ni a la federación ni a la autonomía, aunque de forma abstracta ambas se encuadran en la anterior. El derecho a la federación es un absurdo, ya que la federación es un contrato bilateral. ¡Tendría que existir los Estados respectivos para dicho contrato!:

los marxistas no defienden «el derecho» a la autonomía, sino a la autonomía misma, como principio general y universal de un Estado democrático de composición nacional heterogéneo, con marcadas diferencias en las condiciones geográficas y en las de otro tipo. Por eso reconocer «el derecho de las naciones a la autonomía» sería tan absurdo, como reconocer «el derecho de las naciones a la federación»12.

Pero antes resultan memorables y esclarecedores los argumentos de Lenin frente a sus detractores en el impresionante párrafo que hemos destacado encabezando este escrito. La libertad al divorcio, al aborto, a la separación de los pueblos solo puede propugnarse desde posiciones verdaderamente democráticas. Solo desde una posición coherente y progresista las personas y colectivos deben apoyar a las parejas que quieren libremente estar juntas, sin coacciones reaccionarias de ningún tipo. En el otro extremo, deben ser arropadas las parejas que desean separarse en las mejores condiciones posibles, como también necesitan todo nuestro apoyo las mujeres que deciden abortar; dado que todas estas situaciones no son nada fáciles para nadie. En otro nivel, la consciencia y decisión colectiva es imprescindible para la separación de una nación con sus dificultades consiguientes. Solo desde posiciones democráticas y socialistas y con organizaciones de militantes libres y decididas se favorecerá esas libertades legítimas.

En definitiva, queda muy evidente, a través de este texto de Lenin, su posición y la de su partido en la cuestión nacional. Sus argumentaciones así como toda la bibliografía socialdemócrata rusa sobre la cuestión nacional deja claro que este derecho se interpreta en el sentido de derecho a la separación. Que el derecho a la separación se resuelve, no por el parlamento central, sino únicamente por el parlamento de la región que se separa. Un texto que consideramos en su conjunto todo un despliegue del análisis marxista en un tema que continuamente termina saliendo con fuerza, especialmente en épocas de crisis económicas y políticas, cuando saltan las contradicciones del sistema capitalista y se polariza la lucha de clases y las reivindicaciones de soberanía política. Reivindicaciones que se plantean muchas veces no solo desde las clases populares de dichas naciones sino también desde sus burguesías y pequeñas burguesías.

El mapa político mundial muestra que el centro del imperialismo, Estados Unidos, junto con la Unión Europea y Japón fundamentalmente, lleva en su seno sus propias periferias: por ejemplo, los países mediterráneos frente a Gran Bretaña y el eje franco-alemán. Andalucía, a su vez, es periferia del debilitado Estado español. Auténticos peones para la agresión (también económica) a países empobrecidos de África, Asía y Latinoamerica para impedir la hegemonía de China, Rusia y otros países independientes del imperialismo estadounidense. En este contexto internacional, Andalucía se ahoga en esa dependencia económica, política y, sobre todo, militar. No olvidamos las bases de Morón, Rota y Gibraltar.

Por ello, defender una verdadera soberanía para Andalucía resulta imprescindible. Un sistema por y para Andalucía que aproveche lo mejor de sus tierras y sus gentes, agricultura ecológica, cuidado del agua y desarrollo de industrias de transformación, industrias energéticas renovables y otras que se potencien tras la innovación y desarrollo que se patentan en Andalucía (que no son pocas). La mejora de la educación y sanidad sin privatizaciones de ningún tipo, la cultura popular. En suma que mejore las duras condiciones de vida de la población andaluza sin injerencias extranjeras, sin organismos militares imperialistas en su territorio y que supere las graves limitaciones del Estado español. Una nueva sociedad antipatriarcal, donde las mujeres tengamos un peso nuclear en las luchas y toma de decisiones. Esa es nuestra meta, nuestro horizonte y a partir de ahí podremos plantear prioridades tácticas, planes de corto y medio plazo más factibles. Pero sin ese horizonte, las luchas serán humos, posicionarnos claramente sobre él es primordial para «no perder el rumbo».

