Lunes 5 Diciembre 2022

Presencia de las mujeres en la Constitución de Antequera de 1883

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Huelga cigarreras SevillaPor Isi Barrera y Mariví Colomina.

  La Constitución de Antequera de 1883, la única Constitución andaluza hasta nuestros días, surge en un período convulso de nuestra historia, donde los cambios y revueltas sacuden también la posición de la mujer en la jerarquía económica y social, y propicia una serie de cambios a nivel legal que, aunque tímidos e insuficientes, van a suponer una herramienta útil para la posterior emancipación femenina.

  En el siglo XIX, la nueva mujer que surge en este patriarcado es, además de sumiso medio de producción y dócil objeto de intercambio comercial, un ser totalmente despojado de conocimientos para desarrollar sus tareas patriarcales de madre, esposa y cuidadora a la que el propio sistema mantendrá en la ignorancia más absoluta para sacarle el pleno rendimiento, todo en honor de la diosa Plusvalía.

  La mujer de la clase dominada en este nuevo sistema económico quedará relegada al ámbito doméstico y a la pequeña producción agrícola o artesanal hasta que un acontecimiento tecnológico provoca otra vuelta de tuerca: la Revolución Industrial.

  La Revolución Industrial, al reemplazar la producción agrícola y los pequeños talleres por la gran industria, formalizó la separación entre lugar de producción y lugar de reproducción, asignando el papel de responsable del hogar a la mujer pero minimizando su importancia y obligándola a salir de su “lugar natural” para producir beneficios y plusvalía también fuera de casa.

  Esta ideología surgida con la consolidación de la nueva clase dominante, la burguesía, reforzó el menosprecio tanto del trabajo doméstico como el de las mujeres que, por razón de su clase social, tenían necesidad de trabajo remunerado, mientras que las mujeres de la clase dominante, también sumisas al patriarcado, disfrutaban del beneficio de no tener que realizar ninguno de esos trabajos.

  Con la instauración de la dinastía borbónica, el país empieza a mirarse en Francia, de donde se importan modas y estilos artísticos. Este giro se ve reflejado en la situación de las mujeres, que adoptan un nuevo papel social, pasando el centro intelectual femenino de los conventos a los salones, y se crean asociaciones vecinales, culturales, políticas, sociales.

  Entre las clases populares, las mujeres seguían trabajando en todos los sectores como el del esparto en Almería que fue protagonista de su economía. En 1803, llegaron a ser 800 mujeres.

  Las nuevas ideas sociales empiezan a llegar con fuerza desde Europa. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels (1848) empezó a calar en la gente, que por fin podía visualizar un cambio en la estructura de clases y el reparto de la riqueza.

  La Comuna de París fue un movimiento insurreccional que, gobernó brevemente la ciudad de París, instaurando el primer gobierno de la clase obrera del mundo cuyo espíritu era el socialismo autogestionario.

  El Congreso Internacional de la Haya de 1872 ya había contado con presencia andaluza.

  La propiedad privada era ya cosa del pasado en las mentes andaluzas. Andalucía no estaba conforme con las provincias impuestas por la Constitución de 1812. Los cantones era la solución común a todas estas líneas de pensamiento.

  El año 1873 se instaura la I República española: Andalucía seguía inmersa en una grave crisis de pobreza y derechos sociales. Esta crisis, más o menos acentuada, duraba ya desde la conquista de los Reyes Católicos. Dentro del republicanismo, Andalucía abogaba por la necesidad de una descentralización masiva y mayor autonomía para las diferentes administraciones propias.

  En el Estado Español, el fracaso de la I República sumió al republicanismo en una grave crisis. La Revolución regional-cantonalista (1873-1874), muy extendida por Andalucía gracias a la influencia del comunismo libertario, fue reprimida por el general Pavía, el golpista que abriría paso a la Restauración borbónica.

  1883 es un año difícil. Andalucía es escenario del hambre, las epidemias y el desplome de las clases burguesas urbanas. El nuevo régimen se consolida y da un rumbo autoritario a la Revolución burguesa. La mayoría de los trabajadores y jornaleros no ven otro refugio que las organizaciones anarquistas, cada vez más numerosas. Algunos todavía alternan su militancia sindical (anarquista) con la política en las filas del republicanismo confederal.

  Montajes como el de 'La Mano Negra' pone a los opositores en el patíbulo y en verano de este mismo año se dicta el estado de guerra en media Andalucía. En este contexto aparece por primera vez en Andalucía un código de derecho al trabajo y el derecho a la igualdad total.

