Lunes 23 Abril 2018

¿Por qué lo llaman Sur cuando quieren decir Andalucía?

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Porqué lo llaman sur

Tengo algunas amistades migradas. Más bien exiliadas, de esas que se marcharon a un país occidental y ultracapitalista para poder ejercer de lo que habían estudiado aquí. Hace unos días alguna de ellas volvía a vibrar de nostalgia en su muro de Facebook. A su emotivo texto sobre “ser del sur” le acompañaba una fotografía con una botella de manzanilla. No estoy hablando de la infusión.

La manzanilla es un vino muy del Sur. ¿Del sur de dónde? Del sur de España, suponemos. Las Canarias entonces, ¿no?

Obviamente no.

Meses antes también se hizo el encuentro Marika, que fue Sureño en lugar de Andaluz, hasta hace dos años el Orgullo de Andalucía se llamaba Orgullo del Sur, la televisión pública es Canal Sur (es más, su constante campaña mediática “Yo soy del Sur” está funcionando a las mil maravillas), algunos colectivos se definen por ser “del Sur”, algunos feminismos hablan de interseccionar con “el Sur”, Sabina en su discurso de recepción de la medalla de hijo predilecto de Andalucía, otorgada por el Susanato de la Junta, definía esta tierra como “un paraíso hospitalario al sur del sur”. Y yo no puedo evitarlo: cada vez que oigo este combinado de palabras se me antoja una cervecita fresquita, porque con tanto sur se me parece un anuncio de cerveza.

Este devenir Andalucía en Sur (por fin he conseguido colocar la palabra “devenir” en alguna parte) hace encajar a mi nación dentro y con respecto a un estado opresor. El mismo estado que colonizó y coloniza nuestra cultura y nuestros recursos, sean simbólicos o materiales. El mismo que se apropia del flamenco y del traje de gitana para hacerlos símbolos de un Estado inventado que no se creen ni ellos. El mismo estado que nos toma como fuente de recursos naturales y mano de obra barata.

Al decir Sur, estamos diciendo Sur de España. Es decir, nos estamos definiendo con respecto al opresor. Estamos, además, enorgulleciéndonos de ser parte de él. Cuando decimos Sur, hablamos del Sur del subcontinente europeo, nos situamos en el occidente colonizador y obviamos nuestra conexión con nuestra verdadera macro-matria: el Mediterráneo.

Al decir Sur, estamos mirando precisamente al Norte, en lugar de estar mirando más al sur, que es lo que deberíamos hacer. Es como cuando la clase media mira a la clase alta en lugar de mirar a las clases más bajas y hermanarse con ellas. No hay nada más peligroso que el concepto clase media. Así como el concepto Sur aplicado a la vertiente norte del mediterráneo: Todo eso que no es África, pero casi.

Al decir Sur, encima nos estamos apropiando de un concepto reivindicado por el Sur Global, y nosotras, aunque hayamos sido colonia y en la actualidad complemente asimilada, no respondemos a la misma situación económica y social. Es más, también tendríamos que mirarnos lo nuestro como agente colonizador.

¿Por qué el sur es el Sur y el norte es el Norte? ¿Quién decide cuál es cuál? Al reconocernos en el Sur estamos reconociendo un eje de coordenadas establecido por la geopolítica hegemónica.

Son muchos siglos intentando borrar de nuestras cabezas nuestra memoria histórica, de limpieza étnica, de hacernos creer que hablamos mal o en el mejor de los casos que hablamos español meridional, de culpabilizarnos de una situación económica miserable impuesta desde fuera, siglos y siglos de machaque como para que ahora también nos hagan olvidar su nombre. Desde los feminismos sabemos muy bien que lo que no se menciona no existe, así que por favor, llamemos al pan, pan y al vino, vino.

Y a Andalucía, Andalucía. Qué bonito nombre tienes.

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