Lunes 10 Diciembre 2018

JOSE MARTINEZ ALVAREZ DE SOTOMAYOR "PEPE SOTO"

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Pepe Soto

El 28 de septiembre la izquierda independentista andaluza y las asociaciones culturales del entorno soberanista celebran el día de la lengua andaluza en conmemoración del nacimiento del poeta andaluz de Cuevas del Almanzora (Almería) José Martinez Alvarez de Sotomayor "Pepe Soto". Ante la proximidad de esa fecha, os dejamos algunos apuntes biográficos de un personaje digno de conocer.

José Martínez Álvarez de Sotomayor pertenece a una familia —la materna— con larga tradición, tanto en el terreno militar como en el artístico. Para demostrar, a vuelapluma, esta afirmación, me voy a remontar hasta el bisabuelo del poeta, don Fernando Álvarez de Sotomayor Ramírez, militar de carrera que se alió con las filas del liberalismo español, y en lucha contra el absolutismo de Fernando VII. Este personaje, como se demostró hace algún tiempo (2), era primo de Mariana Pineda, la figura legendaria inmortalizada por Federico García Lorca en el drama del mismo nombre (3). Don Fernando, que había tomado parte en la fracasada sublevación de León, se refugió en Cabra (Córdoba), donde fue detenido por los agentes de Pedrosa.

En Granada es condenado a muerte, pero, con la ayuda de Mariana, logra escapar en Febrero de 1829. La tradición popular une, incluso sentimentalmente, a don Fernando y a Mariana Pineda, aunque algunos críticos han señalado que esto es un error histórico (4). Pero, sea como fuere, don Femado se convierte en un héroe popular, y el Estado le confisca todos sus bienes, forzando a sus hijos a marcharse de Cabra, en busca de un puesto de trabajo. De esta manera, uno de sus hijos, José Álvarez de Sotomayor Doménech, llega a Cuevas del Almanzora, donde consigue colocarse en el Ayuntamiento, con un sueldo anual de seiscientas pesetas (5).

Un nieto del héroe liberal, también llamado Fernando (Cuevas del Almanzora, 16-11-1844 – 25-7-1912), llegó a ser General de División y Gobernador Militar de Ceuta y Melilla. En 1875, construye el cañón que lleva su nombre. En Junio de 1924, el General Primo de Rivera inaugura un Campamento Militar en Viator, muy cerca de la capital almeriense, denominándolo «General Sotomayor». Precisamente, el poeta estuvo presente en este acto, y compuso un poema con este motivo, titulado «A la memoria del General Sotomayor», e incluido en su libro Campanario. Uno de los hermanos del General, Pedro (nacido en Cuevas del Almanzora, el 7 de mayo de 1848), fue el tripulante más joven del «Numancia», buque insignia del almirante Méndez Núñez, durante la guerra del Pacífico (1866). Más tarde, completó la vuelta al mundo, siendo el primer barco de vapor que hizo este recorrido. También fue director de la Academia Naval Militar de Marín (Pontevedra).

Dentro del terreno artístico, sobresale la figura de Fernando Álvarez de Soto mayor (El Ferrol, 1875 – Madrid, 1960), primo del poeta, pintor academicista, que llegó a ser director del Museo del Prado y de la Academia de San Fernando. El primer escritor conocido de la familia —en este caso escritora— es María Álvarez de Sotomayor Flores, tía de nuestro autor, que compuso Cuentos morales (6), y una serie de artículos publicados en la prensa madrileña.

Fue, pues, el abuelo del poeta el primer Álvarez de Sotomayor que llega a Cuevas del Almanzora. Hacia 1835, le son devueltos los bienes confiscados a su padre, adquiriendo entonces importantes propiedades en tierras y minas (7). Don José Álvarez de Sotomayor fue el primer presidente del Sindicato del Desagüe de las minas de Sierra Almagrera, en 1891, lo que da idea del poderío familiar en la zona. Las sierras cercanas a Cuevas del Almanzora eran ricas en plomo, plata, hierro, y otros minerales, lo que marca una época de auge en la historia de esta comarca. Solía vivir don José en Madrid, muy relacionado con la Corte, y, cuando viajaba a Cuevas del Almanzora, lo hacía en un tren que contrataba especialmente para la ocasión. La línea férrea llegaba sólo hasta Lorca (Murcia), por lo que, desde ésta ciudad, marchaban en coches de caballos. Durante las estancias de la familia y amigos en el pueblo se desarrollaban fiestas, tertulias y juegos que admiraban a todos. Son muchos los testimonios recogidos que hablan del esplendor y el lujo que reina en la casa de los Sotomayor.


La rama paterna del poeta, sin llegar a pertenecer a la aristocracia, también disfrutaba de una privilegiada situación económica (8); incluso, el abuelo, Manuel Martínez Soler (Cuevas del Almanzora, 1820 – 1879), tenía el titulo de «Caballero Comendador de la Real y Distinguida Orden de Isabel la Católica», como consta en la partida de Bautismo de nuestro vate. Por tanto, la unión de la familia Martínez y los Álvarez de Sotomayor supone una concentración de riquezas bastante considerable. Sin embargo, el ritmo de vida llevado por los abuelos maternos del poeta es tal que, sin llegar evidentemente a la ruina, representa una merma importante en el patrimonio de los Sotomayor.

Teresa Álvarez de Sotomayor Flores, madre de nuestro personaje, nació en Cuevas del Almanzora el 7 de Enero de 1855, y estaba dotada de especiales condiciones y conocimientos musicales, destacando, sobre todo, en el piano. Se casó, en primeras nupcias, con Pedro Martínez Soler (1849 – c.1890), en Madrid, en la iglesia de San Luis; y, más adelante, con Miguel Soler Flores, conocido popularmente con el sobrenombre de «El Viudo». Este, cuando muere Teresa (en 1907), se casa, en terceras nupcias, con Ana Manuela, hermana del poeta, que había quedado viuda en 1911. Es fácil imaginar la conmoción que recorrió el pueblo, en el que lo normal era que no sucediera nada. Incluso dentro de la propia familia se rechazó esta unión. Pero, el poeta Sotomayor no sólo defendió la decisión de su hermana y su padrastro, sino que se encargó él mismo de elaborar la documentación necesaria para obtener de la Iglesia de Roma la obligatoria autorización.
Cuando nace José Martínez Álvarez de Sotomayor, Cuevas del Almanzora es el primer núcleo de población de la provincia, exceptuando, claro está, a la capital (9). El desarrollo de la industria minera aglutina, en Sierra Almagrera, a una importante cantidad de obreros venidos de las provincias cercanas, y a unos industriales llegados de zonas más prósperas (Cataluña, Madrid, País Vasco). Pas cual Madoz afirma que Sierra Almagrera «contiene sobre 5.000 minas en que trabajan millares de operarios, no solo españoles sino extranjeros; pero solo las del famoso barranco Jaroso son las que han manifestado hasta el día una inmensa cantidad de mineral argentífero, asombro de cuantos la ven, habiéndose enriquecido la comarca, y particularmente 300 familias de Cuevas, Vera, Antas, Turre, Aguilas, Lorca y Granada, con los productos de las minas y empresas tituladas Carmen, Observación, Esperanza, Estrella y Animas, de dicho barranco» (10). La otra actividad económica de la comarca, la agricultura, posee el mismo mal de siempre —de ayer y de hoy—: la falta de agua.