  Somos conscientes de que esta constitución está considerada de las más avanzadas de Europa o la más avanzada.

Según el libro de Francisco Campos López sobre la Constitución Andaluza de Antequera de 1883 (pinchar aquí para ver), en su Título III reconoce a la mujer independencia civil y social.

  La Constitución Andaluza declara la libertad de enseñanza, de pensamiento y de expresión, la igualdad de la mujer y su derecho al voto, ”el sufragio universal permanente”, y la igualdad ante la Ley de ambos sexos
(confiando que en esta constitución, el genérico ciudadano englobara a hombres y mujeres y que a la hora de aplicarla no sea como en la constitución francesa de 1791, donde filósofos tan reconocidos como Rouseau o Voltaire dijesen que en la constitución ponía “hombres, ciudadanos” y no ponía mujeres o ciudadanas, así que la constitución no estaba hecha para las mujeres).

  En aras de la emancipación, se dispone el derecho a la instrucción, que no educación, pública, gratuita y obligatoria para ambos sexos, así como la prohibición de las órdenes religiosas como forma de hacer realidad el derecho a la libertad religiosa. También se proscriben los impuestos indirectos, y se garantiza el 'derecho de propiedad limitado por los derechos sociales', de todo esto puede disfrutar la mujer andaluza en un reconocimiento sin precedentes de derechos tan sólo comparable a la situación social y jurídica de la que disfrutaba en Al-Andalus.

  Sin embargo,no todo es positivo para la mujer en la Constitución.

  Empecemos porque en la asamblea de los federales andaluces en Antequera no hubo mujeres, con lo que en la construcción de ese proyecto de constitución de Antequera no pudo incorporarse de facto la visión femenina.
Uno de los puntos que le da esa importancia es la incorporación de las mujeres a las que se le concede la independencia civil y social, con la mayoría de edad (art. 14o de la Const. federal). Además, en la referencia a la instrucción gratuita y obligatoria hasta los doce años para ambos sexos (art.13o apartado b/) para nuestro entender a este articulo le falta “igualitaria”, porque a pesar de ser una instrucción obligatoria , a los niños los instruyen en la lectura y la escritura y a las niñas en la obediencia marital y comportamiento social para que aprendan a seguir al patriarcado. Este razonamiento es el que nos lleva a entender el siguiente punto: por qué el voto de la mujer es condicionado, a pesar de ser considerado como un gran avance.

  Según el articulo 15o del titulo 3o de la constitución federal dice: "Todo ciudadano andaluz, es elector. TAMBIÉN las mujeres que, poseyendo condiciones de ciudadanía, cursen o hayan cursado en establecimientos de enseñanza secundaria o profesional, nacionales o extranjeros". Esto ¿quiere decir que el ciudadano andaluz podía votar tuviese estudios o no?, ¿y la mujer necesitaba estudios superiores para poder votar? Si es así, estaban excluyendo a casi la mitad de la población andaluza, eso sí, todas mujeres, a pesar de su “instrucción obligatoria”.

  Sus razonamientos para promulgar el articulo con estas condiciones no lo sabemos, tampoco podemos alegar que hay que tener en cuenta el contexto de la época, porque precisamente el siglo XIX fue un siglo de huelgas, revueltas, etc, donde las mujeres también estaban y luchaban a la par de los hombres.

  Otro argumento podría ser que, si la mujer votaba, sería con la influencia del confesionario,( como años más tarde alegó Victoria Kent en el parlamento español), ya que en el art. 12 y 13 apartado a/ dice: “se prohíbe toda suerte de comunidades religiosas”. Con lo cual al confesionario ya no le debían de temer. 

  Tampoco se podía alegar falta de compromiso en la lucha por los derechos sociales y laborales porque las mujeres estaban muy politizadas. 

  El Pensil Gaditano, El Pensil de Iberia, El nuevo Pensil de Iberia o La Buena Nueva fue una revista fourierista y feminista gaditana a la que tenían que cambiar el nombre cada vez que la censura se la cerraba, reiteradamente perseguida por las autoridades civiles y puesto en la picota por las autoridades eclesiásticas. Sus editoras -María Josefa Zapata y Margarita Pérez de Celis- tuvieron serios problemas por su compromiso político.

  Dudamos mucho que esta asamblea de Antequera ignorase la valía de las mujeres en la lucha obrera y política en igualdad con los hombre y que necesitara estudios superiores para poder votar.

