Lunes 5 Diciembre 2022

Bajo el Gobierno colonial de Andalucía

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Eugenio Garcia NielfaArtículo publicado originalmente en la Revista semanal Andalucía, 30 de abril de 1919 n.º 138. En la imagen de la derecha su autor, el andalucista revolucionario Eugenio García Nielfa. 

 Quien haya presenciado -no ya sufrido- las circunstancias en que se desenvolvía el gobierno de las regiones españolas de Ultramar -Cuba especialmente- las verá subsistentes en el régimen a que Andalucía se halla sujeta.

 Insistiendo en el examen de esta triste analogía, se hallará el fundamento de ella en el sentido colonial, de conquista, con la circunstancia de contemporaneidad, que informa el sistema en ambas establecido, y asombra, mientras más se aclara el conocimiento de esta verdad amarga, que tales hayan sido las consecuencias de aquellas afirmaciones geniales, de extensión e intensidad nacional, sentadas por el excelso entendimiento del primer Almirante de Indias y el corazón iluminado de la primera Reina de España, entre Córdoba y Granada.

 El término de la reconquista de los Jardines, del Sur coincidió, fué casualmente celebrado, con el descubrimiento de las Américas, y he aquí que el escenario prodigioso, la tierra deslumbrante de aquellos excepcionales hechos sufrió igual desventurada suerte. A través del tiempo y la distancia, separadas ya por regímenes políticos y sociales distintos, aún conservan vivas semejanzas la Perla de las Antillas, por ejemplo, y la región sin par que albergase y alentara el genio del descubridor del nuevo mundo. La analogía se muestra particularmente en la misma amorosa suavidad del lenguaje, en la esplendidez de la imaginación, en las magnificencias cautivadoras del espíritu y la forma de andaluzas y cubanas, en el ambiente deslumbrador y maravilloso, en las bellezas de ríos, árboles y plantas, en las dulces cadencias de los cantares hermanos, hasta el punto de que aún no se ha conseguido desarraigar del corazón de Andalucía, para expresar las propias penas, la letra y la música de las melancólicas habaneras y guajiras de Cuba.

 Aquí tenemos aún, en los gobernadores civiles duros, dominantes, de tipo godo, como el señor de la Vega que Córdoba acaba de sufrir, a los gobernadores generales de las antiguas regiones de Ultramar.

 En nada han alterado el tiempo y la experiencia su complexión mental. La misma incomprensión, la misma. Siguen con los ojos cerrados a la luz de la verdad y expresando con una sola palabra su acción disgregadora de la nacionalidad. Esta palabra es patriotismo, mas practicado en un sentido de violencia, de retención por majeza, por ser el más valiente, el que dispone de la fuerza, el que puede hacer y deshacer a su antojo, metiendo en cintura a los indígenas despreciables, que allá, en Cuba, eran guajiros tímidos, convertidos por la desgobernación en mambises para darles la batalla y exterminarlos, y que aquí son los sufridos labriegos, a quienes ya y con iguales fines se comienza a llamar bolcheviques. Varían las palabras, pero los hechos son iguales. El mismo procedimiento, la misma tragedia; la misma víctima, los mismos traidores.

 Hasta tal punto es cierto esto, que el gobernador civil, encargado principalmente, en la generalidad de los casos con exclusión de todo otro cometido -cultural, de progreso, de direccion-, de sostener el mismo, idéntico orden que en Cuba había, representado por la expoliación de los humildes, por su retención en la ignorancia, el hambre, la esclavitud y la insalubridad, halla ahora su exaltación, su forma máxima, en la creación del cargo, equivalente al de virrey o gobernador general de Andalucía, con el cuidado único de que los indígenas no se alboroten y pidan su acceso e incorporación real a las libertades que como letra muerta en la Constitución pública venían figurando.

 La frase siniestra de antaño, dictada por el mismo patriotismo disgregador de la patria -«¡hasta el último hombre y la última peseta!»- sigue palpitando en la incompresión intrasigente y fiera de los gobernantes coloniales de Andalucía.