Desde el punto de vista cultural, en los años en que vive Sotomayor, esta comarca disfruta de una sorprendente «edad de oro», sin parangón en su historia. Baste sólo citar algunos ejemplos en este sentido, sin entrar en más profundidades —dignas, dicho sea de paso, de un trabajo de investigación serio—. Puedo enumerar, casi de memoria, y dejando abierta la puerta a una ampliación, hasta seis periódicos (diarios, semanales, quincenales, etc.) de desigual tirada y duración: El Censor, El Imparcial de Levante, El Minero de Almagrera, El Ferrocarrilico, El Almanzora, y El Defensor de Cuevas, en la mayoría de los cuales publicó poemas Sotomayor (11). Además, existe un grupo de escritores —coetáneos o casi coetáneos al poeta— que, con más o menos éxito, publicaron sus obras entre el último tercio del siglo XIX y el primer tercio del nuestro. Así, cabe citar a Miguel Flores González Grano de Oro, de quien apenas existen estudios; Antonio Cano Cervantes, poeta ciego de Garrucha, quien, en 1909, publica en Madrid un libro de poemas titulado Cantos de mi pueblo, en la línea dialectal de Sotomayor; Bolea y Sinta, autor de un inédito y voluminoso libro, Episcopológica, canónigo de Málaga, y creador del Museo Arqueológico de Málaga; Meca González, que publicaba junto a Grano de Oro; Miguel Márquez Soler, a quien Sotomayor dedica un poema en Campanario, con motivo del homenaje que le tributó su pueblo por el éxito conseguido en el Ateneo de Logroño (12). Por otro lado, cerca de Cuevas del Almanzora, en la aldea de Las Herrerías, vivió y trabajó Louis Siret, ingeniero de profesión y eminente arqueólogo (13), amigo de Sotomayor. Este, a la muerte de Siret, compuso unos versos, publicados en Campanario, que comienzan así: 


«Artista y sabio, en afanar fecundo con alma en su labor fortalecida, ha puesto todo su saber profundo en auscultar la pulsación del mundo donde arranca el latir de nuestra vida».


Evidentemente, todo este panorama cultural que se desarrolla en la comarca del bajo Almanzora, influyó en Sotomayor de forma profunda.

José Martínez Álvarez de Sotomayor es el segundo de los tres hijos que nacen del primer matrimonio (Teresa y Pedro: la ya citada Ana Manuela (Cuevas, 1877- Valencia. 1953), Alberto (Cuevas. 1889 – Serón, 19??). y nuestro autor (Cuevas, 1880 – 1947).

Sotomayor, que nace el 28 de Septiembre, es bautizado el 2 de Octubre en la iglesia parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, siendo coadjutor de la misma, don Jose Joaquín Guevara Flores. En la pila bautismal le ponen los nombres de Jose Maria Adolfo de Jesús (14), por lo que no es extraño que, en algún lugar, se le llame José María, como en la edición de las Obras Completas. Sin embargo, en sus manuscritos y en las ediciones de sus libros, así como en los diversos documentos oficiales (partidas de matrimonio, expediente académico, etc.), siempre consta el primer patronímico exclusivamente.
Sobre los primeros años del poeta apenas tenemos datos. Los recuerdos de su infancia quedan reflejados en el poema «Inocencia», de Isabel:

«De allá mi infancia remota lo que a mi recuerdo llega con más profunda emoción de dulzura y de pureza es el tiempo en que mi nombre lo ignoraba mi inocencia».


Se sabe que estudió en Cuevas del Almanzora preparado por el padre Luis, en el colegio de enseñanza privada «Nuestra Señora del Carmen», fundado el 19 de Septiembre de 1855. El 27 de Septiembre de 1890 realiza el examen de la primera enseñanza, obteniendo la calificación de «Sobresaliente» (15). Este mismo año de 1890 inicia los estudios de Bachillerato, examinándose en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería. Durante los cinco años en los que se dedica a estos menesteres (1890-1895), Sotomayor logra unas calificaciones más que notables (16). Es curioso señalar que el número de alumnos matriculados en estos años, en Almería, arroja una media de cuarenta y tres, lo que da idea del retraso cultural de la provincia. El 29 de Junio de 1895 realiza los ejercicios para obtener el Grado de Bachiller (17).

A pesar de sus éxitos en los estudios, Sotomayor no los prosigue en la Universidad, como si lo hará su hermano Alberto -que marcha a Madrid y se matricula en la Facultad de Medicina—, sino que se decide por la carrera militar, siguiendo la antigua línea castrense de la familia. Ingresa en la Academia Militar de Toledo, pero apenas permanece en ella dos o tres meses, hecho que confirma la idea de que su decisión —¿o la de la familia?— se basó más en la tradición de sus ascendientes que en una verdadera vocación. Cuando Sotomayor se encuentra sometido a la férrea disciplina del Ejército, se da cuenta de que ése no es su camino, y abandona Toledo poco antes de que finalice el siglo. Estamos en las fechas señaladas del «Desastre de 1898», con la pérdida de Cuba, donde precisamente es tuvo su tío, el General, logrando diversas condecoraciones. Pero, en fin, el poeta, reconoce que las armas no son su fuerte, y, de la capital del Tajo, se traslada a la capital del Manzanares. De su estancia en Madrid sólo hemos podido averiguar que llevó una vida bohemia, formando, junto a unos amigos, una estudiantina que recorría los cafés. Sotomayor, por entonces- con unos veinte años, se mantiene de lo que logra recaudar de estas actuaciones y del dinero que, desde Cuevas del Almanzora, le manda su madre. Precisamente, es a su madre a quien le dedica el poema más antiguo que hemos encontrado. El poeta reconoce que «Un año hace que el viento llevóse al infinito / tu hálito postrero, mi única ilusión», refiriéndose, claro es, a la muerte de la madre. Como sabemos que Teresa muere en 1907, es forzoso pensar que este poema sea de 1908.


El 1 de Enero de 1905, Sotomayor contrae matrimonio, en Cuevas del Almanzora, con Isabel Márquez Gómez, la «fuente de los cantares» del poeta, a quien dedicará el libro que lleva su nombre. Viven primero en la plaza de la Constitución, número 15, donde nace el único hijo, Pedro José. En 1912, se trasladan a la calle de la Rambla, a una casa propiedad de los padres de Isabel. Decoran ésta imitando la arquitectura árabe, con arcos de herradura y azulejos en la fachada, la cual se conserva actualmente en buen estado. En primavera y otoño, Sotomayor se recluye en su cortijo de Calguerín, hoy, por desgracia, práctica mente destruido, y de claras reminiscencias moriscas. Allí escribía —compuso Rudezas y sus dramas— y recibía a los amigos con los que charlaba hasta la madrugada.

Don Pepe Soto, como le llamaban en Cuevas del Almanzora, era visto en el pueblo como una persona extravagante, rara, que vivía fuera de la norma social de la época y de las costumbres «provincianas» —en el sentido peyorativo del término— que imperaban. Sin embargo, tenía un aspecto bonachón, era hablador y aficionado a las tertulias, de las que, sobre todo en el Casino del pueblo, era centro y principal animador. Las fotografías del entonces joven poeta nos muestran a un Sotomayor de grandes y oscuros ojos, cejas pobladas, bigote prominente y abundante cabellera. Antonio Manuel Campoy, autor del prólogo a las Obras Completas, describe así al poeta del Almanzora en su madurez:

«Todos los de mi edad recordarán a Sotomayor sentado a estilo moruno, enlutado, con una camisa amplia, de seda, las leoninas melenas blanquecinas ya, y una boquilla en la que fumaba constantemente».
En su primera época, solía llevar un “fez” (Tarbush) con la media luna, levita, fajín morado, y calzado con pantuflas, como puede verse en alguna fotografía (18). Esto enlaza con su gusto por lo árabe, característico de su primera etapa poética. En 1913 ya ha publicado Mi Terrera, su primer libro, con el seudónimo de Abén Ozan el-Jaráx. En el prólogo a esta obra, declara:


«Yo soy el Kalifa, el Sultán de este reino, morada de mis quimeras, donde obedecen a mi mandato legiones de huríes y fantasmas y del cual son las huertas de Calguerín jirones desprendidos de él para embellecer con sus aromas, su alegría y su luz, lugar tan olvidado de las gentes».


En El Imparcial de Levante, el «Semanario Independiente» que empieza a publicarse el 18 de Octubre de 1913, se recoge la «agitada vida» del Kalifa de Calguerín: desde el estado de salud de la «familia Imperial» (19) hasta sus edictos. En uno de estos números, recuerda sus posesiones:

«Yo que soy el Sultán de los sultanes, rey de los reyes, distribuidor de gracias y mercedes, Kalifa de Calguerín, Sultán de Aljarilla y Emir de Zújar y la Alguelma; Soberano de los países de allende y aquende el Almanzora, de las comarcas de Tejefín y la Portilla y los del Natí y posesiones de Balezote y la Rumaila; Señor de la Alcazaba de la Rambla, etc., etc., etc.» (20).