  Unos ejemplos: 1838, 1842, 1872 o las huelgas de las cigarreras en Sevilla. Llegaron a conseguir hasta guarderías para sus hijos. En 1846 se produce una huelga sólo de mujeres en Málaga de la industria textil (La Aurora), sólo se le unieron los hombres cuando fueron despedidos al no poder seguir trabajando por falta del trabajo que le debían suministrar las mujeres; la huelga del hambre de mujeres en Huelva.

  Y tenemos el artículo que más dudas nos plantea. El articulo 84o del título noveno de la Const. Federal, dice: “el ejército permanente y la reserva federal constituyen la fuerza pública. El primero se compone de voluntarios enganchados por cinco años; la segunda, de todos los varones útiles de veinte años a veinticinco años”. En la primera parte del artículo no especifica si el ejército permanente los constituyen hombres y mujeres, ya que son elegidos por los oficiales, art. 85o- titulo noveno. Pero, en la segunda parte del artículo, la reserva federal, sí específica, aceptando los varones y,por lo tanto, excluyendo a las mujeres.

  Nos cuesta entenderlo, porque las mujeres ya habían demostrado su actitud para la lucha armada. Por ejemplo,  en la Comuna de París, las mujeres lucharon hombro con hombro con los hombres e incluso en algunos casos habían llevado la delantera como Louise Michel, que encabezó la manifestación de mujeres que impidió que los cañones parisinos pasaran a manos de Versalles.

  Otro ejemplo más cercano en tiempo y lugar: El cantón de Cartagena. Hablamos del cantón de Cartagena porque fue el que mas tiempo duró y existe mas documentación. Aquí las mujeres también lucharon hombro con hombro con los hombres y además fue el primer lugar del estado español dónde votaron las mujeres, y decidieron las condiciones de la rendición a las fuerzas represivas.

  Por tanto dudamos del desconocimiento o falta de reconocimiento para la valía de la mujer en la defensa armada de su pueblo. O en otro caso, que la junta federal, formada sólo por hombres educados y formados en el sistema burgués patriarcal, decidieran seguir utilizando a las mujeres, como se venía haciendo desde el comienzo de los sistemas económicos de dominación, como reserva de fuerza productora y reproductora.

  Para llegar a esta conclusión nos basamos en cómo aparece el patriarcado, unido a la propiedad privada y a los primeros sistemas económicos de dominación, donde la mujer pasa de ser considerada un igual a un medio de producción más, debido a su capacidad reproductiva, para que la clase dominante pudiera tener asegurada su herencia vía sanguínea, amortizando en pocas manos la riqueza del excedente de producción, y un ejército de reserva de campesinos y soldados, mediante la producción en la clase dominada.

  Por lo que, al estudiar la Constitución de Antequera seguimos viendo que, a pesar de los distintos hechos históricos que las mujeres han protagonizado, han sido invisibilizadas a conveniencia de un patriarcado capitalista que no quiere dejar de serlo.

  No importa que hablemos del siglo XVI o del siglo XX, el enfrentamiento que plantea el sistema patriarcal capitalista entre lo masculino supuestamente superior y lo femenino supuestamente inferior ha sobrevivido a las guerras y los cambios sociales,utilizado por una oligarquía dirigente que aspira a perpetuarse eternamente en el poder.

  El pensamiento misógino conspiró durante siglos para cerrar los caminos del heroísmo, el conocimiento y la libertad que sirvió para legitimar la marginación de las mujeres en la vida pública andaluza y del resto del estado español, siendo la Iglesia católica la autoridad moral principal responsable del fenómeno de divulgación del pensamiento misógino, invisibilizando a las mujeres a través de la educación, la ideología y el confesionario.

  Cómo conclusión, la Constitución de Antequera marca un hito histórico por cuanto reconoce a la mujer derechos y libertades hasta entonces nunca recogidas en una Carta Magna, pero esa línea marcada debe ser estudiada y ampliada mucho más allá de la que los legisladores iniciales pensaron, ya que la función de toda una sociedad que quiere emanciparse es la de crecer colectivamente a través de la crítica constructiva y la participación activa de todos sus miembros, más allá de su sexo,en todas las esferas de esa sociedad. La Constitución de Antequera es un magnífico instrumento para derrotar al patriarcado y al capitalismo, siempre y cuando el pueblo andaluz tome consciencia para llevar las riendas de su destino, y en la vanguardia popular, no nos cabe duda que, la historia de la mujer se hará visible como debió de serlo siempre.