Domingo 17 Octubre 2021

Teresa la mudejar

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S. Santa“Quién quiera hacer algo encuentra un medio, quién no quiere encuentra una excusa”.

Desde la conquista castellana de Andalucía siempre ha habido andaluzas que para asegurarse sus privilegios o para auparse socialmente han aceptado y promovido el modelo económico, social y cultural impuesto desde la metrópoli.

Pocos años después de la conquista de Granada por Castilla en el 1492, una parte de las andaluzas se sublevan con el objetivo de recuperar la soberanía perdida y exigir el cumplimiento de las capitulaciones firmadas entre los Estados andalusíes y Castilla. A estos se les denominó “moriscos”, en contraposición a aquellas andaluzas que aceptaron las imposiciones católico-castellanas y se asimilaron a las exigencias católicas para no sufrir la represión que sufrían los moriscos o para escalar socialmente. Los mismos castellanos denominaron a este último grupo social “mudéjares”, vocablo árabe que significa “domesticados”.

En las primeras procesiones que se conocen en el S.XV, los moriscos eran obligados a procesionar bajo un “sambenito” y un “capirote” como escarnio público y penitencia por no cumplir las leyes impuestas por Castilla en lo relativo a ritos religiosos, al habla “morisca”, a la posesión de libros o documentos en lenguas “moras” o a las prácticas culturales propias de la población andalusí. Mientras los moriscos apresados “procesionaban” bajo la custodia militar castellana, los mudéjares hacían de público entusiasta, cantaban y celebraban, empezando a dar forma a una “fiesta” donde a los mudéjares se les obligaba a expresar fervor religioso mientras los moriscos bajo el sambenito y el capirote eran conducidos por la inquisición a la tortura y la muerte.

Algunos siglos más tarde, y ya en épocas más cercanas, la utilización de la Semana Santa para escarnio de los enemigos del Régimen y adoctrinamiento de los “domesticados” fue una constante. Tras la guerra contra la clase trabajadora y los pueblos, y el triunfo del fascismo en el 1939, los supervivientes al genocidio fueron internados en campos de concentración y encarcelados. Cada Semana Santa, las nuevas moriscas: prostitutas, anarquistas y comunistas eran rapadas y obligadas a procesionar ante la algarabía y los insultos de las “mudéjares” congregadas para festejar el sufrimiento y la injusticia que recaía sobre las mujeres que combatieron el fascismo o no aceptaron las imposiciones morales del patriarcado nacional-católico.

El constante antagonismo entre moriscos y mudéjares desde la conquista castellana no ha concluido. Tras 40 años de franquismo y otros tantos de democracia “neofranquista” el pueblo andaluz está llegando a las cotas más altas de alienación y asimilación, a pesar de tener un gobierno autonómico (este trabajo de asimilación y españolización era más fácil hacerlo desde la Junta que desde el gobierno central), de forma que el crecimiento de “domesticados” quieren hacerlo pasar por “unanimidad”, olvidando y obviando a la población “morisca”. La cobardía que los mudéjares dejaban patente cada Semana Santa se quiere convertir en un acto cultural, eliminando para ello todo el contenido histórico, todo el significado social de sometimiento y opresión frente a la rebeldía andaluza. Se quiere eliminar del relato de la Semana Santa el contenido religioso para que esta “fiesta” sea aceptada por todos bajo un paraguas de “unanimidad cultural”, haciendo nuestros los valores de la Semana Santa: militarismo, sectarismo, españolismo, vulgarización cultural al servicio del control y la dominación de clase, donde los conceptos católicos de pecado, culpa y sometimiento, que tanto daño han hecho a la clase trabajadora, están omnipresentes.

Para que la Semana Santa sea una cosa de “todos” y no solo de la derecha más pija, hace falta la colaboración de la “izquierda”, la “unanimidad política”, sin cuya colaboración la función “aglutinadora” de la Semana Santa en torno a los valores que de ella dimanan sería imposible.

El PSOE cumplió esa función durante 40 años: hacer de un acto represivo promovido por la Dictadura de Primo de Rivera en una primera instancia y por la Dictadura franquista posteriormente, en un acto “cultural” que representara a toda la sociedad. La falta de credibilidad del PSOE por sus políticas antiobreras y represivas y su acercamiento a los poderes más reaccionarios del Estado, así como la inacción del PCE y de IU por el miedo a la pérdida de votos, ha hecho necesaria la colaboración de la “nueva izquierda”, la que surgió al amparo del 15M, es decir, Podemos y su “universo”, del que forma parte, a pesar de su separación, Anticapitalistas, y “Andalucía no se rinde”, cuya “lideresa” Teresa Rodríguez ha definido la Semana Santa como “elemento de cohesión social”, y las cofradías como “espacios de socialización y apoyo mutuo”, olvidándose de los homenajes a genocidas y dictadores como Queipo de Llano, Franco, Fraga, etc, que estas hacen año tras año, en contraposición a la idea que siempre se ha tenido de la Semana Santa en la izquierda rupturista: “elemento aglutinador de los intereses oligárquicos representados por el Estado surgido de la conversión del franquismo en democracia”.