Pero, ¿como conseguir nuestro objetivo? ¿Cuales los pasos para orientar las acciones que arrebate el poder a la clase capitalista? Lenin en la importante cuestión del análisis y el método defendía una praxis política colectiva que necesita una profunda comprensión de la realidad, él mismo se valió de la dialéctica (fundamentalmente tras el estallido de la Primera Guerra Mundial) y de la capacidad teórica del marxismo. Comprendió que es la clase trabajadora el ámbito en que se expresaban las relaciones de fuerza, de poder. Y quien advierte, como ya comentábamos al comienzo de este escrito, que las relaciones de poder actúan sobre las fuerzas sociales, que a su vez expresan alianzas de sectores sociales en pugna, donde una de ella hegemoniza al resto. Así, cada situación refleja unas relaciones de fuerza, que son sociales y de clase. Íntimamente ligado a su teoría del poder, esta la del estado, con la necesidad indiscutible de la toma del poder por y para las clases populares. Potenciar el sentimiento de pueblo con el de clase sigue siendo más necesario que nunca y en este sentido juega un importante papel la organización política y de colectivos populares andaluces.

La explotación del capitalismo actual tiene profundas y negativas consecuencias en Andalucía, sobre el propio pueblo andaluz y su identidad, sobre su extensa clase trabajadora, que no ha solucionado la socialdemocracia española en los últimos cuarenta años, sino todo lo contrario, ha profundizado aún más su dependencia y explotación de sus recursos. Que ha continuado la explotación laboral y la opresión patriarcal que acentúa aún más las consecuencias de la crisis sobre las mujeres andaluzas. Esta grave situación tiene claras interrelaciones con la negativa influencia de los reformismos de todo tipo que han penetrado en nuestra sociedad desde la transición. Frente a ello, consideramos fundamental otra idea desarrollada desde el marxismo por Lenin, el del aprendizaje colectivo que se forja en las variadas luchas concretas.

En cada cultura nacional existen, aunque no estén desarrollados, elementos de cultura democrática y socialista, pues en cada nación hay una masa trabajadora y explotada, cuyas condiciones de vida engendran inevitablemente una ideología democrática y socialista. Pero en cada nación existe asimismo una cultura burguesa (y, además, en la mayoría de los casos, ultra-reaccionaria y clerical), y no simplemente en forma de «elementos», sino como cultura dominante. Por eso, la «cultura nacional» en general es la cultura de los terratenientes, de los curas, de la burguesía […] El significado de la consigna de cultura nacional depende de la correlación objetiva entre todas las clases del país dado y de todos los países del mundo». (Lenin enNotas críticas sobre el problema nacional.)

Así, las naciones, no son bloques monolíticos culturales, porque no lo son sociales, ni económicos. La importancia que tiene los elementos de cultura democrática, feminista en diferentes expresiones. En el mundo del flamenco, en tradiciones sociales colectivas: crianzas en grupos de mujeres y hombres; patios de vecinas/os; o en otros elementos naturales y en relación con el medio ambiente, la tierra o el mar. Potenciar estos y otros procesos de empoderamiento colectivo, de construcción de poder popular andaluz, en el marco del fortalecimiento de lo andaluz con la construcción de tejidos sociales, políticos, feministas, sindicales o juveniles. En este objetivo hacia una nueva sociedad andaluza las luchas feministas tienen un papel primordial, empezando por la más elemental, la que asegure nuestra propia supervivencia física, psíquica y social. Queremos, por tanto, una Andalucía que decida para sí, para su pueblo, para su clase trabajadora; una liberación integral del pueblo andaluz.

Concepción Cruz Rojo

Cádiz, diciembre de 2017