Como tal Kalifa, «se propone organizar la hacienda pública creando el impuesto de cédulas personales, moneda, billetes de Banco, sello de correo, títulos, condecoraciones (21), así como la publicación del «Boletín Oficial de mi Imperio» (22). Tiene como asesores más cercanos el «Ulema de Ah-Fraga», que publica varios artículos y edictos en este mismo semanario, siguiendo instrucciones de «su Señor», y al «Caid Ben-Kásem». A su hijo, que es el «Príncipe», le llama Jaráx Abén Jaráx; su mujer, Isabel, es la «Sultana». El Kalifato de Calguerín nombra cónsules (23), se relaciona con personalidades extranjeras, «cumpliendo sus deberes nacionales e internacionales» (24), etc.

Llegó hasta tal punto su afición por esta cultura islámica que, siendo accidentalmente Secretario del Juzgado Municipal, no cobraba nada a las personas que inscribían a sus hijos con un nombre árabe. Muchas son las anécdotas que se cuentan sobre este aspecto «pintoresco» de Sotomayor, pero quizá la más sorprendente sea la que lo sitúa en el corazón de Madrid, donde era presentado por su hermano Alberto (25) como un jeque árabe, y, para corroborar esta personalidad, emitía una serie de sonidos indescifrables que imitaban la lengua árabe, que lógicamente desconocía. El gran sentido del humor de don Pepe Soto era de todos conocido, siendo amigo de las más disparatadas bromas, como la que cuenta su hijo Pedro:


Sotomayor, en una ocasión, escribió a un jefe carlista ofreciéndole un verdadero ejército de hombres y caballos; personado este señor en Cuevas del Almanzora, el poeta, sorprendido, le cuenta la verdad. El carlista, que debió ser también un hombre de buen humor, le causó tal impresión que, desde entonces, mantuvieron una frecuente correspondencia. Esta faceta es clara en buen parte de la producción poética de Sotomayor, como veremos en el análisis de su obra.


En estos años, en Europa se está desarrollando la Primera Guerra Mundial. Ante este conflicto, Sotomayor sostiene una postura ambigua, mientras el país se divide entre aliadófilos y germanófilos. Por un lado, como Kalifa, declara «la neutralidad armada» (26); por otro, como poeta, compone versos como el siguiente soneto, titulado «Del Combate»:


«¡Germanos! Colosos y titanes de la guerra, desde los insondables arcanos de la muerte os miran con pavor, y tiemblan de su suerte, en la gran hecatombe, los pueblos de la tierra. 
Vencido o vencedor, vuestro atrevido reto y la invasión gigante de nuestra fuerte tropa referían los libros de la futura Europa, infundiendo a los hombres estupor y respeto.
La guerra es cruel y dura, pero también es sana cuando sella su sangre largo lapso de paz. ¡Si fuera la aurora bendita de una mañana que madura a la tierra por completo la faz y que todos los hombres se llamaran hermanos! ¡ ¡Oh divina locura de los pueblos germanos! !» (27). 


Uno de los puntos más controvertidos de la vida de Sotomayor es su auténtica situación económica. Para unos, era un rico hacendado, un cacique del pueblo; para otros, su posición era sólo desahogada. Lo que si está fuera de toda duda, como antes he intentado demostrar, es que sus antepasados aglutinaron una gran fortuna en tierras, minas y casas. Pero, la muerte repentina del padre del poeta, causó una grave desorganización en la economía familiar, mermando considerablemente sus bienes. Se comenta que la aportación de Isabel, su primera mujer, al matrimonio fue superior a la del poeta. Siguiendo lo que declara Sotomayor en la «Escritura de Testamento», realizada ante don Alfonso García Aynat, abogado y notario de Vera, el 11 de Febrero de 1947 (28), sabemos que poseía acciones en las siguientes minas: «Santa Isabel», «San Antonio», «Purísima Concepción»; en las minas «Carmen», «Animas» y «San Cayetano», pertenecientes a la sociedad «Carmen y Consortes»; en la minas «Esperanza», «Diosa» y «San Diego», de la sociedad «Esperanza y Consortes»; todas ellas situadas en el denominado Barranco Jaroso de Sierra Almagrera. Además, era accionista de la mina «Virgen de las Maravillas», en el Barranco de la Torre de Sierra Almagrera, y en la mina «Tres amigos», en el Barranco Francés de Sierra Almagrera. Todas estas participaciones en las empresas mineras son valoradas en un total se sesenta pesetas, pero hay que tener en cuenta que el valor dado a estas acciones es sólo el efecto de liquidación de derechos reales, y que ya en esta fecha de 1947, la industria minera está en claro declive. Sobre la vida de la mina, Sotomayor compuso «Pan de Sierra», un poema que pone de manifiesto el otro lado de la moneda: las duras condiciones de trabajo que los mineros soportaban:

«¡No te vayas, Andrés, al trebajo; no te vayas, q’el pan que comemos con los cuartos que traes de la Sierra
me sabe a veneno!
Conque ya lo sabes, déjate esas minas, y en contao q’al lugar abajemos, tú verás cómo yo encuentro tierra pa tomarla a rento, –

Precisamente, la otra fuente de ingresos, quizás más importante aún que los dividendos de las minas, es el arrendamiento de tierras. Mediante este tipo de con trato, el dueño de la finca cobraba a su inquilino una cantidad anual. Según de clara su hijo, esto le suponía a Sotomayor unos ingresos anuales de dieciocho a veinte mil pesetas. Además de este pago, era costumbre casi obligada «obsequiar» al amo con productos de la tierra, como justamente nos dejó escrito el poeta del Almanzora en «La bienvenía»: «Esta mañana en el riego me enteré de su llegá, con la señora y los niños, y a Dios las gracias sean dás; yo me alegro, señorito, e verlos sin novedá. Ya sé que sus hortelanos, como es costumbre obsequiar, le trajeron el melón, la hortaliza, la graná y algunos pollicos tiernos con las crestas colorás —que siempre el amo es quien toma y el labrador el que da». 


Según el citado testamento, Sotomayor poseía unas tres hectáreas de tierras cultivables, la mayoría de las cuales las hereda tras el fallecimiento de su esposa, Isabel. Las fincas están situadas en los pagos de Almizaraque, Calguerín, Aljarilía, y Rincón de las Viñas (o Las Viñas), todas pertenecientes al término municipal de Cuevas del Almanzora. Estas propiedades son valoradas en treinta mil pesetas, aunque esto es ficticio, pues ésta es la misma cantidad que figuraba en las anteriores escrituras. Además, se sabe que tuvo, durante su vida, otras fincas en las aldeas de Jucainí, Natí, Pinos Pálidos, Alguelma y Palomares.
Por otro lado, la familia Sotomayor era dueña de varias casas, una de las cuales es la que consta en el testamento de que hablamos, valorada en cuatro mil quinientas pesetas. A todo esto hay que añadir: una cuenta corriente en el Banco Hipotecario de España, en Madrid, cuyo saldo desconocemos, siendo titular de la misma su segunda esposa, María Josefa; treinta y cinco mil pesetas en la misma entidad financiera; un título de deuda exterior por valor de veinticuatro mil pesetas, así como deuda interior que suponen cinco mil pesetas más. Según los autores del único trabajo biográfico sobre el poeta, éste «se dedicó en los últimos años de su vida a la compraventa de tierras, aprovechando la situación en que muchos campesinos se veían obligados a emigrar, obteniendo de esta forma gran des beneficios […]». Curiosamente, Sotomayor tasa la propiedad intelectual de su obra en mil pesetas, propiedad que hereda su hijo Pedro. Por no hacer más prolijo este recuento, diremos que don Pepe Soto lega a sus herederos un total de casi ochenta mil pesetas. En resumen, Sotomayor pertenecía a la clase de los propietarios que vive de lo producido por los arrendamientos. Sin bargo, en contra de la costumbre de este estrato social, Sotomayor era un gran conocedor de la agricultura y de sus problemas, como queda patente a lo largo de su obra poética y dramática. Sin duda, a todos llamará la atención la gran contradicción de este personaje:como hombre, se le puede encuadrar dentro de la clase onservadora del país; como poeta, se le puede considerar como el cantor de la injusticia que padece el campesino del Almanzora: «Si los jueces jueran, antes de ser jueces, probes leñaores, y en las noches estas se tuvian sus hijos q’acostal sin cena, munchos que’n la cárcel están no estarían, y habría munchos drento q’agora están juera». («El leñaor», de Rudezas)


