Andalucía libre

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Memorias Pedro Vallina

Fragmento de las memorias del doctor y revolucionario andaluz Pedro Vallina, nacido en Guadalcanal en 1879 y fallecido en el exilio en México en 1970.

No recuerdo la fecha exacta, pero fue la víspera de las primeras elecciones a diputadas a cortes que iba a celebrar la segunda República.

Entonces llegaron a Sevilla, Ramón Franco, Rada, Raixac, Juan Galán, Justiniano García y el doctor Enrique Castell, a los que pronto se sumaron Balbontín y Rodrigo Soriano. Se pusieron de acuerdo con Blas Infante, Pascual Carrión y otros andalucistas significados, para realizar el plan que traían de una Andalucía libre, donde la libertad y la justicia social fueran una realidad.

Todos vinieron a visitarme y recabaron mi ayuda para la revolución andaluza que preparaban. Acepté tomar parte en el movimiento revolucionario, pero no me pareció acertado, y así se lo comuniqué, aplazar la fecha de la insurrección hasta después de la celebración de las elecciones, sino de realizarla inmediatamente, para lo cual el ambiente estaba preparado. Desde luego, rechacé rotundamente la invitación de presentar mi candidatura, entre las suyas, en aquellas elecciones que tanto les preocupaban; dicha invitación, en vez de halagarme, me ofendía, como una medida antirrevolucionaria que nos llevaría al fracaso.

Ramón Franco me aseguró que estaba de acuerdo con Maciá y que podíamos contar con la ayuda de Cataluña. Además, como director que era de la aviación militar, podíamos disponer de los aviones de guerra para destruir los cuarteles que no se unieran al movimiento revolucionario. En efecto, en una visita que hice al aeropuerto de Tablada, donde fui recibido por su director el coronel Camacho, pude confirmar, por el espíritu de los soldados, las promesas de Ramón Franco.

Todos los esfuerzos que hice para hacer desistir a aquellos hombres de su participación en las elecciones a diputados, fueron inútiles, y entonces comprendí que con la política padecían una enfermedad mental que no podía curarse como no fueran confinados y sometidos a un régimen muy severo, como, por ejemplo, a los morfinómanos.

En las asambleas que se celebraran en Sevilla y en los pueblos de la provincia, la muchedumbre respondió con tanto entusiasmo que no había locales con bastante capacidad para contenerla, y a veces tenían que celebrarse aquellas asambleas en el campo, al aire libre. Y es que yo les hacía conocer de lo que se trataba, de una revolución social, y no de elecciones a diputados.

En la última asamblea que se celebró, si no me equivoco en Lora del Río, se hundió el escenario del teatro, bajo el peso de tanta gente, resultando Ramón Franco y Juan Galán con las piernas fracturadas.

La noche siguiente al día que ocurrió aquel accidente, tenía preparada a la gente en Triana para apoderarnos del aeropuerto de Tablada. Pero en el momento que se reunía la muchedumbre, llegó a aquel lugar en un automóvil la mujer de Ramón Franco y el mecánico Rada con la orden de Ramón Franco de detener el movimiento porque Sanjurjo se había posesionado del aeropuerto y había preparado su defensa militar. Franco se encontraba allí detenido y herido.

Ramón Franco triunfó en las elecciones de Barcelona y Sevilla, y entró en el Parlamento con el acta de la primera ciudad, donde hizo un papel ridículo, pues no servía ni como parlamentario charlatán.

Desde aquel momento no volví a tener noticias directas de Ramón Franco, que me parecía un hombre valiente y bien intencionado. Después me contaron que para domesticarlo lo mandaron a Italia, para que conociera las excelencias del fascismo, de donde pasó para perfeccionarse como delegado a la embajada española en Estados Unidos. También se dice que tomó parte en la guerra fascista contra el pueblo español, muriendo en un accidente de aviación.

No estaría de más investigar la causa de su muerte, como la de los generales Cabanellas, Mola y Sanjurjo, donde parece que hay otro enigma como en la muerte de Kennedy en Estados Unidos.

Pedro Vallina.