La excusa de Teresa Rodríguez para apoyar la Semana Santa y subvencionarla allí donde tienen poder para ello es que “cohesiona Andalucía”. Ni la historia, ni la cultura, ni el habla, ni las necesidades de soberanía y cambio social...cohesionan Andalucía. Esto, que pudiera parecer un chiste, sin embargo, es solo la muestra de que esta política y su organización no pretenden un cambio radical de Andalucía que nos lleve por el camino del laicismo, la soberanía, el anti imperialismo, el socialismo…

El poder de la Iglesia Católica asusta a muchas organizaciones que se proclaman laicas. El caso de anticapitalistas no es una excepción. La lucha por el voto que posibilite mantener los sillones en el Parlamento de Andalucía y en el ayuntamiento de Cádiz requieren no tener como enemigos a la Iglesia con todo su poder mediático, su influencia en amplios sectores de la población y su poder económico. Desde el primer momento en que Anticapitalistas tocó poder en el ayuntamiento de Cádiz entendió la necesidad de entenderse con la Iglesia para mantenerse en el poder. Por este motivo, su relación con la Iglesia ha sido la misma que siempre ha tenido la socialdemocracia y la derecha española, colaborar financiando y participando en la Semana Santa, la Navidad y todas las fiestas católicas, sin tocar ninguno de los privilegios de los que goza esta organización religiosa, llegando hasta el esperpéntico punto de conceder una medalla a la Virgen del Rosario: “Cádiz bien vale una misa”.

Cuando el objetivo de un partido político es administrar las instituciones se acaba por renunciar a la revolución social y a un cambio en las relaciones entre clases. En un sistema de democracia burguesa donde los medios de producción y de comunicación, así como los medios represivos y judiciales están en manos de la burguesía, esta marca los límites de la democracia, expulsando del juego a quienes no acepten esos límites.

Las mentiras siempre tienen un recorrido limitado. Hemos podido comprobar tras el 15M cómo los que se auparon a su liderazgo prometieron cambios políticos y sociales de calado desde las instituciones de la burguesía. Con un simple voto llevaríamos a los “revolucionarios” a las instituciones y desde ellas se acometería la “revolución” social prometida. El resultado es bien conocido por todo el mundo: desmovilización de las luchas y protestas sociales, sin que se haya producido avance alguno en al camino hacia la igualdad y la justicia social.

Podemos y su entorno ya ha cumplido la misión que conscientemente o no, venía desarrollando para frenar a la izquierda rupturista tras la crisis económica del 2008. El Régimen del 78, al que ha hecho un gran servicio para su perpetuación, ya no les necesita por estar amortizados y veremos cómo lo va dejando en un tamaño cada vez menor tras perder diputados, alcaldes y concejales elección tras elección.

En Andalucía, el “universo” Podemos, tras la separación de Anticapitalistas tiene una difícil situación de cara a mantener el número de diputados en la Junta, donde los sondeos ya les dan un notable descenso tanto a Podemos como a Anticapitalistas. Podemos confía en que su líder solucione la sangría de votos que se espera y Anticapitalistas se ha decidido por una política de “populismo andalucista” apropiándose de ese “andalucismo conservador” que representara Gastalver al principio del S.XX y el PA a finales del mismo siglo. La más que posible pérdida de votos y escaños, les lleva a intentar pescar en otros “caladeros” y para ello hace visible una política “transversal”, caracterizada por una parte, en el apoyo a una pretendida “cultura andaluza”, sin darse cuenta que esos marcadores culturales son una imposición creada para el sometimiento del pueblo trabajador andaluz; y por lo tanto, sirven a esa ideología que llamamos “españolismo”. Pretender obtener votos y apoyos de lo más rancio y españolista de la sociedad andaluza, además de una insensatez, es no conocer la realidad de instituciones como las cofradías de Semana Santa.

Esta línea política de “andalucismo conservador” se completa con la aceptación de los límites impuestos por el Régimen del 78: la renuncia a las Marchas contra las bases, la aceptación de las mismas bases norteamericanas contra las que se manifestaban antes de acceder a las instituciones, la aceptación de la democracia burguesa, de la dependencia de Andalucía, el marco jurídico y territorial del Estado español, la UE, etc.

Si el enemigo de clase te permite acceder a las instituciones creadas por él para la defensa de sus intereses, es porque tu presencia favorece la perpetuación del sistema. “Las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo” (Audre Lorde).

En el eterno dilema entre moriscos y mudéjares, Teresa Rodríguez y Anticapitalistas han elegido la “comodidad” y la “seguridad” de ser buenos mudéjares, no molestar al colono y trabajar para la perpetuación de un sistema que nos empobrece y nos humilla.

En homenaje a la clase trabajadora

EDITORIAL HOJAS MONFIES


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