Políticamente, don Pepe Soto, durante la época de la dictadura de Primo de Rivera, fue miembro de la Junta de Defensa de Cuevas del Almanzora. A partir de 1931, defendió la causa republicana, componiendo, con motivo del tercer aniversario de la proclamación de la República, un apasionado poema:


«Cuando España padecía la nefasta dictadura, vuestra noble rebeldía contra el poder, parecía un empeño de locura.
Fueron si, los estudiantes, los que en vigorosa ola de escaramuzas constantes trajeron como gigantes la República Española». («Aniversario», de Campanario)


No obstante, estuvo más o menos cercano a diferentes opciones políticas de derechas (29). Esta posición conservadora puede observarse en un poema, no incluido en sus libros poéticos, que lleva el título de «Los etines», de 1912, el cual puede ser considerado como el primero que escribe en castellano no normalizado:

«Denda que he nacio ni en la vida é Dios han io al treato tanto agricultor ni tanto minero ni tanto peón á sentir platique de tanto oraor que en limpio, na dicen que comprenda yo. Y siempre lo mesmo y los mesmo tos dando allí más voces que un predicaor» (30). 


En Octubre de 1934, encabeza una suscripción, con cien pesetas, «a favor de la fuerza pública y familias de las víctimas con motivo de su valeroso comporta miento en defensa de la unidad patria» (son los sucesos de la Revolución de Asturias) y ofrece su casa para recibir los donativos (31). En las elecciones de 1936, está generalmente admitido que apoyó, de una manera u otra, a la C.E.D.A. de Gil Robles; incluso confeccionó la lista de candidatos al Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora por este partido. De todas formas, Sotomayor fue una persona que se vio envuelta injustamente en penosos hechos, debidos a la radicalización política y social que sufrió nuestro país antes, durante y después de la Guerra Civil, como veremos más adelante.
Por lo que se refiere a las aficiones del poeta, se pueden destacar dos: la música y el ajedrez. Tocaba el laúd, la guitarra y el piano; seguramente fue su madre, que era una espléndida pianista, quien inició a Sotomayor en el mundo musical. Recuérdese que, en su juventud, formó parte de una estudiantina en Madrid, y, en cuadrillas, recorría las calles de Cuevas del Almanzora dando serenatas a las muchachas del pueblo. Parece ser que, incluso, compuso alguna pieza musical, hasta ahora inédita (32). Como ajedrecista, todos hablan de su maestría en el movimiento de los caballos, y de la dificultad de ganarle una sola partida. Por esta afición, por la descripción del personaje y de su casa, es claro que Gerald Brenan se refiere a Sotomayor cuando dice:
«Tengo recuerdos tristes de este lugar (Cuevas del Almanzora] porque una vez […] pasé una tarde y una noche en él con Roger Fry […] Se pasó la noche jugando al ajedrez en el casino, rodeado por un grupo de aficionados gozosos que estaban entusiasmados de tal manera por la presencia de un nuevo jugador que, al poco tiempo, el maestro […] le rogó que se quedara e hiciera casa entre ellos. Esta hospitalaria sugerencia fue bien acogida por todo el grupo, y como prueba de que iban en serio, un señor mayor que estaba sentado y mordisqueaba la plateada cabeza de su bastón, le ofreció enseguida su casa […] era una villa lujosamente decorada con arcos de herradura y azulejos seudo-moriscos» (33).


Además, el poeta solía acostarse a altas horas de la madrugada, escribiendo, leyendo o paseando por las calles del pueblo. La lectura, en efecto, ocupaba un lugar importante en la vida del poeta. Poseía una biblioteca buena —poco numerosa, pero selecta (34)—. Según se sabe, el poeta tenía en ella libros de Historia, leía y admiraba a los autores franceses (Dumas, Victor Hugo), y le entusiasmaban las novelas de Pérez Galdós. Por otro lado, debió conocer a los clásicos de nuestra literatura: Santa Teresa, de quien el poeta era un devoto lector: «Teresa mi madre fue, / y en cariño hacia las dos / en tus libros me enseñé / a amaros y a amar a Dios» («Santa Teresa», de Místicas); San Juan de la Cruz: «Y sumido en el abismo / de su misteriosa luz, / sintió mi romanticismo / los versos de misticismo ¡ del santo Juan de la Cruz» («Saludo a Segovia», de Campanario); Calderón de la Barca, Lope de Vega, a quien dedica dos sonetos con motivo del tercer centenario (incluidos en Campanario), etc. También solía recibir la prensa de Madrid, fundamentalmente El Liberal, El Heraldo y El Sol, que le enviaban sus amigos.

La difusión de las obras de Sotomayor fue, en Cuevas del Almanzora, mínima. El índice de analfabetismo en la comarca era tan alto que sólo un círculo reducido de personas podía tener acceso a la lectura de sus poemas. Según las estadísticas, referidas al total de la provincia de Almería, cerca del 9O% de los habitantes no sabían leer ni escribir (35). Las ediciones de los libros las hacía el poeta por su cuenta y riesgo, buena parte de las cuales las regalaba a sus amigos. En Barcelona se vendieron una considerable cantidad de ejemplares, lo que no es extraño si tenemos en cuenta que allí existía —y existe— una numerosa población de origen almeriense. Parece ser que Sotomayor recibió una oferta para editar sus obras en América del Sur —donde también existía una colonia importante de almerienses—, pero el poeta, no se sabe por qué razón, no la aceptó. En relación con esto, he de señalar que disfrutó de dos oportunidades para visitar el «Nuevo Continente». La primera posibilidad de realizar una gira por Sudamérica, re citando sus poesías, la tuvo a propuesta de Federico Oliver, marido de la actriz Carmen Cobeñas, pero Sotomayor rehusó porque no quería dejar a la familia. La segunda ocasión le vino al conocer al arzobispo de Burgos, Juan Benlloch, cuando estrenó, en el Teatro Principal de esa ciudad —el 28 de Julio de 1922—, el «drama rural» La Seca. Pero, esta vez, la mala fortuna visitó al poeta, porque, cuando todo estaba preparado, murió el arzobispo, y se suspendió la gira.


De todas formas, Sotomayor, a lo largo de su vida, viajó bastante por España, debido fundamentalmente a las representaciones de sus dramas y a recitales poéticos. Así, estuvo en Burgos, como antes dije, donde se representó por primera vez La Seca; en Segovia, donde también se escenificó La Seca, el 14 de Mayo de 1933; en Murcia, en las fiestas de Marzo de 1917; en Cáceres, donde recita sus poesías en el Teatro Principal, «a beneficio de los obreros parados de Extremadura» (36). En Marzo de 1923, la actriz Catalina Bárcena recita el «Canto a Almería» (en Campanario) en la «Fiesta de la Belleza Andaluza», celebrada en el Parque de Maria Luisa de Sevilla. En este acto participaron, entre otros, Salvador Rueda y Manuel Machado, además del poeta del Almanzora.

También visitó diferentes pueblos de la provincia de Almería: Garrucha, Vera, Huércal Overa, Laujar, Adra, Dalias, Berja, Albanchez, Lubrin, Tíjola, Albox, Pulpí, etc. Muchos de estos municipios le nombraron hijo adoptivo. En concreto, el Ayuntamiento de Laujar de Andarax, el día 7 de Septiembre de 1931, decide, a propuesta de Francisco Villaespesa, nombrarle hijo adoptivo (37). El día 5 del mismo mes, Sotomayor había participado en el homenaje que le rindió Laujar a Villaespesa, con el poema «A Laujar en su homenaje al inmortal Villaespesa», poema que se transcribió en el libro de actas del citado Ayuntamiento (38). El Ayuntamiento de Pulpí, el 9 de Marzo de 1924, tomó la misma decisión (39), por la intervención que tuvo Sotomayor en la «Fiesta del árbol», el 24 de Febrero de ese año (recogido en Campanario). El 9 de Mayo de 1941, el Ayuntamiento de Vera se suma a estos nombramientos. Con motivo de la «Fiesta de la Poesía», celebrada en Adra en el mes de Septiembre de 1934, donde recitó poemas de Rudezas y de Alma campesina, el Ayuntamiento de esta localidad acuerda, el 17 de ese mes:


«[…] nombrarle hijo adoptivo esta ciudad, encargar artista nombradía ex tender titulo pergamino; transcribir literalmente libro actas composición poética Canto Adra y hacer del mismo gran tirada a fin distribuirla entre niños escuelas nacionales este término» (40). 