 ¡Pobre Andalucía! Sufre realmente un gobierno colonial, de orden de dominación, representado por godos.

 Observad que, sobre los males expuestos -depauperación, ignorancia, esclavitud, insalubridad- sufre, como las antiguas colonias de Ultramar, el de la falta de obra colectiva, porque de Andalucía ahora, como antes de Cuba, el dinero sigue yendo al Madrid burocrático e insaciable.

 No se efectúa obra colectiva. Se carece aún de sistema de riegos. No hay más edificios públicos dignos de ser mirados que los que a través de las injurias de la dominación, sobreviven del pasado esplendosos.

 El sistema de comunicaciones es disparatado, desde el punto de vista del interés individual, no desde el correspondiente al de los dominadores.

 Los caminos, raras veces sirven las necesidades de los pueblos. Carreteras y ferrocarriles, pasando por todo, faraónicamente hechos, constituyendo negocios fabulosos, salvando ríos, horadando montes, van a parar a las haciendas de los caciques.

 He aquí una realidad harto significativa de la situación que sufre el pueblo de Andalucía: carece de comunicaciones, de caminos colectivos, y así cada uno sigue el suyo, cada cual sabe el atajo que lleva a buen pueblo y marcha por su cuenta propia y exclusiva, siguiendo la ruta de su fiera y arisca individualidad. Véase un caeo. Decid a un labriego de Córdoba que os disponéis a ir a Villaviciosa, utilizando el ferrocarril hasta la Albondiguilla y siguiendo en coche hasta aquel pueblo. Se sonreirá cautamente: él sabe que Villaviciosa está ahí mismo, en la Sierra y quizá, yendo a pie, se encuentre en el pueblo antes y con tiempo de que vosotros lleguéis.

 Pues ved que, de súbito, este pueblo laborioso y bueno que adedre había sido social y materialmente incomunicado, para evitar, mediante la exacerbación de la sorda sabia individual, la libertad colectiva, halla sus caminos espirituales y tiende por la región entera una tupida red de comunicaciones de progreso. Este pueblo, herida su imaginación brillante y su corazón de fuego por la enseñanza de otros países, se asocia, forma con la cooperación una fuerte colectividad de individualistas y, establecida la inteligencia salvadora que ha de concluir con la dominación de godos que sufre, se dispone resueltamente a instaurar la libertad en Andalucía, consciente de que en el mundo ha triunfado, con la clase trabajadora, el principio de las nacionalidades, que aquí es regionalismo, busca y encuentro de la propia personalidad.

 A la red de comunicaciones espirituales establecida por el pueblo, seguirá la apertura de, todos los caminos sociales y materiales que Andalucía reclama para su reconstitución y progreso, para concluir con la depauperación, la ignorancia, la esclavitud y la insalubridad a todo trance sostenidas por el gobierno colonial que la región ha venido sufriendo desde la reconquista hasta estos nuestros agitados días de honda transformación y salvadora mudanza.

 

Por E. G. Nielfa

Nota: Eugenio García Nielfa fue director de la revista desde marzo de 1919. Miembro del Centro Andaluz de Córdoba, asistió a la Asamblea de 1919 en la ciudad califal. Fue apresado y “desterrado” a Valdepeñas de Jaén en mayo de 1919 -justo antes de las elecciones- y liberado en julio. Blas Infante publicó en la misma revista (nº 150, miércoles 23 de julio de 1919, Año IV) las circunstancias de su liberación, donde se dieron vivas a la independencia de Andalucía: “Verbigracia: en Valdepeñas de Jaén. Nos lo ha contado Nielfa. Este recibe su orden de libertad. El pueblo de congrega para tributarle un homenaje. El mismo grito a cuyo conjuro hubo de cercenarse la estatua de Barroso en Córdoba, resuena ahora en las concavidades de los montes aquellos: ¡Viva Andalucía Libre! En el pueblo, alguno añade: ¡Nos han erigido en virreinato! Entonces contesta la gente con un viva fervoroso a la “independencia de Andalucía”.