Aunque, como veremos más adelante, Sotomayor no tuvo desde la Guerra Civil buena acogida en Cuevas del Almanzora, antes del conflicto el Ayuntamiento de su ciudad acordó dedicarle una calle, en sesión celebrada el 16 de Abril de 1921. Durante la Segunda República, el 30 de Septiembre de 1932, se acuerda que el grupo escolar de Cuevas lleve el nombre de «Poeta Sotomayor» (41).


Desde luego, Madrid, ayer como hoy, era el centro cultural del país; allí debía acudir todo escritor que deseara destacar. Gracias a la relación de su abuelo, José Álvarez de Sotomayor Doménech, con el rey, nuestro poeta fue recibido por la infanta doña Isabel de Borbón, como queda constancia en su poema «Comentarios», de Alma campesina. En Madrid ofrece una serie de recitales poéticos y se representan algunas obras. Así, el 13 de Marzo de 1921 presenta Rudezas en el Ateneo; el 22 de Marzo de 1930 hace lo mismo con Alma campesina, en el salón de El Heraldo. En la Asociación de Escritores y Artistas Españoles da a conocer tres libros de poesías: Los caballeros del campo e Isabel, el 31 de Enero de 1940, y Místicas, el 8 de Mayo de 1941. En el Teatro Martín estrena Los lobos del lugar, el 1 de Febrero de 1924; y La Seca es presentada en el Teatro Español el 6 de Abril de 1923.

Sotomayor frecuenta las tertulias literarias más famosas del momento en Madrid: «El Gato Negro», el «Café Gijón», y el «Castilla». Se hospedaba en una pensión de la calle del Príncipe, muy cerca precisamente de «El Gato Negro», donde se relacionaba con Muñoz Seca, Andrés González Blanco, Diego San José (42), Francisco Villaespesa, José Maria Carretero Novillo («El Caballero Audaz»), Zamacois, Mariano Beníliure, Jacinto Benavente, etc. Ángel Valbuena Prat recuerda que Rubén Darío, «Salvador Rueda y Villaespesa […] frecuentaron las más famosas tertulias de cafés de la Corte. En «El Gato Negro», el centro de la reunión era Jacinto Benavente, bastante afín a la moda modernista. La tertulia de R. Darío se localizaba en la calle del Príncipe (en «El Gato Negro»), en la casa de Pidoux. Admiradores del maestro, españoles, americanos y franceses, recitaban poemas suyos […]» (43).


¿Estaría entre ellos nuestro poeta? No seria descartable, puesto que, además de las amistades y lugares comunes que frecuentaba, por referencias —muchos documentos de la biblioteca de Sotomayor han desaparecido—, sé que mantuvo correspondencia con el poeta nicaragüense.
Por otro lado, solía acudir Sotomayor a la redacción del periódico El Sol, cuyo director era Miguel Moya, amigo del poeta y a quien dedica el drama La Seca.

Ha sido especialmente dificultosa establecer la verdadera relación de Sotomayor con Francisco Villaespesa, puesto que los testimonios orales recogidos —del hijo de nuestro vate y de otros familiares y amigos— caen en contradicciones profundas. Sin embargo, y si nos remitimos a su obra, la primera vez que aparece Villaespesa es en el poema «¡Oh mi patria chica!», dedicado al poeta de Laujar. Este poema, con muchas variaciones, fue publicado —sin dedicatoria— en El Imparcial de Levante, el 19 de Septiembre de 1914, y, después, integrado en Rudezas. A este libro de poemas puso fin, a manera de epílogo, el mismo Villaespesa con un poema dedicado a Sotomayor. A través de estos versos nos podemos dar cuenta de que la amistad entre ellos no fue tan superficial como algunos piensan, y que ésta debió comenzar bastante antes de 1921, fecha de la publicación de Rudezas:


«Como todos los libros leíste, 
y en todos los frutos de la vida hundiste 
tus dientes voraces, hasta las encías; 
y mares y tierras audaz recorriste; 
y en tus correrías 
todo lo ganaste, todo lo perdiste; 
y gozaste y amaste y sufriste; 
y en divinas humanas orgías, 
en copas de barro bebiste alegrías, 
y en copas de oro dolores bebiste; 
por eso supiste 
de angustias, de dudas y melancolías; 
y eres un poeta soñador y triste 
que aun los madrigales trueca en elegías 

A Villaespesa le dedica bastantes poemas; participa en el homenaje que, en 1931, le rinde su pueblo, Laujar; recita un poema, «Salutación» (de Campanario), en el homenaje que el Ayuntamiento de Almería tributó a Villaespesa, en Agosto de 1931, a su regreso de América; en 1935, recita dos poemas («Por eso soy moro» y «Eternidad», de Campanario) en el Teatro Cervantes de Almería en homenaje a Villaespesa por el estreno de su poema escénico Rosas todo el año.


«Porque el vate inmortal Villaespesa ha dejado en mi espíritu impresa 
de su Alcázar de Perlas sonoro 
la visión de su triste elegía. 
Porque mora fue siempre Almería… ¡por eso soy moro!» (44). 


En Abril de 1936, Sotomayor compone «La muerte del poeta», en memoria de Villaespesa:


«Ya del genio hizo su presa la parca con mano fuerte. 
¡Ya se apagó la pavesa 
del numen de Villaespesa 
por el soplo de la muerte!» 


Como dije anteriormente, Sotomayor se vio envuelto, durante el período de la Guerra Civil, en una serie de incidentes que hoy en día no aparecen del todo claros. Las opiniones de coetáneos suyos varían enormemente, según estuvieran eti la guerra en un bando o en otro. El poeta fue, para unos, un fascista, o, cuan do menos, un aliado de la derecha más reaccionaria; para otros, un «rojo», que fue capaz incluso de componer versos a los anarquistas. Pero estas opiniones encontradas son normales, porque, ¿cuántos españoles no recibieron esos mismos calificativos? Sea como fuere, y con la perspectiva histórica que nos dan los años, hay algo muy cierto y significativo: el relativo reconocimiento de la obra literaria de Sotomayor, sus idas y venidas por la provincia de Almería y por todo el país, se acabaron el estallar la contienda, y no se reanudaron posteriormente. Don Pepe Soto no volvió a ver representada su obra teatral, ni dio más recitales poéticos. La Guerra Civil lo sepultó en el anonimato más absoluto, y de éste apenas está saliendo en los últimos años: sólo unos pocos, en Cuevas del Almanzora, aún lo recuerdan.

¿Qué actitud tuvo Sotomayor ante la guerra? Realmente, debió aceptar, como tantos españoles, el triunfo de los que se alzaron en armas contra la República, pero —y este dato debe tenerse muy en cuenta— él no dedicó un solo poema a la Guerra Civil, ni, a través de los que escribió durante y después de ella, se puede desprender el más mínimo apoyo a unos y rechazo a otros. Entre Marzo de 1937 y Julio de 1946 hay ochenta poemas fechados, de los cuales treinta y cinco corresponden a su libro Místicas —de tema «religioso»—, veintiséis pertenecen a Isabel —recordando a su esposa muerta—, dieciséis tienen como tema el campo y los agricultores (Los caballeros del campo), y los tres restantes están dedicados a diferentes pueblos (Campanario). Es decir, nuestro autor quedó al margen de los sangrientos sucesos, y optó por encerrarse en sí mismo, en un exilio interior del que ya no salió:

«Tampoco debiera extrañar, en principio, que, entre los montones de ruinas, los poetas corrieran a refugiarse en lo religioso. Pero gran parte de esas composiciones son poesía sacra más bien que poesía religiosa, y las que merecen tal calificativo se resuelven, casi siempre, en puro desahogo vació de contenido» (45).


Cuando estalla la guerra, Sotomayor se encuentra en Garrucha, donde siempre pasaba los meses de verano. Desde Garrucha se trasladaba, por las mañanas, a Cuevas del Almanzora para atender sus negocios —las tierras y las minas—. En uno de estos viajes, fue detenido por primera vez, aunque sólo durante unos días. A principios de 1937, algunos miembros de la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.) intentaron darle «el paseíllo», pero la intervención de otro anarquista (46) consiguió librar a nuestro poeta de una muerte segura.


A mediados del mismo año, llegó a Cuevas del Almanzora el denominado «Batallón Floreal», compuesto por militantes de C.N.T., quienes obligan a Sotomayor a componer unos versos laudatorios para el citado batallón, versos que no se conservan en su totalidad. Por testimonios orales sabemos los cuatro primeros, aunque, como todo poema conservado de forma oral, tiene muchas variantes, según quien los recite:
«Ha llegado a nuestros lares el Batallón Floreal todos debemos tratarle como un batallón leal». 


Sotomayor volvió a ser detenido y encarcelado, junto con su hijo, ese mismo año. Primero estuvieron en el castillo de Cuevas, unos quince días, y más tarde fueron trasladados a Almería, donde quedaron presos en el buque «Ingenio», acusados de fascistas. Hacia Junio —o Septiembre, según las versiones— fueron liberados por el Gobernador de Almería, quien se extrañó del encarcelamiento (47).


Por este clima de inseguridad, Sotomayor marcha, poco después de su liberación, a Rambla Aljibe, un anejo de Lubrín; con él van su hijo y su nuera, Ana. El poeta se hace cargo de la escuela del lugar, aprovechando una disposición de la República mediante la cual, cualquier persona que poseyera el título de Bachillerato, podía ejercer la enseñanza. Isabel se quedó en Cuevas para que nadie pudiera apropiarse de la casa de la calle de la Rambla. De este tiempo es su «Canto a Lubrín»:

«Tales virtudes encierra la prole sana y bravía y afanosa de tu sierra 
que en el amor a tu tierra 
se me ha olvidado la mía. 
Que ya al fin de mi jornada tras larga vida azarosa 
me diste pan y posada 
y estreché la mano honrada de tu gente generosa. 
Y al brindarte este plañir como sencillo cantor 
de mi lírico sentir, no me importara al morir en tu suelo descansar» (48).


En 1938, Isabel, enferma, se une a su marido en el «refugio» de Rambla Aljibe, pero, al agravarse la enfermedad, deciden volver a Cuevas del Almanzora, donde moriría el 20 de Diciembre de 1938. ¡Grande tuvo que ser el dolor del poeta! Promete entonces una campana a la iglesia, cuando terminara la guerra (49), y publicar un libro de poemas dedicado a Isabel (50). Esta última promesa no la pudo cumplir hasta 1944, fecha en que aparece Isabel:


«Eso será este libro: instantes y momentos que al tropel de mis lágrimas en la memoria apiño traducidos en rimas que daré a todos vientos para ejemplo en la tierra de lo que es un cariño». («A manera de prólogo. Isabel», en Isabel) 
Isabel está dividida en tres reveladoras partes: «Del dolor del alma», «Del dolor de la vida», y «Del dolor de la muerte». De todos ellos participó el poeta del Almanzora.


Sotomayor, pues, experimentó, en estos últimos años de su existencia, una soledad absoluta: solo, sin demasiados amigos, envejecido, más por las experiencias dramáticas que rodearon la guerra que por la edad misma. En esta desesperada situación llega a implorar, en unos versos, la ayuda de Dios:


acude en mi adversidad con un rayo de tu luz… 
¡Tú, que sabes de verdad lo que es una soledad 
llorando al pie de una cruz!». («Soledad», de Místicas) 
Decide entonces volver a casarse, y lo hará con Maria Josefa Muía Sangermán (Cuevas, 24-4-1901 – Almería, Enero de 1982), que había ingresado, en Mayo de 1936, en una orden religiosa, razón por la que suele llamarle, en los numerosos poemas que le dedica, «la monjita de mi cabecera». Contraen matrimonio en Cuevas del Almanzora el 10 de Abril de 1940: él tiene sesenta años, y ella treinta y nueve. El 17 de Abril de ese mismo año, «fueron velados y recibieron las bendiciones nupciales, según las ceremonias del Ritual Romano» en la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, de Zaragoza, por el Licenciado don Valentín Gómez. Sotomayor reconoce que su «monjita», «dejó su vida de consagración al más puro misticismo, para ser ayuda y sostén de la mía, ya en el declive de mis últimos años. A esta mi segunda esposa quiero expresar mi gratitud a la asiduidad con que me asiste en todas las materiales impertinencias, de una dolencia larga y a su cristiano amor a su hogar».


Si tuvo problemas con una parte en la Guerra Civil, cuando ésta acabó los incidentes vinieron del otro bando. Los falangistas más radicales del pueblo le hicieron la vida imposible, acusándole de colaborador de los republicanos —por el poema compuesto al «Batallón Floreal»—. Además, estaba el caso de su hermano Alberto, socialista en un principio, y luego anarquista. Fue condenado a muerte, pero entre el juez de Cuevas, Sotomayor y su hermana Ana Manuela —que marcharon a Burgos para interceder ante Franco—, consiguieron que se le conmutara la pena por treinta años de prisión. Parece ser que la envidia y la «fiebre» nacional-sindicalista de estos primeros meses de la posguerra fueron la causa de su casi forzado «exilio» (51):


«¿Dónde está que no la encuentro, dónde la oculta vereda 
por donde yo pueda andar sin que la gente me vea? 
¿Dónde hallaría el albergue con un asiento de piedra 
que me escondiera a los ojos de las envidias ajenas? 
¿Dónde estará esa campana que aguarda muda la fecha de dar tañidos a muerte 
la tarde que yo me muera?» 
(«Errante», de Isabel) 


Todos estos acontecimientos infelices que se sucedieron en cadena desde el principio de la Guerra Civil (los arrestos en el bando republicano, la muerte de Isabel, la condena de Alberto, los problemas con los exaltados falangistas…), llegaron a su punto más álgido en 1940, cuando, el 11 de Octubre, marcha a Vera, el lugar de su «exilio». Esta época es muy fecunda desde el punto de vista de la creación: allí escribe Místicas, Isabel, y Los caballeros del campo. El 15 de Octubre de 1940 escribe el «Canto a Vera», donde afirma:


«En cuna de desengaños 
—afán de humanos anhelos— vine en busca de consuelos 
y de descanso a esta tierra 
que en sitio sagrado encierra cenizas de mis abuelos». 


En Vera estará hasta el 25 de Mayo de 1941, fecha en que unos amigos del pueblo del poeta consiguen convencerle para que vuelva a Cuevas del Almanzora. En Vera deja, además de sus escritos, unos meses de paseos por los campos y de tertulias en la plaza del pueblo. El Ayuntamiento le nombra hijo adoptivo el 9 de Mayo de 1941, y decide poner una placa en la casa donde vivió, en la calle Mayor. La placa, por fin, fue colocada en el verano de 1980, con motivo de un homenaje por el centenario de su nacimiento, cuyo texto es el siguiente:

«A la caricia acogedora de esta Noble Ciudad, el Poeta Sotomayor escribió la mayor parte de los versos que forman su trilogía poética: Los Caballeros del Campo, Isabel, y Místicas».
Sotomayor, enfermo de cáncer de próstata, vive los últimos años obsesionado por su situación personal y política al finalizar la Guerra Civil. Ya el 20 de Mayo de 1947, el poeta intuía que llegaba el final:
«Hoy soy ya pálida rosa, sin perfume y deshojada, muerta de tedio en la prosa, porque el verso es una cosa que no sirve para nada.

Solo, en mi apartado nido, las horas tristes en calma consumo en completo olvido, enfermo y envejecido por pesadumbres del alma». (Prólogo a Romancero del Almanzora)


En el testamento de 1947 ruega a su hijo «que vele porque no se le dé sepultura a mi cadáver mientras no se halle en clara y franca descomposición; que se me entierre en la tumba construida exclusivamente para los dos cuerpos de su madre y el mío; que transcurrido un año de mi enterramiento se macice el interior del mármol corpóreo que forma nuestro sepulcro y que en la losa que le cubre, después de gravar [sic] la fecha de mi fallecimiento, se graven [sic] estos versos:


«En esta tumba dejad 
que confundidos los dos durmamos la eternidad siquiera sea en caridad y por el amor de Dios».

En el mismo documento testamentario, Sotomayor también expresa su deseo de «que se me entierre en horas de la madrugada, a la venida del día, para que no vayan tras de mi cadáver los que me zahirieron y mortificaron sin un halago en la vida, por el solo delito de haber sido el poeta que más ha cantado la tierra de su cuna». El 25 de Diciembre de 1947 muere Sotomayor, «a las doce de la mañana […] de Cáncer de la vejiga, según certificación del facultativo Don Emilio Gimeno». En el amanecer del día siguiente, don Andrés Martínez Cano, cura de la iglesia parroquial de la Encarnación, los familiares más allegados y unos pocos amigos, son los testigos presenciales de su entierro. Su última voluntad fue escrupulosamente cumplida.

NOTAS
(1) J. MARTíNEZ ALVAREZ DE SOTOMAYOR: Obras Completas. Cuevas del Almanzora, Librería Mary Reyes, 1973.
(2) Vid. J. MONLEON: «Mariana Pineda, el amor y la libertad», en Tiempo de Historia, núm. 23, Madrid (Julio 1977), Pp. 58-67.
(3) F. GARCíA LORCA le llama «D. Pedro Sotomayor». Vid. Mariana Pine da. Buenos Aires, Losada, 1974 (79 ed.), p. 7.
(4) J. MONLEON: art. cit., pp. 65 y ss. José Monleón, en concreto, cita a Antonina Rodrigo, quien se pregunta si no fue, en vez de don Fernando, Casi miro Brodett el que ocupó el corazón de Mariana, lo que tendría «algo de corrección histórica».
(5) VV.AA.: Poeta Sotomayor. Cuevas del Almanzora, Imprenta Martínez, 1981, p. 6. Es muy meritorio el árbol genealógico que han elaborado estos entusiastas investigadores del poeta, a quienes tanto debo.
(6) Madrid, Biblioteca Moral. Tipografía de M. Franco, 1908.
(7) «[…] compra acciones en las minas del Jaroso con la parte que le corresponde de sus padres. Esto nos viene confirmado por los datos que podemos observar en la partida de nacimiento de su primer hijo [Fernando, el General]: «Se bautizó en la pila nueva de mármol y con la concha de plata de las minas del Jaroso y fábricas «Carmen» y «Esperanza» que se estrenan en este acto» (Partida de nacimiento, libro 47, p. 145 y., del Archivo Parroquial de Cuevas del Almanzora». VV.AA.: Poeta Sotomayor, ed. cit., PP. 6-7.
(8) En el periódico de Cuevas del Almanzora, El Minero de Almagrera, num. 470, correspondiente al 10 de Noviembre de 1883, aparece Manuel Martínez Soler como propietario de la fundición «Carmen», situada en Villaricos, un anejo costero de Cuevas del Almanzora.
(9) Los autores de Poeta Sotomayor, ed. cit., p. 3, afirman que, en el censo de 1910, contaba Cuevas del Almanzora con un total de 26.130 habitantes.
(10) P. MADOZ: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, La Ilustración. Est. Tipográfico-literario Universal, 1847, vol. VII, p. 270.
(11) Vid. Catálogo de prensa almeriense (1823-1 939). Almería, Excma. Diputación Provincial, 1982, Pp. 278-279. En esta publicación se recogen, además de los periódicos citados, otros de menor difusión: El Progreso, El Próspero, La Voz del Pueblo, El Clamor de la Justicia. Sobre El Almanzora se dice que «colabora José Martínez Alvarez de Sotomayor». Desgraciadamente, la mayoría de la prensa de Cuevas del Almanzora se ha perdido, y sólo se conservan números sueltos.
(12) El Censor (EC) dedica dos números casi completos a este poeta. Vid. EC, núm. 134. Cuevas, 14 de Mayo de 1935; y EC, núm. 136. Cuevas, 1 de Junio de 1935.
(13) Sobre Siret y sus trabajos arqueológicos en esta zona pueden verse las páginas que le dedica G. BRENAN en su clásica obra Al sur de Granada. Madrid, Siglo XXI, 1981 (69 ed.), Pp. 268 y ss.
(14) «En la ciudad de Cuevas, provincia y obispado de Almería, a dos de octubre de mil ochocientos ochenta, yo don José Joaquín Guevara Flores, coadjutor de esta iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación, bauticé solemnemente a un niño, a quien puse por nombre José María Adolfo de Jesús que nació el veintiocho de Septiembre […]». Partida de Bautismo, libro 77, folio 111.
(15) «Don Diego Fernández Fernández, Pbro., Secretario del Tribunal de Ingreso para la segunda enseñanza de este Colegio, Certifico: Que Don José Martínez Alvarez de Sotomayor [..j¡ ha sufrido el examen de las materias que comprende la primera enseñanza elemental completa, habiendo obtenido la calificación de Sobresaliente». Certificado en papel timbrado, 119 clase, año
1890, n? 1.103.557.
(16) En el curso académico 1890-1891, obtiene, en Latín y Castellano, la calificación de Sobresaliente; en Geografía, Bueno; En el curso 1891-1892, ob tiene, en Latín, Bueno, y en Historia de España, Aprobado. En el curso 1892-1893, obtiene, en Retórica y Poética, Bueno; en Aritmética y Algebra, Bueno; y en Francés, Sobresaliente. En el curso 1893-1894, logra, en Historia Universal, Bueno; en Psicología, Lógica y Etica, Sobresaliente; y en Geometría y Trigonometría, Sobresaliente. Por fin, en el curso 1894-1895, ob tiene la calificación de Sobresaliente en las materias de Elementos de Química, Elementos de Física, Historia Natural, Orga y Fisiología humanas, y Agronomía e Industria. Estos años estudia Sotomayor en Cuevas, y va a examinarse a Almería. Vid. Expediente Personal del Alumno, expedido por la Secretaría del Instituto de 2~ Enseñanza de Almería, núm. 16; ms cripción del Grado, núm. 78, p. 1.
(17) «En 29 de Junio de 1895, repitió en este Instituto el examen de ingreso y obtuvo la nota de Aprobado. En 29 y 30 de Junio de 1895, verificó en este Instituto los ejercicios del Grado de Bachiller y obtuvo la calificación de Aprobado en el primero y Sobresaliente en el segundo». Vid. Expediente Personal del Alumno, inscripción del Grado, núm. 78, p. 2.
(18) Es probable que su afición por este tipo de vestidos a la usanza árabe provenga de su tío Juan Alvarez de Sotomayor Doménech, de quien era el traje con el que aparece en el aludido retrato. No obstante, esta maurofilia no es exclusiva de Sotomayor, sino que, como veremos, desde el siglo XIX, y, sobre todo con el movimiento romántico, se viene desarrollando esta tendencia, que se continúa hasta principios del siglo actual. Entre los escritores que usaron, en algún momento, el atuendo árabe, se puede citar al malagueño Arturo Reyes. Vid. C. CUEVAS GARCíA: Un enfoque humano del andalucismo literario. Arturo Reyes. Su vida y su obra. Málaga, Caja de Ahorros Provincial de Málaga – C.S.l.C., 1974, vol. 1.
(19) Por ejemplo, la citada publicación inserta la noticia siguiente:
«Se encuentra fuertemente acatarrado S.M.I. el Califa de Calguerín, al que deseamos rendidamente su pronto y radical restablecimiento.
Se suplica a sus súbditos pidan a Alhá por la augusta salud de su poderoso señor» (El Imparcial de Levante, núm. 2. Cuevas, 25 de Octubre de 1913, p. 4).
(20) El Imparcial de Levante (EIL), núm. 95. Cuevas, 7 de Agosto de 1915, p. 2.
(21) EIL, núm. 50. Cuevas, 26 de Septiembre de 1914, p. 3.
(22) EIL, núm. 61. Cuevas, 12 de Diciembre de 1914, p. 3.
(23) «Ha sido nombrado Cónsul general del Kalifato en la República Francesa el distinguido ingeniero don Félix Gilly». EIL, núm. 82. Cuevas, 8 de Mayo de 1915, p. 3.
(24) EIL, núm. 39. Cuevas, 11 de Junio de 1914, p. 3.
(25) Otras versiones aseguran que era presentado por una prima suya, con quien paseaba por la Castellana en un coche de caballos.
(26) EIL, núm. 85. Cuevas, 29 de Mayo de 1915, p. 1.
(27) EIL, núm. 48. Cuevas, 12 de Septiembre de 1914, p. 3. El poema está firmado por Aben-Ozmín el Jaráx, y no está incluido en ninguno de los libros publicados por nuestro autor.
(28) Según certifica don Juan Escribano y Panadero, Sotomayor otorgó dos testamentos: el primero, en La Roda (Albacete), ante don Diego Soldevilla, el 11 de Septiembre de 1928; el segundo, en Cuevas del Almanzora, el 29 de Julio de 1940, y ante don Alfonso García, el 11 de Febrero de 1947 (al que hacemos referencia). El certificado lo expide la Dirección General de los Registros y del Notariado el 17 de Enero de 1948, letra M, núm. 405.
(29) Compuso «Salud», de Campanario, en homenaje a los diputados radicales elegidos por Almería en las elecciones de 1934, y el «Himno», también de Campanario, a petición del Partido Nacional Republicano de Almería.
(30) El Defensor de Cuevas, núm. 7. Cuevas, 27 de Julio de 1912.
(31) EC, núm. 121. Cuevas, 30 de Octubre de 1934.
(32) Un himno a la patrona de Almería, la Virgen del Mar.
(33) G. BRENAN: Op. cit., p. 267. El subrayado es mio.
(34) El destino de su biblioteca particular es hoy incierto. Según el testamento, debía pasar a poder de su hijo Pedro, pero éste niega poseerla.
(35) Estos datos, aunque se refieren a finales del siglo XIX, pueden extenderse, sin temor a error grave, al primer tercio de nuestro siglo.
(36) «Invitado por el Ateneo y por el Gobernador Civil de Cáceres, Sr. Tuñón de Lara, para dar un recital de sus poesías en el Teatro Principal, a beneficio de los obreros parados en Extremadura, se encuentra en dicha capital nuestro paisano, el aplaudido dramaturgo D. José M. Alvarez de Sotoma yor: le deseamos muchos éxitos, que como en todas partes merecidamente no dudamos ha de obtener, prometiéndonos transcribir para conocimiento de nuestros lectores, lo que en la prensa de la capital extremeña diga al ocu parse de tan inspirado poeta». EC, núm. 34. Cuevas, 1 de Junio de 1931, p. 3.
(37) Recogido en EC, núm. 46. Cuevas, 1 de Octubre de 1931, p. 3.
(38) «Dulcenombre Valverde Hita, Secretario Acctal. del Ayuntamiento de Laujar de Andarax. Certifico: que en la sesión celebrada por el Pleno de este Ayuntamiento el día siete de Septiembre de mil novecientos treinta y uno, se adoptó entre otros, el siguiente acuerdo: […] declara HIJO ADOPTIVO de esta villa […] al insigne Poeta natural de Cuevas del Almanzora D. José Martínez Alvarez de Sotomayor y para perpetuar este homenaje, se trans criben íntegramente en este acta la poesía objeto de este acuerdo, expedién dose certificado de este particular para remitírselo al Sr. Alvarez de Soto mayor, para satisfacción de todos Ii.]». Sigue el texto del poema. Certificado «de orden y con el visto bueno del Sr. Alcalde en Laujar de Andarax a veintiuno de Marzo de mil novecientos ochenta y tres».
(2) 
(39) «La Corporación con gran entusiasmo hizo suyas las manifestaciones del Sr. Presidente, y por unanimidad, acordó nombrar Hijo Adoptivo de este pueblo al señor Alvarez de Sotomayor, cantor insuperable de la Región». Libro de Actas del Ayuntamiento de Pulpí, 9 de Marzo de 1924, Pp. 16-17.
(40) Telegrama del alcalde de Adra a Sotomayor, reproducido en EC, núm. 119. Cuevas, 22 de Septiembre de 1934.
(3) 
(41) «Este Consejo Local de mi presidencia, en su sesión de 30 de Septiembre anterior, acordó por unanimidad se denomine del «Poeta Sotomayor» el Grupo de las Escuelas Graduadas de niñas de esta Ciudad, como testimonio del aprecio que hacen de los méritos que en Ud. concurren, con los que honra a este pueblo en que nació». Comunicación del Alcalde de Cuevas del Almanzora a Sotomayor, fechado el 30 de Octubre de 1932.
(4) 
(42) Autor del prólogo a Alma campesina, en donde recuerda su encuentro con Sotomayor en Madrid. Fue autor de novelas cortas sobre el Madrid castizo del final del Antiguo Régimen. Vid. J.C. MAINER: La edad de plata (1902-193 1). Ensayo de interpretación de un proceso cultural. Barcelona, Los Libros de la Frontera, 1975, p. 140.
(5) 
(43) A. VALBUENA PRAT: «Modernismo y Generación del 98 en la literatura española», en Historia General de las Literaturas Hispánicas. [G. Díaz Pía- ja, edil Barcelona, Vergara, 1967, vol. VI, p. 191.
(44) «Por eso soy moro», de Campanario, fue publicado, con bastantes varia ciones, en EIL, núm. 88. Cuevas, 19 de Junio de 1915, p. 3.
(45) V. GARCíA DE LA CONCHA: La poesía española de posguerra. Madrid, Prensa Española, 1973 (2~ ed.), Pp. 119-120.
(46) Miguel «Carretero» o Miguel «Conejo», que de las dos formas era conocido. Los autores de Poeta Sotomayor cuentan cómo este convenció a sus compañeros de la bondad de Sotomayor:
«Tenía Sotomayor una parcela de naranjas en medio del pago de Calguerín y Miguel «Conejo» otra al lado. Cuando sus hijos hacen fuego para quemar unos rastrojos se propaga a la parcela de naranjos del poeta, que dando todos carbonizados. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, llegó a la casa de Sotomayor y llorando arrodillado dijo: «Yo soy la carne y Ud. el cuchillo, puede hacer lo que quiera de mi». Le contestó que no se preocupara, que lo único que le pedía era que le trajese de Vera los naranjos y que ya los pagaría él. Al escuchar esta historia, los miembros de la CNT volvieron al pueblo para presentarle disculpas». VV.AA.: Poeta Sotomayor, ed. cit., p. 21.
(47) Hay quien opina que fue la intervención de cenetistas de Barcelona — originarios de Cuevas—, llegados a Almería con ese único fin, quienes los liberaron, pero esto ha sido desmentido por el hijo del poeta.
(48) Fechado el 18 de Octubre de 1938, este poema aparece en Isabel, dentro de la segunda parte del libro, «Del dolor de la vida». Este poema iba a ser publicado en una segunda edición de Campanario. Posiblemente, el poeta, al no poder hacer esa nueva edición, decidió incluir este «Canto a Lubrín» en Isabel, ya que éste poema respondía perfectamente al tono melancólico y a una experiencia vital de singular importancia.
(49) La campana, que se encuentra actualmente en la iglesia del Hospital de Cuevas del Almanzora, fue comprada en 1939, y tiene grabados el nombre de Isabel y los siguientes versos:
«Plegarias al viento sean los ecos de esta campana en memoria de su nombre y en provecho de su alma». 
(50) Véase «Las dos promesas», de Isabel.
(51) Los incidentes contra la persona de Sotomayor llegaron hasta el extremo de arrojar el retrato del poeta por el balcón del Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora.